• El equipo de El Diario conversó con el ilustrador venezolano para conocer el avance de su academia y su historia en el ramo de la caricatura y muralismo.

En la infancia el dibujo se convierte en un medio de expresión pura. Por ese medio, el niño que todavía aprende los intrincados caminos del lenguaje, encuentra un espacio de comunicación y expresión orgánica. Sin callejones ni ataduras, solo con la libertad del trazo libre y el color. Óscar Olivares, dibujante e ilustrador venezolano, tuvo la primera afectación emocional con el dibujo al ver la expresión de gozo y sosiego de sus padres, abuelos y tíos cuando, en la rapidez del día a día, se detenían a ver sus dibujos. “Yo sentía que el dibujo era un medio para hacer felices a mis seres queridos”. 

Ahora, 23 años después, la carrera ilustrativa de Óscar se ha ganado, poco a poco, un lugar en el espectro de la ilustración venezolana. Desde sus primeros reconocimientos con el dibujo de las hinchadas populares del fútbol nacional que, al no tener a nadie que retratara las expresiones de la pasión desbordada, tomaron visibilidad a través del dibujo de Óscar, hasta sus ilustraciones expuestos en grandes galerías del mundo. Un camino que se construye con la potencia del trazo y una idea, que él recalca, donde el color es un medio para la felicidad.

Todo inició con esos pequeños trazos de su infancia que, para la sorpresa de sus familiares, fueron notados por algunos profesores de su colegio. “En el preescolar le mencionaron a mi mamá que veían en mí muchas facultades”. Desde ese momento, su madre tomó la decisión de inscribirlo en clases de dibujo, pero extrañamente el mundo esquemático de las clases resultaron tediosas. Ese trazo libre y lúdico de la niñez, para él, se veía obstruido por las enseñanzas de un canon específico. Por eso, junto con su madre, tomó la decisión de abandonar esa clase.

Fuente: Óscar Olivares

El indicio de su cualidad técnica en el dibujo nace de una emoción primaria y, por eso, a los 14 años encontró en el fútbol nacional venezolano un lugar para extrapolar su pasión. Enarbolada en banderas, cánticos entonados bajo la voz de cientos de espectadores, fuegos artificiales y transformarla en un trazo continuo de algarabía. 

El fútbol es lo primero que me hace sentir identificado con Venezuela. Por otro lado, me despierta una pasión gigantesca por el Caracas FC y por La Vinotinto. Necesitaba encontrar una forma para expresar ese sentimiento y la única que conocía era el dibujo”, agrega.

El fútbol es un espacio que se maneja con una serie de códigos identitarios. El color y la camiseta; el trapo y los bombos que retumban las gradas del estadio; todo aquella parafernalia, transformada en un cántico común, es una pasión que se expresa de distintas formas. Para Óscar fue a través del dibujo. En ese momento, comenta, nunca imaginó la repercusión que tendría, pero luego, al ver los comentarios obtenidos por Twitter, encontró una forma de ilustrar un estilo de vida escondido tras la bruma de distintas identidades. 

Empiezo a dibujar lo que yo veía en la cancha, lo que sucedía en el estadio, a la gente. Cuando lo publicó en Twitter se viralizó entre los fanáticos porque ellos se veían en los dibujos. Es ahí cuando entendí que a través del arte no solo expresaba mi pasión, ni sentimiento, sino que reflejaba la pasión del otro a través de mis dibujos”, dice para El Diario.

En ese instante, tan efímero pero tan importante, el oficio de Óscar como dibujante comenzaba a tocar la sensibilidad de distintas personas. Él mismo, recordando sus momentos amateurs, comenta que eran dibujos con muchas fallas, pero cargados de una pasión característica que nadie más, en el reducido mundo del fútbol venezolano, había dibujado. Su paso por las gradas del Estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela (UCV), junto a cientos de fanáticos, lo hizo descubrir un factor identitario, anclado en los símbolos de lo venezolano y, también, le demostró la afectación del espectador al verse retratado. Es uno en todos; son todos en uno. 

Le quedan muchos recuerdos especiales de ese momento en su vida. Primero, las respuestas de las personas que se veían retratadas en un momento de fulgor, junto a sus amigos o familiares. Segundo, la relación que mantuvo con muchos jugadores -en algún momento ídolos- lo reconocían en el rebullicio de un estadio. Era el “menor caricatura” que se paseaba por las gradas, detenido en los vomitorios, en busca de nuevos detalles que retratar. 

