El regreso de la actriz, locutora y presentadora venezolana Ana María Simón a Venezuela y a los medios de comunicación en Caracas marca una nueva etapa en su trayectoria profesional tras haber permanecido 11 años residenciada en el exterior.
- Retorno a las cabinas radiales en Venezuela
- Revalorización del entorno urbano y aprendizaje en el exterior
- Inicios profesionales: del teatro universitario a la televisión nacional
- El punto de quiebre
- El paso por Miami y la elección de Madrid como residencia
- El deseo de presenciar y participar en el proceso de reconstrucción
- La valoración de la gratitud
- Llamado al cese de estigmas entre la migración y la permanencia
Durante su participación en el programa The Way, conducido por Álvaro Pérez-Kattar en el Circuito Líder, la actríz abordó de manera detallada el proceso personal, laboral e institucional que acompañó su retorno en julio de este año.
Al evaluar sus primeros meses de reinstalación, Simón señaló que las actividades de trabajo han superado las expectativas que tenía antes de abordar el vuelo de regreso, permitiéndole reconectar con la dinámica cultural y comunicacional de la ciudad desde una perspectiva de revalorización de lo cotidiano.
“Yo tenía la sospecha de que todos los planes que estaba haciendo acá podían ir bien, pero es que están superando mis expectativas, honestamente. Me siento pletórica por estar acá. Tengo una felicidad en el pecho que no sé cómo describir. Lo que me ha permitido este regreso a Venezuela, luego de 11 años fuera, es ver cosas con mucho más detalle, con otros lentes distintos a los que tenía cuando estaba acá”, dijo Simón.
Retorno a las cabinas radiales en Venezuela
El regreso formal de Ana María Simón a la programación radial en Caracas se concretó con el estreno del espacio Las Hijas de su Madre, transmitido a través de la señal de la cadena Éxitos del Circuito Unión Radio, en el que comparte el micrófono con la comediante y locutora Alejandra Otero.
La comunicadora relató que el proceso de adaptación mutua dentro de la cabina se ha desarrollado de manera fluida, al destacar que el nuevo formato audiovisual actual de la radiodifusión exige una mayor atención al cuidado de la escenografía, la iluminación y el vestuario diario para las transmisiones vía streaming y plataformas digitales.
“El 31 de agosto, cuando volvimos al aire, habían pasado como dos meses de vacaciones. Fue una cosa muy loca, fue volver a mi sitio. Es un sueño hecho realidad volver a la radio, con todo lo que implica ahora hacerlo, te tienes que maquillar, ahora hay un streaming, una cámara. Antes solo te ocupabas del audio y del contenido, pero no eran tantos flancos abiertos en simultáneo. Entonces inventamos una especie de uniforme, una cápsula de prendas cómodas que combinen. Yo no tengo tiempo de estar pensando qué me voy a poner”, detalló.
Simón resaltó que el diálogo diario con Otero ha permitido construir una química profesional inmediata frente a los micrófonos, sustentada en el intercambio de vivencias entre dos generaciones que abordan el humor y la actualidad desde matices complementarios.
Sostuvo que la experiencia previa adquirida en proyectos de la red radial tradicional facilitó su acoplamiento técnico en la dinámica de la estación.
Revalorización del entorno urbano y aprendizaje en el exterior
La locutora indicó que el distanciamiento geográfico transformó su manera de percibir la arquitectura, los espacios públicos y la interrelación social en Caracas, al identificar ahora un potencial de recuperación en edificaciones y zonas tradicionales como Bello Monte, El Paraíso y San Bernardino.
Asimismo, planteó una analogía entre la migración masiva de profesionales venezolanos y un proceso forzoso de formación técnica y académica en el extranjero. Reconoció que los conocimientos adquiridos en otros países deben ser puestos al servicio de la reconstrucción nacional.
“Al final el habernos ido, para todos los que nos fuimos un buen rato, es como una especie de Gran Mariscal de Ayacucho a juro, sirvió para crecer personalmente a juro y regresar con eso. Creo que si vemos el vaso medio lleno, el sincero, optimista y responsable, son muchas las cosas que podemos hacer”, apuntó.
En ese sentido, al comparar su experiencia en Europa con el clima tropical de la capital venezolana, Simón recordó que la rutina invernal en Madrid afectaba su dinámica diaria y su disposición al trabajo de calle, por lo que contrasta esa realidad con la estabilidad climática de Caracas.
