Una jueza federal de Estados Unidos condenó este viernes, 2 de octubre, a 10 años de prisión al excongresista republicano David Rivera por lavado de dinero y por realizar labores de cabildeo encubiertas durante el primer mandato del presidente estadounidense, Donald Trump, a favor del gobierno del entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro.
Rivera, una figura cercana al actual secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, había sido declarado culpable en mayo, pero la lectura de la sentencia se aplazó varios meses.
La jueza Melissa Damian aseguró que los actos del expolítico fueron una cuestión “de avaricia y de traición” y cuestionó la integridad de Rivera por actuar como agente del gobierno venezolano a cambio de comisiones millonarias.
“Traicionó a la comunidad del sur de Florida a la que una vez representó, una comunidad formada en parte por personas que huyeron de un régimen comunista”, dijo el fiscal federal del distrito sur de Florida, Jason A. Reding Quiñones.
Contratos millonarios con el gobierno de Maduro
La Fiscalía explicó que Rivera y la consultora política Esther Nuhfer, quien también fue declarada culpable, trabajaron en secreto para el gobierno de Maduro entre 2017 y 2018 mediante contratos de hasta 50 millones de dólares con una empresa del excongresista.
Según el jurado, Rivera fue declarado culpable de todos los cargos federales, entre ellos no registrarse como agente extranjero ante el Departamento de Justicia y conspiración para cometer lavado de dinero.
Según la cadena Telemundo, Rivera rompió a llorar antes de la sentencia y aseguró que no merecía morir en prisión.
Rivera coincidió con Rubio en Florida
Rivera ejerció como congresista en la Cámara de Representantes de Florida a principios de siglo, antes de representar entre 2011 y 2013 al distrito 25 de ese estado en el Congreso federal.
En la Cámara de Representantes de Florida coincidió con Rubio, quien fue llamado a declarar como testigo durante el juicio.
Según la acusación, Rivera realizó gestiones políticas en Estados Unidos para favorecer los intereses del gobierno venezolano e influir en la política exterior de Washington hacia Caracas.