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  • El conferencista dedica parte de su vida a compartir con el público su experiencia y aprendizaje sobre los 72 días que pasó, junto con sus otros 15 compañeros, en el Valle de las Lágrimas

Hacer consciente al ser humano de la capacidad que tiene para desarrollar su máximo potencial. Ese es el propósito actual de Eduardo Strauch, de 76 años de edad y uno de los 16 sobrevivientes de la “odisea” de Los Andes, como él mismo la define.

“Quiero que valoren el hecho de que están vivos y de que no lo den por sentado, que sepan que todos somos capaces de superar nuestra propias cordilleras. Tienen que despertar de la vorágine en la que la propia sociedad y su ruidoso caos nos somete”, dijo Strauch en una entrevista para El Diario.

Ese “despertar” llegó para Strauch el 13 de octubre de 1972, cuando el vuelo en el que viajaba se precipitó en Los Andes. El avión era un chárter de la Fuerza Aérea uruguaya, en el que se trasladaban 40 pasajeros (en su mayoría amigos de la infancia y jugadores del equipo de rugby Old Christians Club) y cinco tripulantes desde Montevideo, en Uruguay, hacia Santiago de Chile, en Chile.

Conferencia de Eduardo Strauch en Caracas

El sobreviviente de la odisea de Los Andes presentó su conferencia “¿De qué tamaño es tu cumbre?” el 11 de junio en el Hotel Eurobuilding a las 5:00 pm, en Caracas.

Eduardo Strauch, sobreviviente de Los Andes: "Somos capaces de superar nuestras propias cordilleras"
Foto: Víctor Salazar | El Diario

“No tengo miedo de morir, temo quedarme sin tiempo”

Otra lección que destacó el sobreviviente de Los Andes sobre su experiencia de dos meses y medio en la montaña fue la importancia del tiempo. Para Strauch, la mejor forma de aprovechar la vida es no perder tiempo.

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“La perspectiva del tiempo me cambió totalmente. Trato de transmitir eso a los jóvenes y adultos a través de sus charlas: por favor, no desperdicien el tiempo porque nunca se recupera y no sabemos cuándo se acaba”, agregó el conferencista.

Strauch confesó que no le teme a la muerte, sino a no realizar las actividades que tiene previsto a corto, mediano y largo plazo, entre ellas, ver florecer un parque que construyó recientemente en Montevideo, acompañar a sus nietas en su crecimiento, compartir su experiencia en Los Andes y seguir en el desarrollo de proyectos arquitectónicos (una pasión que corresponde a su profesión). 

“No me da miedo morir, temo quedarme sin tiempo. Me preocupa no poder hacer todo lo que quiero en la vida. Quiero vivir 30 años más”, expresó Strauch.

Asimismo, contó que una de las formas que lo mantienen consciente y reconecta con el aprendizaje que tuvo en Los Andes es subir de nuevo a la cordillera. En 52 años ha visitado el Valle de las Lágrimas, lugar donde se mantienen los restos del avión, al menos 20 veces.

Strauch detalló que siempre que realiza el recorrido hacia los restos del fuselaje, los cuales fueron quemados en enero de 1973 por el Cuerpo de Socorro Andino de Chile, llora a sus compañeros fallecidos y vuelve a reconectar con las lecciones que le dejó esa vivencia.

La “odisea” de Los Andes desde la perspectiva de Strauch

Durante los 72 días de la “odisea”, Strauch y el resto de los sobrevivientes convivieron en un ambiente hostil, debido a que solo tenían pensado viajar por un fin de semana. La temperatura era de -30° centígrados, no contaban con alimentos ni agua ni ropa adecuada. 

Sin embargo, hubo varias situaciones difíciles a las que se tuvo que enfrentar en sus entonces 25 años de edad. La primera, la muerte de su mejor amigo y capitán del equipo rugby, Marcelo Pérez del Castillo Ferreira, quien murió en la avalancha que afectó a los sobrevivientes debido al temporal. 

Ese momento fue muy duro y difícil, pero es impresionante como uno se adapta tan fácilmente a la nueva realidad porque enseguida mi mente empezó a reprogramarse para enfrentar a la supervivencia. Cuando lo pienso desde la comodidad del sofá me parece una locura haberlo superado, pero lo hice, lo hicimos”, agregó.

Otra de las situaciones límite que vivió, y que al mismo tiempo define como “el inicio de su segunda vida”, fue escuchar desde la radio portátil el cese de las labores de búsqueda. 