Foto: Óscar Olivares

Sus primeros referentes en el dibujo, comenta, son aquellos que han dejado una marca, primero, en la página de los periódicos y revistas y, segundo, en el mundo de las redes ante la falta de papel en un país que agoniza sin tinta a la intemperie. Rayma, Edo, Pinilla, entre otros. “Incluso, los contacté por las redes sociales cuando era todavía un niño y tuve una respuesta sumamente positiva: aconsejándome, brindándome apoyo y, sobre todo, alentándome a seguir. Todavía guardo esos tuits con mucho cariño”. 

Su técnica creció por la enseñanza autodidacta y los consejos de su tío Ramón Centeno, pero, al graduarse de bachillerato y tener que elegir sobre su siguiente paso académico, decidió tomar rumbo al mundo de las Artes Plásticas en la Universidad Experimental de las Artes (Unearte). Fue una experiencia “interesante”, comenta, entre altos y bajos, entre malos encuentros y otros muy favorables. Los malos ratos, en el menester de vivir, son necesarios para encontrar equilibrio y una frase dicha por un profesor lo marcó, quizás, para dar inicio a una nueva educación ilustrativa. Ante la máxima de Óscar, aquella que lleva sobre sus hombros y que se caracteriza por querer “llevar el arte venezolano a otro nivel”, el profesor respondió: “eso no es de humildes, porque el tiempo de los genios había pasado”. 

Me marcó muchísimo eso. Las clases se caracterizaban por esa lucha contra cierta mediocridad que sentía en ese ámbito. Igualmente, tuve otros profesores muy buenos, pero nunca sentí que crecía como yo deseaba”, comenta.

No asistió más a la universidad y volvió, una vez más, a la educación autodidacta. La dedicación a la técnica era mayor y, en comparación con el tiempo universitario, comenta que en su hogar pudo aprender con la práctica constante. Además, el enfrentamiento que comenta ante las reglas del recinto, ante “la mediocridad” que veía, fue la génesis de la Academia Olivares.

Me di cuenta de que a través de la enseñanza online, donde puedes darle 30 minutos de clase al estudiante y, luego, darle el resto de la semana para la práctica o, antes de cada clase, decirle una frase que le recuerde que estudia ahí para ser un gran artista, para dejar una marca imborrable, puedes ver que los estudiantes se conectan mucho más con su pasión”, puntualiza.

Un dibujante en crecimiento

Las ilustraciones del fútbol venezolano marcaron su inicio pero, luego de varios años, Venezuela se transformó en su principal referente. En el 2014 realizó El Sol Arepa. Una serie de símbolos nacionales se reúnen ante la mirada brillante del plato gastronómico más reconocido del país. Luego, en 2017 tuvo su primera exposición llamada “El Amanecer de la Esperanza”, en la Sala de Exposiciones de Universidad Metropolitana (Unimet). 

Foto: Óscar Olivares

Pero ese año las protestas sociales en Venezuela marcaron un antes y un después, tanto para el país como para Óscar quien, en voces de algunos, se convirtió en el dibujante de ese momento histórico. La bota militar marcaba el rostro de cientos de jóvenes que, en su esperanza nunca rota, salían a las calles para reclamar una vida que se les vio arrebatada. Muchos volvieron a sus casas, pero otros, recordados con cascos pintados y escudos de cartón, quedaron en las calles para ser recordados como víctimas constantes. Uno de ellos era Juan Pernalete, amigo de Óscar. Ante todo lo que ocurría y la vorágine de la violencia este, el dibujante de las hinchadas, decidió abocarse al clamor popular y dibujó una de sus obras más características: Los héroes de la Libertad. 

“En esa obra puede tener una connotación muy triste, pero está hecha con colores vivos y alegres: amarillos, naranjas, violetas. Eso hace que la obra, más allá de evocar un momento triste, evoque un sentido de esperanza y de luz”, dice.

