• Mariela Magallanes permanece en la casa del embajador de Italia tras el levantamiento de su inmunidad parlamentaria hace cuatro meses. Su familia relató el duro costo de la decisión

La tinta del tatuaje que grabó en su piel aún sigue fresca. Se lo hizo dos semanas después de que su madre, la diputada Mariela Magallanes, pidiera refugio en la residencia de la embajada italiana en Caracas para evitar ser detenida por el régimen de Nicolás Maduro.

Alessandro Longoni se toca constantemente la figura que lleva en su antebrazo derecho (el nombre de sus padres junto a dos flechas entrelazadas) como si se tratase de un recordatorio permanente de un día que, sin saberlo, se convertiría en uno de los más álgidos de su vida.

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Foto: José Daniel Ramos

La noche del 8 de mayo de 2019 la canción del cumpleaños no resonó como cada año en la casa de la familia Longoni Magallanes. Alessandro llegó a sus 18 años de edad, pero esta vez no celebró. Debió resguardarse junto a su padre y a su hermana en la casa de un vecino. Una patrulla del Sebin merodeaba la vivienda y la amenaza de un allanamiento estaba latente.

Ese día todo cambió. Sabía que lo que venía requería de mucha fortaleza y apagó las velas con un solo deseo en mente: que su madre permaneciera segura y no tras las rejas de alguna prisión venezolana, esas que tienen fama por los múltiples maltratos y violaciones a los derechos humanos que se registran cada día.

Alessandro Longoni es hijo de la diputada ante la Asamblea Nacional Mariela Magallanes, política venezolana electa en el circuito 4 del estado Aragua, uno jamás ganado por la oposición hasta 2015. Hoy es acusada de supuesta traición a la patria por el alzamiento militar del pasado 30 de abril.

Desde el 7 de mayo la parlamentaria permanece bajo resguardo del gobierno italiano. Ese día se efectuaba la sesión ordinaria en la Asamblea Nacional, estaba sentada en su curul cuando un tweet que confirmaba el allanamiento de su inmunidad encendió las alarmas. Salió del Parlamento con lentes oscuros y una gorra para evitar ser vista por efectivos de seguridad.

La diputada sabía los pasos a seguir tras la arremetida del régimen, ya lo había conversado días antes con su esposo, un comerciante italiano enamorado de Venezuela y de la familia que construyó con la dirigente política, así que tocó la puerta de la Embajada de Italia y pidió resguardo para evitar ser detenida.

Cuatro meses han transcurrido desde aquel episodio devastador para la familia de la parlamentaria. Desde entonces, su núcleo más cercano ha sido víctima de persecución por parte de efectivos de seguridad y han sentido en carne propia el dolor de tener lejos al bastión del hogar. La sentencia del TSJ cambió sus vidas.

El eco de Mariela Magallanes

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Foto: José Daniel Ramos

En el norte de Maracay, estado Aragua, la familia Longini Magallanes intenta retomar el ritmo de sus vidas. Giancarlo Longoni, esposo de la parlamentaria, ha asumido toda la responsabilidad y ahora es el principal guía de sus hijos: Alessandro, de 18 años de edad y María Inés, de 9.

En su casa falta alguien, la voz de la diputada no resuena en el hogar desde hace varios meses. El último día que estuvo ahí se marchó prometiendo a su hijo que regresaría para su cumpleaños el 8 de mayo, pero no logró volver.

Alessandro es la cara más pública de la familia, su padre es amable y está muy consciente de la situación pero opta por estar lejos de los medios de comunicación. Al joven no le gusta asumir como el portavoz de su madre pero sí es el eco que hace resonar su situación. El tema de la política no es ajeno para él, desde hace un par de años la acompañaba a cabildos, asambleas, le ayudaba en el manejo de sus redes sociales e incluso viajó en febrero a la frontera con Colombia, en aquella caravana que tenía intenciones de escoltar la entrada de la ayuda humanitaria hacia Venezuela.

Restricciones de la embajada italiana Magallanes no puede recibir visitas con fines políticos, ni ofrecer entrevistas

Su hijo accedió a hablar con El Diario para transmitir las vivencias de la parlamentaria en este lapso.

Sentado en un banco dispuesto en el patio de su casa, el joven inicia revelando que aún no se acostumbra a tener a su madre lejos. Su rutina y la de su familia dieron un giro. Confiesa que no ha sido fácil adaptarse, empezando por la permanente vigilancia que hicieron durante dos meses efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional ​(Sebin) en las afueras de su casa, también los escoltaban cuando viajaban hacia Caracas para visitarla.

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“Al inicio fue difícil, el primer mes fue peor, un momento muy duro, siempre estuve consciente de que una situación así podría aproximarse, pero cuando llega y tan rápido no sabes cómo reaccionar”, expresa.

