• A partir del 25 de enero, las seis propuestas finalistas de la competición se presentarán en la sala Espacio Plural, con seis visiones distintas sobre el teatro y la realidad. Sus participantes explicaron las razones por la que eligieron sus obras, y cuáles son sus retos y expectativas. Foto principal: cortesía Trasnocho Cultural

A lo largo de sus nueve ediciones, el Festival de Jóvenes Directores Trasnocho se convirtió en un espacio para que creadores emergentes puedan tener una oportunidad de incursionar en el teatro profesional. A partir del 25 de enero, los seis finalistas seleccionados para este año estrenarán sus obras en la sala Espacio Plural del Trasnocho Cultural, en el centro comercial Paseo Las Mercedes, en Caracas.

Durante una rueda de prensa el 16 de enero, el director general de Trasnocho, José Pisano, destacó que entre las novedades de esta edición, cada participante contará con cuatro días para presentar su obra, de jueves a domingo, y con doble función los fines de semana. Aseguró que esto les permitirá agilizar el montaje de la escenografía, evitando que se solapen funciones de diferentes espectáculos.

Agregó que en los próximos días se anunciará al jurado definitivo que se encargará de evaluar cuál será el proyecto ganador y del segundo lugar. También podrán otorgar menciones honoríficas a mejor actriz y actor, además de las categorías que consideren pertinentes, vestuario o montaje. 

“El Festival de Jóvenes Directores es una ventana fundamentalmente para compartir experiencias. Yo sé que por lo general se arma una gran camaradería entre los participantes, porque siempre la intención es la de ayudar. Creo que en cada una de las obras va a estar la mano de cada uno de ellos (los otros directores) en lo que va a ser el resultado final”, declaró Pisano.

Posteriormente, cada uno de los directores habló sobre sus obras y las expectativas que tienen para las siguientes semanas:

Bárbara Arez

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

Será la encargada de abrir la primera semana del festival, del 25 al 28 de enero. Presentará la obra Cruz de Mayo, escrita originalmente por la dramaturga venezolana Lupe Gehrenbeck. Durante la rueda de prensa, Arez señaló que con este festival retoma la dirección, no solo porque considera que es un medio ideal para la expresión de los creadores jóvenes, sino también ante la necesidad de voces femeninas que todavía persiste en la industria teatral. 

Agregó que escogió esta pieza ya que conecta con su idiosincrasia. Esto además del mensaje de esperanza que transmite su historia, basada en tres personajes en un sector popular y que cargan con el peso de sus vidas, y que van emprendiendo su propio camino para reencontrarse consigo mismos.

“Este último año he aprendido a abrazar mis raíces. Decidí escoger a una autora venezolana porque Lupe Gehrenbeck es una mujer que yo admiro muchísimo, siempre tiene algo que contar sobre nuestro país. Siempre tenemos cosas qué contar, y no debemos cerrarnos a eso. Indiferentemente del estado o las situaciones en las que estemos, Venezuela tiene mucho talento para dar”, afirmó.

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Como apasionada del teatro, Arez declaró que hay muchos dramaturgos que admira, sobre todo aquellos que hablan sobre la evolución y transformación del ser humano. “Son el tipo de mensajes que necesitamos en este y cualquier momento de nuestra vida. Siento que una de las cosas que tenemos que mejorar como cultura en nuestro país es buscar adentrarnos más en el otro, porque el arte está para eso. Siento que no debemos seguir haciendo un arte egoísta, sino ser una ventana del espectador, el espejo que necesitan”, dijo.

Ángel Silvino

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

Segundo en el cronograma, sus funciones serán del 1° al 4 de febrero. Escogió la obra Mi hermano Christian, original de Alejandro Sieveking. Indicó que si bien sus pasos en la dramaturgia aún son cortos, al leer el texto del fallecido dramaturgo chileno sintió que era exactamente el tipo de teatro que le gustaría escribir. 

Se sintió identificado tanto con su lenguaje como con su trama, en la que espera que los espectadores salgan de la sala reflexionando acerca de la oscuridad presente dentro del ser humano. Al contrario que la participante anterior, aseguró que su obra tendrá un tono más sombrío y desesperanzador, hablando sobre sentimientos como el rencor y la venganza, con un accidente como punto de partida.