Desde ese momento, tanto él como los otros 15 sobrevivientes se hicieron conscientes de que la última salvación posible dependía de ellos y no de agentes externos a la “odisea” de Los Andes.

“Esa creo que es una lección de vida y es algo que he aplicado en la mía. No podemos esperar sentados a que alguien nos salve, debemos hacerlo nosotros mismos”, dijo Eduardo Strauch.

Eduardo Strauch, sobreviviente de Los Andes: "Somos capaces de superar nuestras propias cordilleras"
Foto: Víctor Salazar | El Diario

“El hambre no duele, la sed sí”

Eduardo Strauch calificó los primeros días sin comer como desesperantes, pero aseguró que el cuerpo humano tiene la capacidad de adaptarse y que la sensación se transforma en languidez. 

Afirmó que una de las peores sensaciones que ha experimentado en su vida es tener sed, a su juicio, es más doloroso que pasar 72 noches a -30° centígrados.

“Era muy difícil derretir la nieve y los heridos tenían prioridad. El hambre no duele, la sed sí duele y luego de 52 años esa sensación no se quita. La recuerdo y necesito beber agua de inmediato”, contó.

Autor de dos libros

Eduardo Strauch escribió y publicó dos libros en los que relata su experiencia como sobreviviente de Los Andes: Desde el silencio: 40 años después; y Desde el silencio.

Eduardo Strauch, sobreviviente de Los Andes: "Somos capaces de superar nuestras propias cordilleras"
Foto: recopilada por LaSociedadDeLaNieve.com

El rescate, el inicio de su segunda vida

Uno de los momentos de mayor felicidad para el grupo fue escuchar el 22 de diciembre de 1972, en medio de la interferencia de la radio, los nombres de Fernando Parrado y Roberto Canessa, dos de los 16 sobrevivientes que realizaron la última expedición en búsqueda de ayuda.

Desde ese momento, supo que él y el resto de sus compañeros podrían vivir una segunda vida. “Esta vida nos la peleamos, lo dimos todo. Nadie puede decir lo contrario”, aseguró.

Al día siguiente fue rescatado por la guardia chilena y trasladado al hospital San Juan de Dios de San Fernando (Chile). Lo primero que hizo al tocar tierra fue arrancar una mata de tréboles y se la comió. Según Strauch, sentía necesidad de comer algo verde y fresco, acto que dio por finalizada la antropofagia, una práctica que utilizaron como método de supervivencia.

Antropofagia. Es el nombre que se le da a la práctica de comer carne humana, independientemente de la especie que la consuma.

Además de comer, bañarse y dormir, los sobrevivientes también tuvieron que hacer una reconección con la emocionalidad, una de las cordilleras personales de Eduardo Strauch.

“Fue muy difícil volver a conectarme con el entorno. Cuando sentía que no me hallaba en una habitación o en mi propia cama recurría a las herramientas emocionales y espirituales que desarrollé en Los Andes, como por ejemplo, mi fuerza mental”, dijo.

La Sociedad de la Nieve

Eduardo Strauch resaltó la importancia que ha tenido la película La Sociedad de la Nieve, dirigida por Juan Antonio Bayona, en la reconciliación entre los sobrevivientes y los familiares de quienes murieron en la montaña.

“Esa película unió a distintas generaciones con una misma historia. Sirvió como un puente para que nuestras esposas, hijos y los familiares de quienes no volvieron entendieran nuestra historia. Es mucho más que una película, es una lección de vida”, dijo.

La Sociedad de la Nieve se estrenó en enero de 2023 y tuvo un récord de 22,9 millones de vistas en su fin de semana de estreno.

Nuevos retos

Eduardo Strauch destacó que uno de sus lemas es que “casi nada es imposible”. Es por eso que en los primeros meses de 2024 se propuso subir al monte Kilimanjaro, en Tanzania.

Confesó que recorrer los casi 6 mil kilómetros fue un reto difícil de superar, tanto para la parte física como para la mental.

“Cuando el hombre y la montaña se encuentran, ocurren grandes cosas. Eso pensaba hace 52 años y ese lema me impulsó a seguir, pese al dolor y al cansancio”, dijo.

Para Strauch, el reto de subir al Kilimanjaro representó su “más reciente cordillera”, lo que aseguró potenció sus habilidades y lo llevó a conocer límites de él mismo que desconocía.

“Cuando sientas que no puedes, no te rindas, permítete retarte, eso te ayudará a conocerte y te volverá una persona mucho más fuerte”, concluyó.

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