El transcurso del tiempo no diluye el vacío en los hogares de las familias que perdieron a sus integrantes durante las protestas de 2017 en Venezuela. Una de esas víctimas fue Neomar Alejandro Lander Armas, quien permanece como uno de los símbolos más visibles de la juventud que integró las jornadas de manifestaciones en contra de la administración de Nicolás Maduro.
Sin embargo, en la dinámica diaria de su entorno familiar, su ausencia se traduce en la pérdida de un hijo cuyos proyectos de vida quedaron interrumpidos a los 17 años de edad. Su madre, Zujeimar Armas, rememoró en entrevista con El Diario sus facetas cotidianas que las coberturas de prensa no lograron capturar en medio de las dinámicas de la confrontación callejera.
Las imágenes que recorrieron las plataformas digitales y los medios impresos durante el transcurso de ese año mostraron de forma recurrente a un adolescente equipado con implementos de protección artesanal, entre los que destacaban un casco blanco con la inscripción CALLE, un guante y una pechera confeccionada con material automotriz donde se leía la frase “Yo soy libertador”.
A pesar del impacto visual de esas representaciones colectivas de la denominada Resistencia, la realidad del joven, quien vivía en la zona de Guarenas, estado Miranda, correspondía a la de un bachiller que colaboraba en su hogar mientras evaluaba las opciones de formación académica y profesional.
“Extraño sus travesuras, de mi hijo extraño todo. Neomar era una persona de sangre dulce y muy alegre. Tenía una personalidad única”, manifestó Zujeimar Armas al describir los rasgos que definían la convivencia diaria con el adolescente.
La mirada del joven, capturada en diversos retratos fijos que posteriormente se transformaron en plantillas para grafitis y homenajes urbanos tanto en Venezuela como en el exterior, constituye el elemento central del recuerdo de sus allegados.
Su madre sostuvo que los archivos de prensa conservan la esencia de los principios éticos que rigieron las acciones del activista durante las semanas previas a su muerte en el municipio Chacao, en Caracas.
“Para mí las fotos recogen todo de él. Dicen que los ojos son el reflejo del alma y, de las fotos, lo que más resalta es su mirada. Mi hijo era una persona buena, con principios y valores”, aseveró la madre del joven.
El significado de una fecha que quedó marcada
La llegada del 7 de junio impone una carga emocional profunda para el entorno familiar de Neomar Lander, al cumplirse el noveno aniversario del suceso que acabó con su vida en la avenida Francisco de Miranda.
El impacto de la fecha evoca de forma inmediata las secuencias de los acontecimientos de ese año, una realidad que la madre del joven describe como una experiencia en la que la temporalidad no disminuye la intensidad del recuerdo doméstico.
“Han pasado 9 años y pareciera que fue ayer todo lo ocurrido. Los hechos de esos días después del 7 de junio siguen intactos. El mes es muy triste, está marcado por la pérdida y el dolor. A veces es querer devolver el tiempo”, relató Armas.
Ante la persistencia de la ausencia, la madre adoptó una postura de activismo digital sostenido para contrarrestar los procesos de olvido social. Esta determinación se traduce en el compromiso de difundir de manera regular los balances del tiempo transcurrido desde la muerte del estudiante.
“Es mi deber mantener viva la lucha por la que mi hijo perdió su vida. Me dije que hasta el día que caiga este gobierno pondré en mis redes, todos los 7 de cada mes, el tiempo que llevo sin mi hijo”, especificó la madre con relación a los mecanismos de protesta y memoria que ejecuta de forma regular.
Neomar Lander tenía sueños, pero la realidad del país en el año 2017 se los hacía difíciles de cumplir. Tras culminar la educación secundaria, la falta de recursos económicos impidió su ingreso inmediato a las aulas universitarias, una situación que lo motivó a cursar estudios en la Asociación Venezolana de Barmen para certificarse como operario profesional de barra, al tiempo que compaginaba sus horas con actividades de soporte técnico en el taller de mecánica automotriz que administra su padre.
“Era un joven completamente sano, con un camino largo por recorrer, con la esperanza de ser alguien en la vida”, puntualizó Armas con relación a las expectativas de desarrollo personal que poseía el adolescente antes de su muerte.
Los registros de prensa documentaron que el bachiller contempló la opción de emigrar hacia España debido a la crisis del país, a pesar de manifestar de forma reiterada a sus conocidos su renuencia a abandonar Venezuela.
