- Lo que nació como un club de lectura en la mesa de una panadería se convirtió en un grupo de divulgación filosófica que organiza encuentros en Caracas y diferentes ciudades españolas. Pablo Alas, uno de sus miembros, comentó a El Diario el valor que tiene el intercambio de ideas en tiempos de informaciones cada vez más distantes e instrumentalizadas
En la antigüedad, el conocimiento nacía a través del diálogo. Aristóteles solía impartir sus enseñanzas mientras paseaba con sus discípulos por los jardines del Liceo de Atenas, así como había hecho Platón antes que él, con su Academia, y Sócrates con la mayéutica. En la actualidad, estas escuelas se han convertido en el sinónimo de algo completamente diferente. De estructuras jerarquizadas en las que élites intelectuales imparten ese mismo conocimiento a sus estudiantes en espacios cerrados, a veces incluso sin un necesario intercambio de ideas.
Aunque el liceo y la academia, en sus acepciones modernas, son espacios vitales para la vida ciudadana, muchas veces el conocimiento puede existir más allá de ellas. A veces, con conversaciones entre tazas de café, incluso unas cervezas. Esta premisa motivó a un grupo de amigos a reunirse hace un par de años para crear La Mesa de Arriba, que nació como un club de lectura sobre filosofía, y fue mutando para convertirse en un proyecto de divulgación y reflexión sobre diferentes manifestaciones del pensamiento.
Pablo Alas es uno de sus integrantes. En entrevista para El Diario, señaló que precisamente su intención es fungir como una agrupación para el diálogo y la comprensión de la realidad de forma interdisciplinaria, pero al margen de las academias. Buscan ser accesibles para la gente, y de hecho, su nombre viene del lugar que ocupaba su mesa en una reconocida panadería caraqueña en la que hicieron sus primeras reuniones.
“Queremos justamente que La Mesa de Arriba se convierta en una especie de reunión de voluntades y de activación de sistemas de diálogo y reflexión. Es decir, buscamos explorar la potencia del pensamiento y de la producción de conocimientos a través de la conversación”.
La mesa redonda
Alas, quien es comunicador social y profesor de Lenguaje, llegó a La Mesa de Arriba invitado por uno de sus fundadores, Rodrigo Gil. El grupo en un principio se constituyó entre amigos pertenecientes al mundo de las letras y la filosofía, aunque también desde otros rubros como el periodismo o las ciencias políticas. También incluyeron a otros círculos de divulgación filosófica, como el grupo Caracas Crítica, con quienes comparte miembros.
Entre sus primeros miembros figuran Luis Marciales, Juan Lebrun, Giann Di Giuseppe, Ernesto Borges, David Ramírez, Moisés Ramírez, Diego Ávila, además de los propios Alas y Gil.
La dinámica era sencilla. Alas explica que se reúnen cada sábado para analizar alguna película o texto acordado previamente. Estos pueden ser poemas, artículos, cuentos o fragmentos de ensayos, los cuales después se discuten, intercambiando puntos de vistas desde los campos de cada miembro. Estas no se limitan necesariamente a la filosofía: intentan tener un enfoque multidisciplinario, estudiando también temas de economía, antropología, artes y simplemente una historia en cualquier formato.
Aclara que a pesar de abordar temas sociales en muchas de sus conversaciones y reflexionar sobre la situación actual del país y del mundo, siempre buscan hacerlo desde el pluralismo. La Mesa de Arriba no está asociada a ninguna organización política ni recibe financiamiento. Sus charlas, tan improvisadas y austeras como son, siempre intentan respetar la diversidad de opiniones más allá de las ideologías y los dogmas.
Las cuatro bases
Para Alas, La Mesa de Arriba se puede resumir en cuatro principios fundamentales, que más bien se sienten como los pasos del propio proceso intelectual: lectura, conversación, reflexión y creación. En esa justa secuencia se rigen sus actividades, con sus materiales semanales de estudio y posterior debate, así como el nacimiento de las ideas y propuestas forjadas en la tibieza de una taza de café.
“Creemos en la lectura y en la gran potencialidad creativa que tiene el diálogo y la exposición de las ideas frente a otras personas. Creemos, además de lo conversacional, en la amistad, porque a raíz de estos encuentros se han fortalecido lazos afectivos y, hoy en día, nos consideramos amigos también. De la misma forma, estamos abiertos a todas las personas que se quieran sumar”.
