La enfermera caraqueña Joelys González llegó a su casa un poco antes de las 6:00 pm del 24 de junio luego de cerrar su turno en el spa donde trabaja. Una alarma desconocida para ella sonó en la tableta de su hijo, pensó que se trataba de alguna aplicación que él había descargado, pero como él no estaba en casa no podía pedirle que la silenciara.
Segundos después comenzó a temblar y su casa se sacudió con mucha intensidad. Le gritó a su hermana que estaba en otra habitación que debían salir de allí y ambas forcejearon con una reja hasta que lograron abandonar el inmueble.
“Los terremotos no duraron mucho, pero para nosotras fue una eternidad entre que peleábamos con la reja, las cosas se caían y ese sonido aterrador del sismo. Nos fuimos a un polideportivo que está cerca de mi casa, inmediatamente hubo réplicas fuertes. Muchas personas esperaban allí mientras pasaban las replicas e intentaban comunicarse, la señal estaba caída, yo trataba de llamar a mi mamá porque ella estaba con mi hijo en la calle cuando tembló”, relató Joelys para El Diario.
Su mamá y su hijo se pudieron comunicar horas después y llegaron hasta donde ellas los estaban esperando. Con las horas se enteraron de que no fue un terremoto, sino dos y también supieron sobre la devastación en La Guaira.
En medio de la conmoción, Joelys vio entre sus contactos de WhatsApp que un colega enfermero pedía apoyo para atender los problemas de salud que presentaban personas que se refugiaron en la plaza de La Moneda, en las instalaciones del Banco Central de Venezuela (BCV) en el centro de Caracas.
“Él necesitaba apoyo porque se le habían presentado varias emergencias y estaba solo. Yo acudí al llamado, llegué a la plaza y nos dimos cuenta de que había demasiadas patologías. Pedimos ayuda a los centros de acopio que se instalaron ahí, nos prestaron una mesita, una silla y los insumos y así empezamos”, indicó la enfermera.
Recuerda que atendieron, sin apoyo médico, a muchas personas con problemas respiratorios, con cuadros hipertensivos y a personas que se desmayaban por complicaciones de salud, hambre o falta de descanso.
Como el trabajo se hacía más pesado con las horas, ambos volvieron a solicitar apoyo de más enfermeros y médicos a través de sus redes sociales. Los profesionales de la salud se fueron sumando poco a poco al llamado.
“Después de que ya estábamos bien instalados nos dimos cuenta de que teníamos pacientes crónicos, había personas con cáncer, diabéticas, hipertensas, con párkinson y parecía que se iba a salir un poco de control. Llegamos a tener una comunidad de aproximadamente 600 personas allí”, explicó.
Contó que la comunidad caraqueña apoyó mucho el refugio que se había instalado en la plaza; los voluntarios hicieron que hasta ese lugar llegaran medicamentos, materiales médicos, camillas, mesas y toldos para brindar una mejor atención. Además, se sumó a la atención el personal del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) de la parroquia Altagracia.
La otra realidad de la tragedia
El domingo 28 de julio, un grupo de voluntarios llegó al refugio. No iban a ayudar en ese lugar, sino que fueron a pedir apoyo al personal médico y de enfermería porque debían ir hasta La Guaira para atender a los afectados en la zona cero.
“El día domingo salimos, llevamos insumos de ahí mismo de la plaza, hicimos cajas de cosas que podíamos necesitar y ellos también tenían algunas cosas. Lo que uno ve cuando llega a La Guaira es totalmente diferente a lo que puedes ver por las redes, es una catástrofe terrible, un olor fétido y mucha gente necesitando ayuda”, explicó.
Con el grupo de voluntarios llamado Hijos de Dios, Joelys recorrió en esa primera visita algunos de los sectores más afectados como Catia La Mar, Caraballeda y Tanaguarenas. Lugares en los que, a pesar de que ya habían pasado varios días desde el terremoto, todavía se encontraban personas heridas.
“Lo primero que me tocó fue atender a un señor al que le había caído una pared en la cabeza y tenía una herida muy profunda; en otro sector un adulto muy mayor no quería salir de su casa, pero la vivienda tenía una columna fracturada y él no quería salir de allí. Fue rescatado por nosotros, tenía lesiones en ambas piernas, allí lo curamos y los trasladamos hacía el Hospital Vargas de La Guaira”, detalló la enfermera.
Esta era la primera vez que Joelys participaba como voluntaria en una situación de desastre, por lo que aclaró que nada de lo que aprendió en la carrera de Enfermería los prepara a afrontar un reto de ese nivel.
“Jamás había vivido algo así, de verdad. Tampoco te avisan cuando estás estudiando que pueden enfrentar algo así. No sabía qué tanto podía hacer uno como voluntario en estas situaciones”, contó.
Sentir escalofríos
La enfermera explicó que cuando estaba en La Guaira sentía una mezcla de entusiasmo con frustración, porque tenía la necesidad de ayudar a todos los que estaban allí, pero en algunos casos no podía hacer nada.
“Hubo momentos en los que lloré, que entré como en pánico y cuando llegaba a la plaza La Moneda quería seguir ayudando porque veía a la gente pasar la misma necesidad que en La Guaira, sabiendo que en La Guaira había más necesidad, claro”, señaló.
Admitió que lo más complejo para ella fue presenciar un rescate o recuperación de un cuerpo y no brindar apoyo en esa situación, porque debían dejar actuar a quienes estaban preparados y capacitados para esas labores.
“Pasé una vez por Playa Verde y en esos edificios estaban intentando sacar personas ese día. Solamente al escuchar el ‘silencio, cállense’ de los rescatistas que intentaban sacar a personas con vida me daba escalofríos. Fue algo inexplicable”, expresó.
A pesar de que casi se cumplen tres semanas desde los terremotos, todavía hay personas que se mantienen en los edificios colapsados en La Guaira en busca de sus seres queridos desaparecidos. Joelys dijo que el clamor constante de estos afectados es que llegue la maquinaria a esos espacios para retirar escombros, techos y paredes que les impiden llegar a donde quedaron atrapadas las víctimas.
La importancia de la salud mental
La enfermera contó que el personal del IVSS les está prestando apoyo psicológico a los voluntarios que atendieron en la plaza de La Moneda a los afectados por los terremotos, Mencionó que es sumamente importante que tanto los damnificados como quienes están prestando apoyo deben cuidar de su salud mental.
“Los primeros días que bajé a La Guaira llegaba a mi casa a bañarme, estaba súper nerviosa. Yo entraba al baño a ducharme y no podía cerrar los ojos, porque sentía pánico, sentía que algo me iba a pasar y estaba como fuera de control”, expresó.
Explicó que, aunque decidió brindar apoyo a quienes más lo necesitan, ella también tiene amigos que fallecieron o siguen desaparecidos luego de que cientos de edificios colapsaron en La Guaira.
Con los días, Joelys intentará retomar la atención de sus pacientes particulares, sin dejar de ayudar en el voluntariado. Contó que el campamento de la plaza de La Moneda se ha ido vaciando a medida que las autoridades trasladan a los damnificados a refugios cercanos, pero espera seguir apoyando en lo que sea necesario durante las próximas semanas.
“Una lección que me ha dejado todo esto es que hay que vivir, no dejar de hacer las cosas, porque después de ver tanto desastre y cómo las cosas se acaban en un momento es que uno entiende que hay que vivir”, comentó.
En sus recorridos por La Guaira encontró a muchas personas que también habían sobrevivido a la Tragedia de Vargas y que deben convivir con los recuerdos de dos eventos devastadores, por lo que considera que es necesario prestar especial atención a esos casos.