Ha transcurrido un mes desde el doble terremoto que sacudió el centro-norte de Venezuela el 24 de junio y dejó miles de fallecidos, heridos y desaparecidos. El desastre afectó principalmente a La Guaira, Distrito Capital, Miranda, Aragua y Falcón, donde miles de familias perdieron sus viviendas y gran parte de la infraestructura sufrió daños de distintas magnitudes. Durante las semanas posteriores, el balance oficial de víctimas continuó aumentando conforme avanzaban las labores de búsqueda, recuperación e identificación de cuerpos.
Durante las últimas cuatro semanas, el país pasó de las primeras horas de rescate y búsqueda de sobrevivientes a una respuesta humanitaria que movilizó a ciudadanos, voluntarios, organismos nacionales y equipos internacionales. Con el paso de los días, la atención se centró en la recuperación de los servicios esenciales y en la planificación de la reconstrucción de las zonas afectadas.
La emergencia también estuvo marcada por las historias de sobrevivientes rescatados entre los escombros, las denuncias sobre la respuesta tardía de las autoridades durante los primeros días del desastre y la búsqueda de personas que aún permanecen desaparecidas.
Hasta el 22 de julio, las autoridades reportaban 5.346 fallecidos, 16.740 heridos, 17.907 personas sin vivienda, 23.587 personas alojadas en 107 campamentos transitorios ubicados en Distrito Capital, Miranda, Aragua y La Guaira, además de más de 128.000 familias atendidas como parte de la respuesta a la emergencia.
Un recorrido por los hechos que marcaron el primer mes del doble terremoto en Venezuela
Alrededor de las 6:04 pm del 24 de junio, Venezuela fue sacudida por un primer terremoto de magnitud 7,2. Apenas 39 segundos después, ocurrió un segundo sismo, de magnitud 7,5. De acuerdo con las actualizaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), ambos eventos tuvieron su epicentro en el área comprendida entre Morón y Montalbán, en el límite entre los estados Carabobo y Yaracuy.
Los terremotos se sintieron en gran parte del territorio nacional y también fueron percibidos en Colombia. Además del colapso de edificios y viviendas, provocaron interrupciones en las telecomunicaciones, fallas del servicio eléctrico y afectaciones al transporte público. Las primeras imágenes de la emergencia comenzaron a difundirse en redes sociales cerca de una hora después.
Durante las primeras horas se registraron evacuaciones de emergencia, cortes del servicio eléctrico en estados como La Guaira, Miranda, Aragua y Carabobo, además de daños en cientos de edificaciones públicas y privadas. Las réplicas registradas durante la noche obligaron a miles de personas a permanecer en calles, plazas y espacios abiertos por temor a nuevos derrumbes, mientras vecinos y voluntarios iniciaban las primeras labores de búsqueda y rescate entre los escombros, incluso antes del despliegue masivo de los organismos de emergencia.
Ese mismo 24 de junio, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, decretó el estado de emergencia nacional, suspendió las clases y ordenó activar la red pública de salud. También instruyó la evacuación de las edificaciones con daños estructurales y anunció el cierre del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía debido a las afectaciones registradas.
Con el amanecer del 25 de junio comenzaron a conocerse los primeros balances oficiales que permitieron dimensionar la magnitud del desastre. Ese día, el ministro de Interior, Diosdado Cabello, informó que más de 100 edificios habían colapsado en La Guaira, el estado más afectado por los terremotos.
Además, señaló que los sectores de Caraballeda y Catia La Mar concentraban los mayores daños y estimó para ese momento que el impacto podría alcanzar a más de 70.000 familias. También anunció el refuerzo del despliegue de funcionarios en la entidad y la restricción del acceso al estado para facilitar las labores de búsqueda, rescate y traslado de heridos.
El despliegue de ayuda
Las primeras labores de rescate comenzaron apenas ocurrieron los terremotos y estuvieron encabezadas por vecinos, voluntarios y organizaciones de la sociedad civil, que removieron escombros de forma manual para intentar rescatar a personas atrapadas.
Durante las primeras horas también surgieron denuncias de familiares y rescatistas por la demora en la llegada de maquinaria pesada y equipos especializados a algunas de las zonas más afectadas, especialmente en La Guaira, donde numerosas personas permanecían bajo estructuras colapsadas.
El 25 de junio, tras el anuncio de Cabello sobre el incremento del despliegue de funcionarios en La Guaira, las autoridades restringieron el acceso al estado para facilitar el desplazamiento de ambulancias, bomberos y equipos de rescate, luego de que numerosas personas intentaran ingresar para buscar a familiares o colaborar en las labores humanitarias.
