• Desde hace cinco años Dariana Borro (30), oriunda de Choroní, hizo a un lado los miedos y se convirtió en una de las pioneras y guía de otras mujeres que se han sumado a este duro oficio

Sus manos aún tienen adheridos restos de escamas que quedaron producto de una larga faena de pesca que inició un sábado a las 5:00 am. Dariana Borro es el nombre de la mujer que se quita de a poco aquellas sobras y sonríe mientras detalla notablemente orgullosa la labor que desempeña en una área dominada por hombres: la pesca. 

Cae el atardecer en las costas de Choroní, un pueblo paradisíaco oculto entre montañas en el estado Aragua. Todo un carnaval de colores se refleja en el cielo y combina a la perfección con el agua cristalina del mar. Al fondo de aquella escena comienzan a verse varias lanchas que traen a tierra la última carga de pescado del día. 

Los botes empiezan a llegar a la orilla, uno tras otro. En la punta de uno de ellos está sentada Dariana, es la única mujer que viene en la lancha. Pese a la dura jornada llega intacta al puerto. Lleva el cabello recogido, visera para protegerse del sol inclemente, un conjunto de short verde fosforescente y zarcillos largos. 

El amor y pasión por su trabajo se percibe desde lejos, llega cansada pero no deja de sonreír mientras ayuda a descargar la mercancía. 

Los amores en la lista de Dariana 

La mujer tiene 30 años de edad, todos vividos en Choroní, un destino turístico predilecto de la entidad central que también ha visto bajar la afluencia de temporadistas debido a la crisis que vive el país. Aunque, aún entre tantas dificultades, siguen trabajando para mantenerse como opción en las temporadas vacacionales. 

Choroní está de primero en la lista de los amores de Dariana, sus ojos brillan cuando habla de cada esquina colonial que perdura en el tiempo, del malecón que es el punto de encuentro nocturno de sus habitantes, de los tambores que resuenan con fuerza y de las playas con olas pausadas y agua cristalina que tantos suspiros roba a los turistas. 

Este pueblo es mi vida, es todo para mí. Aquí es donde he vivido toda mi vida, donde he salido adelante. No me siento feliz en otro lado”, dice Dariana mientras toca su visera vinotinto que tiene estampado un I love Choroní.
Foto: Fabiana Rondón

La madre de Dariana murió hace seis años, en la localidad era conocida como “mamá arepa”, encargada de vender este tradicional plato en escuelas y liceos. La cocina era su trabajo, nunca tuvo nada que ver con el mar, a diferencia del padre de la mujer que, como la gran mayoría de hombres en Choroní, se dedicó a la pesca toda su vida.

Para Dariana el camino más fácil era continuar el legado de su madre, pero su padre le transmitió el amor por el mar y la pesca desde muy pequeña, siempre sintió deseos de dedicarse a esa labor, pero incluso en su mente se vislumbraba descabellado porque era mujer y, en el pueblo, una tarea donde se necesita de tanta fuerza y horas de trabajo, solo figuraba como apta para hombres. 

Así lo aceptó por mucho tiempo. Hace cinco años comenzó a notar cómo en Choroní algunas mujeres se sumaron a la pesca, así que decidió dar el gran paso, mar adentro y apartando los miedos.  

Foto: Fabiana Rondón

Una compañera que ya se había integrado a las jornadas de pesca la ayudó y le dio una inducción, como ya suponía, se trataba de jornadas fuertes y largas, pero a Borro no le disgustó el panorama. De a poco y junto a las demás comenzó a dejar claro que no solo que era merecedora del puesto, sino que tenía la misma capacidad que cualquiera de los hombres que pescaba. 

Pioneras en Choroní 

Durante estos años se han ido sumando más mujeres, hoy son alrededor de 20 solo en Choroní, en islas cercanas como Chuao y Tunja también han comenzado a dedicarse a la pesca, aunque en menor cantidad. Dariana Borro es una de las pioneras que defiende a «todo gañote» su presencia en el sector. 

Su trabajo se ha hecho notar entre sus compañeros de labor. Ahora al grupo de mujeres que sale desde bien temprano a pescar le llaman «las toras», un apodo que se han ganado por su desempeño . «Ya nosotras somos expertas en esto (la pesca), somos guerreras y luchamos contra todo, podemos hacer todo lo que nos pongan a hacer, copamos, calamos mangas (lanzar y recoger la red con pescado), todo lo que hace un hombre lo hacemos», dice Dariana, quien detalla algunas de las tareas pesqueras que realizan. 

Foto: Fabiana Rondón

Los halagos por su labor no solo los recibe de sus compañeros. En su hogar también hay personas orgullosas, se trata de sus tres hijos quienes suelen esperar a final del día para que les comente las anécdotas de su jornada, saben que es atípico que una mujer pesque y por ello se encargan de decirlo en voz alta en la escuela, en la plaza, en todas partes. 

Foto: Fabiana Rondón

Pero, entre tanto reconocimiento también hay dificultades. En la pesca el camino para las mujeres no es equitativo, el machismo ha estado presente evitando que puedan ser más que empleadas en el sector. Dariana comenta que no tienen acceso a créditos bancarios, así que no pueden optar por tener una lancha propia, ni siquiera una entre todas las que trabajan la pesca en Choroní. 

Las mujeres son empleadas de los dueños de lanchas, trabajan y rinden cuentas de lo que pescan, ninguna cuenta con un equipo, a pesar de que muchas, como en el caso de Borro, tienen más de cinco años en el área. 

Dariana es enfática cuando expresa sus deseos de que haya equidad. A pesar de que hoy no hay oportunidades de crecimiento para ella, sigue soñando con tener su propia lancha e incluso con que un día, en el tablero del centro de pescadores, haya un turno de pesca completo solo de mujeres. 

Foto: Fabiana Rondón

La pesca es el tercer amor en su lista. Los ojos le brillan cuando habla de los detalle, y de cada anécdota que ha vivido estos años en el mar, un lugar que le ha dado mucha satisfacción y de donde no espera alejarse pues no vislumbra un futuro en el que no esté con una red copando pescados. 

Yo nunca he querido dejar de pescar, me siento orgullosa y no me veo haciendo otra cosa, a pesar de que me han salido otras fuentes de trabajo, aquí me quedo», dice Dariana, desafiante ante los obstáculos que tiene en el sector solo por ser mujer

Su antebrazo derecho es el reflejo de los amores que atesora: tiene estampado los nombres de sus hijos, de su madre y una brújula que simboliza el mar de Choroní.

No ve imposibles en su lista. Estar rodeada de mujeres igual de emprendedoras y luchadoras la ha ayudado a establecerse metas grandes. En general, Dariana confiesa sentir gran admiración por las venezolanas, las define como trabajadoras y está orgullosa de ser una de ellas. 

La pescadora no se considera un figura de referencia en el área pero sabe que su historia puede animar a muchas niñas a seguir tras sus sueños sin que el género sea una limitante. 

Dariana eliminó la palabra «imposible» de su vocabulario hace cinco años, cuando, a pesar de las críticas, decidió subirse una lancha e ir mar adentro por lo que considera «el trabajo de su vida». Sin miedo y optimista sigue saliendo a sus faenas todos los días a las 5:00 am en aquel pueblo paradisíaco donde los estigmas y los estereotipos comienzan a derrumbarse gracias al arduo trabajo de mujeres que como ella, no conocen de límites.

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