• El fotógrafo y artista venezolano conversó con El Diario para presentar su nueva exposición, llamada “Streetnetic”, en Caracas, hablar sobre sus referentes artísticos y sobre la relación con Carlos Cruz-Diez

Las calles de la ciudad, rebosantes de basura, de maltratos y violencia puede entenderse como un lugar inhabitable.

Pero para Donaldo Barros, reconocido fotógrafo y documentalista venezolano, en los resquicios de luz y sombra que se cuelan por una ventana o en los colores que se unen en un charco, se pueden entrever muchos símbolos artísticos de compleja naturalidad.

El 3 de noviembre Donaldo inauguró en el Centro de Arte Los Galpones, específicamente en la sala Becerra Guzmán Galería, su exposición llamada “Streetnetic”. La curaduría es dirigida por Mariana Silva, reconocida participante del ámbito artístico en el país, y, en palabras de Donaldo, la ingenuidad de su mirada tomó fuerza con el discurso de Mariana.

Foto: Fabiana Rondón

Las palabras de Heráclito, filósofo griego perteneciente a los presocráticos, anteceden la exposición: “Uno no se baña dos veces en el mismo río, pues el agua ha fluido y el ser ha cambiado”.

Trasladando la máxima filosófica al cambio incesante de las calles que —aunque sean de cemento y asfalto, de materiales resistentes que luchan ante el cambio— la mirada del espectador que transita por esas mismas calles está en constante renovación.

Barros cree que la única forma de brindar trascendencia en una realidad cambiante, en un ahora que se modifica segundo a segundo, es a través del ojo preciso del artista.

Hay millones de cosas por ver, aunque creas que es lo mismo y a mí me pasa eso en la calle. No paro, para mí no hay un techo. La calle para mi es mi taller, es donde yo creo, donde yo me he desarrollado más”, exclama Donaldo sentado en el suelo de la galería.

Donaldo, en un principio, se caracteriza por su trabajo fotográfico y su seriado Historias de un vecino, en el cual retrata a individuos en su menester más puro, representando lo mínimo y lo esencial de la relación humana con el otro y consigo mismo.

La mirada de Barros centrada en los aspectos mínimos e indetectables de la ciudad, con la ayuda conceptual de Mariana, alimenta la foto y, al mismo tiempo, la diferencia para transformarla en arte. 

En uno de sus últimos viajes fue a Japón, donde pudo compartir con una sociedad caracterizada por el hermetismo y por la necesidad de encontrar la esencialidad del individuo. La obra fotográfica de Donaldo en el país asiático se enriqueció de eso, de presenciar una sociedad austera, que mantiene una filosofía esencialista y configura la mirada a lo mínimo.

“Justamente así. Minimalista, íntimo, luz y sombras. Me identifiqué mucho con Japón por eso. Hay un libro que quiero que leer que se llama Elogio a la sombra, algo así. En Japón me senté con dos personas que saben mucho de arte y me dijeron que mi trabajo estaba muy en línea con la cultura japonesa justamente por su simpleza y sorpresa”, menciona. 

Foto: Fabiana Rondón

Esa mirada específica, menciona, se caracteriza por ser una sensación, un elemento presente que no se puede enunciar, pero que guía a Donaldo para retratar lo que, en sus palabras, nadie más puede ver.

Su principio creativo, tanto en lo documental como en “Streetnetic”, es el mismo y se basa en la búsqueda perpetua de la esencialidad. 

“Yo puedo viajar a donde sea, puedo hacer las fotos que sea, pero si no las siento, no existió fotográficamente ni artísticamente para mí. Al final la esencia es lo que me mueve, es la génesis, es el amor”, expone Donaldo.

Por eso mismo, para Donaldo, la calle se transforma en un espacio de fecundidad artística.

El juego de luces que se cuelan por las alcantarillas, que chocan contra los espejos de una torre empresarial y genera un nuevo abanico cromático y, además, las sombras que oscurecen las rejas de un edificio, son elementos que están presentes en la vida caótica de la ciudad, pero que, al mismo tiempo, nadie se detiene a mirar.

