• Venezuela apenas tenía unos meses de vida democrática, cuando el entonces vicepresidente vino como parte de su gira por Latinoamérica. Durante décadas, el incidente se consideró como la mayor agresión que había recibido un funcionario estadounidense en territorio extranjero

A principios de 1958, el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, encomendó a su vicepresidente, Richard Nixon, realizar una gira de buena voluntad por América Latina. Eran tiempos de la Guerra Fría, y el continente se sacudía entre fuertes cambios políticos. En Venezuela, apenas unos meses antes había caído la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y Washington estaba interesado en saber si podría contar con su nuevo gobierno.

Nixon, quien 10 años después se convertiría en presidente, jamás olvidaría el día en que aterrizó en La Guaira. Lejos de una cálida bienvenida, el republicano fue recibido por una turba embravecida que le arrojó piedras. Esto, sumado a otros ataques orquestados a lo largo del día, casi convierten la visita oficial en una crisis diplomática. Incluso pudo haber escalado en una invasión militar.

En su libro Six Crises (1962), Nixon consideró el ataque de Caracas como uno de los seis momentos más críticos de su carrera política hasta ese entonces. “Fue un tratamiento de choque necesario que nos sacó de una peligrosa complacencia”, señaló el político, quien sostuvo que los disturbios habían sido planificados por el Partido Comunista de Venezuela (PCV). De hecho, a su regreso a Estados Unidos, advirtió al gabinete de Eisenhower sobre el auge de los movimientos de extrema izquierda en el continente.

Continente tenso

El contexto político latinoamericano era complejo para 1958. Colombia apenas comenzaba a superar el periodo de inestabilidad conocido como “la Violencia”; mientras tanto, en Cuba, la revolución de Fidel Castro ganaba terreno en la isla luego de que Estados Unidos decidiera retirarle su apoyo al dictador Fulgencio Batista.

65 años del ataque a Richard Nixon: el día que Estados Unidos envió tropas a Venezuela
Richard Nixon y el presidente de la Junta de Gobierno, Wolfang Larrazábal. Foto: Cortesía

En ese momento, las relaciones diplomáticas entre Washington y Latinoamérica estaban en uno de sus puntos más bajos, motivado principalmente a las políticas estadounidenses en la región en el contexto de la Guerra Fría, apoyando dictaduras militares a cambio de que estas mantuvieran a raya cualquier insurgencia izquierdista en sus países. Prueba de ello era el propio Pérez Jiménez, quien en 1954 fue reconocido por el gobierno de Eisenhower con la Legión al Mérito, la condecoración más alta otorgada por Estados Unidos.

En un intento de cambiar por un enfoque más diplomático, Eisenhower encomendó una gira en Suramérica, que se promocionó como el acercamiento más grande con Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Nixon ya había hecho una recorrido parecido por Centroamérica en 1955, sin mucho éxito. Así, con su esposa Pat Nixon y su equipo, recorrió desde abril de 1958 Uruguay, Argentina, Perú, Ecuador y Colombia. Venezuela sería la última parada.

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La gira fallida

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Ataque contra la caravana de Nixon en Caracas. Foto: Cortesía

La gira de buena voluntad comenzó en Montevideo, Uruguay, con relativa paz. A pesar de algunas manifestaciones pequeñas, Nixon se permitió hacer una visita no planificada a la Universidad de la República, donde sostuvo un encuentro con los estudiantes. Luego, en Buenos Aires, asistió a la toma de posesión del presidente argentino Arturo Frondizi. Volvió a repetir su plan de visitar universidades y sindicatos, exitosamente.

Su primer contratiempo se produjo en Perú. En la Universidad de San Marcos, Lima, intentó replicar su fórmula acercándose sin escolta a los estudiantes. Aunque al principio dialogó con ellos tranquilamente, la situación escaló al punto de que una piedra rozó al vicepresidente. De regreso al hotel, su equipo debió abrirse paso entre los manifestantes, donde Nixon recibió un golpe en la cara.

Mejor suerte tuvo en Ecuador y Colombia. En Bogotá, entregó una ofrenda floral en la estatua de Simón Bolívar del Parque Bolívar, en un acto al que asistieron miles de personas. Algo similar planeaba hacer en Caracas, pero ante la tumba del Libertador en el Panteón Nacional. No pudo cumplirlo.

