• Vanessa Gilly sueña con que el golf femenino en Latinoamérica sea tan apreciado como lo es en Asia. Para ella el golf femenino es mejor que el de los  hombres

Inmensos campos rodeados de kilómetros de grama verde, el sonido que se genera al golpear la pequeña pelota de golf con un palo y las ganas de ser cada día mejor han acompañado a Vanessa Gilly durante toda su vida.

Siempre recorre con tranquilidad el campo de golf que se refleja en sus ojos verdes y sobre esa grama mojada práctica día tras día para ser cada vez mejor golfista.  

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Foto: José Daniel Ramos

Llegó hasta ahí por tradición familiar: toda su familia paterna juega golf y su madre comenzó a hacerlo cuando se casó. Al principio era un plan familiar que disfrutaba mucho, pero poco a poco le fue gustando más y, finalmente, se enamoró. 

Su primer recuerdo en un campo de golf es en un torneo padre e hijo que jugó con su madre. “Tenía como seis años y lo ganamos. Estaba muy nerviosa y feliz porque era más un juego que algo serio”, dice sonriendo. 

Afirma que, precisamente, una de las cosas que más le enamora del golf es que es un deporte que puede practicar en familia y para toda la vida. 

Siempre ha visto al deporte que practica como algo que desea hacer por el resto de su vida. Quiere ser profesional y recorrer el mundo un hoyo a la vez. 

“No recuerdo en que momento lo decidí, simplemente desde que me acuerdo lo quiero hacer”, detalla tranquilamente. 

Gilly actualmente cursa quinto año de bachillerato y una vez que sale de los salones su siguiente parada es el campo de golf en el que practica diferentes rutinas, dependiendo del día, casi hasta el anochecer. 

Se enfoca mucho en el juego corto porque cree que es lo que diferencia a los amateurs de los jugadores profesionales. 

A veces para ella es difícil llevar los estudios y el golf, pero precisa que es muy aplicada y trata de organizar su tiempo de la mejor manera para tenerlo todo en orden. 

“Gracias a Dios me ha ido muy bien pero cada año se pone más difícil porque viajo mucho, entonces cuando estoy en Caracas tengo que estudiar demasiado, pero me va bien”, detalla riendo. 

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Foto: José Daniel Ramos

Recuerda con emoción su primer torneo internacional: fue un Sudamericano Pre Juvenil en Brasil. Ella tenía 12 años y participó en la categoría 14 – 15. 

Asegura que ese torneo marcó un momento importante en su vida golfistica, pues le hizo ver que tiene que practicar siempre. “Internacionalmente hay mucha más gente que juega igual o mejor que tú y por eso es que yo practico todos los días”, afirma. 

En ese viaje estuvo la acompañaron sus padres y su hermana: un apoyo fundamental en su carrera. 

Una gran sonrisa invade su rostro e ilumina su mirada al hablar de ellos. “Sin mi familia no sería nadie en el golf”, comenta. 

Su padre la ayuda con la técnica y junto a su madre la acompañan e la mayoría de sus prácticas. Con calma detalla que a su hermana le ha tocado recibir los golpes duros y que ella ha aprendido muchísimo de esas experiencias vividas por su hermana. 

“Es un trabajo en conjunto y nos ha ido muy bien. Siempre están ahí para apoyarme y más en el golf que tienes muchos altos y bajos. Saben qué decirme en el momento indicado. Eso es lo más importante”, resalta. 

El golf es como la vida

El deporte funciona como método de distracción, pero también enseña cientos de cosas cada día. 

Vanessa Gilly ha aprendido que el golf es como la vida: a veces tendrá días buenos y a veces tendrá días verdaderamente malos. Sin embargo, entiende que eso forma parte del aprendizaje del deporte. 

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El golf me ha enseñado a nunca darme por vencida. Después de mucho camino y golpes viene la victoria y eso es lo más y lo que más disfruto”, comenta.

Disfruta que siempre tiene algo que mejorar pues, a su juicio, nunca se llega a un máximo nivel competitivo. “Siempre hay algo más que puedes hacer y ese trabajo duro todos los días es lo que más me gusta”, agrega sonriendo. 

Sin embargo, afirma que el golf puede ser un deporte donde la frustración puede tener un papel fundamental si se le permite apoderarse de la mente. Para evitarlo trabaja desde hace seis años con una coach mental, la misma que ha trabajado con Rubén y Francisco Limardo. 

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Foto: José Daniel Ramos

Afirma que la preparación mental ha sido muy importante en su carrera y que la ayuda de su coach ha sido fundamental para lograrlo. 

“El golf es un deporte de mucha concentración, es muy mental, hay que saber superar los errores y pienso que gracias a ella mi golf está donde está”, destaca mientras acaricia su largo cabello que cae de una cola de caballo. 

Gilly tiene muchas técnicas para aliviar el estrés y los nervios, por lo que nunca ha llegado a una situación extrema donde no pueda controlarse. En esas situaciones tal vez, no juega como quisiera, pero siempre se sobrepone y logra completar su rutina. 