Además, se trata de brindar una mirada externa a los prejuicios que tiene la ciudad. El pópulo, en sus palabras, considera la calle como un sinónimo de vagabundería y “malos pasos”, pero los referentes de Barros están en esas calles de asfalto.

Sus mejores lectura artísticas, sus amistades más cercanas y los momentos de mayor fulgor están resumidos en el transitar por la ciudad.

La calle, aunque se desestime, es un espacio de historias continuas, que cada segundo se va renovando y, como plantea Mariana Silva, lo único capaz de hacer trascender la figura de la urbe es la mirada del artista que se complementa con la luz natural que se cierne sobre los objetos y sobre las personas.

El arte, en realidad, es un instante que logra, a través de los diferentes medios, hacerse eterno. Por ejemplo, Donaldo eterniza a través del soporte fotográfico un momento de luz, en un día particular, que, además, no se repite nunca más. Porque aunque vayas a la misma alcantarilla, a la misma reja, a ese mismo edificio al día siguiente y a la misma hora ya la tierra habrá girado y todo será distinto”. Mariana Silva, curadora de arte.

Al hablar de la calle como una figura en su vida, Donaldo recuerda sus inicios al lado de Tyrone González, mejor conocido como Canserbero y considerado uno de los exponentes más representativos del rap en Latinoamérica, y Caputo que, en palabras de Barros, es uno de los mejores productores del mundo.

Foto: Fabiana Rondón

Junto a ellos, en el círculo del rap, con un grupo llamado System comenzó su camino por los callejones y, luego, con el oficio documental y fotográfico, pudo establecer una mirada específica para abordar la rutina citadina.

Ahora, el conflicto que mantiene con la ciudad, menciona, es la imposibilidad que tiene el individuo, sobre todo en Caracas, de asimilar la urbe como su lugar de identidad. Se mantiene un desdén ante los espacios públicos, ante las reglas de la ciudadanía que, poco a poco, genera una separación nociva entre la persona y su lugar de origen. 

“Por eso mismo tengo una relación de amor y odio con Caracas, porque la calle me da el elemento para crear, pero también me frustra que la gente no respeta las maravillas que te brinda la calle, porque se vuelve una guerra de velocidad. Yo soy muy problemático con eso, soy muy crítico, quiero aupar el respeto y que la gente respete todo lo que necesitamos para avanzar como sociedad”, detalla.

Foto: Fabiana Rondón

El movimiento avasallante del cinetismo

Las vanguardias artísticas, en primera instancia, significaron un quiebre en la concepción del arte con la realidad. No era necesario recurrir a la mimesis de lo que ocurría, ni a la sobriedad del neoclasicismo, movimiento del siglo XVIII, para entender la calidad de la obra de arte.

En cambio, el arte se (re)configuró y se transformó en un aspecto de problematización filosófica y conceptual, al despojarse de su talante artesanal.

El cinetismo, por su parte, nació de la conceptualización del arte en el siglo XX con la obra de grandes representantes como el artista húngaro Victor Vasarely y el pintor ruso y precursor del abstraccionismo geométrico, Vasili Kandinsky, entre otros.

Jesús Soto, nacido en Ciudad Bolívar, es uno de los representantes más importantes de cinetismo en todo el mundo y en una entrevista realizada en 1989 por el periodista español Joaquín Soler Serrano, el artista venezolano estableció el discurso que construye toda su obra y el cambio pertinente entre el hombre que mira, el espectador, y el hombre que participa.

“Esa es una de las revoluciones que aporta el arte nuevo. El espectador no va a ser solamente un co-creador sino que va a integrarse en la obra de arte mediante el movimiento y descubrir que sus sensaciones pueden multivisuales, multiperspectivas”, agregó el artista venezolano, autor de la Esfera de Caracas que se mantiene en la ciudad capital.

La obra de Soto se caracteriza, en sus palabras, por presentar la vitalidad del espacio que, en la historia del arte, se consideraba un elemento muerto y estático en el lienzo.