Al día siguiente, la presidenta encargada reiteró durante una transmisión por VTV el llamado a no trasladarse a La Guaira si no se formaba parte de los equipos de emergencia. Explicó que el tránsito de vehículos particulares dificultaba las operaciones de rescate y el traslado de heridos.
El 26 de junio, el Instituto Nacional de Parques (Inparques) habilitó el Parque del Este y el Parque Alí Primera como centros de acopio para recibir alimentos, agua, medicinas y artículos de primera necesidad destinados a los damnificados. Además, el Parque del Este comenzó a funcionar como refugio temporal para personas que habían perdido sus viviendas o no podían regresar a ellas debido a los daños por los terremotos.
De igual forma, el gobierno habilitó el Poliedro de Caracas como centro de acreditación de voluntarios que deseaban apoyar; sin embargo, el proceso recibió críticas por retrasos, fallas en el sistema y demoras en el registro de personal médico y paramédico.
Con el paso de las horas, la magnitud de la emergencia hizo evidente la necesidad de apoyo internacional para reforzar las labores de rescate y la atención de los damnificados. Entre el 26 y el 27 de junio comenzaron a llegar a Venezuela los primeros equipos internacionales de búsqueda y rescate.
Estados Unidos envió especialistas en operaciones urbanas y anunció apoyo logístico, aeronaves y personal para facilitar el traslado de rescatistas, la evacuación de heridos y el ingreso de ayuda humanitaria. México desplegó integrantes de los Topos y personal sanitario; El Salvador movilizó cientos de rescatistas y Panamá envió funcionarios del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) para apoyar las labores de salvamento.
En los días siguientes se incorporaron brigadas procedentes de España, Chile, Francia, Italia, Suiza, Perú, Ecuador, Catar, Países Bajos, Jordania, Israel, República Dominicana y Siria, entre otros países. Además de rescatistas, varios gobiernos enviaron personal médico, equipos especializados para la búsqueda entre estructuras colapsadas, insumos humanitarios y asistencia técnica para reforzar la respuesta a la emergencia.
La llegada escalonada de estos equipos amplió la capacidad de búsqueda, rescate y atención médica, mientras comenzaba a organizarse el ingreso de ayuda humanitaria por vía aérea y marítima hacia las zonas más afectadas.
Otras formas de ayudar
Además del despliegue de equipos de búsqueda y rescate, gobiernos, organismos internacionales, organizaciones humanitarias y empresas privadas impulsaron campañas para recaudar fondos, movilizar insumos y financiar la atención de las personas afectadas por los terremotos.
Entre las primeras iniciativas destacó la donación inicial de 100.000 euros anunciada por el papa León XIV para apoyar la respuesta humanitaria a través de la Iglesia católica. Al mismo tiempo, comunidades de venezolanos en el exterior organizaron centros de acopio en distintos países para recolectar alimentos, medicinas, ropa y artículos de primera necesidad destinados a las zonas afectadas.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) activó un plan de respuesta para asistir a 5,5 millones de personas y estimó que serían necesarios $632 millones para cubrir las necesidades más urgentes. Paralelamente, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó un llamamiento por $24 millones para fortalecer la atención sanitaria, garantizar el suministro de medicamentos y apoyar la recuperación de los servicios de salud en las zonas más afectadas.
También se sumaron empresas privadas como Binance y Mercado Libre, que habilitaron mecanismos para canalizar donaciones hacia organizaciones humanitarias y centros de acopio. En las semanas posteriores, distintos países y organismos internacionales ampliaron su apoyo con nuevos aportes económicos y cooperación técnica, entre ellos la Unión Europea, que incrementó su asistencia humanitaria con un paquete adicional de 20 millones de euros, y Canadá, que anunció nuevos fondos para respaldar las operaciones de emergencia.
La cooperación internacional también fue clave para restablecer la logística de la respuesta. Estados Unidos brindó asistencia técnica para recuperar la operatividad del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, mediante equipos especializados en evaluación de pistas, gestión aeroportuaria y apoyo logístico. La reapertura progresiva de la terminal permitió incrementar el ingreso de vuelos con ayuda humanitaria, personal de emergencia e insumos destinados a las zonas afectadas.
El rescate que devolvió la esperanza
A medida que avanzaban los días, las labores de búsqueda y rescate se concentraron en los puntos donde aún existían indicios de personas desaparecidas bajo los escombros. Uno de los operativos que más conmovió al país fue el de Hernán Gil, vigilante de un centro comercial en Playa Grande (La Guaira), quien permaneció atrapado durante más de una semana tras el doble terremoto.
