• Los actores venezolanos Gabriel Agüero, Samantha Castillo y Patricia Pacheco desarrollaron una serie de talleres llamados “5 días para imaginar”, en los que impulsan a los niños a desarrollar su creatividad sin salir de casa 

A los 12 años de edad Gabriel Agüero tuvo su primer acercamiento con el arte en clases de teatro, una oportunidad que siempre ha agradecido y recuerda con especial cariño. El actor venezolano es un fiel creyente de que el músculo de la creatividad debe ejercitarse a temprana edad. Por eso, se unió a Samantha Castillo y a Patricia Pacheco para desarrollar un plan vacacional con ese objetivo. 

Impulsar la imaginación a temprana edad siempre va a ser positivo. En mi caso yo me dediqué al teatro, pero conozco a muchos amigos que trabajan en otras áreas y sienten mucha gratitud porque desde pequeños les dieron la oportunidad de conocer el arte. Es algo mágico”, dijo Agüero en exclusiva para El Diario.

Desde marzo de 2020, la idea de dictar talleres de teatro para niños rondaba las mentes de Agüero y Castillo, quienes pensaban realizar montajes inspirados cuentos infantiles que fueran sencillos y cortos para los más pequeños de la casa. 

Cuando la hija de Samantha Castillo cumplió años, ambos actores decidieron hacer el primer montaje como una suerte de experimento. Ese día representaron El monstruo de colores y resultó ser un éxito. Después de eso se unió a su equipo a Patricia Pacheco y así nació “5 días para imaginar”. 

“Este taller práctico surgió con la idea se asomarse a un montaje a través de la plataforma Zoom. Comienza un lunes y termina un viernes. Los primeros días hacemos ejercicios, luego enviamos el texto, lo adaptamos a teatro y por último ellos hacen el montaje, nosotros los ayudamos, pero ellos son los que presentan el cuento”, explicó. 

El monstruo de colores y Sapo es sapo

En el primer taller, que se materializó en mayo de 2020, los niños representaron El monstruo de colores, el cuento con el que comenzó toda la aventura de “5 días para imaginar”. 

“Es un cuento universalmente conocido y nos entusiasmaba la idea de representar los colores del monstruo, que cambia según sus emociones, a través de la imaginación. La idea no era ver el monstruo en la pantalla ni en un dibujo, sino que lo recreen a través de sus referentes con lo que tienen en casa”, contó Agüero.

“También nos hemos conectado con familiares y amigos de los niños que no pueden verse por la pandemia o porque están a miles de kilómetros de distancia y se podría decir que de alguna manera intentamos unir más a esas personas”, añadió

Pero no todo es siempre color de rosa. En otro taller los participantes habían preparado un montaje del cuento Sapo es sapo, pero el dia de la presentación el protagonista de la historia no lograba conectarse por Zoom desde el celular ni la computadora. 

Aunque los instructores intentaron mantener la calma, los noveles actores no podían ocultar su miedo, especialmente porque sus familias habían esperado ese día para verlos actuar. “Yo estaba considerando la posibilidad de suspender y reprogramar la obra para el día siguiente”, agregó Agüero.  

Mientras los niños realizaban el último ensayo previo a la presentación, el protagonista logró conectarse, los nervios se calmaron y la obra no fue cancelada. 

Creo que los problemas de conexión siempre serán una realidad en este tipo de actividades. Todo el tiempo estamos tensos porque no sabemos si vamos a lograrlo porque la conectividad, especialmente en Venezuela, a veces nos juega en contra”, confesó.

Un universo de oportunidades 

Gabriel Agüero considera que  la pandemia por covid-19 y el confinamiento ha despertado en los padres la necesidad de ofrecer a sus hijos nuevas experiencia de aprendizaje y recreación, por lo que insiste en la importancia de incluir el arte en ese universo de oportunidades. 

El cocreador de “5 días para imaginar” aseguró que desde que imparte los talleres recibe comentarios positivos de parte de los familiares. “Una tía de un alumno nos escribe constantemente y nos dice que está empleando el vocabulario que aprendió en clases o que incluye lo aprendido en sus proyectos del colegio o personales”. 

Dependiendo de la convocatoria que logren a través de redes sociales, los talleres se realizan semanalmente con grupos de cinco o seis niños de 7 a 12 años de edad. 

“Antes habíamos hecho clases con niños más pequeños, pero la atención es distinta. A los 6 o 7 años ya los niños pueden tener una conciencia distinta de lo que hacen y después de los 12 años ya pierden el interés por una dinámica de este tipo y por eso decidimos cerrar así el rango de edades”, detalló Agüero. 

La pandemia por covid-19 le dio a Agüero la posibilidad de ofrecerle a niños de todas partes del mundo ese sentimiento que experimentó hace 21 años en clases de teatro. En medio de una crisis que ha trastocado la cotidianidad de los más pequeños de la casa, este grupo de artistas dan lo mejor de sí para brindarles cada semana “5 días para imaginar”. 

Este artículo de El Diario fue editado por: Yazmely Labrador |Génesis Herrera |José Gregorio Silva.

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