La necesidad sociológica del individuo de agruparse y conformarse en tribu para su sobrevivencia es clave para entender la identidad territorial y la construcción cultural de un país. Abraham Maslow prioriza en su pirámide de necesidades humanas la afiliación y el afecto como necesidades sociales, después de cubrir las básicas de alimentación y seguridad. Según Henry Tajfel, los individuos forman endogrupos para construir su identidad y su sentido de pertenencia, comparándose con exogrupos.
Immanuel Kant señala que el comportamiento humano para suplir la necesidad de relacionarse se basa en la racionalidad y autonomía moral, lo que permite un sentido de pertenencia traducido en leyes que se cumplen por deber, no por presión social.
Las sociedades civiles, definidas desde Aristóteles como comunidades de ciudadanos libres, surgen de esta convivencia. Hobbes y Locke explican esta relación social mediante el contractualismo, en el que los individuos pactan límites para la convivencia. Jürgen Habermas y otros ubican la sociedad civil en redes asociativas e instituciones basadas en comunicación, deliberación y la defensa de derechos frente al Estado y el mercado.
Relación gobierno y sociedad civil
El equilibrio entre el gobierno y la sociedad civil es fundamental para el bien común. El Estado es el sistema permanente que incluye instituciones, población y territorio, mientras el gobierno es un equipo destinado a administrar el Estado. La cultura, tradiciones y símbolos influyen en el comportamiento social.
Históricamente, gobiernos han oscilado entre formas puras, que buscan el bien común, y formas impuras, que corrompen el poder. La república democrática, con soberanía popular y separación de poderes, protege a la sociedad civil del despotismo.
¿Por qué fracasan los países?
Daron Acemoglu y James Robinson aseguran que la pobreza y fracaso de países radican en políticas extractivas que concentran poder y riqueza en élites, debilitando instituciones y fomentando la corrupción, lo que abre paso a regímenes tiránicos.
Ejemplos históricos incluyen el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia y la dictadura militar en Chile, donde la sociedad civil vulnerable permitió la instauración de gobiernos totalitarios bajo promesas de cambio. Sociedades dependientes de una figura de poder, la ineficiencia de sus gobiernos anteriores creando la inestabilidad económica marcada sobre todo en la pobreza de los estratos bajos de la sociedad, una fuerte pérdida de identidad nacional por la crisis moral y la inseguridad social.
La sociedad venezolana
Según Germán Carrera Damas, la sociedad venezolana tiene profundas raíces coloniales y autoritarias, con un carácter monárquico y dependencia histórica de un poder central. El caudillismo y el presidencialismo han marcado su política, con un culto a figuras militares como salvadores, a menudo distorsionando procesos históricos como la emancipación.
Antes de Hugo Chávez (1999), Venezuela mostraba desconfianza hacia un bipartidismo corrupto, tras un auge petrolero que produjo consumismo y dependencia estatal. “Venezuela Saudita” con un gran auge en los años 1970, impulsado por los altos precios del petróleo, la sociedad sufrió una mutación profunda pasando de lo rural al consumismo desenfrenado con el “Ta barato dame dos” y la dependencia estatal. La corrupción de los gobiernos se acentuó y el índice de crisis aumentó con el asentamiento de barrios, el acaparamiento y la escasez de productos de primera necesidad se hicieron presentes. La estafa de RECADI (Régimen de Cambio Diferencial) se crea con el fin de control cambiario para regular la entrega de divisas a un cambio preferencial. Esto terminó siendo acaparado por élites empresariales, formándose un mecanismo ilícito y chantaje político. La corrupción y la crisis social se profundizaron en la década de los ochenta, lo que conllevó al fenómeno del Caracazo en 1989, como expresión de descontento social.
Durante el gobierno de Chávez, el país cae en una pobreza extrema, la caída del PIB a un 75 %, la destrucción petrolera a pesar de haber tenido una bonanza en el año 2003 por la venta del crudo, marcada en una masiva concentración del poder ejecutivo; el manejo discrecional de ingresos sin transparencia y la erosión institucional que deja a una sociedad estancada en una hiperinflación, éxodo masivo y violaciones de derechos humanos, según informes internacionales. La falta de libertad de expresión, torturas, presos políticos, usando nuestro fondo público en la inversión de alianzas con narcotráfico y terrorismo, acusaciones llevadas ante organismos internacionales y países democráticos, tomándose acciones militares para extraer al líder que heredó el poder impuesto del socialismo, Nicolás Maduro, con acusaciones aún en juicio.
Reconocernos nos ayuda a impulsarnos
La sociedad venezolana ha mostrado una dependencia de un líder como salvador, reflejo de una cultura de sumisión y de la falta de ejercicio pleno de derechos civiles y control ciudadano, lo que perpetúa la vulnerabilidad frente al despotismo. Es fundamental concientizar cívicamente sobre la necesidad de dejar atrás la espera de un personalismo fuerte y avanzar hacia un personalismo institucional. Como hemos desarrollado en este artículo, es hora de cambiar el inconsciente social al que se refiere Carreras Damas: dejar la dependencia de un salvador terrenal, abrazar el sentido correcto de los derechos civiles y activar los mecanismos de contraloría y veeduría ciudadana establecidos en nuestra constitución.
Debemos abandonar la cultura de sumisión, dominación y apego, y reflejarnos en la sociedad civil como un poder autónomo, no como dependientes. La historia invita a fortalecer nuestro sistema político, recuperar la institucionalidad y la soberanía popular, promoviendo una cultura política consciente del poder colectivo, herramienta vital para superar la crisis y avanzar hacia la democracia y el desarrollo social.
Los liderazgos gubernamentales deben coordinar esfuerzos alineados con los intereses ciudadanos, prepararse para servir y gerenciar en su temporalidad. Esto solo se logrará si entendemos la importancia de activar el papel del ciudadano venezolano como factor de cambio.
Un país funcional con cimientos fuertes se protege porque su población entiende que somos un endogrupo con sentido de pertenencia que nos diferencia de otros exogrupos. Cuando se siembra el amor, la identidad y la participación por el país, no solo se exige el respeto merecido, sino que se logra un cambio en favor del desarrollo social.