• La directora de orquesta y el vocalista de Desorden Público conversaron con El Diario sobre el inicio de este ritmo “desordenado”. Ambos, desde sus hogares, creen que el arte es un bastión para dar sosiego y esperanza en los momentos difíciles 

La historia de “Simón Guacamayo”, uno de los temas más reconocidos de Horacio Blanco, se remonta a los años ochenta en la Universidad Central de Venezuela. Él estudiaba Comunicación Social y en una práctica de escritura creativa, en la cual las ideas parecían faltar ante la voracidad de la hoja en blanco, vio por la ventana a tres guamacayas que volaban entre los edificios del recinto para anidar en las ramas del Jardín Botánico. Ese relato corto, inesperado en el momento, encontró transcendencia en la voz de Horacio para Desorden Público. Ahora, muchos años después, nuestro caminao’ se sigue pareciendo al tumbao’ de Simón Guacamayo. 

La batuta de Elisa Vegas y el sonido de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho se encargarán de regresar ese tumbao’, rasgado en la voz de Horacio, para lograr el “sonido de la cuarentena”. El vocalista de Desorden Público establece que la canción es un signo constante de la experiencia latinoamericana, de aquel imaginario que está presente en la mente de todos los habitantes y permite una conexión con la naturaleza y la historia. “La canción se elige para ser grabada con la Orquesta por ese mensaje tan positivo”, agrega. 

La amistad de Horacio con Elisa Vegas y la Orquesta Sinfónica inicia, según el relato de ambos, en exclusiva para El Diario, hace más de quince años en un evento conocido como la “Canción de Caracas”. Se narraba a través de la música la historia de la ciudad, desde la conocida capital de los techos rojos hasta la vitrina democrática y cultural del continente. Todas las épocas, con sus ritmos, se trataban de emular para la posteridad.

Luego de ese evento ambos pensaron en reunirse y realizar una “sinfonía desordenada” pero, según Horacio, los vaivenes del país y los cambios sucesivos fueron alargando el evento hasta 2020. Todo estaba listo y había la disposición, comenta Elisa, de realizar un concierto con un propósito primordial: dar a conocer lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. Pero apareció la pandemia del Covid-19 para derruir esos primeros planes y obligar al equipo a reprogramarse. 

Para darle continuidad al proyecto decidimos hacer algo en confinamiento. Hicimos desde la casa una versión de ‘Simón Guacamayo’ y nos impresionó el resultado. La norma es que nadie tenga un espacio acústico diseñado para grabar ni grandes condiciones, que sea casero”, comenta Horacio.

Para Elisa Vegas este proyecto produce un sonido diferente, entre la pulcritud del estudio y la vitalidad del hogar, de los sonidos de la ciudad que se pueden mezclar con el instrumento, de aquel cantar de las guacharacas que pueden aparecer a la par de un contrabajo. Esto permite, de alguna manera, que el sonido de La Orquesta en Casa sea diferente, sea único y, ante todo, sea una muestra de ímpetu de mejorar a través de la cultura. 

“Yo escucho mi producto final y no puedo creer que no esté grabado en un estudio. Yo creo que tiene que ver que estos proyectos va con mucha dedicación, con un excelente ingeniero de sonido y un grupo creativo maravilloso. Esto no es un detallito, es una orquesta que está grabando desde su casa. Esto suena casero, pero suena bien. Es el sonido de la cuarentena”, agrega Elisa.

Para ella es una forma de establecer a la cultura y al arte como detonantes en el cambio social. Las reuniones se realizan por Zoom, divididas entre docenas de cuadros, uno con el rostro de cada participante de la Orquesta. El sonido comienza con la batuta de Elisa y se mantiene impoluto durante todo el recorrido por Instagram, con el canto, los ritmos dispares que encuentran familiaridad en la edición, para darle al público un ápice de esperanza y alegría. 

Foto: Ana Díaz

La Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho mantiene como estatuto la importancia del público para lograr la sinergia necesaria. La música, como todas las artes, es una expresión de la vida humana y necesita, por ende, del contacto constante, de la escucha, del disfrute y de todo aquello que solo puede brindar la relación física entre la orquesta y su público. Ante todo esto la cuarentena podría resultar como un obstáculo, pero la orquesta se levantó ante las adversidades para innovar. 

Esto lo hemos visto cómo la oportunidad de ofrecer algo que se enfrente a las circunstancias, para sacar lo mejor de nosotros mismos. Nos dimos cuenta que el producto que estábamos ofreciendo a nivel musical era muy digno. Es un mixto porque, aunque no todos tienen los materiales en su casa para lograr un buen sonido, hay un equipo de edición que lo logra”, comenta.

