• Andrea Cumarin vio en uno de sus platos preferidos un emprendimiento para seguir generando ingresos pese a la pandemia por covid-19. Ahora lleva un poco de sabor venezolano a Perú 

El 27 de octubre de 2017 fue una fecha que quedó grabada en la memoria de Andrea Cumarin, una migrante venezolana a quien le tocó huir del país  debido a la difícil situación económica que vivía en ese momento. Actualmente vive en Huaraz, al norte de Perú, gracias a una amiga que logró pagarle el pasaje.

Cumarin trabaja para una empresa que se dedica a coordinar viajes nacionales por carretera. Ella es la encargada de vender los pasajes y de manejar las redes sociales de la compañía, pero con la llegada del covid-19 la actividad turística disminuyó drásticamente en el país suramericano, lo que afectó de manera directa su empleo.

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La llegada de la pandemia hizo que su estadía en casa fuera de tiempo completo. Sus rutinas cambiaron. Tenía más tiempo para ella y para cocinar buenos platos, cosas que en un su vida cotidiana solía dejar de un lado para atender otras prioridades.

“Un día cocinando pasticho, que además me quedan súper sabrosos, le dije a mi novio, ‘¿por qué no vendemos pastichos?, creo que nos puede ir muy bien’. Así comenzó esta iniciativa, de una tarde cocinando en casa”, comenta Andrea en entrevista para El Diario.

Cumarin relata que nunca se imaginó preparar pastichos para la venta, sin embargo, tiene una anécdota con su papá. Él estuvo un tiempo desempleado y le costó conseguir un nuevo empleo, esto lo llevó a preparar y vender pastichos.

Andrea recuerda que los vendía por las calles de Petare, municipio Sucre del estado Miranda, y mientras caminaba gritaba “Pastichos, pastichos”. 

Ahora ve como cosas del destino que sea ella a quien le tocó hacer esto que su padre le enseñó cuando estaba pequeña. “Solo me falta gritar para ser tan buena como él”, dice entre risas.

Aseguró que cocinar es algo que le encanta hacer y aunque no ve la preparación de sus pastichos como un trabajo, esta actividad se convirtió en su principal fuente de ingresos para pagar los gastos en el hogar.

“La necesidad saca ideas ingeniosas y que se adaptan a cada situación”, agrega.

En el mercado peruano el pasticho no está posicionado como un plato gastronómico venezolano reconocido, pues para muchas personas es lasaña. En lugar de marinara, se utiliza una salsa bechamel y se le agrega jamón y queso mozzarella.

Andrea comenta que su idea es tratar de darle un poco de sabor venezolano a Huaraz.

Los pedidos por ahora solo los realiza los fines de semana, ya que considera que durante esos días los ingresos son mejores. Las entregas las hace un repartidor de delivery pero si son a lugares cercanos, ella misma lleva los pedidos caminando.

Asegura que tiene clientes que le envían mensajes muy halagadores sobre su pasticho, gestos que la llenan de orgullo y de ganas de seguir regalando un poco de ese sabor venezolano que le coloca a su preparación.

Como siempre digo: yo cocino como si lo estuviera haciendo para mi mamá o para mis hermanos lo hago de corazón y gracias a Dios esta iniciativa ya está tomando forma”, expresó.

A pesar de los años que Andrea tiene en Perú no puede evitar el dolor que siente por la situación en Venezuela. Comenta que estando en el país luchó tanto por sus ideales, pero solo su lucha no era suficiente, “Tenía que luchar todo un país, porque es todo el país está mal”. 

Pese a esto, asegura que siempre trata de dejar a Venezuela en alto y de representar lo mejor que puede la idiosincrasia del venezolano que a ella tanto la caracteriza. Así lo hace ahora a través de la venta de pastichos que prepara en medio de la pandemia.

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