“Era un joven que le gustaba trabajar y colaborar en casa. Su papá es mecánico y él le ayudaba, y quería estudiar ingeniería automotriz”, especificó la entrevistada sobre los objetivos académicos que el joven pretendía concretar.
Una muerte que sigue impune
La muerte de Neomar Lander ocurrió la tarde del 7 de junio de 2017 durante el desarrollo de una movilización opositora que pretendía dirigirse hacia la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE).
En las inmediaciones del túnel que conecta la avenida Francisco de Miranda con la avenida Libertador, el manifestante recibió un impacto en la región del tórax que le provocó lesiones severas, razón por la cual comisiones de auxilio lo trasladaron a la clínica El Ávila.
A esa institución médica, el joven ingresó sin signos vitales, lo que elevó en ese momento la cifra oficial de muertos durante las jornadas de protesta a más de 66 personas.
La versión inicial ofrecida por el entonces ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Reverol, atribuyó el fallecimiento a la manipulación deficiente de un artefacto explosivo de fabricación casera; no obstante, las experticias audiovisuales, los informes de la Fiscalía General de la República bajo la gestión de Luisa Ortega Díaz y las auditorías de organizaciones como Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) señalaron que la muerte se produjo tras el disparo a corta distancia de una bomba lacrimógena por parte de efectivos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB).
Los reportes de un panel de expertos independientes de la Organización de Estados Americanos (OEA) incluyeron este expediente dentro de los casos que documentan crímenes de lesa humanidad en el país.
Pero en Venezuela, el estatus legal del caso permanece en fase de investigación penal en el Ministerio Público, sin determinaciones de sentencias firmes.
“El caso de mi hijo sigue igual y mantengo lo que siempre he dicho: la muerte de mi hijo es responsabilidad del gobierno”, ratificó Armas.
El dolor derivado de estas muertes bajo custodia estatal o en el contexto de manifestaciones propició el surgimiento de estructuras de articulación ciudadana compuestas por las madres y familiares de las víctimas del año 2017.
Estas agrupaciones operan como redes de soporte psicológico, asistencia jurídica y contraloría social frente a los retardos procesales del sistema de administración de justicia venezolano.
“Existen redes de apoyo, nos une el mismo dolor. Hay ONG como Justicia, Encuentro y Perdón, formada por Rosa Orozco, mamá de otra de las víctimas (Geraldin Moreno)”, confirmó la madre de Neomar Lander.
Las demandas de justicia
El debate sobre la memoria de los sucesos de 2017 adquirió repercusión en la agenda pública tras los pronunciamientos de diversos factores de la dirigencia política opositora, quienes reivindican de forma recurrente las consignas de la época, en especial el postulado que dejó Neomar Lander: “La lucha de pocos vale por el futuro de muchos”.
“Hoy más que nunca mantengo su frase intacta. Toda nuestra fe y esperanza está consolidada en que se haga justicia”, expuso la madre del joven.
Debido a la paralización de las causas en el sistema judicial doméstico, las familias de las víctimas concentran sus esfuerzos en las acciones de fiscalización que ejecutan los organismos internacionales, en particular los procedimientos de documentación que desarrolla la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI).
La representación jurídica de los familiares insiste en que las denuncias colectivas ante las instancias multilaterales constituyen la única vía factible para el establecimiento de responsabilidades institucionales definitivas.
“Seguimos y seguiremos exigiendo justicia internacional. Porque mientras en Venezuela siga el mismo gobierno no habrá justicia. Hoy más que nunca debemos alzar la voz, ya que Maduro está siendo juzgado por narcotráfico y no por crímenes de lesa humanidad”, argumentó la madre de Neomar Lander.
Armas argumentó que la superación de los obstáculos psicológicos asociados al entorno político constituye un paso indispensable para la concreción de los objetivos de justicia que motivaron las acciones de la generación de su hijo.
“El miedo forma parte de nuestras vidas y es un obstáculo que debemos superar. Si algo aprendí de Neomar es que hay que vivir cada día como si fuese el último”, agregó.
La posición de la madre de esta víctima resaltó que las distorsiones del debate político actual no deben traducirse en la renuncia a los derechos ciudadanos consagrados en el ordenamiento constitucional venezolano.
Su testimonio concluyó con un llamado a preservar las convicciones civiles frente a los procesos de cambio que experimenta actualmente el país.
“Es normal que sintamos apatía ante tanto engaño. Pero Venezuela es nuestra y es nuestro deber mantener la lucha por la libertad y la justicia. Después del 3 de enero algo cambió y debemos mantener nuestra fe intacta”, dijo Zujeimar Armas.