• El director del Centro de Estudios Agroalimentarios contó para El Diario cómo fueron sus primeros días de exilio en España después de que el Ministerio Público venezolano ordenó su aprehensión | Ilustración principal: Lucas García

El exilio no tiene tiempo. No avisa su principio ni tampoco su final. No le llega como un memo al exiliado, no le permite las despedidas y tampoco le permite pensar en el reencuentro. Esta idea ronda la cabeza del venezolano Edison Arciniega, director del Centro de Estudios Agroalimentarios, en sus primeros días como exiliado en Madrid, España. En la expresión de su rostro se logran entrever las preguntas del presente, del ahora, de la arbitrariedad de su partida y, sobre todo, de la nostalgia que se esconde en la añoranza del adiós.

El 12 de marzo de 2024 el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, publicó en su cuenta de X una orden de captura contra Edison Arciniega por “el delito de incitación al odio”. Cuando se hizo pública la orden, Edison estaba en el Aeropuerto Internacional Jacinto Lara, en Barquisimeto (estado Lara), a punto de abordar un vuelo hacia Caracas. En ese momento, cuenta en exclusiva para El Diario, sintió la entereza de saberse inocente de cualquier persecución. Apagó el celular, tomó el vuelo y, aunque siente que es una persona a la que le cuesta pasar desapercibida, intentó hacerlo para evitar la mirada del gobierno que ahora lo perseguía.

Al llegar a Caracas se resguardó en la casa de un amigo cercano. No sabía qué hacer, pero el tiempo apremiaba y con las horas el temor del encarcelamiento, de la persecución, de la tortura, se tornaba en una realidad ineludible. En ese momento pensó en la posibilidad de entregarse voluntariamente con una rueda de prensa y enfrentarse a la situación. Sin embargo, los casos de los sindicalistas, activistas, políticos, entre otros, resonaron en su cabeza para darle una certeza entre tanta incertidumbre: la puerta giratoria del chavismo tiene principio, pero quizás no tenga un final. Este término establece un efecto en las encarcelaciones por motivos políticos en el país, ya que, como ha ocurrido en instancias anteriores, mientras unos son liberados, otros son encarcelados.

Nadie sabía lo que pasaba y después de unas horas recibo un mensaje de un amigo cercano al gobierno y me dice dos cosas: ‘Ni se te ocurra agarrar hacia la frontera de Táchira o de Zulia porque ahí te están esperando. Creen que estás en Barquisimeto’. Revisaron el hotel donde estaba. ‘La mejor frontera para cruzar es la de Puerto Ayacucho (Amazonas)’”, relata.

La decisión estaba tomada. No había vuelta atrás y la única manera de proteger su integridad era con la herida del exilio, pero ahora la pregunta de Edison era cómo llegar a esa frontera. La única opción era hacerlo con un transporte privado. Un taxista aceptó el viaje por 400 dólares. “Puedo decir que fue la carrera más barata de mi vida”, asegura.

Edison no pudo despedirse de su madre. No pudo volver a su casa. No pudo darle, siquiera, un adiós a su vida en Venezuela. A las 9:00 pm de ese día comenzó su viaje con rumbo a Puerto Páez para cruzar hacia Colombia. El taxista no sabía nada y pensaba que su cliente estaba en ese taxi porque necesitaba visitar a su mamá en Puerto Ayacucho. Nunca supo de alguna persecución, tampoco vio algo extraño en la premura y, sencillamente, continuó con su odisea. El viaje se hizo largo por la carretera oscura y el miedo a las alcabalas. Los pararon muchas veces, pero nadie en esos retenes parecía reconocer a Edison.

A las 9:00 am del día miércoles 13 de marzo el director del Centro de Estudios Agroalimentarios estaba en la orilla venezolana del río Orinoco para escapar de la persecución política. En un instante todo había cambiado para Edison Arciniegas, un hombre con la intención cabal de siempre estar en Venezuela, de aportar desde su conocimiento al sector agroalimentario en el país y que nunca, incluso en el auge de la diáspora, pensó en irse. 

Una estampa del exilio de Edison Arciniega: “Te arrancan de donde quisiste estar siempre”
Ilustración: Lucas García

“Justo cuando voy a salir del pueblo de Puerto Paéz aparecen unos funcionarios de la Guardia Nacional a revisar las maletas. Me piden la cédula. Estoy seguro de que un funcionario me reconoció porque vio mi cédula cinco veces. Estoy absolutamente seguro de que me reconoció. Hubo un momento en el que el tipo me miró, sonrió y me dio la cédula. ‘Váyase tranquilo’, me dijo. Quizás por ese gesto de solidaridad pude salir del país. Crucé en un bote desde allí. Íbamos como 10 personas. En ese momento, en el medio del Orinoco, apareció un lancha del Ejército de Colombia. Ahí pude respirar con tranquilidad después de 12 horas”, relata.

