Tres meses después de los terremotos, venezolanos en España mantienen una red de ayuda hacia Venezuela

Las iniciativas Refugiados Sin Fronteras, ADN Venezuela y Red Barcelona Venezuela comenzaron a recolectar donaciones tras los sismos del 24 de junio y desarrollaron estructuras de voluntariado, logística y distribución que siguen activas
José Miguel Ferrer
13 Min de lectura

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El 24 de junio de 2026, un doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 irrumpió en la cotidianidad de Venezuela y convirtió la jornada en una de las tragedias más significativas de su historia reciente. Mientras la madrugada se asomaba en España, muchos venezolanos que estaban lejos de su país se hicieron las mismas preguntas: ¿Cómo ayudo? ¿Qué puedo hacer? ¿Es la distancia un impedimento?

Para Sergio Contreras, presidente y fundador de Refugiados Sin Fronteras, la primera respuesta fue transformar la impotencia en una forma de ayudar. “En lugar de quedarnos observando desde Madrid, construimos una operación logística. Convocamos voluntarios, conseguimos almacenes, buscamos transporte, hablamos con administraciones públicas, empresarios, organizaciones, aerolíneas y profesionales dentro y fuera de Venezuela. El dolor permanece, pero deja de ser paralizante cuando descubres que todavía puedes ser útil a tu país”, explica.

Una reacción similar ocurrió en ADN Venezuela. Laura Sánchez León, una de sus coordinadoras, recuerda que la experiencia de los migrantes venezolanos —sus carreras profesionales, empresas, contactos, relaciones y nuevas comunidades— podía convertirse en una herramienta para responder ante la emergencia. “Todo eso también puede ponerse al servicio del país del que venimos. De hecho, eso fue lo que ocurrió con nosotros. Creo que ahí existe un papel muy bonito para la migración venezolana: ser puente entre el país que nos recibió y el país del que venimos”, comenta.

Tres meses después de los terremotos, venezolanos en España mantienen una red de ayuda hacia Venezuela
Foto: ADN Venezuela

En Barcelona, la respuesta comenzó con un grupo de amigos. La noticia llegó durante la madrugada y algunos venezolanos pasaron la noche en vela antes de decidir que debían hacer algo, incluso desde la distancia. María Helena Bracho, coordinadora de Red Barcelona Venezuela, recuerda que la primera iniciativa fue contactar con restaurantes para convertirlos en centros de acopio de medicamentos. “Todo fue espontáneo y sin experiencia”, agrega.

Pero la solidaridad pronto dejó de ser solamente una reacción espontánea. En ADN Venezuela, un mensaje de Génesis Sánchez en un grupo de WhatsApp dio paso a la búsqueda de un espacio en El Sambil de Madrid y a la incorporación de Eloísa Maturén y Virgilio Vivas con el apoyo de Alejandra Morrison. La primera recogida de insumos se convirtió rápidamente en una operación que necesitaba voluntarios, almacenes, transporte, inventarios, palets y contenedores.

“Lo que inicialmente parecía una recogida de ayuda empezó a crecer a una velocidad que ninguno imaginábamos. Llegaban donaciones, aparecían voluntarios y empezábamos a necesitar espacios, transportes, almacenes, inventarios, palets, contenedores, instituciones, empresas. De repente ya no estábamos simplemente organizando un centro de acopio. Estábamos construyendo una operación prácticamente desde cero”, agrega Laura.

Para Refugiados Sin Fronteras, el desafío fue similar. Antes de recibir las primeras donaciones, explica Sergio, había que resolver cómo enviarlas, qué productos podían trasladarse, dónde almacenarlos, cómo clasificarlos y garantizar su trazabilidad, quién recibiría la ayuda en Venezuela y cómo asegurarse de que llegara a las comunidades afectadas.

El aprendizaje fue también logístico. Los voluntarios tuvieron que familiarizarse con normas aeroportuarias y marítimas, comercio internacional y documentación para exportar, además de tareas como paletizar, categorizar y mantener la trazabilidad de los envíos.

