• En medio de la crítica situación generada por la pandemia, este método de trabajo ha experimentado un auge en Venezuela. En El Diario hablamos con tres trabajadores que se reinventaron para seguir generando ingresos pese a la crisis

En épocas de crisis hay quienes lloran, pero también quienes venden pañuelos. Ese popular lema del sector emprendedor lo cumple fielmente William Perdomo, uno de los tantos venezolanos que se ha aventurado en ofrecer servicios de delivery en medio de la cuarentena decretada por el coronavirus de Wuhan. 

William tiene 40 años de edad, la mitad de ellos manejando motos. Haciendo de este medio de transporte su sustento económico. Por ello, cuando conoció del decreto de confinamiento no dudó en brindar sus servicios a uno de los tantos comercios que ahora tienen la opción de envío a casa.

Desde hace tres meses el delivery en Venezuela ha experimentado un auge sin precedentes, originado por la situación de cuarentena. Restaurantes, tiendas de electrodomésticos, de celulares y hasta de ropa, ofrecen llevar lo que pida el cliente a la puerta de su residencia.

Se trata de una solución para seguir generando ingresos a pesar de la situación causada por el Covid-19 y que ha funcionado contra todo pronóstico en Venezuela, un país donde la crisis económica había convertido su uso en un lujo. El coronavirus lo hizo necesario. 

William trabaja para una tienda de artículos de bebés ubicada en el este de Caracas. Allí llega tres veces a la semana a las 9:00 de la mañana. Se mantiene a la espera de que comiencen a salir los pedidos que—asegura—han ido en aumento durante el confinamiento. 

El delivery con Rapping Este servicio es muy famoso en toda la región mucho antes de la llegada del Covid-19. Funciona en siete países de Latinoamérica (Venezuela no figura en la lista). A finales de 2019 ya contaban con un registro de 100.000 repartidores.

“Hay días buenos y días regulares. Todo depende de la fecha. No es igual un lunes o un viernes. Un día de quincena o uno normal. En el peor día he entregado solo cuatro paquetes, en el mejor he entregado unos 15 ”, explica Perdomo para El Diario.

En estos meses ha recorrido Caracas y zonas aledañas repartiendo los pedidos. Desafiando al coronavirus, sí, pero sin obviar los cuidados sanitarios establecidos para evitar el contagio.

Foto: Fabiana Rondón

Por ello es que antes de salir a trabajar revisa con detalle que porte lo necesario para garantizar su protección, y también la de los clientes. Lleva guantes de látex, otros de cuero, un tapabocas y por supuesto, el casco. 

Al entregar el pedido extrema sus medidas de seguridad. Mantiene una distancia prudencial con los clientes, deja la compra y va de regreso a la tienda donde completa un proceso de desinfección, el cual repite al llegar casa. 

Mi familia me dice que me cuide mucho, ellos están acostumbrados a que maneje moto como parte de mi trabajo, pero ahora con la pandemia me piden tener más cuidado (…) Yo siento temor al virus, siempre pienso en eso y trato de tomar las medidas necesarias porque sé que es una enfermedad de fácil contagio”, expresa.

El trabajo de William no solo desafía al virus, también la escasez de gasolina que se ha agudizado durante el confinamiento. Al motorizado le toca hacer largas colas en una estación de servicio cercana a su casa para poder surtir combustible. Cuando logra hacerlo lo rinde al máximo, no sabe si la próxima vez cuente con la misma suerte.

El mismo temor de quedarse sin combustible lo sentía Lodsang Castro, un estudiante universitario de 22 años de edad que se unió a la fila de los delivery por esta época de cuarentena. 

Castro trabaja desde hace poco más de un mes para un local de comida rápida ubicado en Las Mercedes. Inicialmente acordó extraer gasolina de los carros de sus padres para iniciar con el nuevo trabajo, pero la escasez de combustible empeoró. Ahora la empresa se encarga de ofrecerle la gasolina que requiere para hacer las entregas. 

