• El presidente interino Juan Guaidó juró su nuevo mandato entre golpes, gas lacrimógeno y cortes de luz dentro del Parlamento. La policía trató de impedir el acceso al presidente de la Asamblea Nacional a la sede legislativa mientras Luis Parra iniciaba una sesión con el apoyo del chavismo

9:00 am. El punto de partida sería la sede del partido político Acción Democrática, ubicada en La Florida, Caracas. 100 diputados de la Asamblea Nacional (AN), incluyendo la legítima directiva conformada por Juan Guaidó, saldrían juntos en caravana rumbo a la sede del Palacio Federal Legislativo este martes 7 de enero.

La tensión era evidente: era una secreto a voces que el Parlamento iba a ser tomado nuevamente por los militares adeptos al régimen, para sesionar con la «directiva» impuesta el 5 de enero de forma ilegal. «Mañana será a muerte», «Depende de nosotros», «el martes habrá coñaza», advertían horas antes personas cercanas al presidente interino. 

Lo que parecía un rumor se consumó a las 9:40 am. A esa hora la bancada del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y otros ex dirigentes de oposición hicieron su ingreso a la AN. Acto seguido, la Guardia Nacional Bolivariana permitió el acceso de los medios de comunicación al recinto. Sin dar entrevista a los periodistas que recién ingresaban, diputados chavistas; así como los disidentes opositores, ingresaron al hemiciclo de sesiones y ocuparon los curules designados para los partidos contrarios al régimen de Maduro. Algunos firmaron acta de presencia, otros pasaron sin hacerlo. 

Solo tres diputados leales a la causa de Guaidó inicialmente estuvieron en los jardines del Palacio Legislativo. Eran William Barrientos, de Un Nuevo Tiempo (UNT); Manuela Bolívar, de Voluntad Popular (VP); y Amelia Belisario, de Primero Justicia (PJ).

Luis Parra entró al hemiciclo a las 9:50 am. Lo hizo junto a los diputados Franklin Duarte, José Noriega y Negal Morales –todos impuestos por el chavismo como “nueva directiva de la AN”-; y con al menos nueve hombres que hacían de guardaespaldas, quienes permanecieron en la entrada a la tribuna de oradores durante toda la sesión. 

Con aires de trascendalidad, saludando al aire y sonrisa dudosamente natural, Parra no miró a los parlamentarios oficialistas que esperaban ansiosos en sus curules. Él quiso ir directamente a la silla, para verla de cerca. Tardó mucho en decidir sentarse, quería esperar el momento que quizás había soñado durante mucho tiempo. El diputado y los demás parlamentarios que lo acompañaban ocuparon las sillas de la directiva. El chavismo aplaudió. 

Foto cortesía

La aparente calma de la sesión ilegítima se rompió con el ingreso de los diputados Barrientos, Bolívar y Belisario al palco de prensa, desde donde reclamaron a gritos “la traición” de los ex dirigentes opositores. Los teléfonos celulares y cámaras de los medios se posaban sobre ellos para grabar aquel momento. Se dirigieron a la esquina derecha, donde ya no estaba la pancarta de Requesens que recordaba su secuestro por funcionarios del Estado. 

“No tienen quórum​”, exclamaba Bolívar gesticulando con las manos. La fuerza del grito rasgaba su voz, que apenas lograba escucharse. Los asientos vacíos de abajo le daban la razón. Parra, al igual que la bancada del Psuv, soltó alguna que otra risa burlona.

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Barrientos subió al palco con unos papeles entre las manos:  era la lista de los 100 diputados que estuvieron presentes en la juramentación de Juan Guaidó. El papel solo duró minutos en sus manos.

Una persona que nunca se identificó como miembro del personal de la AN decidió quitar por la fuerza aquellos papeles, haciéndolos añicos. Los pedazos volaron entre los curules dispuestos para los diputados debajo del palco. 

Pasadas las 10:00 am, los tres diputados leales a Guaidó abandonaron el hemiciclo, y con ellos, buena parte de los medios de comunicación. Solo quedaron presente la fracción del Psuv y los opositores disidentes. 