El exilio de Edison Arciniega

En el contexto de la diáspora venezolana, con más de 7 millones de migrantes de acuerdo con las cifras actuales de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), la palabra “exilio” se ha vuelto una constante en el imaginario social del país. Ante la palabra, como si de un yunque de pesadumbre se tratase, Edison Arciniega enumera lo vivido en los últimos días y en algunos instantes, como chispazos de la memoria, piensa en lo que ha tenido que dejar atrás. 

El presente de los presos políticos en Venezuela

En el país 270 personas están presas por motivos políticos, de acuerdo al último reporte de Foro Penal, divididas en 20 mujeres y 250 hombres (147 militares y 123 civiles). La ONG informó que desde 2014 se han registrado 15.827 detenciones políticas en el país. Foro Penal ha asistido a 12 mil detenidos que ya están excarcelados. Enfatizó que más de 9.000 personas siguen sujetas arbitrariamente a medidas restrictivas de su libertad.

El caso más notorio de 2024 es la detención arbitraria de la defensora de los derechos humanos Rocío San Miguel. El 9 de febrero la reconocida activista fue detenida junto a su pareja, hija y otros familiares. Todos estuvieron desaparecidos hasta el 15 de febrero. Ese día sus familiares y su hija fueron puestos en libertad condicional. Sin embargo, San Miguel y su pareja siguen detenidos en El Helicoide bajo la custodia del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

El 13 de marzo, luego del tortuoso viaje, cruzó el río Orinoco en una pequeña embarcación que remontaba el caudal disminuido por la sequía. Al llegar a Puerto Carreño, capital del departamento del Vichada, Colombia, tuvo que entrar a las oficinas de Migración. En ese instante, mientras esperaba en la sala del recinto, Edison se vio en el televisor. La noticia de su orden de captura estaba en un noticiero venezolano. Los funcionarios de Migración Colombia miraron su pasaporte, voltearon al noticiero y con una sonrisa de amabilidad le dijeron: “Doctor, Colombia lo recibe.”

(El funcionario) me pone el sello y me dice: ‘No se mueva de aquí. Para usted es peligroso andar por aquí solo’. En ese momento, me trasladaron a un albergue dentro de una instalación de la Armada. Fue un día miércoles. Me quedé hasta el viernes, hasta que pude tomar un vuelo hasta Villavicencio. Todo ese tiempo estuve bajo su custodia porque decían que se habían llevado a gente en situaciones anteriores”, recuerda Edison. 

Algunos amigos le recomendaron que no se quedara en Colombia porque la historia reciente de muchos exiliados en los países latinoamericanos era un ejemplo de que siempre existirá un peligro latente. El caso de Lorent Saleh, quien fue expulsado por la Administración de Juan Manuel Santos en el año 2014 y entregado al gobierno venezolano representaba un recuerdo de ese miedo para Edison. Asimismo, el asesinato del teniente Ronald Ojeda por motivos políticos en Chile, de acuerdo con la Fiscalía de ese país, era parte de lo mismo, como si no hubiese escapatoria posible. Entonces, con el apoyo de algunos amigos, cubrió los gastos de hospedaje y su traslado hasta Bogotá. El sábado 16 de marzo, cuatro días después de su primer encuentro con la persecución, tomó un vuelo con rumbo hacia Madrid, España.

Una estampa del exilio de Edison Arciniega: “Te arrancan de donde quisiste estar siempre”
Ilustración: Lucas García

“Nunca me imaginé fuera de Venezuela. Piensa en alguien que tiene una carrera en proceso, que tiene una empresa que está avanzando, que tiene una ONG (organización no gubernamental) consolidada, que tiene un sistema de monitoreo y le presta servicio a grandes instituciones privadas y tiene interlocución tanto con el Estado como con gobiernos de otros países. Habíamos construido una referencia institucional en el país y, de repente, nos encontramos con que nos quitaron todo eso de golpe. Ahora, imagina que esa misma persona no pudo volver a dormir en su cama, no verá a sus amigos en mucho tiempo y ya no podrá darle un abrazo a su madre”, relata.