Para Horacio Blanco, con un verbo poderoso que lo reconocemos en la historia del rock nacional, este proyecto llamado “Sinfonía Desordenada” es un signo de fiesta, alegría y esperanza en un momento de incertidumbre. “Y más allá de la canción per se y lo que transmite. También hay un metarelato, esto de: ‘mira, pana, este momento nos exige’. En el caso de los músicos es una extraordinaria oportunidad para continuar haciendo nuestro arte”, agrega.

Elisa Vegas. Foto: Fabiana Rondón

Desde hace mucho tiempo, como vocalista de Desorden Público, Horacio encontró en las sensibilidades colectivas la génesis de su canto. En la rabia, en la alegría, en el humor negro, en las ganas de mejorar la cotidianidad que muchas veces se oscurece entre las falencias y la crisis. En este caso, comenta que “el mensaje ahora es: a pesar de lo difícil que pinta la situación, seguir pa’ lante”.

Orquesta en Casa: la digitalización de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho 

La primera semana de cuarentena comenzó el 16 de marzo. El confinamiento es un golpe en la rutina de una orquesta. No hay conciertos, no hay eventos, no hay grabaciones, no hay ninguna forma de conectar nuevamente con el público, pero esto no detuvo a Elisa y al equipo. Una semana después se reunieron por Zoom y dijeron: “vamos a probar cómo son los ensayos digitales”. Todos estaban emocionados por continuar con el oficio de vida, pero, sorpresivamente, comenta que “todo fue un desastre”.

 

La plataforma de comunicación escoge los sonidos, decide quién tiene la voz y quién no, para frenar la simultaneidad de audios. Era un golpe bajo e inesperado. Lógicamente los cuarenta integrantes de la banda no podían tocar juntos y, según Elisa, todos se miraron a través de las cámaras y dijeron: “Dios mio, estamos en un problema enorme”. La simultaneidad y sincronía de cada instrumento es lo que permite la conformación del sonido y, ante este obstáculo, los integrantes decidieron tocar por separado y luego unir cada ritmo a través de la edición. 

“Todo ha sido un aprendizaje porque ninguno imaginó que estaríamos separados por tanto tiempo, sobre todo en el área de la música, porque normalmente exige un contacto humano. Escuchar la música y como suenan las ondas sonoras en vivo no es lo mismo que en un aparato. Imagínate una Orquesta Sinfónica. Esto ha sido ensayo y error, ensayo y error”, agrega.

Asimismo, las adversidades se acrecientan en el contexto venezolano. El Internet puede llegar a fallar, los cortes inesperados de luz detienen un ensayo y la falta de agua produce un estrés constante. La crisis existe, está ahí afuera, pero para Elisa es imperante que los músicos enfrenten los obstáculos con optimismo para transmitir, desde las artes, esperanza a una población subyugada. “Algo que me da mucho orgullo es: los venezolanos cuando estamos en modo optimista tenemos una capacidad creativa que va más allá de cualquier cosa”, agrega. 

Foto: Ana Díaz

Con la llegada de Crack Estudio los errores cometidos en las primeras reuniones se fueron soslayando y “el sonido de la cuarentena”, como ella lo denomina, empezó a tomar forma con la guía estrátegica de este equipo. “De repente yo tengo las herramientas musicales y ellos nos dicen: ‘si hacemos esto así creo que va a dar mejor resultado’. Es algo multidisciplinario. La música se une a las artes visuales. Después de dos meses ya podemos decir que tenemos un manual de procedimientos de cómo se hacen las cosas”. 

Los días seguían pasando y las noticias, tanto de la pandemia como del día a día nacional, se tornaban sombrías, pero el espiritu musical de cada uno de los integrantes se mantenía impoluto. Desde sus hogares, con el instrumento y la voz en vilo, tocaban para cientos de personas, en todos los rincones del mundo. La Orquesta en Casa retumba en los celulares, en las computadores y, sobre todo, en los corazones de sus oyentes.

Para Elisa Vegas, aunque en este momento lo vemos como un medio insuficiente, lo digital llegó para quedarse. Cuando el temblor pase, la pandemia se disminuya y las calles vuelvan a albergar la vida, se utilizarán las herramientas digitales para llegar a más personas y agilizar trámites. “Cuando salgamos de la cuarentena el mundo se presenta mixto. Vamos a estar, de cierta forma, separados y nuestra idea es seguir utilizando las plataformas digitales”. 

Al finalizar la cuarentena continuarán con la Sinfonía Desordenada, con proyectos más largos, no solo piezas únicas como la colaboración con el duo venezolano San Luis, para llevar un concepto musical que revitalice la esperanza. El tumbao’ de Simón Guacamayo no será el único, pero, por ahora, es el caminao’ que “va gritando colores/ curando dolores/ sonriendo y peleando desde hace tantos años”.

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