Cuando comenzó el boom de las redes sociales todos nos sorprendimos, nos parecía algo que iba a marcar la época y de cierta manera así fue. El mundo cambió para siempre, celebramos el acceso a la información y la globalización de contenido como si no hubiera mañana, pero el mañana que conocemos como presente nos dio un golpe de realidad mostrándonos cómo es realmente el ser humano. 

En el año 2000 ya Internet era reconocido en gran parte del mundo como una herramienta para facilitarnos la vida, ya existían mensajerías instantáneas que funcionaban desde Buenos Aires hasta Dublín, en ese momento era lo más “top”. Años más tarde llegaron los gigantes de las redes para conectarnos más. Los “culpables” de la globalización y las redes como las conocemos hoy en día, Myspace y posteriormente Facebook. 

Sí, Internet permitió compras en línea, bancos virtuales, entretenimiento en streaming, pero el mayor cambio fue vivir nuestra vida en una plataforma. La utilidad de Facebook, por ejemplo, fue y sigue siendo inmensa, el medio en el que las personas hacen amigos, montan fotos, dejan sus “likes” y poco a poco se hizo natural decir en la calle “agrégame en Facebook”. 

Pero las redes no solo se quedaron ahí, Facebook es un sitio si se puede decir familiar, uno de esas plataformas “light”, pero el humano desde su creación está dispuesto al debate y ahí es donde entra Twitter, la famosa plataforma que nos permite informarnos sobre lo que está pasando en todo el mundo y abría un debate sano, en sus inicios, entre cualquier usuario que podías seguir. La llegada de Instagram fue la última, en esta las personas comenzaban a mostrar su imagen dejando a un lado su conocimiento, poco a poco el ego ganaría la batalla. 

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Yo sé que existen más plataformas, pero quiero centrarme en estas tres para preguntarme: ¿Qué nos pasó? Llegamos a un punto de “perfección” en ante la tecnología, muchas de las cosas impensadas las podíamos hacer con tan solo un click, pero lamentablemente lo que llevamos dentro como personas nos ganó y no pudimos mantener un espacio libre de toxicidad. 

Últimamente, quizás por la pandemia, las personas en las redes sociales tienen un nivel de sensibilidad muy grande, pero no quiero solo culpar al coronavirus por la situación, ya tenemos más de 2 años batallando contra “trolls” que están poco a poco arruinando las nuestras plataformas favoritas. 

Tener Twitter ahora es sinónimo de ver por lo menos una pelea virtual al día, discusiones que en nada se parecen a los debates del pasado que llegaban a una reflexión, ahora son ataques sin sentido, únicamente porque otra persona no piensa como tú. Es casi imposible no llegar a alguno de esos enfrentamientos, la plataforma no ha ayudado tampoco a personas como yo que siguen a la menor cantidad de personas para no agotarse mentalmente, con tan solo un “like” de algún usuario que sigas la información que no querías, aparece mágicamente en tu timeline. 

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Instagram tampoco se queda atrás, en el texto dije que el ego está matando a la red, pero qué me dicen de la soberbia y la envidia, la plataforma está plagada de este tipo de usuarios. No puedes ver la foto de un amigo de viaje porque enseguida te aparece una publicación tóxica, de esas que no entiendes si es para llamar la atención o si la persona está hablando en serio, claro aquí también se cumplen dos cosas: el punto de la persona del post es “la verdad” y la batalla campal en los comentarios. 

Entonces pensaríamos que las personas que caen en el juego de la toxicidad en redes sociales son aquellas de a pie, por así decir, gente común, y que los famosos no entran en la lista, pero estaríamos muy equivocados. Aquellos “influencers” o como a mi me gusta llamarlos “personas con 10.000 seguidores que rompen la cuarta pared en sus historias” son lo primeros que buscan la polémica. 

En días recientes el cantante Nacho le respondió de mala manera, por no decir “atacó”, a uno de sus seguidores en Instagram solamente por corregirlo, porque el artista, según muchas personas, estaba “faltando a la verdad”. ¿No era más fácil agradecer por la corrección? Al parecer no, cuesta mucho cambiar la opinión de una persona que se siente “endiosada” y con el aval de crear un conflicto en su propia publicación. 

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Twitter no se quedó atrás y aunque es difícil mencionar alguna polémica (porque hay miles) creo que la que más resaltó fue la de comediantes versus la comunidad LGBT+. Viendo ese “espectáculo” pensé: “¿No es más fácil que concentren esa energía en debatir por los derechos de la comunidad en vez de una pelea sin sentido, haciendo lo mismo que denuncian?”, pero no, la vida en las redes no se analiza, por eso no es tan fácil. 

Algo que también cansa en las redes es que, sin exagerar, más de la mitad de usuarios son bots, si no me creen revisen las tendencias del país o si ven un nombre muy común con un avatar de beisbol o la bandera de Venezuela esa cuenta está únicamente para crear conflicto. Este engaño es muy común en Twitter, los llaman “proyectos” y solo tratan de hundir una idea o persona con la confrontación.

¿Estamos tan mal como sociedad que la herramienta de las redes la estamos destruyendo? La respuesta es un claro sí, agarramos esta oportunidad para avanzar mundialmente y la tiramos al pozo de la bajeza humana, mostramos lo que somos en realidad en nuestras vida diaria y cómo no hacerlo. Las redes reflejan el colapso al que nos han llevado los gobiernos del mundo día tras día. 

Es muy importante diferenciar entre libertad y libertinaje, lo sé son conceptos que te explican en el colegio y muchos dirán que están anticuados pero no hay mejor tema para desarrollarlos que este. Que tengas la libertad de tener una plataforma para informarte, opinar o divertirte no te da el derecho de con tus palabras atacar o pensar que tu opinión es la única. El término libertad de expresión en redes sociales nos hizo mucho daño, principalmente porque las personas lo usan como escudo cuando se propasan, eso esta mal. 

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Lo bueno es que las mismas plataformas se están dando cuenta que las personas las están utilizando mal y están tomando medidas que yo aplaudo. Instagram ha reforzado su privacidad y la noticia de quitar los “likes” puede ser la mejor para tirar abajo el impacto del contenido basura o comprado, mientras que Twitter anunció que puedes elegir quiénes responden tus tuits, ojalá esto haga que bajen las peleas que destruyen nuestra paz mental. 

¿Podemos salvar las redes sociales antes de que sean un nido infinito de toxicidad? Claramente sí, en mi experiencia en este mundo virtual y trabajando específicamente en las redes mencionadas voy a traer el dicho “el cliente siempre tiene el poder”. En esta ocasión el cliente es el usuario y tenemos la manera de parar este problema consumiendo contenido de calidad, queda en nosotros saber cuál información difundir o cuál creador de contenido es auténtico y no apoya la toxicidad. Es nuestra obligación cuidarnos física y mentalmente, nadie más lo hará por ti. 

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