“Con el tiempo comprendimos algo que hoy parece evidente: recibir las donaciones era probablemente la parte más sencilla. El verdadero desafío era transformar miles de actos individuales de solidaridad en una cadena humanitaria organizada que terminara con la entrega de la ayuda a una persona concreta en Venezuela”, comenta Sergio.

A esa operación se sumó otro desafío: mantenerla sin recursos económicos estructurales. “Mover gratuitamente una donación no significa que toda la cadena sea gratuita. Necesitas transporte terrestre, combustible, cajas, film, flejes, palets, material de embalaje, desplazamientos, almacenamiento, refrigerios para cientos de voluntarios y numerosos gastos operativos”, explica Sergio.

De la avalancha de donaciones a una red de ayuda

El primer fin de semana después de los terremotos, la respuesta en Madrid y Barcelona desbordó las previsiones. Miles de personas acudieron a los centros de acopio con comida, medicamentos, ropa, artículos de primeros auxilios y herramientas. La pregunta dejó de ser cómo despertar solidaridad y pasó a ser cómo convertir ese impulso en una red de apoyo capaz de llegar a Venezuela.

“Empezó a llegar ayuda, pero también empezó a llegar algo todavía más importante: gente queriendo ayudar. Personas ofreciendo coches, furgonetas, cajas, palets, espacios, contactos, empresas o simplemente su tiempo y sus manos. Había gente que llegaba diciendo: ‘Tengo dos horas, ¿qué hago?’, y terminaba quedándose muchísimo más. Y hubo algo que me emocionó especialmente: no fueron solamente venezolanos. Se sumaron muchísimos españoles y personas de otras nacionalidades”, explica Laura Sánchez.

Tres meses después de los terremotos, venezolanos en España mantienen una red de ayuda hacia Venezuela
Foto: ADN Venezuela

En ADN Venezuela, esa respuesta se tradujo en una organización que reunió durante estos meses a más de 1.200 voluntarios y recolectó más de 350 toneladas de ayuda humanitaria. La iniciativa consiguió además una alianza con la ONG Banda Azul para distribuir los insumos en Venezuela y el apoyo de la Fundación Altius y de organismos de la Comunidad de Madrid para disponer de espacios y organizar el envío de 10 contenedores.

En Refugiados Sin Fronteras, la dimensión de la respuesta también obligó a ampliar rápidamente la capacidad logística. Sergio Contreras contabilizó 57 centros de acopio en Madrid y más de 157 en toda España durante la primera jornada. La solidaridad creció más rápido que la capacidad para almacenarla. Parte del equipo ha estado conformado por Mariana Barrios, Rebeca Rodríguez, Jesús David Prado, Lucho y Karla Barone, entre muchas personas más. El trabajo de todos ha permitido que la ayuda sea sostenible en el tiempo.

“En nuestro caso, durante la primera jornada llenamos una nave, después un local comercial y al terminar el día tuvimos que habilitar otra nave. Al día siguiente ya estábamos buscando dos espacios adicionales. La solidaridad creció más rápidamente que nuestra capacidad logística”, relata Sergio.

La organización terminó convirtiéndose además en un punto de conexión para iniciativas de otros países europeos. Refugiados Sin Fronteras recibe insumos procedentes de distintas ciudades de España, así como de Francia, Italia, Alemania y Reino Unido, y comparte con otras organizaciones conocimientos sobre embalaje, clasificación, preparación de palets, documentación y trazabilidad para facilitar el traslado de las donaciones a Venezuela.

En Barcelona, Red Barcelona Venezuela comenzó el 27 de junio con cinco restaurantes que funcionaron como centros de acopio, principalmente de medicamentos. Después consiguió un galpón para clasificar la ayuda y organizar los envíos. Hasta el momento, la iniciativa ha trasladado más de 15 toneladas de medicamentos a Venezuela y cuenta con unas 700 personas que se turnan para colaborar.

La dimensión del esfuerzo, sin embargo, también ha tenido un costo para los voluntarios. María Helena Bracho explica que la participación ha disminuido en los últimos meses debido, entre otras razones, al agotamiento de quienes llevan trabajando desde los primeros días de la emergencia.

