Para muchos venezolanos, quedarse en el país no es solo una cuestión de supervivencia, sino una elección marcada por el deseo de mantener cerca a sus seres queridos. A pesar de los desafíos económicos y sociales, la esperanza de un futuro mejor sigue siendo la fuerza que impulsa a quienes prefieren luchar por sus sueños en casa.
“Mis padres son quienes me motivan cada día a quedarme en Venezuela, además, no quiero que mi hijo crezca lejos de ellos, de su familia. Mi decisión se basa mucho en la fe y esperanza de que en algún momento todo va a cambiar y las condiciones en general van a mejorar para que todos podamos vivir una vida digna y tranquila”, dijo Mari Hernández en una entrevista exclusiva con El Diario.
Contó que actualmente trabaja como analista de compras en una compañía venezolana, en la que gana un sueldo de 50 dólares semanales (aproximadamente 200 dólares al mes) que le permiten cubrir solo un poco de sus gastos básicos y los de su hijo, de 10 años de edad.
Hernández vive en la ciudad de Guarenas (estado Miranda) y comparte los gastos con su pareja, quien además debe también sostener económicamente a su dos hijos que tuvo en una relación pasada.
“Lo más complejo de seguir viviendo aquí es el gasto y calidad de la educación, por eso entiendo la decisión de muchos padres en irse solos o con sus pequeños para brindarles una mejor calidad de vida (…). Quiero seguir apostando que yo se la puedo dar a mi hijo aquí”, expresó la mujer.
Agregó que otro desafío está en los servicios de salud y la posibilidad de conseguir empleo con sueldos adecuados a la carga laboral.
Opinó que en los últimos nueve años, cuando se intensificó la migración de venezolanos, parte de lo que ha ayudado a la circulación de la economía, principalmente en dólares, han sido las remesas que envían los migrantes a sus familiares.
La familia: la principal motivación
Al igual que Hernández, Jorge Valdés, de 30 años de edad, aseguró que pese al costo de vida tan elevado en Venezuela, estar con su familia es su motivación para seguir trabajando todos los días y pagar los gastos básicos. Resaltó lo difícil que es estar lejos de sus parientes, pues en una oportunidad ya había emigrado a Colombia.
“No hay otro país como Venezuela, su gente muy amable, sus paisajes y sobre todo que tenía toda mi familia acá y no es fácil estar en otro país que no sea el nuestro, lejos de tus seres queridos. La realidad que vivimos es un poco complicada, ya que tenemos una economía muy inestable, Venezuela está muy costosa. Mi motivación es mi familia y disfrutar cada momento junto a ellos”, expresó el venezolano.
Explicó que las personas deben realizar diversos trabajos para poder alcanzar un monto en dólares que les permita cubrir el total de las compras.
“Acá en Venezuela hay que hacer de todo un poco para seguir adelante y uno de mis dos trabajos es hacerle transporte privado a una empresa con mi automóvil y también trabajo con remesas, para poder llegar a un aproximado de 600 dólares al mes”, dijo.
Considera que el mayor cambio que ha visto en los últimos nueve años es presenciar cómo los ciudadanos tienen “muchas más ganas de seguir luchando por el país”, así como por su estabilidad social y económica. Reconoció que pese a ello, la fluctuación de la economía es lo que más le afecta, ya que se ha generado un incremento en los precios de los alimentos.
Cuando emigrar no es una opción
Carmen Barrera, de 24 años de edad, coincide con Jorge y Ana en mantenerse cerca de su familia pese a las dificultades en las que se ha visto por la crisis económica y social del país.
La venezolana, también de Guarenas, recalcó que ni siquiera en los momentos más álgidos de Venezuela ha pensado en migrar y aseguró que “sin importar qué pase” siempre podrá lidiar los inconvenientes con su núcleo familiar.
“Actualmente trabajo por mi cuenta, pero para dar un aproximado de cuánto se gasta en el país, podría decir que va desde los 200 a 300 dólares mensuales. En mi caso, todos los gastos del hogar son compartidos con mis hermanos y madre. Entre todos aportamos”, comentó en exclusiva para El Diario.