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

“Ese es el teatro que me gusta hacer, el teatro que incomoda. Y creo que quizás pueda ser algo contradictorio, el ir al teatro a divertirse y al mismo tiempo sentirse incómodo en la butaca, pero eso es lo que quiero hacer. Siento que desde la incomodidad nace la reflexión, y puede nacer la autoevaluación”, apuntó.

A su juicio, uno de los mayores retos dentro como director emergente es el buscar un estilo propio. Explicó que entre tantas propuestas profesionales que hay en los escenarios de la ciudad, es importante desarrollar un sello personal, qué es lo que hace particular y reconocible su trabajo. Por eso, afirmó que el festival no solo es una vitrina para demostrar su potencial, sino también una escuela en la que se aprende a resolver problemas sobre la marcha y crear un vínculo de familiaridad con su equipo.

“Me gusta mucho el poder que desarrollan los dramaturgos para transmitir un mensaje. Que todos, que todos cuando estamos de este lado (como directores) tenemos que entender que tenemos un poder muy grande al tener al público allí sentado el tiempo que dure el montaje escuchando lo que el dramaturgo tiene para decir, interpretado desde la visión del director”, resaltó.

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Leandro Campos

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

Entre el 8 y el 11 de febrero, presentará la obra La niña jamón, escrita por la argentina Laura Eva Avelluto. Eligió su proyecto ya que, más que una producción visualmente impactante, prefiere mostrar historias con las que sea capaz de conectar, y eso fue precisamente lo que le ocurrió con ese texto, que habla sobre las heridas que puede dejar una familia disfuncional.

Aunque ya tenía experiencia dirigiendo obras en talleres de formación teatral, nunca lo había hecho a una escala profesional. Sin embargo, acotó que la obra de Avelluto lo tocó personalmente abriendo sus propias heridas emocionales, y ese es exactamente el sentimiento que desea transmitir al público con su puesta en escena. Para ello, contó que se apoya en su elenco, pues desde los primeros ensayos se sorprendió al compartir las diferentes visiones que los actores tenían sobre sus personajes y la historia. Contó que esa perspectiva plural fue algo que lo enriqueció bastante como director.

“Es importante escuchar a tu equipo, entender las otras visiones que existen dentro de ellos. Darte cuenta de que de eso se trata, del trabajo en equipo. Yo no quiero presentar la obra sintiendo que fue un trabajo en el que llegué diciéndole a otros qué hacer. Yo quiero presentar este proyecto y que todo el equipo sienta que es suyo también”, dijo.

Indicó que, a su juicio, actualmente la ventana escénica de Venezuela, si bien ha atravesado momentos muy duros, todavía está lejos de tocar fondo. “Siento que no estamos en el momento en el que deberíamos estar. Hay gente que particularmente pienso que no le importa ir al teatro, no lo ven como algo interesante o una fuente de conocimiento porque no lo conocen. Es importante que existan más iniciativas como este festival para que los jóvenes no perdamos la fe en seguir creando”, opinó.

Jesús Orsini

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

Presentará la obra El Pelícano, del sueco August Strindberg, del 15 al 18 de febrero. Afirmó que la elección del proyecto no fue una decisión individual, sino algo que consultó primero con su equipo qué obra proponer. Señaló que al final se decantaron por el texto de Strindberg, ya que como jóvenes menores de 31 años de edad, querían tocar un tema juvenil.

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“Escogimos esta obra porque hablaba sobre el trauma generacional y nosotros somos una generación que nació en crisis, y solo conoce la crisis. Con eso que va más allá de nosotros, habla sobre la purificación y dejar atrás ese trauma que no es nuestro, pero que nos toca a nosotros vivir. Cuando entendimos ese tema y comenzamos a debatirlo, dijimos esta es la obra, porque está creada para que los jóvenes digamos algo importante”, dijo.

