• En abril, Nicolás Maduro anunció que ViveTV sería un canal educativo para cubrir las necesidades escolares de estudiantes, de todos los niveles, que están confinados por la pandemia por covid-19. Tres meses después, en pantalla escasean contenidos que puedan ser considerados educativos y relevantes

La pandemia por covid-19 sorprendió al mundo. En todos los países las actividades escolares fueron suspendidas: las clases deberían ser a distancia; Venezuela no fue la excepción. En ese momento el canal Venezolana de Televisión (VTV) comenzó a transmitir el espacio Cada Familia una Escuela, que de acuerdo con el viceministro de Educación del régimen, Jorge Pérez, permitiría la continuidad de los contenidos académicos. 

Casi un mes y medio después de decretar el confinamiento, Nicolás Maduro salió al paso el 21 de abril: ViveTV sería un canal educativo. “En las próximas horas quiero estar en ViveTV iniciando la programación educativa como canal nacional”, dijo. Además, pidió producciones para todos los niveles educativos, incluyendo el universitario. “ViveTV es la nueva televisora del sistema educativo nacional”, enfatizó. 

¿Pero debería ser nombrada como “nueva”? ViveTV nació por decreto del fallecido expresidente Hugo Chávez, en 2003, como un canal educativo. Su programación se enfocó en ese entonces en promover la organización comunal y en 2013 Maduro ordenó cambiar su nombre a VTV Comunas. Un cambio que no duró mucho, puesto que la señal nuevamente modificó su contenido a uno más generalista. Programas de variedades, deportes y cine, entre otros. Sin ir más atrás, este año transmitieron Gravity, el éxito de Alfonso Cuarón, ganadora de siete Premios Oscar. Y Alien: Covenant, filme de 2017 con Michael Fassbender.

Desde finales de abril, ViveTV transmite Cada Familia una Escuela, un espacio en el que se emula un salón de clases. Desde mayo también está disponible Universidad en Casa

“Lo que observamos es que eran contenidos de baja calidad en la producción, errores sistemáticos graves, recurrentes. Lo que da cuenta que realmente no hay un desarrollo conceptual, teórico, hecho por especialistas. Se trata de una improvisación, donde lo que se pretendía era agarrar el modelo”, dice en entrevista para El Diario Luisa Torrealba, investigadora del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (Ininco), de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

La improvisación está a la orden del día. De acuerdo con la especialista, no se tomaron en cuenta las necesidades de los estudiantes, docentes y representantes para que la calidad de la programación fuera superior. Con ella coincide Morella Alvarado, directora del Ininco. Ella enumera los errores que han cometido a la hora de programar contenido apropiado para que se considere educativo.

El primero tratar de replicar la dinámica docente que se lleva en el aula y trasladarla a los hogares sin mediación alguna. El segundo es querer abarcar la totalidad de los contenidos pendientes a como dé lugar. El tercero, desconocer que las madres, padres y representantes no son docentes. El cuarto, hacerlo sin consultar a los especialistas. El quinto, no contar con un equipo capacitado para emprender la acción –desde la gerencia hasta la producción bajo criterios de calidad- y el sexto, ignorar por completo a los destinatarios de los contenidos, es decir, a los estudiantes y a los docentes”, añade.

Programación verdaderamente educativa

Para que un contenido sea educativo debe ser incluyente, creativo, integrador, interactivo, conectivo y plural, explica Torrealba. Además señala que debe tomar en cuenta las diferentes audiencias. Las necesidades de un estudiante de una zona rural no son las mismas que las de uno que viva en una zona urbana, por ejemplo.  

Adicionalmente, es necesario recordar que todo contenido deja algo en la audiencia, para bien o para mal. Hay que considerar que aunque toda programación educa, no necesariamente instruye, asevera Alvarado. De esta manera, para que una señal sea formativa debe tener una intención pedagógica con propósitos claros, enmarcado en una planificación educativa. Con ella coincide Carlos Guzmán, investigador del ININCO: no se trata solo de transmitir animados o documentales porque sí. La programación tiene que ser cuidadosamente seleccionada, producida y programada. No hay lugar a la improvisación en el proceso de enseñanza y formación de los estudiantes. 

Si bien dentro del Sibci no hay ningún canal que se ajuste a estos estándares, en la televisión venezolana hay un ejemplo que rescatar. Durante 21 años, ValeTV –una fundación sin fines de lucro- lleva adelante su programación con una parrilla cuidadosamente planificada con contenido valioso y educativo. Cuenta con producción propia y convenios con televisoras internacionales. 

Pero un canal privado no puede ni debe sustituir la función de la red de medios públicos que hasta 2015, de acuerdo con el estudio «Las comunicaciones al servicio de la revolución bolivariana, bases para comprender la hegemonía y control comunicacional» de Marcelino Bisbal, contaba con más de 12 señales de televisión. Muchas de ellos en la actualidad con un perfil alejado de la intención con la que fueron creados.

Guzmán pone el ejemplo de TVES, que nació para sustituir a RCTV. En principio debía darle espacio a programación educativa y formativa, realizada por productores nacionales independientes, “pero se convirtió en una mala copia de Venevisión, Televen y lo que fue RCTV”.

 “En el caso venezolano, el sistema público de televisión funciona como un brazo propagandístico del partido del gobierno. Televisoras que se han creado en teoría para darle cabida al conocimiento científico, contenidos culturales, que van a ser servicios públicos de televisión, terminan siendo órganos de propaganda”, finaliza Torrealba. 

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