Una vez leído el extenso preámbulo de la orden del día, los diputados dieron inicio a la sesión exprés sin tener el quórum​​ necesario: solo dos diputados (uno del chavismo, y otro de la “oposición”) hacían turno de palabra por cada punto del día. El primero, referido a la situación de la escasez de gasolina; el segundo, a la “búsqueda de soluciones” a los presos políticos y al “cese de la persecución”; y, por último, a los ajustes salariales. 

A esa misma hora, la caravana que trasladaba a los 100 diputados partía desde la sede de AD para recuperar el Palacio Federal. Decenas de medios de comunicación acompañaron, desde motos y carros, al vehículo donde se trasladaba Juan Guaidó junto a otros tres autobuses que transportaban al resto de los parlamentarios. 

En varias calles y avenidas las personas oían el bullicio, sin comprender lo que sucedía. Hubo quienes, con el brazo empuñando, gritaban en apoyo a Guaidó. Otros ni se inmutaron. 

Durante el recorrido, un hecho cambió el curso de la caravana. Era como un presagio de lo que estaba por aproximarse. A las 10:23 am, en la avenida Universidad, un piquete de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) bloqueó el paso de los autobuses. «¡Déjenlos pasar!», gritaron algunos de los ciudadanos desde los edificios cercanos. Luego de unos minutos en los que el presidente Guaidó conversó con los funcionarios, la PNB decidió dar paso. La primera prueba había sido superada. No sería la última. 

Entretanto, los discursos en la AN transcurrían entre un inusual silencio: algunos preferían revisar Instagram o Whatsapp, otros hacían videos para sus redes sociales y se sacaban selfies, y otros tantos simplemente parecían no molestarse por lo que dijera la bancada “contraria”. 

El imperio, las sanciones, los responsables del engaño al pueblo de Venezuela con falsas expectativas -el “presidente” Maduro o la oposición “radical”- “engañó”, La bienvenida a la “reinstitucionalización” o un nuevo modelo de país, coparon las intervenciones por 45 minutos. Mientras, las bancadas solo parecían disputarse algo: quién fingía mejor la normalidad, quién ocultaba mejor que en las afueras estaban ocurriendo cosas. Cosas graves.

Hasta el cierre de la supuesta sesión, el chavismo todavía intentaba sacar cuentas del quórum. Los dos hombres que en principio estaban en la entrada para tener data de los presentes estado por estado, repasaban con los diputados si habían firmado. 

El último en hacerlo fue Darío Vivas, quien ingresó al Parlamento minutos antes de finalizar el debate. El diputado Barrientos confirmó para El Diario que solo había 34 diputados presentes en la sesión. Alguno de ellos, suplentes que acompañaron a los principales. 

En el palco de prensa el ambiente de desconcierto no era muy diferente al del hemiciclo. Poco menos de una docena de medios se mantuvo en la sesión, incluyendo los medios de comunicación del Estado. Algunos despistados incluso preguntaban más de una vez “¿Quién es ese que está hablando?”. Casi nunca hubo respuesta. 

Sin embargo, en los curules había alguien que manejaba los hilos del debate. Francisco Torrealba decidía de quién era el turno de palabra en su bancada, de vez en cuando sacaba su moderno teléfono para hacer conexión en vivo en sus redes sociales, e inclusive fue él quien decidió cuándo terminar la sesión. A las 10:45 am, desde su curul, hizo contacto visual con Parra y le señaló, con sus dos manos al aire, que diera por terminada la sesión. Parra obedeció. 

No es la primera: el 5 de enero, cuando el chavismo asaltó el Palacio Federal Legislativo, el dirigente del Psuv ordenó al ex opositor “siéntate. Nos quedamos todos aquí. Nadie se va”. Y Parra -cómo no- se sentó.

«Afuera está full, está la guardia y no los dejan pasar”, comentó una periodista en el palco de prensa pocos minutos antes de que el chavismo se dispusiera a terminar con la sesión. 

En las afueras del Palacio, los tres vehículos con los 100 diputados se estacionaban entre los gritos de «Presidente» de algunos presentes y el asedio de civiles armados que apoyan al régimen. 

Una vez fuera de los vehículos, los parlamentarios, encabezados por Guaidó, acudieron a uno de los accesos de la AN. La GNB nuevamente los retuvo, generando un forcejeo entre ambas partes. 