Explicó que la ausencia de variaciones extremas de temperatura le permite prescindir de la logística compleja de vestuario y abrigos que requería durante los meses de invierno en España.
“Es de las pocas cosas que no extraño de Madrid, porque extraño muchas cosas, amo Madrid, es mi segunda ciudad favorita en el mundo, después de Caracas. Yo no he vuelto a revisar la aplicación del clima en mi vida desde el 11 de julio”, señaló la locutora.
Inicios profesionales: del teatro universitario a la televisión nacional
Al hacer un recorrido por sus comienzos en el mundo del entretenimiento y la comunicación, la entrevistada afirmó que su vocación por la locución y las artes escénicas estuvo presente desde su infancia, por lo que siempre descartó el ejercicio de carreras tradicionales o de oficina.
Aclaró que en la década de 1990, el reconocimiento público no constituía un objetivo inicial, sino una consecuencia directa del trabajo continuado en plataformas teatrales, radiofónicas y televisivas.
“Lo mío era comunicar. Yo no sabía desde dónde. Lo que pasa es que la historia de mi generación, de los que nacimos en los años 1970, es un poco al revés de lo que puede ser ahora. La fama es consecuencia del trabajo. Tú no tratas de ser famosa y luego trabajas. La fama o el reconocimiento público ha sido consecuencia de lo que yo he comunicado, de las distintas plataformas convencionales en un principio y no convencionales a posteriori”, dijo.
Asimismo, Simón recordó su paso por la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y sus primeros años en el teatro, época en la que mantenía ciertos prejuicios sobre la actuación en producciones dramáticas para la televisión comercial.
Sin embargo, relató cómo el escritor Leonardo Padrón la convocó para incorporarse al elenco de la telenovela Cosita Rica tras una entrevista radial en la que debatían sobre las distintas corrientes interpretativas, permitiéndole comprender la exigencia técnica de la pantalla chica.
“Lo rico fue enterarme haciendo la novela de lo que me estaba perdiendo, porque cada plataforma actoral, la televisión, la radio y el cine no son lo mismo, no puedes aplicar las mismas técnicas. Tú no puedes gritar con un micrófono puesto aquí, tú no puedes susurrar en un teatro. Y tienes que entender que en el cine tienes una cámara aquí que además se va a ver inmensa”, explicó la actriz.
Recordó también una enseñanza del actor Giancarlo Simancas durante las largas jornadas de grabación en los estudios de televisión, donde aprendió a valorar el ritmo acelerado de la producción audiovisual como una escuela de disciplina interpretativa.
Subrayó que la inmediatez en la memorización de libretos y la respuesta rápida frente a la medición de audiencia diaria exigían un entrenamiento constante que benefició su formación actoral.
El punto de quiebre
Al analizar la evolución de la radiodifusión en Venezuela, la locutora señaló que figuras como Eli Bravo marcaron un hito en la forma de hacer locución, que dio paso a una generación que trabajaba con altos márgenes de libertad creativa.
Reconoció que durante esa etapa de bonanza en los medios tradicionales los profesionales no tenían plena conciencia del impacto de su trabajo ni de la estabilidad económica de la que gozaban en el país.
“No entendía, creo que eso solo lo puedes ver en perspectiva. En nuestro caso, que además no había redes sociales, no tenías cómo medir más el rating que te decían va bien o va mal, lo único que tenías era creativamente las ganas de no parar, de seguir haciendo cosas. No sabía lo que era el fracaso, lo que era que algo no pegara, todo pegaba. Era una época de verdad de absoluta bonanza, de absoluta prosperidad, éxito. Creativamente además era una época muy libre, porque te permitían todo”, detalló.
No obstante, posteriormente, hubo circunstancias específicas del país que detonaron su decisión de emigrar de Venezuela en el año 2014. Simón explicó que su salida no obedeció a un hecho único, sino a la acumulación de situaciones vinculadas al deterioro de la seguridad ciudadana y a las restricciones en la libertad de expresión.
Precisó que la adquisición de un vehículo blindado y la necesidad de contratar escoltas privados para resguardar su integridad física y la de su hija pequeña representaron la confirmación de que su estilo de vida en Caracas se había vuelto insostenible.
