• Residenciada en Uruguay desde hace tres años, la joven egresada de la Universidad de Carabobo decidió subirse al crucero ‘Greg Mortimer’ luego de que esta embarcación pidiera asilo en tierras uruguayas y ella fuera uno de los pocos médicos que cumpliera con los requisitos para atender a los pacientes

Cuando cae la noche, la médico venezolana Nohelia Rojas se resguarda en su habitación en el crucero ‘Greg Mortimer’, un ambiente que ella describe, como una cápsula protegida por el mar que la rodea. Es un barco en cuarentena, en Uruguay, y en el que se encuentran 38 tripulantes positivos por Covid-19. Aunque el virus no conoce de barreras, la fe siempre se mantuvo inmune, y esta servía de protección ante una amenaza invisible. 

Fueron oraciones diarias. Recordó que todo el personal médico subía a una sala especial donde rezaban porque nadie perdiera la vida encerrado en las cuatro paredes de peñas dimensiones.

—¿Y si sale negativo puedo bajarme del barco?—, preguntó un paciente.

—No, estamos en cuarentena y podría ser un riesgo que se pueda contagiar—, respondió Nohelia.

Rojas diariamente caminaba hasta una sala donde se cubre de pies a cabeza con un traje impermeable amarillo. Después se cubría su cabeza con una tela que le aplaca el cabello y que junto al tapabocas N95 dejaba como único rasgo identificable sus ojos negros.

Foto: Nohelia Rojas

El desafío era grande, comentó la médico con especialidad en Nutrición. El virus avanzaba en Uruguay y la oferta de trabajar en un barco suponía un alto grado de exposición. «Siempre sentí que quería apoyar durante esta pandemia. Cuando yo decido montarme en este barco es porque considero que iba a ser una experiencia única. Acepté porque quería aportar algo muy importante en cuanto al ámbito laboral y como médico quería salvar vidas”, aseguró Rojas para El Diario. 

La médico egresada de la Universidad de Carabobo fue una de las pocas calificadas para brindar apoyo al ‘Greg Mortimer’ el crucero que partió de Ushuaia, Argentina, y que había llegado a Uruguay en busca de ayuda. Para ese entonces, varios pasajeros presentaban síntomas de la enfermedad. 

Foto: Nohelia Rojas

Rojas llegó al puerto y se le informó que una lancha la llevaría hasta el barco que se encontraba anclado a 20 kilómetros de la costa uruguaya como parte de la cuarentena, por lo que la médico fue trasladada en otra embarcación y después tendría que saltar al ‘Greg Mortimer’.

Relató que diariamente el personal sanitario subía a una sala que fue transformada que simulaba ser un consultorio. Rojas era una de las primeras en llegar. Seguidamente, realizaba una oración grupal por la salud de cada uno de los pacientes que se encontraban a bordo. 

Lista para empezar su turno, que arrancaba justo después del desayuno, los médicos se vestían y sacaban su equipo de trabajo: guantes azules de plástico, una mascarilla, la botella de desinfectante y un termómetro digital. Ella se recuerda como ‘una astronauta’ que debía socavar sus miedos y dirigirse a los camarotes aislados, donde se encontraban los pacientes positivos por Covid-19.

“Debíamos chequear primero a los negativos y luego a los pacientes positivos. Nos acercábamos a las camarotes para medir la temperatura, la frecuencia cardiaca, las constantes vitales, además de evaluar el oxígeno. Muchas veces consultábamos sobre los síntomas que tenían los pacientes, si habían podido superarlos o se habían vuelto más recurrentes. Posteriormente, correspondían los informes médicos que teníamos que hacer para las autoridades sanitarias de Uruguay”, explicó Rojas. 

El proceso de atención, detalló Rojas, comenzaba monitoreando los signos vitales y registró los datos del paciente. Posteriormente, se encontraba el al área de triage, en la que se le preguntaba sus antecedentes: si padece de hipertensión o diabetes. Luego se le cuestionaba sobre el padecimiento: cómo fue que empezó y con qué síntomas.

¿Qué es el triage?

El triage es un sistema que selecciona y clasifica a los pacientes dependiendo de la urgencia con la que tienen que ser atendidos. También funciona como método de control de la propagación del virus, separando a aquellos que necesitan atención pero que pueden esperar, de los que no representan mayor riesgo y deben permanecer en los camerinos específicos para evitar contagiarse.

En los último días el funcionamiento de trabajo fue el siguiente: un paciente: tuvo tenido fiebre, tos y dolor de cabeza, acompañado de falta de aire, entre otros síntomas, se le evaluaba la saturación de oxígeno. Además, la doctora comenta que el protocolo diario dentro del crucero establecía que la temperatura de las personas debía ser evaluada al menos dos veces al día.

Foto: Nohelia Rojas

Para la médico oriunda de Maracay, estado Aragua, poder brindar una asistencia a pacientes que lo necesitaban con urgencia es una experiencia que la marcará para toda la vida. Relató que justo después de que desembarcó del ‘Greg Mortimer’ se detuvo durante algunos minutos para mirar la nave que la acogió durante semanas. Era un reto que sabía que podía cumplir, y por ello Rojas dice que no pudo contener las lágrimas de emoción al llegar al hotel donde se encuentra alojada tras dejar la embarcación. 

“Yo quiero darle un mensaje especial a los médicos venezolanos que estamos regados por todo el mundo, para mí es un orgullo saber que tengo colegas muy preparados y que tenemos toda la valentía para afrontar cualquier reto. Este barco me recordó porqué decidí estudiar medicina”, dijo. 

Yo quiero darle un mensaje especial a los médicos venezolanos que estamos regados por todo el mundo, para mí es un orgullo saber que tengo colegas muy preparados y que tenemos toda la valentía para afrontar cualquier reto. Este barco me recordó porqué decidí estudiar medicina”, dijo.

Rojas no dudó ni un momento en aceptar la oportunidad que suponía que estuviera expuesta a contagiarse de Covid-19, aún estando lejos de su familia. «Uruguay me abrió las puertas», dice con orgullo. Ella recuerda con un orgullo su promoción de la universidad, marcas que, dice, lleva presente en sus manos en el momento de atender a un paciente. Desde que emigró a Montevideo ha convertido cada experiencia en el conocimiento que ha adquirido hasta ahora. Sueña con una maestría en diabetes, pero nunca imaginó que en su camino sería catalogada como una superheroína del país que la recibió y que labra su camino en silencio.

Foto: Nohelia Rojas
Noticias relacionadas