La orden de los funcionarios de seguridad del Estado era empujar con los escudos a quien permaneciera en el círculo creado para esperar a los parlamentarios. Sin embargo, la orden había sido cesada, y los funcionarios de uniformes verdes siguieron amedrentando. 

Los parlamentarios recibieron golpes directos a las costillas y piernas. El diputado José Gregorio Hernández fue agredido en su pierna derecha mientras intentaba abrir la reja que le permitiera el acceso de los diputados que se encontraban en las adyacencias. No hubo mediación; fue una guerra de insultos. Los periodistas también fueron agredidos. 

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Juan Guaidó también intentaba su ingreso pero fue asfixiado con los escudos. La idea era no dejarlo entrar al Parlamento. No tuvieron éxito.

Tú no decides quien entra”, fueron las palabras de Juan Guaidó a uno de los funcionarios que no permitía el paso.

 Luego de varios minutos de forcejeo, los diputados empezaron a acceder uno a uno. Sin importar la inmunidad parlamentaria o por encontrarse dentro del Palacio Legslativo, los funcionarios continuaba agrediendo. Con sus escudos empujaban y trataron de cercar a los parlamentarios. 

Ya no había mucho para hacer: los diputados eran más, la intención pudo más que la fuerza bruta.

Los 100 retoman el Palacio

A las 10:50 am, mientras que Guaidó y los demás diputados que lo acompañaban hacían su ingreso a los jardines del Parlamento después de superar el cerco policial, Parra, con la discreción de quien se sabe acorralado, salía por otro de los accesos de la AN. 

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La huida de Parra fue, además de apresurada, accidentada. Una que vez el diputado impuesto por el chavismo como presidente del Parlamento convocó una sesión para el próximo martes 14 de enero, la bancada del Psuv abandonó, con la sonrisa de quienes cumplieron con un deber, del hemiciclo de sesiones. 

El último en hacerlo fue Parra, en compañía de sus guardaespaldas que hicieron como un muro de contención alrededor del diputado: dos al frente, dos a los costados, dos detrás, y otro para lidiar con cualquier periodista que se acercara a preguntar. 

Ante las preguntas del equipo de El Diario, el guardaespaldas retuvo a uno de los periodistas, impidiendo de forma violenta acercarse al diputado,  intentando arrebatar el teléfono celular.

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A las 11:11 am sonó la campana desde lo alto del hemiciclo. Era Juan Guaidó, que había retomado el control de las instalaciones del Palacio Federal y de la silla que lo acredita como presidente del organismo, luego de entrar a la fuerza.

Minutos antes, una avalancha de diputados y de periodistas abrieron las puertas de la AN con la prisa de recuperar algo que parecía perdido. «¡Entramos, no joda!», «Somos 100», fueron algunos de los comentarios que se escuchaban desde la tribuna de oradores, donde se posaron los parlamentarios. El momento lo selló el canto del Himno Nacional.

La euforia no la interrumpió ni el hecho de que habían cortado la electricidad. Los diputados iluminaron el recinto con las luces de sus de teléfonos. Primero Habló Henry Ramos Allup, le siguió Juan Pablo Guanipa, y culminó el presidente Guaidó, quien en un momento, de acuerdo con lo previsto en la Constitución, levantó la mano, miró de frente y dijo: “¡Lo juro!”. Fueron las palabras que lo harían renovar su cargo como presidente del Parlamento, luego que el chavismo le impidiera ingresar a la AN el pasado 5 de enero.

El objetivo ya había sido logrado: los 100 recuperaron su legitimidad, a pesar de los impedimentos. 

Foto: Prensa Guaidó

La cara de la derrota, con una mirada atónita e incrédula la puso el diputado José Brito, quien al igual que Parra está involucrado en hecho de corrupción y decidió retirar su apoyo a Guaidó.

El enfrentamiento se mantuvo hasta el mediodía. Cuando los diputados se disponían a abandonar el Congreso, miembros de un grupo de colectivos arrojaron una bomba lacrimógena en las adyacencias del Palacio, todo bajo la mirada de los funcionarios del Estado.

Horas más tarde, la AN quedó nuevamente vacía. Será el próximo martes cuando, la Casa de la leyes, vea enfrentar nuevamente la promesa de un golpe que se resiste.

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