Juan Carlos Sánchez, doctor en Ciencias Ambientales del Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas de Toulouse (Francia), señaló el 31 de agosto que el impacto del fenómeno climático ‘‘Superniño’’ exigirá medidas de adaptación en la agricultura y previsión en el sistema de servicios públicos en Venezuela.
El experto explicó, en entrevista para el programa A Tiempo de Unión Radio, que, ante la resequedad de los suelos y las elevadas temperaturas previstas, el sector agrícola deberá considerar el ajuste de sus ciclos de producción para evitar la pérdida masiva de cosechas.
“En materia agrícola es posible mover los calendarios de siembra de tal manera que los cultivos no sufran tanto el calor intenso y la sequía. Desplazando el calendario de siembra se puede atenuar un poco el impacto sobre la agricultura”, señaló el investigador.
Agregó que las métricas globales indican que el incremento de la temperatura del agua en el océano Pacífico central superará los 2 °C hasta alcanzar los 2,5 °C, para ubicarse por encima de los parámetros observados en eventos severos anteriores.
Sánchez precisó que el pico de intensidad o apogeo del fenómeno se sentirá de forma marcada entre diciembre y marzo del próximo año, periodo en el cual la sequía se acentuará en el territorio nacional.
Efectos en la generación eléctrica y el suministro de agua
El especialista detalló que las consecuencias del evento meteorológico en Venezuela se circunscriben a cuatro áreas principales: la reducción en los niveles de los embalses hidroeléctricos del río Caroní (Guri, Caruachi y Macagua), la disminución en las fuentes de agua potable, el deterioro de la productividad agrícola y el incremento de incendios forestales.
En ese sentido, recordó que durante el fenómeno registrado entre 2015 y 2016 el embalse de Guri descendió un 40 %, lo que obligó a aplicar racionamientos eléctricos continuos. Al comparar dicho antecedente con la magnitud del evento actual, advirtió que las restricciones en la red eléctrica nacional podrían extenderse.
“El problema del agua no es tanto por la caída del nivel de los embalses, sino que al faltar electricidad no hay posibilidad de bombear tanta agua a las ciudades. El problema del agua está vinculado más bien al problema de la electricidad, en el sentido de que no hay capacidad para bombear toda el agua”, explicó el doctor en Ciencias Ambientales.
Proyecciones de recuperación
En materia de gestión de riesgos, el ambientalista enfatizó la necesidad de dotar con mayor equipamiento e insumos a los cuerpos de bomberos forestales y voluntarios ante el aumento proyectado en la frecuencia e intensidad de los incendios de vegetación durante la temporada seca.
Con respecto a la normalización de las condiciones climáticas, Sánchez indicó que, tras superar el pico entre diciembre y marzo, el sistema meteorológico iniciará una fase gradual de estabilización.
No obstante, aclaró que la recarga efectiva de las cuencas e infraestructuras hídricas dependerá de la llegada del siguiente período formal de lluvias a partir del mes de abril de 2027.