• La recesión económica (depresión) que ya va por su séptimo año, la hiperinflación que cumplirá en noviembre su tercer aniversario y el empobrecimiento de la población –96% de los habitantes son pobres por ingresos, según Encovi– describen un entorno que se mantendrá en lo que resta de 2020

Con la llegada del covid-19 a mediados de marzo y el manejo errático de la emergencia sanitaria por parte de las autoridades, el régimen de Nicolás Maduro condenó a una economía que, en los últimos seis años, ya se había contraído dos tercios.

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) de finales de junio para el comportamiento de la economía venezolana en este 2020, de una caída de 20%, parecen quedarse cortas, según observan analistas consultados por El Diario.  

Tamara Herrera, directora de la firma consultora Síntesis Financiera, estima que el Producto Interno Bruto de Venezuela (PIB) puede perder entre 30% y 35% de su tamaño. Detalla que la magnitud de la caída es tal, que «el PIB de hoy, con un país de 28.000.000 de ciudadanos, es igual al de hace 47 años cuando teníamos 12.000.000 de habitantes». Para finales de año, prevé que el valor del total de bienes y servicios producidos en el país sea de apenas 20 millardos de dólares.

En la misma dirección apunta el consultor gerencial en estrategia de negocios, Benjamín Tripier, quien pronostica que los efectos de la pandemia del covid-19 en la economía provocarán un decrecimiento de 35%.

Benjamín Tripier
Benjamín Tripier. Foto: Cortesía

Tripier señala que «el año no tiene vuelta atrás» y considera que no habrá cambios en los meses que quedan. «En lo político el juego está trancado. Para la oposición es un logro impresionante que con el poder que tiene el chavismo no haya podido aplastarla».

En materia económica, el Estado perdió la gobernabilidad, destaca, mientras que el plano social es la gran incógnita «porque el perfil de la sociedad venezolana cambió con la pandemia. El gobierno le perdió la lectura a la base social y por eso da contramarchas. Puede haber un foco que produzca algún cambio a raíz del coronavirus, que se suma a un contexto que venía mal».

Sin novedades, el dólar sigue siendo el rey

No hay nada en el horizonte que permita prever que el régimen de Maduro modifique su estrategia de restricción del crédito (desde el último trimestre de 2018), en la que se ha sostenido para detener el alza desmesurada en la cotización del dólar paralelo y en consecuencia de los precios.

Si bien de manera puntual las autoridades vieron algún resultado, el dólar no oficial ha mantenido su rumbo ascendente, tendencia que se mantendrá en el resto de 2020, de acuerdo con los expertos.

La restricción del crédito bancario, a través del encaje legal, reduce la expansión que se crea a través del préstamo y la consecuencia es un efecto recesivo en la economía. Pero además, «al dificultar el acceso a la divisa impides a las empresas la adquisición de divisas destinadas a la reposición (insumos, materias primas) que no solo responde a expectativas de devaluación», dice Herrera.

Tamara Herrera
Tamara Herrera. Foto: Cortesía

La economista se muestra partidaria de un trabajo conjunto entre autoridades económicas y sector privado para que se pueda generar confianza en política económica. Señala como necesario ese espacio de coincidencia que ya lo hubo en 2019 con la flexibilización del régimen cambiario y los controles de precios, que otorgó un margen de maniobra a las empresas.

Ahora, la aparición del covid-19 llevó al régimen a frenar la actividad económica, pero como la economía es terca, muestra sus diversas caras. «La economía se independizó, el Estado perdió gobernabilidad sobre lo económico. El gobierno no puede interferir en el flujo gigantesco del mercado», señala Tripier, quien añade que no hay política económica que cambie el libre mercado que hay en parte de la población, mientras otra parte sigue dependiendo de los subsidios estatales.

En este contexto en el que el gobierno ha perdido la brújula, el dólar se mantiene como el rey. Las autoridades monetarias no tienen control sobre los dólares en efectivo y por tanto no percibe la capacidad real de demanda, sostiene Tripier. 

La masa de efectivo en bolívares es inmanejable y el gobierno pierde el control de la liquidez ampliada. Los precios mantienen estabilidad en dólares, en promedio. La cotización paralela es la gran marcadora de la economía porque se ajusta para los precios», afirma.

El gobierno no tiene herramientas para detener ese avance. Antes contaba con los ingresos que generaban los ingresos de las exportaciones petroleras y el apoyo popular y ahora no, dice Tripier. «Estamos en un tobogán que va a seguir sin cambios y entramos en inercia al primer trimestre de 2021. ¿En qué consiste esa inercia? En lecturas pasivas de la realidad, dejando hacer, más que tratando de imponer», explicó el consultor.

La situación es compleja. Hay una disminución de bienes y servicios, agravada por la inactividad derivada del estado de alarma en ocasión del coronavirus. «Nada va a cambiar por el lado de la demanda ni de la oferta», avizora.