Al igual que Campos, para el director el aprender a escuchar fue verdadero ejercicio de humildad durante el proceso creativo. Indicó que la obra de Strindberg, aunque puede parecer muy obvia en su estructura, en realidad está llena de pequeños detalles que al momento de montar le resultó bastante complejo. Allí aprendió que la dirección no era solamente hablar, sino también ver y escuchar para entender los códigos de lo que se desea expresar. 

Orsini ve positivo que actualmente haya más presencia de jóvenes en la movida teatral venezolana. Relató que en el pasado solía ir a funciones de figuras más consolidadas en la industria, pero que ahora consume mucho más teatro emergente, lo cual ha cambiado su percepción. “Siento que hay más teatro joven que habla de nosotros, y siento que eso es super necesario personalmente. Es en parte lo que debería ser, porque somos los que vamos a quedar, los que nos toca escuchar nuestra voz y la de los demás”, reflexionó.

Ignacio Fernandes

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

Su obra se presentará en la semana del 22 al 25 de febrero. Llevará a las tablas Historia de una escalera, original del español Antonio Buero Vallejo, aunque versionada por la dramaturga y guionista venezolana Xiomara Moreno. Destacó que a pesar de ser escrita en otro país y contexto, la sintió como una historia bastante vigente en la actualidad, y para la situación que afronta Venezuela.

“Habla sobre la responsabilidad que nosotros tenemos con nuestra realidad y que debemos asumir. Creo que es importante entender que tenemos una capacidad para accionar, y quedarnos en las dificultades a veces nos lleva a una inmovilidad que puede llegar a ser peligrosa. El tiempo pasa y no nos damos cuenta, entonces pasan 10 o 20 años en un abrir y cerrar de ojos”, comentó.

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Comparte la visión colectiva del trabajo al momento de presentar una obra de teatro. A su juicio, el director es como el engranaje que articula el trabajo de los creadores con el de los actores y el equipo técnico, además de recoger la visión del público. 

Para Fernandes, el teatro venezolano, sobre todo el que viene de realizadores más jóvenes, está relacionado con lo ritual, a diferencia de generaciones anteriores. “Tenemos grandes grupos que están creándose, grandes directores, de los cuáles muchos se formaron en este festival, y es un fenómeno interesante en la escena venezolana, que de aquí a unos años esperamos que reciba la atención internacional que merece”, sentenció.

Amneris Treco

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

Su presentación cerrará el festival entre el 29 de febrero y el 3 de marzo. Cuenta que hace 15 años acudió como espectadora a una función de la obra Fando y Lis, del dramaturgo español Fernando Arrabal. Al verla, hizo “click” con las emociones que le generaron esa forma de teatro, y se propuso en algún momento hacerla como actriz. Ahora tiene la oportunidad de finalmente realizarla, pero como directora.

Reconoció que su propuesta no es para entretener ni encaja con los parámetros del teatro comercial. La consideró como algo más complejo y experimental, casi rayando con el teatro del absurdo, pero que a su vez forma parte de su identidad y lo que busca expresar. Contó además que el proceso de montaje logró descubrirse a sí misma como artista, por lo que, adelantó, el público encontrará un poco de ella en cada función. No obstante, admitió que esa afinidad con la obra también representó un gran desafío.

El Festival de Jóvenes Directores le apuesta a la cooperación entre creadores emergentes
Foto: Jordan Flores

“Me hallo con un proyecto con el que me identifico mucho y con muchos años de creatividad reprimida. Entonces, ¿cómo haces con todas esas imágenes y todas esas cosas que se han cocinado durante tantos años? Tienes que tomar decisiones, elegir entre todo esto que te encanta y el ser preciso con una obra que está llena de tantos simbolismos”, aseveró.

Trejo se ve dentro de la escena teatral venezolana precisamente experimentando. “Me veo haciendo todo tipo de teatro, desde el que se consume por lo general, como el teatro que estoy haciendo para este festival, que no es de fácil consumo, pero es muy rico a nivel creativo, de imágenes, y a nivel de discurso y de protesta. Me veo haciendo todo lo que se me presente, con la mayor de las disciplinas y mística”, apuntó.

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