Llegada accidentada

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Foto: Cortesía

Nixon llegó al aeropuerto internacional de Maiquetía el 13 de mayo de 1958. Sería el primer encuentro directo entre el gobierno estadounidense y el venezolano desde la caída de Pérez Jiménez. Las expectativas estaban al máximo. Era una visita clave para la Junta de Gobierno presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal, quien quería mostrar la estabilidad del país luego de los hechos del 23 de enero de ese año. A Nixon también le interesaba corroborar si aquella democracia en construcción seguía siendo aliada de Washington.

El avión de Nixon aterrizó al mediodía y fue recibido por el canciller Óscar García Velutini. Afuera había una multitud furiosa. Robert Amerson, quien era agregado de prensa de la Embajada estadounidense en Caracas, relató que muchos de los agitadores habían llegado en autobuses y desplegaron pendones en los puntos por donde pasaría la caravana del vicepresidente. También destacó la total ausencia de fuerzas militares y policiales, por lo que la seguridad corrió a cuenta de apenas una docena de agentes del Servicio Secreto estadounidense.

Nixon, quien acostumbraba a viajar en autos descapotados para saludar a la gente, debió irse en un vehículo cerrado. La muchedumbre no paraba de recriminar el apoyo que Estados Unidos le había dado a Pérez Jiménez y la situación se tornó cada vez más violenta. Al llegar a Caracas, en la avenida Sucre, fueron atacados con huevos y piedras. Un grupo de personas interceptó la caravana y comenzó a golpear los carros hasta abollar la carrocería y astillar el vidrio templado de sus ventanas. 

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En ese momento no solo peligraba la vida del vicepresidente de Estados Unidos, sino también de su esposa y colaboradores. Los manifestantes trataron de volcar el carro, por lo que los funcionarios del Servicio Secreto sacaron sus armas. Consideraron la posibilidad de abrir fuego, pero Nixon les ordenó mantener la calma. Con el camión de la oficina de prensa lograron abrirse paso hasta que finalmente aparecieron soldados venezolanos para dispersar a los atacantes. 

Visita interrumpida

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Uno de los vehículos de la caravana de Nixon tras el ataque. Foto: Cortesía

Con sus vehículos destrozados, se suspendió la visita al Panteón Nacional y la caravana se dirigió directamente hacia la Embajada de Estados Unidos, entonces ubicada en la urbanización San Bernardino. Varios agentes del Servicio Secreto resultaron heridos, incluida la secretaria de Nixon, Rose Mary Woods. Un agregado militar que fue enviado al homenaje en su lugar regresó poco después señalando que otra turba los había atacado allí y había destruido la ofrenda floral.

Nixon pensaba pasar tres días en el país, donde tendría un almuerzo en la Cámara de Comercio de Caracas y visitaría el reactor nuclear del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Pero todas sus citas fueron canceladas. Esa tarde una comisión del gobierno acudió a la Embajada para ofrecer disculpas. También varios representantes sindicales solicitaron una audiencia para desligarse de los ataques.

Al final, Larrazábal se reunió con Nixon en el Círculo Militar, en el Paseo Los Próceres. El mandatario venezolano condenó el hecho, aunque también trató de restarle importancia, asumiéndolo como un simple alboroto provocado por jóvenes. De hecho, el parte oficial aseguró que habían sido detenidos decenas de estudiantes en los disturbios, la mayoría menores de edad.

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Más tarde Nixon referiría en su libro que al hablar con el canciller García Velutini, este confesó que la inacción de las autoridades frente a los agitadores se debía a que el PCV todavía era considerado entonces como una parte clave en la coalición política post-dictadura. Además de que, en lo particular, Larrazábal buscaba ganar la simpatía de la izquierda para su candidatura en las elecciones presidenciales de ese año.

Tropas en el Caribe

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Nixon, acompañado por Larrazábal (izquierda) y un fuerte contingente militar, de regreso al aeropuerto. Foto: Cortesía Cámara de Comercio de Caracas

Quizás lo grave del ataque a Nixon en Caracas es que estuvo cerca de detonar una acción militar estadounidense contra Venezuela. El Servicio Secreto informó lo ocurrido al almirante Arleigh Burke, jefe de Operaciones de la Armada. Este ordenó desplegar a más de 1.000 paracaidistas e infantes de marina al Mar Caribe con el fin de preparar una operación de rescate en caso de que la integridad del vicepresidente siguiera comprometida. 