Foto: Fabiana Rondón

El estudiante decidió brindar sus servicios como delivery porque sabía que con el periodo de confinamiento la demanda aumentaría. No se equivocó. 

Comenta que sus días más fuertes son los fines de semana. Ha llegado a hacer hasta 20 viajes en un día, lo que supone mayor ganancia para él y un alivio, pues el dinero lo obtiene durante un periodo en el que trabajar es más complicado para muchos venezolanos dada la orden de confinamiento. 

En su caso, el decreto significó una oportunidad para generar dinero y contribuir en casa. Aunque asegura que su labor también conlleva un riesgo: contagiarse con Covid-19. 

Tengo mucho miedo a contagiarme, he estado en la calle y he recorrido muchos lugares, así que temor siempre tengo”. expresa a El Diario.

Para combatir esos sentimientos implementa todas las medidas sanitarias. Usa guantes, tapabocas y antibacterial. Artículos que complementan su equipo de trabajo diario y con los que planea seguir circulando por las calles caraqueñas.

Foto: Fabiana Rondón

Reinventando el delivery 

A dos ruedas por las calles de Puerto Ordaz, estado Bolívar, se traslada Abraham Guzmán. Un joven de 25 años de edad que también decidió incursionar en el delivery, aunque no con una motocicleta, sino en una bicicleta. 

Guzmán es licenciado en Comunicación Social y un emprendedor innato. Se reinventa constantemente para seguir contribuyendo económicamente en su hogar. Por ello cuando decretaron la cuarentena dejó a un lado su trabajo como proveedor de corbatines y comenzó a trabajar como repartidor.

Abraham no labora para ningún comercio. Su negocio consiste en trasladar las compras que hacen las personas previamente. Ya sea alimentos, medicamentos u otros artículos. Lo hace de lunes a viernes desde las 7:00 am hasta las 12:00 pm.

Para el joven trasladarse en bicicleta no es práctica nueva. Es una herencia que le dejó su abuelo y también su método de transporte desde hace unos cinco años cuando robaron el vehículo de la familia. 

De hecho ha venido equipando la bicicleta de apoco para que el recorrido sea más cómodo. Agregó un maletero, luces y también el motor de una podadora que requiere de gasolina. Por la escasez de combustible decidió retirarla.

La idea de usar este método de transporte como emprendimiento la venía analizando desde hace unos meses y terminó decidiéndose con el decreto de confinamiento. Ahora el trabajo lo anima tanto que planea seguir ofreciendo el servicio aún cuando las personas retornen a las calles de forma regular.

Foto: Cortesía

Ser delivery con una bicicleta tiene factores adversos, no previstos en una moto. Abraham ya está acostumbrado a manejar la bici pero confiesa que para una rutina de trabajo es “agotador”. Sobre todo con el inclemente sol en Puerto Ordaz. 

Yo soy de contextura delgada, a veces debo detenerme a respirar y descansar un poco, tomo agua y espero. Hay momentos del trayecto que digo: o me detengo o me desmayo (…) No deja de ser un maratón, a veces hasta te lo piensas pero no hay de otra, a seguir y listo”, comenta el joven.

El joven no solo reta al seguir trabajando pese a la propagación del coronavirus, lo hace con una condición de salud delicada ya que es asmático. Para él contraer Covid-19 sería mucho más peligroso y está consciente de ello, por eso tiene muchas medidas sanitarias. “Yo más que nadie necesito protegerme”, agrega. 

Abraham ya piensa en las próximas áreas en las que podría incursionar. Aunque seguirá como repartidor, siempre busca expandirse. Más aún en Venezuela — donde asegura —es necesario hacerlo para poder generar más ingresos. 

Retomando el lema del inicio. El pañuelo que ofrecen hoy personas emprendedoras como William, Abraham y Lodsang, es el delivery. Más adelante podría ser otro.

Por ahora recorren las ciudades del país atendiendo la alta demanda de pedidos que produce el confinamiento. Al menos hasta que se mantenga en vigencia la cuarentena social

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