Cuatro elecciones y ninguna fecha

Yoni Toro
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Hay países que prometen elecciones con fecha y después las incumplen. En Venezuela somos más originales: prometemos cuatro de un solo golpe y no le ponemos fecha a ninguna. Así cerró el viernes la segunda ronda del diálogo entre el gobierno encargado de Delcy Rodríguez y la oposición que encabeza Dinorah Figuera. Jorge Rodríguez anunció, con la solemnidad de quien reparte hallacas en diciembre, que «habrá cuatro elecciones»: parlamentarias, de alcaldes, de gobernadores y presidenciales, todas «en el lapso que establece la Constitución». Quien saque la cuenta con el calendario en la mano verá que ese lapso apunta a 2030. Él no dijo el año, ni hacía falta, porque en Venezuela el silencio también es un cronograma.

Mientras tanto, el domingo, en al menos nueve estados, la gente salió en caravana a pedir elecciones en 2027 y el regreso de María Corina Machado, que lleva siete intentos de volver a su propio país. Jorge Rodríguez jura que nadie se lo impide: «No vale, por Dios». Si es así, que siete vuelos no despeguen tiene que ser un asunto meteorológico. En Maracaibo, por si acaso, la Guardia Nacional detuvo a un activista de Vente Venezuela en plena rodada y lo soltó después. Es la pedagogía de siempre: te detengo un rato para que recuerdes que puedo.

Del diálogo salieron otras dos novedades. La primera es un consejo que revisará las credenciales de los futuros magistrados del TSJ. La segunda, que se desbloquearon 74 dominios de Internet. Aplausos. Según el conteo de VE sin Filtro siguen bloqueados 145. Es libertad de expresión a plazos, con cuota inicial y sin fecha de entrega, igual que las elecciones.

Los presos políticos, dice el gobierno, no están en la mesa. Pero cada vez que se cierra una ronda, curiosamente, se abre alguna reja. Foro Penal verificó unas 20 excarcelaciones este fin de semana. Entre los liberados está Miguel Castillo Cedeño, de 72 años, que ya había cumplido su condena. Al igual que Wilder Vásquez, quien seguía preso casi tres años después de haber terminado de pagar la suya. Según Foro Penal quedan 344 presos políticos.

Pero hablemos de plata, que para eso uno estudió economía. Según Petroguía, PDVSA facturó 17.200 millones de dólares por exportaciones entre enero y agosto, un 76 % más que el año pasado, con el Merey por encima de los 71 dólares. Cualquier ministro de otros tiempos habría salido en cadena nacional con banda tricolor. Hay un detalle, sin embargo: la mayor parte de ese dinero no llega al Tesoro venezolano, sino a un fondo bajo custodia del Tesoro de los Estados Unidos. Uslar Pietri nos pidió sembrar el petróleo, y nosotros lo consignamos. Para sembrar hace falta tierra propia; para consignar basta con firmar.

Con esa bonanza que no pasa por nuestra caja, según reportes de Bitácora Económica, el gobierno quiere además pausar la renegociación de una deuda de más de 240.000 millones de dólares. Su argumento es que los nuevos contratos petroleros mejoran nuestra capacidad de pago, así que conviene esperar antes de sentarse con los acreedores. Es como el vecino que deja de negociar con el banco porque le prometieron un aumento en otra ciudad, en una empresa que no es suya y con un sueldo que cobra otro. Suena optimista hasta que uno recuerda quién tiene la llave del fondo.

Hace más de 30 años fui director de Administración y Finanzas de la Gobernación de Trujillo, y en ese despacho no se movía un bolívar sin que la Contraloría del Estado le viera la cara. Cada gasto y cada inversión pasaban por su compromiso, su causado y su pago, con soportes, firmas y un contralor capaz de devolverte un expediente por una coma. Era lento, era fastidioso, y funcionaba: lo que entraba por la caja salía en la cuenta. Después llegó el chavismo y descubrió un atajo más eficaz que cualquier reforma administrativa. Se llama emergencia. Emergencia eléctrica, emergencia económica, emergencia de lo que hiciera falta, siempre decretadas para saltarse licitaciones y controles, y renovadas hasta que la excepción se volvió regla. Lo de hoy, un fondo petrolero que ni siquiera pasa por nuestra caja, es apenas la versión internacional del mismo invento.

El bolívar, que no firmó ningún acuerdo, sigue en caída libre. El dólar oficial cerró el lunes en 857 bolívares, un 7,6 % más caro que a comienzos de septiembre. El salario mínimo sigue en 130 bolívares desde 2022, y la Asociación de Profesores de la UCV denuncia que ningún cargo docente supera un dólar de salario base. Un dólar. El maestro que enseña a sumar ya no tiene qué sumar.

Y luego está la luz. El gobierno culpa al «Súper Niño» y a las sanciones. El ingeniero José Aguilar recuerda que desde 2010, el año en que Chávez decretó la emergencia eléctrica, se invirtieron más de 110.000 millones de dólares en el sistema y que hoy la generación térmica apenas funciona al 19%. Ahí está el invento en acción: 16 años de emergencia, cero años de rendición de cuentas. Si la culpa es del Niño, está claro que el Niño salió caro.

Aquí se me acaba la ironía. El 24 de septiembre, a las 9:00 am, se fue la luz en la Unidad de Diálisis de Barquisimeto y la planta eléctrica no tenía gasoil. 42 pacientes renales se quedaron esperando hasta que el combustible llegó a las 11:13 am, según reportó El Pitazo. Anabelle Camacaro, familiar de uno de ellos, culpó al Ministerio de Salud, y la Secretaría de Salud de Lara respondió que el combustible ya lo había enviado. Fueron más de dos horas de ping-pong burocrático con riñones ajenos. En el país que facturó 17.200 millones de dólares en petróleo no hubo una pimpina de gasoil para una diálisis.

Ese es el resumen de la semana: cuatro elecciones sin fecha, 166 páginas todavía a oscuras, una bonanza depositada lejos y cuarenta y dos pacientes esperando combustible. Delcy Rodríguez prometió en la ONU que habrá elecciones. Le creeremos el día que haya fecha, reglas y árbitro. La calle, mientras tanto, ya puso la suya: 2027.

Yo, desde Madrid, sigo la cuenta. Y la cuenta, esta semana, da 42.

Yoni Toro
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