Muchas veces, a través de estas charlas sus miembros han encontrado inspiración para escribir artículos y ensayos que se comparten entre sí. Alas adelantó que el grupo trabaja en la compilación de varios de estos textos para crear un libro, del cual aún están en la búsqueda de una editorial que los apoye.
La expansión de la Mesa
Actualmente Alas se encuentra en la ciudad de Sevilla, España. Gil se mudó al mismo país, pero a Barcelona, mientras otros miembros también han emigrado. Sin embargo, de los problemas también pueden nacer oportunidades. En este caso la expansión de la mesa ya no como un espacio físico, sino como una metáfora que reúne voluntades de diferentes latitudes.
Sus miembros en el exterior iniciaron sus propios círculos en sus nuevas ciudades, donde han incorporado nuevas disciplinas y acentos a sus charlas. Por ejemplo, Alas lleva ahora un “núcleo” de La Mesa de Arriba junto a otros estudiantes de posgrado de la Universidad de Sevilla. Su idea es ahora internacionalizarse para ampliar la red de conexiones que han tejido en los últimos dos años.
En Caracas las actividades continúan, dirigidas por cinco de sus miembros que permanecen en el país. Entre las actividades que han organizado están su participación en la Semana de la Filosofía promovida por la Universidad Central de Venezuela (UCV) o charlas organizadas en diferentes espacios como la Galería de Arte Nacional y locales en los que han provocado el enfoque de usar el arte y el entretenimiento para hablarle al público de filosofía.
El diálogo necesario
Aquella dinámica de los antiguos maestros de compartir la sabiduría entre jardines helénicos habría resultado complicada en los tiempos de las clases en línea y talleres a distancia. Aunque todo se agudizó a partir de la pandemia de covid-19, lo cierto es que la tecnología favoreció en la última década una mayor interconectividad y capacidad de acceder a la información, pero a vez mayores ruidos en la comunicación y aislamiento entre personas.
Aunque Alas no ve con malos ojos las aplicaciones de videollamadas ni el progreso tecnológico, admite que la presencialidad es esencial para las interacciones humanas. Y en ello se basa la impronta de La Mesa de Arriba, en esa capacidad que tiene el contacto y la combinación de lenguajes verbales y no verbales para hacer fluir las ideas. También en toda la retroalimentación que genera poder intercambiar ideas sin barreras virtuales.
“No deja de ser importantísimo el hecho de poder compartir y exteriorizar los pensamientos, es decir, la puesta en juego -porque también así nos gusta llamarla- que hay entre decir lo que piensas y que la otra persona sume a lo que está pensando y diciendo. En ese juego dialéctico, muchas veces surgen cosas que no surgen cuando estamos pensando de forma individual. En el diálogo, muchas veces aparecen disparadores que permiten reflexiones que antes no te habías imaginado”, acotó.
Devolver la filosofía
En tiempos en los que la sociedad parece haberse vuelto menos contemplativa y más pragmática, Alas aseguró que la filosofía y las artes aún juegan un rol importante. Solo que más allá de libros complejos o artículos extensos, ahora usa la estética para adquirir diferentes formas que les permiten generar propuestas creativas, pero a su vez cargadas de contenido.
“Tanto las propuestas artísticas como la filosofía importan cada vez más, porque nos interpelan dentro del mundo en el que vivimos. Nos hacen pensar en cuál es nuestra posición dentro de este, en cuál es nuestra misión, en por qué estamos donde estamos. Todo esto nos ayuda, en todo caso, a pensar en el porvenir, aunque parezca una mirada muy utópica”, afirmó.
Alas indicó que esa búsqueda de nuevas verdades implica también aprender a pensar más allá de lo académico. Sacar la filosofía a la calle, lejos de los campus universitarios y las burbujas de las redes sociales para que el ejercicio intelectual no quede estancado en la simple producción de artículos y ensayos acartonados. Es democratizar el conocimiento para convertirlo en un agente transformador de una sociedad más crítica y reflexiva.
“Los problemas que vivimos se suelen pensar en la academia, pero también forman parte del ámbito público porque, de hecho, es allí en donde se originan: en nuestras relaciones sociales, en el autobús, en el metro, en las políticas públicas, en los paseos que damos, en los restaurantes, en la calle. Allí están los problemas de la sociedad y, por ello, la discusión de sus soluciones también tienen que ser devueltas a esos espacios públicos”, apuntó.