Al llegar al Aeropuerto de Barajas, en Madrid, Edison le informó a las autoridades su deseo de pedir asilo político en el país. Tomaron su declaración, lo llevaron a una habitación especial para estos casos, le dieron todo lo necesario y solo tuvo que esperar la confirmación para su entrada al país. Cruz Roja España le brindó hospedaje en un hostal en el barrio obrero de Vallecas, donde pasó sus primeros días, mientras todo lo ocurrido en tan solo unos días comenzaba a tomar forma en su cabeza. Edison quería tratar de responder una pregunta para la que todavía no lograba conseguir una respuesta sensata: “¿Por qué a mí?”.

“Yo siempre he dicho: Solo estoy describiendo”

El discurso público de Edison Arciniega podría catalogarse como apolítico y conciso con los datos del sector agroalimentario. En su equipo de trabajo no existía lugar para la adjetivación de la estadística. Sin embargo, hay una realidad que es imposible de negar y que, de acuerdo con Edison, es el primer golpe a la narrativa del gobierno. 

Estoy seguro de que llegó un momento en el que las voces de la sociedad que son capaces de hablar, con datos y análisis, sobre lo que ocurre en el país están en peligro. Entonces, el Estado, en un momento en el cual no tiene la capacidad de responder ante los datos, persigue el silencio de todos”, dice.

El equipo de investigación del Centro de Estudios Agroalimentarios había publicado tres informes importantes en el último año y para Edison este trabajo es una de las razones para su persecución. El primero analiza la desigualdad alimentaria en Venezuela. Este estudio detalla que el 20 % más rico de la población consume el 37 % de los alimentos; mientras que el 20 % más pobre consume el 8 %.

“El 20 % más rico come 4,5 kilos de carne al mes, lo cual es una dieta excesiva; contra los 150 gramos de carne que come el 20 % más pobre. 4.500 gramos en el más rico contra 150 gramos en el más pobre. Es el país de la desigualdad extrema, el país de una familia en el sector más pobre que gasta 80 dólares mensuales en comida contra otra que gasta más de 1.000 dólares”, explica Edison.

El segundo informe demostraba la creciente preocupación por tres crisis en el campo venezolano: la sarna verrugosa de la papa, la marchitez del plátano y la gripe aviar. Los dos primeros rubros representan un lugar esencial en la dieta venezolana y brindaban al campo un sentido de autonomía. “Ese informe también se lo mandamos a ellos. El Estado llegó al punto en el que no quiere saber y le tiene rabia al que sepa o no quiere que se sepa. Pareciera que negar las crisis es una forma de resolver los problemas de los venezolanos”, analiza. 

El último informe tiene que ver con el rubro más importante en el sector agroalimentario de Venezuela: el maíz. El país es el sexto país en consumo per cápita de este cereal en América, es un producto capaz de producir más de un millón de puestos de trabajo, desde el campesino hasta la pequeña bodega. Arciniegas explica que esta ha sido una cadena de valor golpeada por las decisiones arbitrarias de las autoridades actuales.

“Existe una clara competencia desleal de grupos económicos favorecidos por el Ministerio de Agricultura. Si tú revisas en la bolsa de Chicago, la gran bolsa del maíz, te vas a encontrar que la empresa de Harinas Kaly compró un futuro de maíz de 100.000 toneladas. En Venezuela se consumen 2 millones. Es el 5 % de todo el consumo. Este maíz ya está pagado y llegará en plena cosecha de maíz en Venezuela y es la gran queja de los agricultores: traen maíz cuando ya ellos lo tienen. Eso está en el informe”, establece Edison.

Luego de este registro de su labor, Arciniega quizás tuvo una pequeña aproximación a la pregunta. No importa la equidad de la información, la preocupación por los datos y la estadística, el sentido de pertenencia y la labor para una mejor nación porque el registro de la realidad es el peor adversario de todo discurso totalitario. Ante esta certeza, reflexiona Edison, todo el mundo está en peligro y aquella idea de vivir alejado de la política, de centrarse en el trabajo, de ser constructivo para la sociedad está en peligro. 

Esas ideas ya no están vigentes. El silencio o te corretean. Yo le doy gracias a Dios porque logré llegar a aquí, ¿pero si no hubiera podido llegar a aquí dónde estaría? En el mejor de los casos, metido en una celda. Sabemos lo que pasa en Venezuela con la gente que está presa”, expresa.

Las preguntas del exilio rondan la cabeza de Edison y mientras trata de darle forma a esa incertidumbre, de lograr hilar los puntos necesarios para construir una respuesta capaz de apaciguar su nostalgia, se encuentra con una nueva vida que le tocó comenzar de golpe, sin aviso, sin derecho a réplica y sin derecho a volver.

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