“En la operativa diaria tenemos unas 700 personas que siempre están pendientes y se van rotando para ayudar. No son todos a la vez, pero todos se han organizado. También en los últimos meses ha bajado el voluntariado por la época del año y también por el agotamiento de muchos que han estado todo este tiempo. Es importante continuar y por eso quiero ser enfática con ello”, agrega.

De la emergencia a la recuperación

Uno de los principales desafíos para las tres iniciativas ha sido garantizar que la ayuda reunida en España llegue de forma responsable y transparente a Venezuela. Para ello, han tenido que construir redes dentro del país que permitan recibir, distribuir y hacer seguimiento de los insumos.

En ADN Venezuela, Génesis Sánchez gestionó una alianza con la ONG Banda Azul para establecer una estructura de distribución en Venezuela. A principios de septiembre, Laura Sánchez León y Eloísa Maturén viajaron a Caracas y La Guaira para recibir los primeros contenedores enviados por vía marítima y establecer acuerdos que permitieran mantener la trazabilidad del proceso.

Tres meses después de los terremotos, venezolanos en España mantienen una red de ayuda hacia Venezuela
Foto: ADN Venezuela

“Para nosotros esto es fundamental porque nuestra responsabilidad nunca fue llenar cajas en Madrid. Nuestra responsabilidad es intentar cerrar el círculo y conseguir que lo que alguien donó aquí termine en las manos de alguien que realmente lo necesita allí”, agrega Laura.

La experiencia también obligó a ADN Venezuela a pensar en cómo sostener el proyecto una vez superada la respuesta inicial. “Primero fue recoger. Después clasificar y organizar. Luego vino la enorme tarea de enviar. Y ahora estamos entrando en la fase de recibir, distribuir y hacer seguimiento en Venezuela. […] Ahora existe una experiencia, una red de aliados, relaciones institucionales y, sobre todo, muchísimo aprendizaje. Eso es lo que puede permitir que ADN Venezuela tenga continuidad”, puntualiza Laura.

En Refugiados Sin Fronteras, la conexión con organizaciones dentro de Venezuela permite identificar necesidades y orientar desde España la recolección de los insumos más urgentes. La organización ha establecido acuerdos con Venezuela Press, el Colegio Nacional de Periodistas, el Colegio de Profesionales de la Enfermería del Distrito Capital y el Campamento Médico Fe y Esperanza, entre otras organizaciones civiles.

Para Sergio Contreras, esas alianzas son fundamentales para pasar de la respuesta inmediata a una ayuda sostenida. “Por eso debemos pasar progresivamente de una lógica de emergencia a una lógica de recuperación y cooperación. No podemos mantener indefinidamente cientos de voluntarios clasificando cajas, pero sí podemos conservar la red que hemos creado. […] Nuestra responsabilidad ahora es evitar que esa capacidad desaparezca cuando termine la emergencia”, agrega.

En Barcelona, Red Barcelona Venezuela ha recurrido a organizaciones religiosas, entre ellas Cáritas, para distribuir los insumos en Venezuela y procurar que lleguen a quienes más los necesitan. María Helena Bracho considera que mantener activa la ayuda es parte del desafío de los próximos meses, cuando la emergencia deje de ocupar el centro de la atención pública.

“Como migrante todos son parte de la reconstrucción del país y no se puede menospreciar las pequeñas ayudas, ya que todas son valiosas, desde la información hasta el voluntariado directo. Mantener el tema es una labor esencial y buscar de manera activa donde se pueda ayudar. Así sea por una hora a la semana. Es importante incorporar el tema como parte de la rutina”, puntualiza.

Tres meses después de los terremotos, las experiencias de estas organizaciones muestran cómo una reacción espontánea ante la tragedia terminó convirtiéndose en redes de voluntariado, logística y cooperación entre España y Venezuela. Detrás de cada caja hay una cadena de personas que donaron, transportaron, clasificaron, almacenaron o distribuyeron ayuda, mientras intentan mantener activo un vínculo con el país incluso desde la distancia.

José Miguel Ferrer
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