• La pequeña Yre Rangel convive con tres afecciones que han limitado su vida: discapacidad auditiva, problemas en la cadera y deficiencias renales. La niña debe tomar al menos nueve medicamentos para mantener estable la insuficiencia en sus riñones

Estrechos pasillos con pisos de concreto y empinadas escaleras que conectan una casa con la otra conducen al sector Ruiz Pineda. Esta barriada ubicada en Guarenas, estado Miranda, esconde historias enmarcadas en la crisis sin precedentes que atraviesa el país. 

Las escaleras conducen a una casa con techo de zinc y puerta azul donde vive la familia Rangel. En el interior de la vivienda, dos muebles reposan en el espacio central, mientras un tenue vapor entra por la única ventana que ilumina la sala. Este es el hogar que ha sido testigo del sacrificio de Yre Rangel, una pequeña de 5 años de edad, a quien distintos padecimientos de salud han limitado su calidad de vida. 

Foto: Víctor Salazar

Exámenes, pruebas de sangre y chequeos médicos han marcado la vida de «Yresita» —como le dice su mamá—, quien es conocida por las colitas doradas que adornan su cabello, y que regalan alegría en los pasillos de los hospitales caraqueños que visita cada semana. Y es que la pequeña lidia con discapacidad auditiva y problemas en los riñones y la cadera. 

Yosmely Rangel, madre de Yresita, cuenta para El Diario que los problemas renales de su hija comenzaron con su nacimiento prematuro a los siete meses. Desde entonces, la niña también padeció problemas respiratorios con los que tuvo que luchar durante sus primeros meses de vida.

Al menos nueve medicamentos debe tomar la niña para mantener estable su insuficiencia renal. Pastillas rojas, azules y blancas abundan en su frugal desayuno. En el extraño caso de que la niña tenga apetito, su madre sortea los altos costos de los alimentos y todas las mañanas le prepara una pequeña arepa. Y es que la comida también es limitada para Yresita. El consumo de cambur está prohibido, por ejemplo.

Si ella llega a consumir potasio se me puede morir por la tensión”, dijo su madre mientras enseña la larga fila de envases de medicamentos que reposan en el estante de su sala.

Decenas de nombres de medicinas ahora están constantemente en su cabeza, sobre todo los que no se consiguen en Venezuela. Uno de ellos es Kayexalate, que sirve para controlar los niveles de potasio en la sangre, y que hace tiempo no se encuentra en los estantes de las farmacias. En su lugar ha recibido pequeñas dosis del fármaco gracias a donaciones.

Foto: Víctor Salazar

“Por su problema en los riñones, tengo miedo de que deba dializarla y se me quede en ese lugar por no tener una ayuda”, agregó Rangel. 

A los 2 años de edad Yresita era capaz de molestarse: cruzaba los brazos, hacía gestos con la boca, fruncía el ceño y exigía salir del hospital para ver a sus amigos. Sin embargo, su madre sabía que algo andaba mal porque no emitía ninguna palabra. No hablaba, solo hacía gestos para pedir su arepa o señalaba algún objeto que quería para jugar.

Fue en ese momento cuando Rangel llevó a su hija a un centro de otorrinolaringología donde otra condición fue diagnosticada: pérdida casi total de la audición.

“En ese momento no entendía de qué se trataba eso, ella apenas tenía 2 añitos. Siempre esperé que hablara, pero en vista de que no lo hacía, la doctora le mandó a hacer el examen que reveló que tiene 97% de pérdida de la audición”.

Actualmente Yresita tiene 5 años de edad y sigue sin contar con el implante coclear que recomendó el médico para mejorar su condición auditiva. A pesar de que la falta de audición se ha convertido en un obstáculo para su normal crecimiento, Yosmely se inscribió en clases de lenguaje de señas junto a su hija para aprender a comunicarse de la forma más adecuada.  

Un diagnóstico poco esperado

A principios de junio de este año Yresita acudió al médico para sus segundas botas ortopédicas. La doctora le realizó unas placas de rutina y al revisarlas se dio cuenta de una anomalía. Fue referida al Hospital Ortopédico Infantil para que la examinaran y el 14 de junio los doctores emitieron su diagnóstico: síndrome de Perthes, una patología que afecta el desarrollo de la articulación de la cadera en los niños. 

La dificultad de Yresita para caminar es notoria, pide ayuda a las personas que se encuentren cerca para bajar las escaleras que conectan su casa con el callejón principal, y en ocasiones se sienta en los escalones a mirar a quienes pasan por el lugar. Su mirada es conocida y querida por los vecinos de la comunidad, sus distintivos ojos se hacen querer entre los escalones de concreto. 

Foto: Víctor Salazar

De acuerdo con el portal Premium Madrid Global Health Care, centro de salud especializado en rehabilitación física, la enfermedad de Perthes consiste en la necrosis de la cabeza del fémur debido a la disminución del aporte sanguíneo a la zona femoral. Esta condición suele ocurrir en niños de entre 3 y 12 años de edad. De cada cuatro niños, uno lo puede padecer.  

“A raíz de esta enfermedad, con el tiempo la niña podría presentar restricción de movilidad, pero ni con rehabilitación podría mejorar”, dijo Yosmely Rangel. Y agregó que ha ido hasta Colombia en busca de ayuda, pero en vista de que no tiene documentos de migración, no ha obtenido respuesta de alguna organización de ese país. 

El temor más grande de Yosmely es que su hija no pueda tener una buena calidad de vida si no logra ser operada, pues progresivamente presentará más dolor en las articulaciones. La niña solo puede expresar síntomas de dolor con el lenguaje de señas, hasta el punto de que su condición le impide caminar, y por ello su mamá opta por cargarla durante largas distancias para evitar que pueda sufrir una lesión. 

La operación que necesita Yresita consiste en colocar una prótesis en la cadera para levantar la zona femoral. Esta intervención mejoraría las condiciones mecánicas y permitiría una regeneración del hueso. Sin embargo, la intervención quirúrgica tiene un costo mínimo de 18 millones de bolívares y esta cifra aumenta cada semana debido a la hiperinflación que afecta al país.

Yosmely se toca las manos mientras repite que su prioridad es la operación de su hija. Son muchos los sacrificios que hace para cuidarla. Contó que dejó su trabajo como docente para dedicarse totalmente a Yre, lo que también ha afectado su salud. A pesar de las dificultades, Yosmely confía en que podrá ayudar a su pequeña para salir adelante. “Si Yre es operada, la veo en el futuro como algo maravilloso, va a tener calidad de vida”, dijo su madre con una disimulada sonrisa en su rostro.

La preocupación diaria de Yosmely es ayudar a su hija. En ocasiones la desesperación se apodera de ella por no por brindarle todo lo necesario. Desde que Yresita fue diagnosticada con la enfermedad en sus articulaciones, su madre hace lo posible por conseguir el dinero para la operación y poder mejorar su calidad de vida. A pesar de la frustración, todos los días lucha por ella y por reunir el dinero necesario no solo para poder llevar a cabo su intervención médica, sino también para brindarle la atención que necesita.

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