La historia de una familia venezolana y el día en que el papa León XIV bendijo a su bebé en Madrid

Durante la misa de Corpus Christi celebrada el 8 de junio en la plaza de Cibeles, en España, el pontífice interrumpió su recorrido para bendecir a Joaquín José, un bebé venezolano de cuatro meses, en un momento que marcó para siempre a su familia
Jackelin Díaz
Jackelin Díaz - Redactora
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Félix Jiménez y Alba Ochoa son una pareja de venezolanos oriundos del estado Zulia que encontraron en la música una forma de vivir su fe. Estos músicos misioneros han dedicado los últimos años a evangelizar a través de canciones católicas, primero en Ecuador, luego en Colombia y ahora en España, donde están radicados junto a sus dos hijos. El menor de ellos, Joaquín José, acaba de cumplir cuatro meses de nacido.

La historia de una familia venezolana y el día en que el papa León XIV bendijo a su bebé en Madrid
Foto: Familia Jiménez Ochoa

Su compromiso con la Iglesia también los llevó a participar en las actividades organizadas con motivo de la visita del papa León XIV a Madrid. Por eso, el 8 de junio salieron temprano de casa, prepararon unos sándwiches y caminaron junto a sus hijos hasta la zona que les asignó su parroquia para asistir a la misa del Corpus Christi en la plaza de Cibeles.

Cientos de personas estaban convocadas para ese día. Entre toda esa multitud, encontraron un espacio libre, justo el necesario para acomodarse. Sin embargo, sin saberlo todavía, aquel pequeño espacio terminó siendo el escenario de un encuentro que jamás olvidarán.

La mano sobre la cabeza

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Foto: Familia Jiménez Ochoa

A lo lejos aparecieron las motos y los escoltas como parte del protocolo de seguridad. Todos los que estaban detrás de la valla metálica se pusieron de pie. El Papa Móvil avanzaba despacio por Cibeles mientras muchos contenían el aliento. A unos 10 metros, Alba le pasó a su hijo menor Joaquín José a Félix. Él extendió los brazos con el bebé hacia el frente de la multitud.

Uno de los escoltas, que estaba cerca de ellos, habló por el micrófono de su chaqueta. Félix lo notó y en ese instante intuyó lo que ocurriría. El escolta bajó del vehículo, caminó rápido hacia ellos, tomó a Joaquín José en brazos y lo acercó al papa León XIV, que se detuvo justo frente a la familia. Le colocó la mano sobre la cabeza y lo bendijo.

Alba y Anabella, la hija mayor de ambos, lloraron entre gritos. Las personas alrededor se acercaron para tocarle los pies al bebé, hacerle muecas, sonreírle tras aquel acercamiento con el papa. Alguien grabó todo y se lo hizo llegar después por la aplicación de mensajería WhatsApp.

«Cuando vi que el escolta caminaba hacia nosotros y tomaba a Joaquín José, bajé la mirada y solo dije gracias Dios por esta bendición. Y con eso me puse a llorar. Lo miré y el Papa León me miró y me saludó. Mi hija y mi esposa lloraban entre gritos, las personas alrededor grababan, se acercaban al bebé, y yo no podía hacer nada más que llorar. Todos temblábamos de la emoción”, dijo el venezolano en entrevista exclusiva para El Diario.

Tres días, un QR y una broma que se hizo realidad

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Foto: Familia Jiménez Ochoa

La familia no llegó a Cibeles por casualidad. Fue Alba quien gestionó todo cuando se enteró de aquel evento del sumo pontífice, por lo que llenó los formularios, consiguió los pases por el código QR de la parroquia San Jenaro de Ciudad Lineal, donde Félix dirige el ministerio de música, y organizó los tres días que pasarían con la visita del Santo Padre. La vigilia, la misa del Corpus Christi y el encuentro en el Estadio Bernabéu.

La noche de la vigilia fue el ensayo. Vieron al pontífice pasar a pocos metros pero lejos, sin poder acercarse. Al terminar, entre risas, levantaban a Joaquín hacia el cielo.

«La noche anterior, en la vigilia, lo vimos pasar pero estábamos lejos. Al terminar, entre risas, levantábamos al bebé hacia el cielo y gritábamos: papa, yo también estoy aquí, soy Joaquín José. Era una broma, nos reímos mucho. Pero al día siguiente, cuando nos levantamos temprano y preparamos los sándwiches, algo nos decía que esa mañana iba a ser distinta”, explicó.