“El golf es un deporte que te puede frustrar porque tú puedes estar practicando mucho y tener un torneo muy malo, pero hay que tratar de verlo de otra manera: son errores de los que hay que aprender y seguir adelante”, comenta. 

Las frustraciones las convierte en aprendizajes y los aprendizajes se convierten en situaciones que utiliza para ser cada día mejor golfista. 

Para ella es mucho más importante la preparación mental que el swing. “Creo que la mente controla tus músculos y si tienes una mala mente nunca vas a poder llegar a tus objetivos aunque tengas como llegar”, detalla. 

Cuando era pequeña sus padres la inscribieron en clases de natación y ballet, en el colegio eventualmente juega futbol, y corre para hacer cardio, pero ningún otro deporte la ha atrapado. “El único deporte que me ha encantado es el golf”, resalta contenta. 

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Foto: José Daniel Ramos

Al practicar no le gusta que cualquier persona le dé consejos acerca del swing. “Varios profesores te pueden volver loca”, resalta. 

Afirma que jugar golf ya es bastante complicado para tener a varias personas diciéndole lo que tiene que hacer. 

“Los consejos que más puedo aprovechar son mentales y de estrategia de campo, pero técnicamente no me gusta mucho que me hablen del swing”, precisa. 

El golf femenino

Gilly participó en el Annika Invitational Latinoamérica, un tour donde la golfista sueca Annika Sörenstam comparte con las nuevas golfistas, y entre 55 jóvenes latinoamericanas quedó en el tercer lugar del torneo. 

Sörenstam está en el Salón de la Fama del Golf desde el año 2003 y para Gilly es “increíble” que la sueca esté apoyando al golf femenino latinoamericano. 

“Es un torneo que disfrutamos mucho porque nos une y es increíble cómo nos puede enseñar y complementarnos”, destaca. 

La golfista afirma que en Latinoamérica se ve mucho más el golf masculino, pero en Asia eso no sucede: allá prefieren ver a las mujeres jugando golf. 

Afirma que esa situación en Latinoamérica es algo cultural que se puede ir cambiando poco a poco. 

“Las mujeres tienen, incluso, hasta mejor golf que los hombres y la gente en Latinoamérica no lo ha podido ver. Es algo que hay que ir impulsando y cada país tiene que hacer su trabajo”, precisa. 

Para ella, Venezuela va por muy buen camino. Destaca la labor que se está haciendo con el golf femenino en el oriente del país pues hacen muchos torneos y giras para las jóvenes golfistas. 

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Foto: José Daniel Ramos

Detalla que la Federación ha comenzado a apoyar mucho más a las mujeres golfistas gracias a los buenos resultados obtenidos. 

El golf femenino venezolano ha ganado medallas en Sudamericanos Juveniles, en Juegos Panamericanos y Bolivarianos. Uno de los logros más destacados es la medalla de oro individual de su hermana. 

Una de sus más grandes metas, a pesar de que defiende el no ponerse límites, es jugar en los torneos de más alto nivel competitivo y lograr lo que nadie más ha logrado representando a Venezuela. 

Para ella representar a Venezuela es una sensación maravillosa. La primera vez que lo hizo estaba con su hermana y ese ha sido “el mejor sentimiento que he tenido”. 

“Primero está Venezuela. Siempre juego primero por la bandera antes que por lo individual y es algo único”, describe.

Invita a las niñas a practicar golf ya que es un deporte que permite explorar el mundo y representar a Venezuela en el exterior. “Practiquen y enfóquense que pueden lograr cosas grandes”, asegura. 

A pesar del creciente apoyo a las mujeres en el golf, muchas de las golfistas se han ido de Venezuela y Gilly afirma que es la mejor opción si se desea llegar a la profesionalización. 

“Cuando cumples 18 te deberías ir a Estados Unidos, independientemente del país donde vivas, porque el golf universitario es lo que te da el gran impulso para llegar a ser profesional”, comenta. 

El próximo año, luego de su graduación de bachillerato, Gilly se irá a estudiar en una universidad en Estados Unidos a la que ingresó completamente becada. Por ahora, piensa en estudiar Finanzas con Marketing, pues le encantan los números. 

“Estoy orgullosa de haber podido entrar 100% becada. Estoy muy emocionada, vivir sola es un paso difícil: uno no está acostumbrado a eso pero creo que estoy lista para dar el paso”, detalla con notable emoción. 

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Foto: José Daniel Ramos

El golf universitario estadounidense es una gran plataforma para llegar a ser profesional: representar a su alma mater por todo el país, tener nuevos amigos y aprender cientos de cosas nuevas la emocionan. 

Entre sus técnicas de relajación la música tiene un poder importante. Escucha melodías y se relaja completamente: la música forma parte de su rutina entre los estudios y el golf.

Admira a Tiger Woods y a Jonatthan Vegas, el venezolano que ha llegado al más alto nivel competitivo en la historia del golf nacional. 

Gilly, quien cada día se cuelga su bolso con los palos y las pelotas de golf al hombro, asegura que quisiera llegar al nivel de Vegas y para eso trabaja día a día en los inmensos campos de golf, esos campos en los que ha aprendido de la vida y de sí misma. 

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