El joven reconoce que la peor parte le tocó a la parlamentaria, aunque gracias a la Embajada de Italia pudo esquivar el peso de ser presa del régimen, no es completamente libre.

“Ella es libre de pensamiento, pero claro que no es libre del todo porque está encerrada, no puede salir, no dirige sus decisiones, pero eso forma parte del sacrificio. Nadie es privilegiado cuando se está limitado, es solo la decisión que ella tomó y eso no quiere decir que la está disfrutando”, explica.

En este difícil panorama comenta que la familia ha sido la principal fortaleza de Magallanes, quien trata de mantenerse tranquila y serena a pesar de las circunstancias que enfrenta y del tiempo que transcurre sin que se asome una solución que pueda significar su regreso a la cotidianidad.

Su peor miedo es no poder ver crecer a sus hijos y perder momentos importantes de la familia, algo que en efecto ha ido sucediendo, ya que no pudo estar en los cumpleaños de dos de sus hijos y tampoco en el acto de graduación de bachiller de Alessandro en julio pasado, quien al recibir el título ondeó la bandera venezolana con un mensaje: “Libertad para Mariela”.

Por ahora, para tratar de llenar esos vacíos, la familia se reencuentra una o dos veces por semana en la residencia del embajador de Italia, al este de Caracas. Los niños comparten con su mamá, hacen comida juntos y en algunas ocasiones María Inés puede pasar la noche con ella. No es lo habitual, pero es su realidad actual ante la compleja situación que atraviesan.

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Foto: José Daniel Ramos

La diputada está consciente de las consecuencias que han acarreado sus decisiones, pero no se arrepiente de los pasos que siguió el pasado 30 de abril, día en el que acató el llamado del presidente interino, Juan Guaidó, y se trasladó a las adyacencias de la base aérea de La Carlota para apoyar el fallido alzamiento militar en contra del régimen. Es consecuente, así que volvería a acudir de ser necesario.

Alessandro apoya su postura, está orgulloso de los pasos que dio y que haya sacrificado su propia libertad para intentar retornar la democracia al país. El joven desestima las acusaciones del régimen en contra de la diputada, la define como una persona solidaria, comprometida y con mucha fortaleza.

Su sueño más recurrente es imaginarse el día en que la parlamentaria pueda cruzar la puerta de la residencia del embajador de Italia y llegue a su casa, en Maracay. Anhela una cena familiar cargada de todas las anécdotas que el tiempo y el régimen perturbó.

Desde que entró a la residencia del embajador de Italia supo que su vida iba a cambiar. Lo comprobó apenas abrió los ojos la mañana siguiente, cuando se percató de que para evitar ser detenida debía permanecer bajo resguardo. Desde ese día se abrió paso a una nueva rutina.

Nueva rutina para escapar de las rejas

La diputada no ha abandonado la costumbre de despertar a primera hora del día, ya a las 7:00 am está vestida y presta para las labores que se ha asignado a pesar de permanecer dentro de un mismo sitio.
Magallanes ha asumido el aprendizaje como parte fundamental de su estadía en la sede diplomática, por ello parte de su día lo dedica a asistir a cursos online y también a estudiar algunas de las problemáticas que afectan al país.
El ejercicio también ha jugado un papel importante para pasar el tiempo en la residencia, especialmente el yoga y la meditación. Ahí la parlamentaria ha encontrado herramientas para sobrellevar la ansiedad de querer salir de nuevo.
Los días en los que su familia va de visita, la rutina es otra. Se dedica a conversar con Alessandro, a jugar con María Inés, a tratar de llenar las brechas que las conversaciones vía WhatsApp impiden alcanzar.
En sus noches la cena familiar ya no es opción, ya no come juntos a sus hijos y esposo. Ahora lo que sí varía es su hora de dormir, en la mayoría de los casos trata de hacerlo temprano para levantarse a primera horas y así continuar con la rutina que estableció desde que entró como huésped.

Algunos días transcurren más lentos que otros. Magallanes mantiene la fortaleza y está convencida de que podrá salir pronto y así reactivar su agenda de calle, aquella por la que es muy conocida en Maracay,

La parlamentaria dejó de lado los medios, las entrevistas y su curul en Asamblea Nacional para lograr escapar de la crudeza de los barrotes en tiempos de revolución. El encierro la cambió, ahora quiere aportar más y está convencida de que pronto el país tendrá un mejor futuro.

Lo que vive su familia no es un caso aislado, es la historia de todos los parientes y allegados de otros diputados como Américo De Grazia, quien también permanece en la residencia italiana tras el allanamiento de su inmunidad parlamentaria. La misma situación, aunque mucho más dramática, viven los familiares de los más de 300 presos políticos que se contabilizan en el país, todos alejados de sus seres queridos y con la esperanza de que un cambio de gobierno se produzca pronto para poder recuperar la libertad que les fue arrebatada por el solo hecho de ejercer la política en Venezuela.

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