“Hubo para mí dos detonantes: uno fue la inseguridad y el segundo fue la autocensura. Estamos hablando de 2014. Andaba con dos guardaespaldas. Llevar a mi hija al colegio me daba pánico, ese momento de que ella se bajara al pasillito donde entraba, que era un preescolar, me daba pánico. Yo no salía”, contó Simón.
A la par de la vulnerabilidad física, la comunicadora destacó que el ejercicio del periodismo y la locución diaria en la radio se vio afectado por la necesidad de medir cada comentario para evitar sanciones administrativas o represalias legales contra el medio de comunicación.
Confesó que comenzó a grabar y escuchar minuciosamente sus propias intervenciones al aire por temor a haber incurrido de forma involuntaria en opiniones que pusieran en riesgo su trabajo o la concesión de la emisora.
“Empecé a autocensurarme en la radio. Era demasiado miedo de lo que decía y demasiado miedo de andar por la calle. Todos escuchábamos casos, a este lo secuestraron, a este lo mataron. Era mucha información”, narró la animadora.
El paso por Miami y la elección de Madrid como residencia
Al rememorar la primera etapa de su proceso migratorio en Estados Unidos, Ana María Simón explicó que su llegada a la ciudad de Miami respondió a una fase de transición obligatoria en la que residían la mayoría de sus colegas y afectos, aunque desde un principio tuvo la certeza de que no se establecería de forma permanente en territorio estadounidense.
Aclaró que la dinámica de vida en esa metrópoli no se ajustaba a sus expectativas personales ni familiares, lo que progresivamente generó discrepancias sobre el destino definitivo del grupo familiar y condujo a su posterior separación de su pareja de entonces.
“Miami fue un primer escalón de desespero. Mi relación con Miami es de amante: un ratito y chao. Yo me quería casar con España y bueno, me casé; o sea, mi matrimonio con España fue bello. Con Miami no fue una buena historia, pero fue una historia que agradezco porque entendí que todo eso que decían todos mis amigos de que Miami es chévere, le funciona a alguien, pero no a mí”, indicó Simón.
Frente a la encrucijada migratoria, la comunicadora optó por trasladarse a España aprovechando su nacionalidad europea y la de su hija, estableció su residencia en Madrid al valorar la seguridad, el estilo de vida y la oferta cultural de la capital española.
Sin embargo, reconoció que con el transcurso de los años tomó la decisión consciente de no volver a asumir el estatus de residente extranjera en ningún otro país, al priorizar la reconexión con sus raíces venezolanas.
“A España yo la veía como hogar, como la veo todavía. O sea, yo me imagino viviendo un periodo en España en algún momento de mi vida de nuevo, pero como turista. Yo lo que sí decidí y toco con toda la madera posible es que yo quiero ser el resto de mi vida turista y no extranjera. Yo no quiero volver a ser extranjera. Tu patio es tu patio. Ahí tú sabes cómo huele el aire, el escondite, tú sabes cómo es todo. Es así”, señaló.
El deseo de presenciar y participar en el proceso de reconstrucción
Al profundizar en las motivaciones de su retorno definitivo a Venezuela, Simón afirmó que su decisión estuvo impulsada por la convicción de que el país atraviesa una fase de transformación gradual que demanda la presencia activa de sus ciudadanos y profesionales.
Sostuvo que no deseaba presenciar los cambios institucionales y sociales desde la distancia, ya que mantiene su aspiración de reintegrarse de forma directa al mercado laboral y a las dinámicas de desarrollo cultural.
“Emigrar es una experiencia que si cualquiera tiene la oportunidad de vivir, es chévere vivirla. A mí me gusta vivir las cosas y por eso me vine también, porque no quiero que me cuenten cuando todo se ponga bonito aquí, porque ya se está poniendo. Quiero ser parte de esa reconstrucción. Quiero primera fila”, sentenció.
De igual manera, la locutora reflexionó sobre el papel generacional de quienes vivieron tanto la etapa de bonanza económica en los medios de comunicación como el periodo posterior de deterioro social, y aseguró que la experiencia acumulada permite afrontar el presente sin apegarse a la nostalgia.
Puntualizó que las dinámicas de la vida personal y colectiva son cíclicas, por lo que resulta indispensable asumir las transformaciones con flexibilidad y adaptabilidad.
