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  • El 23 de junio de 1995 los canales de televisión interrumpieron su programación regular para transmitir en vivo un secuestro de rehenes en las cercanías del Urólogico San Román. Se trató de un suceso donde murieron 5 personas y 8 resultaron heridas 

Este artículo se publicó originalmente el 23 de junio de 2023

El 23 de junio de 1995, delincuentes organizaron el robo de una casa en la urbanización San Román. La policía fue alertada por vecinos y acordonó la zona. Los dos sujetos, al verse acorralados, huyeron hacia el Urológico San Román, donde tomaron como rehenes a varias de las mujeres que se encontraban en el lugar. Hoy se cumplen 28 años de una tragedia conocida como el caso San Román y que ocurrió en Caracas, Venezuela.

El hecho es considerado como una operación de rescate de rehenes fallida. El secuestro ocasionó 5 muertos y 8 heridos por una mala maniobra que ejecutó la policía en un intento por neutralizar a los delincuentes.

El reloj marcaba la 1:00 pm cuando las vidas de la médica Gloria Ojeda, las enfermeras Virginia Castro y Teresa Rodríguez, la recepcionista Aída Molina y la secretaria Zulay Quintero estaban a punto de cambiar en uno de los sucesos más cuestionados sobre el accionar de la policía en Venezuela. 

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Unas llaves marcaron el destino 

La llegada de una redada policial en la urbanización Colinas de San Román provocó que Juan Antonio Alberto Peña y Juan Manuel Méndez Rojas buscaran una salida. Se encontraban en una calle ciega, por lo que ambos delincuentes emprendieron el rumbo hacia el centro de otorrino anexo a la clínica San Román, en el que se encontraban siete mujeres.

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Foto cortesía

Dos de ellas, aprovechando el desconcierto de lo que sucedía, lograron esconderse. Pero Aída Molina, Gloria Ojeda, Zulay Quintero, Virginia Castro y Teresa Rodríguez no pudieron ocultarse. Todas fueron llevadas hasta una oficina para mantenerlas como rehenes. 

El comisario Gustavo Moros, jefe de patrullaje de la Policía municipal de Baruta, asumió las primeras negociaciones, trató de persuadir a los sujetos para que se entregaran de manera pacífica. Pero los delincuentes fueron tajantes desde el primer momento. Exigieron un vehículo para poder escapar, de lo contrario, todos los rehenes serían asesinados. 

Medios de comunicación reportaron la presencia de al menos 200 funcionarios de los cuerpos de seguridad en el lugar. 35 francotiradores tomaron posiciones, mientras se mantenían las negociaciones con los delincuentes. Juan Antonio Alberto Peña y Juan Manuel Méndez Rojas pidieron hablar con el fiscal, que se les garantizara la vida y que un carro sería la mejor vía de salida para ellos.

El comisario Alberto Morales del Cuerpo Técnico de Policía Judicial (PTJ), ahora Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), fue el encargado de entregar el vehículo a los delincuentes. Los hombres se prepararon para salir, cubrieron sus rostros con improvisadas capuchas y ordenaron a las mujeres en fila india. Encabezando la línea estaba Aída, apuntándole a la cabeza la seguía uno de los delincuentes, Teresa Rodríguez iba de tercera, seguida de Virginia y Zulay que precedían al otro sujeto y de última sirviendo de escudo a éste estaba la médica Gloria Ojeda.

5:30 pm: la hora del intercambio de disparos

Aída Molina y Teresa Rodríguez fueron conminadas a subir a los asientos delanteros, la primera manejaría el auto y la enfermera iría de copiloto. Pero que la policía no le entregara las llaves correctas desencadenó la molestia de los secuestradores que exigían la entrega de una camioneta. El comisario Morales subió con un nuevo vehículo y lo estacionó a pocos metros del sitio. Los maleantes organizaron el trasbordo y ahora sería Peña quien conduciría la camioneta. Ante esta maniobra, el plan de la policía era neutralizar a los secuestradores con disparos de francotiradores.

La orden se emitió a las 5:30 pm. La violencia sobrevino y los primeros minutos de la masacre comenzaron con Virgina Castro gritando de terror al ver una bala rozando su cabeza.

El segundo tiro le dio en la cabeza al secuestrador Juan Antonio Alberto Peña, quien se desplomó llevando al piso a Aída Molina, quien también murió. Juan Manuel Méndez Rojas se atrincheró dentro del carro y utilizó a la doctora Gloria Ojeda como escudo humano y empezó a disparar a los efectivos policiales que rodearon el rústico. 

En el intercambio de disparos Méndez Rojas logró herir de muerte al comisario Sotero Pérez, quien recibió una bala en la frente, mientras que Ojeda recibió cinco impactos de bala. En medio de la confusión resultaron heridos otros cinco policías.

Los sobrevivientes

De la masacre de San Román sobrevivieron Virgina Castro, Zulay Quintero y Teresa Rodríguez. Esta última mujer fue la única persona que salió ilesa de la balacera. 

Se cumplen 28 años de la masacre de San Román
Foto: Venevisión

Días después del hecho, ante los cuestionamientos y testimonios de las sobrevivientes, los comisarios José Ramón Lazo Ricardi y Eleazar Cuotto Rendón, director y subdirector de la PTJ, admitieron que hubo cierta confusión en la operación de rescate. 

El Ministerio de Interiores respaldó el accionar de la operación policial argumentando que uno de los delincuentes había disparado primero. Esta versión fue rechazada por las sobrevivientes. Sin embargo, bajo la mirada oficial se trató de una maniobra adecuada para la situación. A pesar de esto, el sangriento desenlace quedó marcado en la memoria de los venezolanos como una de las tragedias más mediáticas en la historia del país. 

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