De acuerdo con una nota de 1958 de la agencia United Press International, dos compañías de paracaidistas del Fuerte Campbell, en Kentucky, se movilizaron en turbohélice hacia Puerto Rico. Otras dos compañías de Infantería del Camp LeJeune, en Carolina del Norte, volaron también a la base de Guantánamo, en Cuba. Finalmente, se activó también al portaaviones Tarawa.

El gobierno de Eisenhower instó a Caracas a garantizar la seguridad de Nixon, por lo que se reforzaron con militares venezolanos y marines estadounidenses la sede de la embajada y de la Cancillería. Apenas un día después del ataque, Nixon partió de regreso a Estados Unidos. Su ruta de regreso a La Guaira fue exactamente la misma, solo que ahora escoltado en vehículos blindados por un fuerte contingente militar, y acompañado por el propio Larrazábal.

Diplomacia deportiva

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Beisbolistas estadounidenses dando una clínica deportiva en Caracas1 1958. Foto: Cortesía Cámara de Comercio de Caracas

A pesar de que la gira fue un fracaso en términos de mejorar la imagen de EE UU en Suramérica, Nixon fue recibido como un héroe en Washington. Ya en Ecuador, Eisenhower le había escrito: “Tu valentía, paciencia y tranquilidad en la manifestación dirigida contra ti por agitadores radicales te han traído un nuevo respeto y admiración en nuestro país”. Y tras lo ocurrido en Caracas, el político fue felicitado por su manejo de la situación y por evitar que la violencia escalara.

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La respuesta de Nixon fue intentar ganarse a los venezolanos con otra estrategia. Sabía que en el país el beisbol era tan popular como en Estados Unidos, por lo que llamó al comisionado de la Major League Baseball (MLB), Ford Frick. De acuerdo con una reseña de la Cámara de Comercio de Caracas, ambos organizaron una serie de clínicas deportivas en Venezuela, llevando a varios jugadores de las Grandes Ligas.

Ford llegó a Caracas el 7 de noviembre de 1958. Lo acompaña el miembro del Salón de la Fama Frankie Fish, además de estrellas del momento como Richie Ashburn, Bob Friend, Al Schacht o Elston Howard. Recorrieron diferentes estadios en Porlamar, Barquisimeto, Los Teques, Maracay, Valencia, Maracaibo y Cumaná. Hicieron exhibiciones en el Estadio Universitario de Caracas, así como visitas a hospitales y eventos caritativos. El plan funcionó, y lo que no pudo lograr Nixon por la diplomacia, lo consiguieron los beisbolistas con el deporte.

Mejores relaciones

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El presidente John F. Kennedy, durante su visita a Venezuela en 1961. Foto: Cortesía

El incidente de Nixon no impidió que Venezuela se convirtiera en uno de los mayores aliados de Estados Unidos en la región. A su regreso, el vicepresidente sostuvo una reunión con Eisenhower y su gabinete, donde planteó dos temas importantes: primero, la preocupación por la creciente influencia del comunismo en la región. Segundo, la necesidad de cambiar el enfoque con esos países, optando más por invertir en su desarrollo y promover mejores acuerdos comerciales.

La llegada al poder de Rómulo Betancourt en Venezuela casi coincidió con la de John F. Kennedy a la Casa Blanca. Tras el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana en 1961, Pérez Jiménez huyó a Miami, donde consiguió asilo político. Sin embargo, las gestiones diplomáticas de Betancourt consiguieron que se emitiera una orden de deportación contra el general, quien se refugió en la España de Francisco Franco.

Por su parte, Kennedy visitó Venezuela en 1961. En esa oportunidad también hubo un plan por parte de grupos de izquierda para boicotear la actividad, pero fue frustrado antes de ejecutarse. La autopista Caracas-La Guaira fue cerrada desde el día anterior y el presidente fue recibido con un fuerte cordón de seguridad. Además, labores de inteligencia permitieron arrestar a los organizadores de las manifestaciones, por lo que la visita del demócrata se realizó sin contratiempos. 

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