Desde ese momento, recorrió varias ciudades del mundo con sus dibujos bajo el brazo. Pero uno de los lugares que se mantiene intacto en su mente, como un recuerdo recurrente de la cultura venezolana y su aceptabilidad en el exterior, es Malasia. Fue el primer viaje que realizó fuera de América y, justamente, era para el continente asiático. Un contexto distinto, con el cual las relaciones culturales pueden estar diluidas por la distancia, pero que, sorpresivamente, asimiló los colores vivos de la bandera y el sol de la Arepa en su exposición. 

Al venir de tan lejos el arte venezolano era atractivo para los residentes. Era algo exótico, interesante, único, diferente y se notó un interés por nuestra cultura y el uso del color”, comenta.

Incluso, comenta con jocosidad, los asistentes a la exposición probaron la arepa por primera vez. Ese sabor que, sobre todo en los últimos años de crudeza y caminos largos, ha caracterizado el sentir venezolano, llegó a Malasia y luego de eso buscaban en las ilustraciones de Óscar la figura de la arepa, con su redondez, las marcas de quemadura en una de las caras y el brillo que adopta en el dibujo. 

Foto: Óscar Olivares

El segundo lugar que recuerda es la ciudad de Nueva York. La bahía de los rascacielos, la gran manzana que muerde, la ciudad más importante del mundo. En ella, en 2017, fue el artista más joven en participar del ArtExpo y tuvo el chance de dar tres conferencias en los cuatro días de duración. 

Esta fue una experiencia increíble porque la curadora Agnieszka Coles nos comentó que le impactaba muchísimo la pasión y el amor que había en mi arte por lo que reflejaba. Ella quería exponer mi obra, no solo para mostrar los problemas del país, sino para poner al país como un ejemplo de lucha por la libertad”, comenta.

El color es, para él, lo más importante de una obra. Vida, luz y, sobre todo, esperanza son conceptos abstractos que encuentra expresión a través de esa masa uniforme de tonalidades. Comenta que su referente más importante es Carlos Cruz-Diez, el artista cinético que escarbó los recovecos del color para descubrir, después de un arduo análisis, que esa masa enfocada en pintar podía ser autónoma. De él, quizás, recuerda más su vitalidad y su constante necesitar de crear, que las enseñanzas académicas de la crítica.

Foto: Óscar Olivares
Mi búsqueda con el color es más espiritual. Por eso, siento que ninguna obra está lista hasta que pasa por la interpretación del espectador. La última pincelada es esa visión única que le puede dar cada persona a una obra de arte”, dice.

El sueño de la Academia

El camino fue largo y, en algunos puntos, trastabillado desde ese comentario de un profesor, hasta la creación de la Academia Online Olivares. La innovación, según él, que busca ese espacio es la motivación constante de los estudiantes. Quizás ese joven que, tras una pantalla, recibe el mensaje, encuentre otro motivo para pensar, modificar e innovar la técnica. Quizás no. Pero, comenta Olivares, lo importante es aupar por ese crecimiento desde el individuo. 

A todos los estudiantes, desde que inician, se les recuerda que están ahí por algo grande. Si va a dibujar un cubo le recordamos que eso será el inicio de un dibujo más grande. Tratamos de conectarnos con ellos desde la estimulación positiva”, agrega.

El equipo de la Academia está conformado por cuatro personas, desde el programador, Rubén Ramsés, hasta los profesores Isabella Colmenares, Juan Luís Sierra, Oriana Román. Cada uno está identificado con la idea educativa de la estimulación positiva, de los consejos dados y los mensajes motivacionales que animan, de alguna forma, a los estudiantes que se inician en el menester del dibujo. 

Foto: Óscar Olivares

La visión que ha obtenido de la academia, por ahora, es positiva. Muchos jóvenes lo ven como una oportunidad y los conocedores del tema reconocer el valor de un nuevo espacio para la creación. “Es muy importante por el cambio que está generando. Empieza a caer la idea (de los padres) que los hijos se van a morir de hambre al estudiar algo relacionado con las artes”, agrega. 

La búsqueda de Óscar como ilustrador, conferencista o profesor, se mantiene para dejar, como dice, “una huella en el arte”. Esto se logra a través de la intervención de una obra en la evolución social. Su comienzo fue lúdico y pasional, pero, poco a poco, pretende dejar en los estudiantes de la academia un registro de bienaventuranza y estimulación. Quizás, no se sabe, en esa clase estarán los nuevos artistas del país. 

Noticias relacionadas