“Somos una generación bisagra, en el sentido de que vivimos esa época dorada de los medios tradicionales, toda esa Venezuela saudita, vivimos la debacle y ahora creo que estamos viendo el renacer. La vida no es lineal y eso pasa en las relaciones, pasa con nuestros hijos, con nuestras parejas, con nuestros trabajos. Si es verdad que creo que el haber estado fuera nos permite valorar cosas que dábamos por sentadas, entre ellas el trabajo”, agregó la locutora en The Way.
La valoración de la gratitud
Con respecto a las dinámicas de trabajo en Europa, la entrevistada señaló que, si bien España ofrece un entorno de alta calidad de vida y respeto por los tiempos de descanso, el ecosistema financiero e impositivo impone ciertas trabas para el emprendimiento independiente.
Explicó que la rigidez del sistema laboral para trabajadores autónomos limitaba sus aspiraciones de diversificar proyectos profesionales, lo que acrecentó su deseo de retornar al entorno laboral venezolano.
“Cuando tú dices ‘yo puedo ser empleada, pero puedo ser empleada y hacer 20 cosas más, déjame hacer esas 20 cosas más’, hay ciertas trabas allí con las que no comulgaba y fue donde dije: ´bueno, es tiempo de volver´”.
Simón destacó que se reconoce como una privilegiada dentro de la masa migratoria venezolana al no haber tenido que cambiar de oficio ni ejercer labores ajenas a la comunicación durante sus 11 años en el exterior, ya que se mantuvo activa en el medio.
Sin embargo, confesó que extrañaba la intensidad del volumen de trabajo que caracterizaba su rutina en Caracas, así como la cotidianidad del trato humano con el público venezolano.
“Yo me doy con una piedra en los dientes todos los días porque mi historia de migrante no fue una historia sufrida. Trabajo hubo siempre, pero a veces tenía tiempo libre. Ya no tengo transporte puntual e impecable con aire en verano y calefacción en invierno, pero tengo a la gente, tengo la radio, que la he extrañado tanto”, acotó.
En uno de los momentos más íntimos de la conversación, la actriz reveló que atravesó por un cuadro de depresión mientras residía en el extranjero, originado por la desubicación personal y la desconexión con su propósito vital, a pesar de ejercer su profesión.
Explicó que atravesar un diagnóstico de salud mental resulta particularmente complejo para personas habituadas al trabajo terapéutico continuado, ya que la incapacidad de superar la crisis por medios propios genera sentimientos de frustración personal.
Simón enfatizó la importancia de visibilizar los trastornos afectivos y desmitificar el uso de psicofármacos bajo supervisión médica, al señalar que la medicación constituyó el soporte necesario para recuperar la estabilidad emocional y redescubrir sus motivaciones.
Indicó que el punto de inflexión en su recuperación no provino del ejercicio mediático tradicional, sino del desarrollo de su proyecto Santo Lugar, enfocado en el ordenamiento de espacios y la organización personal.
“Fue darme cuenta de que yo podía ayudar a la gente a través de la organización, que es mi otra vida. Volver a entender que era una privilegiada y que mi razón de ser, mi propósito, estaba en otro lugar muy distinto a mi oficio de toda la vida fue lo que me permitió empezar a salir. Y me dio el centramiento necesario para reevaluar mi carrera”, añadió.
Llamado al cese de estigmas entre la migración y la permanencia
En el tramo final de la entrevista, la comunicadora reflexionó sobre los debates y juicios de valor que suelen generarse en plataformas digitales en torno a los venezolanos que optaron por migrar, aquellos que permanecieron de forma ininterrumpida en el país o quienes tomaron la determinación de retornar.
Abogó por una postura de respeto mutuo y empatía frente a las decisiones individuales de cada ciudadano, ya que consideró que las distintas vivencias forman parte de un mismo proceso de adaptación y supervivencia ante la coyuntura nacional.
“Basta ya de esa cosa cansona de juzgar la decisión del otro como emigrante”, resaltó Ana María Simón.
De igual forma, enfatizó que las narrativas entre quienes permanecieron en Venezuela y quienes retornaron convergen en el esfuerzo por reconstruir sus proyectos de vida y sus respectivos espacios de desarrollo laboral.