• Preparación y dedicación han sido factores claves para que Elisa Vegas, de 31 años de edad, sea la primera mujer en dirigir una orquesta profesional en Caracas. Su talento rompe paradigmas y abre camino para las nuevas generaciones 

La batuta de Elisa Vegas no solo dirige a un grupo de músicos, también lleva el ritmo del futuro que comienza a vislumbrarse para la mujer dentro de las orquestas venezolanas. Con cada movimiento, la joven no solo marca el compás de las melodías que disfruta oír el público. Sin saberlo, su impecable actuación ayuda a pavimentar el camino para que surjan más mujeres líderes en las filarmónicas profesionales. Es una pionera que se impone con talento y preparación en un escenario dominado por hombres. 

Es esbelta, elegante y con unos ojos intensos de color azul cielo. Elisa es agradecida, audaz y con un amor por Venezuela y la música que se escapa de vista. Hace casi tres años le dio la espalda a los imposibles para ver de frente a un grupo de músicos venezolanos talentosos que hacen vida en la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho: es su directora, la primera mujer en lograrlo. 

Foto: Fabiana Rondón

La música en su ADN

El Teatro Municipal de Chacao es el escenario en esta ocasión. La fila comienza alargarse en las afueras de la sala, las personas esperan ansiosas pero con entusiasmo la actuación de la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho bajo la dirección de una personaje que ha sonado mucho en los últimos años por ser la primera mujer en dirigir una orquesta profesional en la ciudad de Caracas: Elisa Vegas.

A unos metros de la fila y del escenario, aguarda la joven músico en un camerino sencillo y alejado de la majestuosidad que venden las películas hollywoodenses. Vegas permanece sentada, es cabalística y espera los últimos minutos previos a la presentación para vestirse y así salir al escenario, no sin antes persignarse. 

Uno necesita de una conexión espiritual para que las cosas salgan chéveres. El escenario forma parte integral de mi vida, es un lugar sagrado donde ocurre magia, donde dejamos todo nuestro ser para dejárselo a los demás. Termina siendo una especie de templo”, comenta minutos antes de la presentación.

Mientras espera que la hora de alistarse llegue, habla de los pasos que la llevaron a ocupar el sitio privilegiado que hoy ostenta en el mundo musical. Vegas no titubea cuando dice que su preparación ha sido la clave fundamental para alcanzar tal reconocimiento. Formarse musicalmente desde muy pequeña fue importante de cara a los logros que obtuvo en los últimos años, pero asegura, sin constancia y dedicación, no habría llegado muy lejos. 

“Ha sido duro, son años de muchísimo estudios y preparación que han sido la clave porque es un terreno muy masculino, la única forma de hacerlo bien es estando muy preparado. El trabajo de un director de orquestas es muy fuerte, de ligas mayores y tuve que fajarme”, confiesa. 

Foto: Fabiana Rondón

La mujer nacida en Caracas comenzó su relación con la música muy temprano, ya a los tres años de edad asistía a clases de música, aunque también se formó en otras disciplinas deportivas y artísticas como el ballet. Sin embargo, las melodías y las notas siempre ocuparon un lugar privilegiado en sus estudios.  

Mientras recuerda aquella época de su vida, Elisa bromea y exclama: -”No sé si primero aprendí a escribir letras o notas en un pentagrama”.

En definitiva la influencia de su familia también tuvo que ver con su temprano gusto musical. Su padre Federico Pacanins es productor de espectáculos y también de obras teatrales, además desde pequeña tuvo un espacio importante para conocer de arte: iba a museos, exposiciones y conciertos. 

Con tal panorama no tuvo dudas de a qué quería dedicarse cuando ya estaba por terminar de cursar el bachillerato. Se formó en el Conservatorio de Música Juan José Landaeta con honores y también cursó la licenciatura en Arte, mención Musicología en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde obtuvo la distinción Summa Cum laude. Después de ahí no hubo más que música en su camino.

El compromiso de ser la primera

En estos últimos años su nombre ha sonado con fuerza en importantes escenarios y orquestas del país, pero a pesar de eso, Elisa se despega de egos y opta por no robar reconocimiento a quienes asegura, fueron las mujeres que despejaron el camino para que personas como ella sean hoy directoras de orquestas. Habla de María Guinand, quien fue directora de la Escuela Cantaores de Venezuela e Isabel Palacios, directora de la Camerata de Caracas.

Foto: Fabiana Rondón

Ambas personalidades brindaron un aporte importante y trascendental en la música con su dirección, pero Vegas es la primera en lograrlo en una orquesta profesional así que toda la atención y los reflectores han girado hacia la joven músico: su talento rompió paradigmas.

Elisa se siente privilegiada y comprometida por la posición que ocupa, pero no deja que el reconocimiento la sobrepase. Para ella, el trabajo que hace con la orquesta es una labor que solo se logra en conjunto, así que no resta méritos a los músicos que la acompañan en el escenario. 

No se trata de mí sino de una orquesta y de la cultura, si me dan las gracias automáticamente siento que nos dan las gracias a todos. Es es un agradecimiento general de lo que todos estamos haciendo”, asegura.