Soto consideró el espacio como un aspecto pleno que en el movimiento incesante, con la participación de individuo, puede generar un tercer elemento inexistente, en primera instancia, pero que se logra con la combinación de espacio, luz y sombra.

Donaldo aclara que su relación con el arte no viene antecedida por la lectura de textos de arte, ni por clases que enseñan el fragor de la pincelada, ni la filosofía de la luz y el movimiento.

De hecho, Gabo Cruz, nieto del artista venezolano Carlos Cruz-Diez, y Mariana, llamaron a la obra de Barros una “coincidencia histórica”. 

La preocupación del documentalista venezolano, al igual que grandes referentes del arte venezolano, se centra en el movimiento citadino y sus fotografías de patrones, de elementos comunes inducidos por la luz y la sombra, acelerando la mirada y revitalizando el espacio rutinario.

“Streetnetic”, según Silva, se caracteriza por extraer los elementos más comunes de la realidad y transformarlos en arte. El oficio del artista, en este caso, recae en la capacidad de demostrar que el detalle puede establecer un concepto artístico de gran magnitud.

Mariana aclara que, aunque el arte moderno se caracteriza por centrarse en el concepto que construye todos los puntos de significación de la obra, el artista necesita manejar la representación de la realidad perfectamente. 

La evolución de Donaldo, según Mariana, desde la fotografía documental hasta la conceptualización de la misma, ocurre porque la representación es lograda perfectamente por el fotógrafo.

Donaldo Barros y Mariana Silva | Foto: Fabiana Rondón

El artista, agrega, antes de romper los límites y centrar su obra en un discurso conceptual, necesita perfeccionar todos los aspectos que engloban el oficio. 

Asimismo, en un mundo globalizado que cambia continuamente, que se recrea una y otra vez, sin tener un punto de trascendencia porque las concepciones se dinamitan, el artista solo puede encontrar permanencia en la fidelidad de su mirada.

Silva, al mismo tiempo, menciona que existe una propuesta estética que mantiene la obra en el tiempo y le da legitimidad al artista. El resto, aunque tengan las mejores intenciones, se difuminan con la inmediatez. 

“Lo que hace maravilloso este trabajo y lo que hace que yo crea en él, es que aunque es un artista conceptual, Donaldo se toma la molestia de materializar de manera agradable, estética, este tipo de trabajo (…). Esto le parece agradable a quien le gusta el arte, al que entiende el concepto y al que no entiende nada también. Y, como decía Matisse, el arte debe ser agradable y debe transmitir belleza”, asevera Mariana refiriéndose a la obra de Donaldo.

Encuentro con Carlos Cruz-Diez

Los límites no existen en la mente de Donaldo, ni los topes, ni las metas. Lo único que ronda por su cabeza todos los días es la necesidad de hacer, de transformar, de visibilizar los detalles de la realidad.

Este aspecto lo llevó de la fotografía al arte y, posteriormente, al encuentro con uno de los referentes más importantes de la cultura venezolana: Carlos Cruz-Diez. 

La primera vez que tuvo cercanía con el maestro de la cromosaturación y la filosofía del color en Venezuela fue a través de una llamada realizada por Gabo Cruz. En ese momento, relata Donaldo, Gabo le dice “espera que alguien quiere hablar contigo”. Él, sorprendido, sin saber de quién se trataba, se mantuvo expectante.

Después de unos segundos escuchó la voz del maestro que le dijo: “¿Qué pasó, muchachito? Lo que estás haciendo es muy interesante”. 

Barros estaba sorprendido por los elogios del maestro en el área documental. Luego, Cruz-Diez lo invitó al taller llamado Articruz, ubicado en la Ciudad de Panamá, para trabajar de la mano y para que Donaldo hiciera la presentación de su trabajo a todos los artistas. Su primera muestra ante los ojos del maestro fue su trabajo fotográfico, realista y callejero, pero desde ese punto, comenta, Cruz-Diez pudo desentrañar un sentido de movimiento implícito en cada obra. 

Ese primer encuentro consolidó una relación amena entre Donaldo y la familia del maestro. Pero fue después de su primera exposición documental en 2015 en la galería Utopía 19, ubicada en el municipio El Hatillo, que comenzó su participación en Articruz.