El segundo día la familia salió más temprano. Con la experiencia de la vigilia encima, prepararon todo y caminaron hasta la zona asignada. Alguien cerca les preguntó si pensaban acercarle el bebé al papa. La respuesta fue honesta.

«Aunque anhelábamos verlo de cerca, también éramos conscientes de que asistirían muchísimas personas. Nuestra respuesta fue: sí tal vez, no sabemos si sea posible. Consideramos que todo se fue dando poco a poco, sin forzar ni insistir. Lo importante era verlo de cerca», acotó Félix.

De Cabimas a Madrid, con la fe como única brújula

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Foto: Familia Jiménez Ochoa

Que una bendición así les llegara a ellos no es un accidente si se conoce de dónde vienen. Félix creció en Cabimas, estado Zulia, tocando violonchelo, cantando en grupos de merengue y participando en realities de televisión como Fama Sudor y Lágrimas y Latin American Idol. La música siempre estuvo, pero fue la religión la que terminó por definirlo todo para él.

La prueba más dura llegó en 2013, cuando su hija Anabella Mía nació en Maracay, estado Aragua, con complicaciones graves y pasó 69 días en una incubadora. Los médicos hablaban de pocas posibilidades. Félix estaba en Ecuador con la Nacional Juvenil y tomó el primer vuelo de regreso.

«Todo ese tiempo nos ayudó como pareja a fortalecer la fe. Los doctores decían que la niña moriría, pero nosotros dimos todo por ella. Cuando nos dieron a la niña en el hospital comenzó el proceso de terapias y tratamientos, pero algunas medicinas eran difíciles de conseguir. Decidimos migrar”, precisó el hombre.

Anabella sobrevivió. Y la familia salió del hospital con una certeza que no tenía antes porque, aseguran, se fortaleció su fe. Migraron a Ecuador, donde Félix participó en el programa Ecuador Tiene Talento y reunió el dinero para ir por Alba y Anabella.

Vivieron casi una década en ese país, hasta que durante un viaje de misión les robaron los pasaportes. Regresaron a Venezuela, tramitaron sus nuevos documentos, cruzaron a Colombia donde estuvieron alrededor de dos años para ahorrar lo suficiente para migrar hacia Madrid. Intentaron tener otro hijo durante años, pero nunca se pudo. Cuando ya lo habían descartado, llegó Joaquín José.

“Acá nos dedicamos a trabajar, además colaboramos, prestamos servicio. Gracias a Dios estamos bien y bendecidos”, precisó.

El regalo que Joaquín José recibió sin saberlo

Félix dice que ese momento no fue una sorpresa del destino sino una confirmación y que, a su juicio, Dios les estaba diciendo que el camino elegido, el de la música, la misión y la fe como centro de la familia, tenía sentido.

Cuando le devolvieron a Joaquín tras la bendición, Félix lo besó en la frente y le susurró algo que ninguna grabación captó, pero que él recuerda con precisión. Le dijo que iba a ser grande para Dios. Luego se quedaron toda la misa, cantaron y se arrodillaron durante la Eucaristía.

La historia de una familia venezolana y el día en que el papa León XIV bendijo a su bebé en Madrid
Foto: Familia Jiménez Ochoa

«Al calmarme les dije a Alba y a Anabella que si ven cómo Dios está con nosotros y nunca nos ha fallado. Solo sé que sí lo necesitábamos. Habíamos pasado meses muy intensos, el nacimiento de Joaquín, la cirugía de Anabella, el posparto, días duros. Y ese momento llegó sin buscarlo, sin forzarlo, sin insistir. Se dio de una manera única y maravillosa, y eso es lo que más me sorprende todavía”, contó.

Para la pareja, la bendición no transforma a Joaquín José en alguien diferente. Lo sitúa. Es el hijo que llegó cuando ya nadie lo esperaba, en una ciudad que no es la suya, en medio de una vida construida ladrillo a ladrillo desde Cabimas hasta Madrid.

Félix Jiménez y Alba Ochoa seguirán cantando el domingo en la parroquia San Jenaro, seguirán rezando en voz alta a la hora de la comida y seguirán recorriendo las calles de Madrid con Joaquín José en el coche de bebé. La rutina continuará siendo la misma, pero ahora guardan un recuerdo que los acompañará para siempre. Cuando su hijo sea mayor y pregunte por aquella fotografía junto al papa León XIV, tendrán una gran historia que contarle.

Jackelin Díaz
Jackelin Díaz - Redactora
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