La músico habla del peso que conlleva su cargo mientras varias personas la saludan y la llaman “profesora”, otra muestra del respeto y admiración, que entre músicos, existe por la joven músico. 

Como directora de la Gran Mariscal de Ayacucho también busca marcar diferencia, ahora trabaja con la premisa de traer a la orquesta al siglo XVI fusionando ritmos modernos y tradicionales. Para Elisa es importante que los jóvenes y los venezolanos en general sienten más apego por las filarmónicas. 

“Tenemos que modernizarnos y tomar los espacios de buena manera, hacer que los venezolanos sientan la conexión con las orquestas y sientan que forma parte de nuestra cultura y de lo que uno quiere hacer que es ir a un concierto”, detalla visiblemente emocionada de cara a lo que espera para el futuro de la orquesta. 

A la Gran Mariscal de Ayacucho no solo la aceptó por estar repleta de jóvenes talentosos, también la animó que no se trataba de una agrupación financiada por el Estado así que podría desarrollar sus eventos sin tener a la política de invitada en primera fila.

Foto: Fabiana Rondón

Su objetivo es poder llegar a todos los venezolanos, sin importar sus preferencias políticas. Está convencida de que la cultura es el punto de encuentro de todos como ciudadanos, hasta ahora ha sido así y la situación que vive el país no ha logrado calar en sus espectáculos.

Fuera del escenario el compromiso con la orquesta  también se mantiene pero a través de varios programas sociales, entre ellos destaca “Viaje al fondo de una orquesta”, el cual está dirigido a niños de bajos recursos y cuya finalidad es atraer a jóvenes vulnerables a la música. 

Elisa no es ajena a la crisis que vive Venezuela, muchos de los integrantes de su orquesta son jóvenes talentosos de bajos recursos que lograron un puesto gracias al trabajo que ha hecho el Sistema Nacional de Orquestas en las zonas populares.

“El maestro Abreu sembró una semilla que se volvió un árbol muy robusto que afortunadamente, pese a la crisis, se ha podido mantener. Por eso donde uno ve hay una orquesta de niños, un coro, una agrupación, este país es demasiado rico en cultura musical y se ha cultivado en los últimos años de una manera impresionante”, comenta la músico haciendo alusión a quien en vida fue el gran artífice del Sistema Nacional de Orquestas. 

La otra faceta de Elisa Vegas

Para los grandes músicos el papel que desempeña Elisa Vegas en la orquesta es extraordinario,en eso coinciden medios y expertos en la materia. Sin embargo, su mejor papel no es arriba de una escenario, sino en casa, como madre de su pequeño Martín de tres años de edad. Su mejor faceta es la familiar.

Aunque no tiene mucho espacio en su agenda dado los compromisos que supone dirigir una orquesta, el tiempo con su familia es sagrado y siempre lo disfruta mucho. No necesita de grandes planes, compartir con ellos la hace feliz. 

Elisa confiesa que la organización es parte de su vida dentro y fuera del escenario. Siempre trata de agendar y mantener todo programado.

Foto: Fabiana Rondón

La música la acompaña incluso en sus tiempos libres, en esos momentos aprovecha para disfrutar de otras melodías. “No soy un aliens de mi generación, solo que tal vez selecciono mejor el contenido”, comenta. 

Lejos de las piezas de Franz Berwald y Sergei Rachmaninoff, las cuales despiertan su encanto en el escenario, Elisa también disfruta de otros géneros en su vida cotidiana como el pop y el pop rock, es fanática de Caramelos de Cianuro, Desorden Público y del argentino Fito Páez. Los boleros también le gustan, especialmente los del cantante mexicano Luis Miguel.

Cuando habla del futuro, de lo que espera que suceda en su carrera, su respuesta es atípica, pero es un fiel reflejo de lo que significa la orquesta y Venezuela en su vida. Vegas no vislumbra grandes proyectos personales, todos los vincula con las orquestas, en conjunto, y con lo que ello podría contribuir a la cultura venezolana. 

En sus planes no está el de emigrar, hace unos años decidió, que a pesar de la situación, se quedaría en el país aportando con su música e indiscutible talento. “En un futuro no me veo fuera de Venezuela, me veo aquí en mi país que me dio todo en formación musical, me dio todas mis bases y siento que hoy tengo herramientas para retribuir y eso es lo que estoy haciendo”, explica.

La joven músico está convencida de que los que siguen en el país deben trabajar fuerte desde el área que les toque para sacarlo adelante. En este sentido, no tiene dudas en afirmar que el papel de la mujer es fundamental en la reconstrucción de Venezuela. ”Este país definitivamente es un matriarcado, la figura femenina tiene un puesto muy especial”, agrega Elisa que se refiere a mujeres, que como ella trabajan arduamente para destacar en áreas en las que tradicionalmente los hombres son líderes. 

En las filarmónicas Vegas cumple a cabalidad ese papel. Gracias a figuras como ella el camino para las mujeres luce más despejado. Ahora hay una referencia, un personaje de 31 años de edad que con esfuerzo ha derrumbado mitos y a alcanzado lo que hace unos 10 años parecía improbable. Elisa sigue cautivando al público con cada pieza musical y con su batuta que dirige el futuro de  nuevas generaciones. 

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