Luego de la conversación con Mariana sobre la finalidad artística de su fotografía, Donaldo le mostró su obra a los familiares del maestro y ellos encontraron un punto de esencialidad. Sin embargo, asegura que tiene que continuar con su investigación para engrandecer la conceptualización del “Streetnetic”.

Foto: Fabiana Rondón

“Investigación, soporte y discurso”, en las palabras de Donaldo, son la bases del oficio artístico realizado en Articruz.

En 2017 Barros viajó a París para continuar con su trabajo investigativo y el maestro Cruz-Diez se encontraba en la capital francesa, por lo que Donaldo decidió obsequiarle una prueba de artista en acrílico que había realizado hace poco.

Donaldo recuerda que la reacción del maestro al ver la obra fue “¿Y esto es fotografía?” Esto es maravilloso”.

Esa obra se quedó en el escritorio del maestro y, para Donaldo, ese fue uno de los momentos  de mayor regocijo. 

En 2018 se transformó en el primer artista que realizaba una obra «in situ» en el taller de París, reservado solo para Cruz-Diez, según el relato de la nieta del maestro, Fabiana Cruz; a diferencia de Articruz en Panamá que tiene un amplío catálogo de artistas, de los cuales Donaldo es parte.

La aceptación del maestro, con un olfato artístico y conceptual sin precedentes, es un punto importante para continuar con la terquedad artística y con las necesidades de seguir haciendo cosas, asegura Donaldo. 

“El arte con el que crecí fue el de mi papá”

Donaldo, entre todas su obras expuestas en sala Guzmán Becerra Galerías, recuerda que una de las últimas conversaciones que tuvo con su padre, antes de su fallecimiento, fue sobre Cruz-Diez y la relación que él había construido con la familia del maestro. 

Foto: Fabiana Rondón

Su padre, en palabras de Donaldo, era un excelso escultor que mantuvo en su casa siempre una relación cercana con el arte y la sensibilidad del artista.

No era necesario que le explicara los intrincados pasos para tomar un cincel, lanzar trazos en un lienzo, ni amaestrar una mirada artística. El simple hecho de ver a su padre realizar obras, según su criterio, de inmensa calidad y con una afectación propia, fue suficiente para entrever la esencialidad de la obra.

Cree que quizás, sin saberlo, en ese momento comenzó a modificarse su mirada para terminar como un artista cinético. 

“La última vez que lo vi fue la oportunidad perfecta para que él supiese todo lo que estaba haciendo a través del arte y ahí dijo: ‘chamo, lo que haces es serio. Eres artista’. A lo mejor diciéndome ‘yo no me decidí a desarrollarme como artista y tu lo estás haciendo, estás viviendo del arte, es tu medio de vida’”.

Y en los últimos días de la vida de su padre, recuerda, fue el arte uno de los medios de comunicación que se abrió entre ambos. La serenidad de su voz al relatar este recuerdo es porque, antes de despedirse, pudo conversar con su padre sobre las preocupaciones artísticas que tenía y, al mismo tiempo, recibió el espaldarazo que necesitaba para sentir sosiego en su oficio. 

Su padre, junto a su madre, fue uno de los motores principales para lograr todas las cosas que ha hecho. Desde el rap, hasta el arte, sus padres fueron comprensivos y, entre muchas cosas, se transformaron en la primera razón para desarrollarse en distintas áreas de la cultura.

El arte, según él, es todo. Es un medio de conexión, de amor, de amistad, de humanidad ante las imprecaciones que vienen del exterior. Incluso, con aquellos que no lo quieren mucho, explica, el arte lo ayuda a conectarse y a no relajarse por el reconocimiento, por los elogios, porque la única forma de sentir tranquilidad es haciendo las cosas bien. 

Además, entre las dificultades y las simulaciones de la vida, con falta de experiencias y con la ciudad como un espacio de desidia y maldad, el arte se posiciona, en palabras de Donaldo, como “un medio brutal para hacer que unos cuantos despierten del sueño que decidieron vivir”. 


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