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Esta frase me marcó durante la presentación del libro Las palabras del silencio de Valentina Medina, una joven venezolana de 23 años que nació con parálisis cerebral y hoy se consolida como escritora con la publicación de una recopilación de cuentos en los que habla de sus discapacidades de distintas maneras, “por medio del humor, del amor, del terror, de lo insólito, de lo poético, de la ternura”, tal y como se detalla en la descripción de Amazon.

Valentina para mí es el reflejo de la inspiración, de que aun cuando existe una discapacidad, es posible vivir con ella y conectar a toda una audiencia con una realidad diferente, porque a pesar de las victorias, se vive y se enfrenta el mundo en condiciones distintas.

Y no hay que disimularlo, “la discapacidad no es mentira”, en palabras de ella misma, ese es el gran mensaje que quiero destacar y de eso, precisamente, se trata la diversidad y la inclusión.
Las organizaciones venimos trabajando en estos temas, dos conceptos que son distintos, pero definitivamente están interconectados. La diversidad garantiza la presencia de grupos diferentes en cuanto a edad, género, inclinación sexual y discapacidad. La inclusión es darle espacio, involucrarlos y apoyarlos.

Por tanto, creo que no solo se trata de aceptar las diferencias, sino de valorarlas. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Organización de las Naciones Unidas, en vigencia desde 2008, define la discapacidad como un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.

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El primer libro que leyó Valentina fue La ciudad de las bestias de Isabel Allende, si algún día tengo la oportunidad le preguntaré por qué. Lo que sí describe en su perfil en Instagram @valentinamedinaesc fue el reto que representó cumplir la meta de 20 páginas en 48 horas. Cuenta que la primera noche tuvo que releer hasta tres veces la misma página porque no entendía, sospechó que estaba suprimiendo algunos párrafos y tenía razón.

Así que busco una versión en PDF que le permitiera agrandar las letras y lograr el objetivo, por supuesto, hay final feliz porque una vez superado este obstáculo se sumergió en la “magistral historia de fantasía”, como la describe. Una vez más la tecnología funcionó como una aliada para reducir brechas y propiciar la inclusión que en esta oportunidad no es exclusivamente digital.

De acuerdo con estimaciones publicadas por el Banco Mundial, se calcula que 15 % de la población tiene alguna discapacidad. Dentro de la minoría se puede considerar como uno de los grupos de mayor impacto, personas que bien podrían ser consumidores, empleados, proveedores, socios y activistas de la comunidad.

Por eso, la tarea para cualquier empresa tiene que girar en torno a políticas de inclusión, no solo desde la perspectiva de gestión de talento, sino también en el diseño de productos y servicios.

Hemos avanzado en diversidad e inclusión. Telefónica Movistar en Venezuela, por ejemplo, no solo tiene equidad de género en su plantilla (diversidad) sino que 57 % de las mujeres ocupan cargos predirectivos y 46 % cargos directivos (inclusión). Esta arista quizás ocupa la mayor atención dentro de las organizaciones, 2 de cada 3 empresas han implementado capacitaciones de temáticas de género, según el Informe Aequales (2022). Sin embargo, solo 58 % ha sensibilizado sobre diversidad sexual, 40 % sobre discapacidad y apenas 30 % sobre diferencias generacionales.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) cita en su documento sobre personas con discapacidad e inclusión laboral en la región, que 50 % de la población en situación de discapacidad en edad laboral activa no tienen empleo y los que sí están expuestos a mayores probabilidades de mala remuneración, informalidad e inestabilidad. Si bien la tecnología hoy permite impulsar el autoempleo, no debe ser el único mecanismo de inserción.

Para finalizar, me permito sumar un concepto adicional como pilar de liderazgo en las organizaciones: la empatía. Tenemos que ponernos en el zapato del otro, en nuestro alrededor siempre hay alguien que está librando una batalla.

Valentina ha librado varias, algunas son públicas, otras quizás sean contadas más adelante. A su ritmo, porque “La discapacidad no es mentira”.

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