Equipos de la Cruz Roja Venezolana y especialistas internacionales lograron localizarlo mediante cámaras de búsqueda y establecieron contacto con él mientras permanecía protegido debajo del escritorio de su garita de vigilancia, ubicada en un estacionamiento subterráneo.
Tras una compleja operación, los rescatistas lograron extraerlo con vida el 2 de julio, convirtiéndolo en uno de los principales símbolos de esperanza durante la emergencia. Su rescate evidenció la coordinación entre los equipos nacionales e internacionales que participaron en las labores de búsqueda.
De la emergencia a la reconstrucción
Mientras disminuían las posibilidades de encontrar nuevos sobrevivientes, la respuesta humanitaria comenzó a enfocarse en la atención médica y las necesidades de los damnificados.
En ese contexto, España, Reino Unido, Colombia y la organización humanitaria estadounidense Samaritan’s Purse desplegaron hospitales de campaña y unidades médicas de emergencia en La Guaira y Caracas para reforzar la atención sanitaria. El hospital español se instaló en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda, conocido como Parque del Este, donde médicos y personal sanitario atendieron durante varias semanas a personas afectadas por los terremotos y a pacientes cuyas condiciones de salud se agravaron por la emergencia.
La cooperación internacional también contribuyó al fortalecimiento del sistema de salud mediante el envío de medicamentos, equipos médicos e insumos hospitalarios. Al mismo tiempo, organizaciones humanitarias mantuvieron la distribución de alimentos, agua potable, artículos de higiene y apoyo psicosocial en los campamentos temporales.
El 18 de julio, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció que Venezuela obtuvo acceso a 346 millones de dólares de sus recursos depositados en el Fondo Monetario Internacional (FMI), fondos que serían destinados a financiar parte de la recuperación de viviendas, infraestructura y servicios públicos afectados por los terremotos.
A medida que avanzaban las semanas, las autoridades comenzaron a restablecer servicios e infraestructura afectados por los terremotos. En La Guaira, las labores se concentraron en la limpieza y remoción de escombros, la fumigación de las zonas más afectadas y la estabilización de áreas consideradas de riesgo como parte de las acciones previas al inicio de la reconstrucción.
Asimismo, Estados Unidos brindó asistencia técnica para apoyar la recuperación operativa del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, con equipos especializados en la evaluación de pistas, la gestión aeroportuaria y el fortalecimiento de la capacidad logística para la llegada de vuelos humanitarios.
El 20 de julio, el gobierno anunció el inicio de una nueva etapa enfocada en la recuperación de las zonas afectadas. La Autoridad Única para la Contingencia y Emergencia Nacional, encabezada por el mayor general Juan Sulbarán Quintero, informó que comenzarían las demoliciones controladas de las estructuras declaradas inhabitables para reducir riesgos y preparar los terrenos destinados a la reconstrucción.
Como parte de esta fase, las autoridades intensificaron las jornadas de limpieza, remoción de escombros y fumigación en distintos sectores de La Guaira, uno de los estados más afectados por los terremotos. Estas acciones buscaron mejorar las condiciones sanitarias en las comunidades afectadas y facilitar el restablecimiento progresivo de los servicios públicos.
Ese mismo 20 de julio, la presidenta encargada anunció un plan para construir 4.000 viviendas destinadas a las familias que perdieron sus hogares durante la emergencia, con la meta de entregarlas antes de finalizar el año. La mandataria también informó que la primera fase del programa habitacional comenzó con la entrega de más de 240 viviendas y aseguró que el plan se ampliaría durante 2027.
Un mes después
A un mes del doble terremoto del 24 de junio, Venezuela continúa enfrentando una de las mayores emergencias de su historia reciente. Durante estas cuatro semanas, la respuesta evolucionó desde las primeras labores de rescate encabezadas por vecinos y voluntarios hasta un amplio despliegue nacional e internacional de búsqueda, atención médica y ayuda humanitaria.
Con el paso de los días, las autoridades iniciaron una nueva etapa centrada en la recuperación, que incluyó el cierre de la misión del hospital de campaña español, las demoliciones controladas de estructuras inhabitables, el anuncio de la construcción de 4.000 viviendas para los damnificados y los primeros trabajos para rehabilitar infraestructura estratégica.
Aunque la fase más crítica de la emergencia quedó atrás, la reconstrucción del país apenas comienza. Miles de familias continúan sin poder regresar a sus hogares, persisten los trabajos para restablecer plenamente los servicios públicos y la infraestructura afectada, y la recuperación de las comunidades impactadas seguirá siendo uno de los principales desafíos para Venezuela durante los próximos meses.