Consideró que en los últimos años hubo una mejoría en algunos aspectos del país, pero en materia económica, esto genera la mayor preocupación.
“Las personas que estamos acá siempre encontramos la manera de sostenernos”, alegó.
Mencionó que lo más complejo de seguir en Venezuela es mantener un negocio estable, debido al constante cambio que existe con la moneda nacional frente a las divisas.
“Nos toca adaptarnos y muchas veces nos toca reinventarnos. El dólar ha ido aumentando y eso implica en muchas ocasiones hacer ajustes si se ofrecen productos en bolívares. También afecta en la comida, los precios se han elevado (…), son un sin fin de dificultades que persisten. No es fácil seguir viviendo aquí, pero mantenerme con mi familia junta es mi decisión”, insistió.
Cuando la salud mental se convierte en un motivo para regresar
Así como muchos venezolanos permanecen en su país, otros retornan después de haber intentado formar una vida en otro lugar.
Andrea Ruiz, de 30 años de edad, vivió en Chile durante cuatro años, pero en 2023 decidió devolverse a Venezuela porque había entrado en un cuadro de depresión por sentir que no podía lidiar con la vida que llevaba sola, en un país donde no contaba con el apoyo de sus seres queridos.
“Aprendí mucho de mi experiencia, aprendí lo que es ser independiente. Pero enfermar y no tener a mi abuela, no tener a mi mamá, no tener a mis amigos de siempre para hablar o desahogar y un sinfín de cosas que viví, me afectaron al punto de no querer ni siquiera salir del departamento en el que vivía”, contó Ruiz.
Recordó que sus padres nunca se percataron de la situación emocional que ella estaba enfrentando, y solo sabían que le estaba yendo bien en su trabajo y económicamente.
“Ganaba muy bien y tenía un buen trabajo, pero estaba sola. Mis amistades que logré hacer allá estaban igual de ocupadas que yo, pero yo no me podía permitir demostrarle esa debilidad a mis padres. Hasta que un día simplemente decidí regresar”, dijo.
Aseguró que a pesar de que reconoce lo complejo de vivir en Venezuela, ese es su país y allí están las personas que ama. Expresó que admira a quienes siguen afuera y más en un contexto donde ha proliferado la xenofobia contras sus compatriotas.
La migración de venezolanos
Casi ocho millones de venezolanos han emigrado de su país, de acuerdo con datos de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en busca de una mejor calidad de vida, seguridad e incluso mejores oportunidades económicas y personales. Sin embargo, de acuerdo con cifras de Country Meters, una plataforma de estadísticas, para 2025 en el país viven alrededor de 30.533.090 ciudadanos.
Acnur detalla en su página web, de los más de 7,7 millones de venezolanos que emigraron de Venezuela, más de 6,5 millones se encuentran en países de América Latina y el Caribe.
La Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiado y Migrantes Venezolanos (R4V) detalla en su página web que la mayoría de esta población se ha ubicado en Colombia, Perú, Brasil y Chile.
En el caso de Estados Unidos, hasta 2023 la organización Migration Policy Institute reportó un aproximado de 770 mil migrantes venezolanos en este país, lo que representó un 2 % del total de extranjeros que viven EE UU.
La crisis que generó la pandemia por covid-19 provocó una ola migratoria hacia diversos países, a través de pasos no habilitados, como fue el caso de Chile e incluso EE UU, donde se comenzó a registrar la llegada de venezolanos que cruzaron la selva del Darién.
Actualmente, países de todo el continente americano han tomado medidas para intentar frenar los ingresos por vías no autorizadas, mientras que se estaría experimentado una migración de retorno debido a las decisiones del presidente Donald Trump, desde que asumió el poder en enero de 2025, como deportaciones masivas, detenciones de migrantes y eliminación de beneficios para algunas nacionalidades, entre ellas venezolana.