Colapso del factor trabajo paraliza la economía 

La oferta no tiene espacio para crecer con políticas restrictivas como la del encaje bancario que impide el financiamiento de las empresas y la eliminación de aranceles a las importaciones de bienes terminados. Adán Celis, presidente de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), comenta que la industria nacional funcionaba, en promedio, a 20% de su capacidad antes de la llegada del coronavirus al país.

En junio, 45% de las industrias estaban inactivas, según una encuesta flash del organismo gremial que midió el impacto del covid-19  en las empresas. La baja en la demanda de productos y servicios (disminución de las ventas), deficiencia en servicios públicos, fallas de transporte, escasez de materia prima y falta de personal fueron los factores que incidieron de manera negativa. Y dada la falta de inversión esta situación se mantendrá o empeorará en los meses siguientes.

A comienzos de 2020, el sector manufacturero tenía expectativas de que este año 40% de las firmas que quedan en pie –unas 2.200–, cerraría sus puertas. «Los puestos de trabajo estarán en riesgo, por lo que hablar de perspectivas es muy complicado. Si no hay cambios en la conducción del país, vamos a terminar con mortandad de empresas, de empleos (unos 150.000 calcula) y de productos», vaticinó Celis.

Adán Celis
Adán Celis. Foto: Cortesía

«El gran problema es la fuerte caída del poder adquisitivo, la demolición del salario. La única manera de revertirlo es ofreciendo oportunidades de trabajo para subir el poder adquisitivo», pero ello no se puede lograr con la política actual que, lejos de apostar a expandir la economía, desestimula nuevos negocios y persigue a la inversión privada, subrayó el dirigente gremial.

Cuando colapsa el factor trabajo y hay una baja tecnología en el país y la mano de obra es intensiva, colapsa la economía e impacta en los precios porque hay menos productos que ofrecer», hilvana Tripier.

Sin acceso al financiamiento en los mercados internacionales, el gobierno debe centrarse en recuperar los niveles de consumo y ello será posible de la mano de las empresas, por lo que habría que reenfocar la política arancelaria que desplaza la demanda, señala Tamara Herrera.

Los llamados bonos de la patria –subsidio que ofrece el gobierno a familias de sectores populares y que representan de tres a cuatro dólares mensuales– resultan insuficientes para atender las necesidades más básicas de la población, en un contexto de hiperinflación que acumuló 508,47%, en el primer semestre de 2020, de acuerdo con la medición de la Asamblea Nacional.

Estos recursos distribuidos a través del sistema Patria –mecanismo de control social– van acompañados de la entrega de alimentos a través de las bolsas CLAP, que cada vez llegan a los hogares beneficiados con menos alimentos y más espaciadas en el tiempo, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2019-2010.

El combustible mueve al país

Pero para reactivar la industria urge atender el tema del deficiente suministro eléctrico y de combustible. A pesar de los intentos más recientes de las autoridades por garantizar gasolina en tiempos de cuarentena, no se observa como real la posibilidad de que el régimen pueda rescatar las destartaladas refinerías o lograr continuidad en las importaciones, esta última, debido a las sanciones del gobierno de Estados Unidos, que cada vez restan margen de maniobra a Maduro.

La llegada de personal chino e iraní no asegura que las instalaciones de refinación puedan producir gasolina. Tripier señala que en el proceso se necesitan agua dulce y electricidad y ninguno de los dos elementos es continuo, por lo que la producción será «espasmódica».

El combustible es un factor que induce la recesión, por cuanto la economía venezolana se mueve por electricidad y combustible, destaca el consultor.

El economista y experto petrolero, Rafael Quiroz, dice que los iraníes están en capacidad de reactivar la refinería de Cardón, aunque observa como inconveniente la obtención de piezas y repuestos requeridos por el tema de las sanciones. Cardón tiene capacidad para producir 305.000 barriles al día, «ya va por 20.000 y es un proceso progresivo. De llegar a 200.000 b/d a finales de año, se abastecería el mercado interno porque el parque automotor es de unos 3.5 millones vehículos», indicó.

Antes del estado de emergencia en marzo, el consumo doméstico era de 185.000 barriles diarios a nivel nacional. De ese total, la zona metropolitana de Caracas se llevaba 35.000 barriles al día, dijo Quiroz. 

Con el esquema mixto de gasolina subsidiada y en dólares, el gobierno ha logrado administrar la escasez en tiempos de cuarentena. El experto estima que para lo que queda de año el sistema de control se mantenga, quizá con alguna flexibilización.

La industria petrolera muestra signos de una mayor debilitación. Ya no hay taladros operativos en los campos. Esta situación responde al efecto real de las sanciones estadounidense sobre la producción nacional.

Desde junio, Pdvsa se ha visto obligada a cerrar los grifos porque no tiene depósitos donde almacenar barriles y por consiguiente se ha visto obligada a reducir el ritmo o capacidad de producción porque no ha podido drenar los inventarios que están almacenados. Hay dificultad para sacar y transportar el petróleo. Quienes lo compran lo hacen con cierta resistencia». Rafael Quiroz, economista y experto petrolero.

Añade que hay quienes se niegan a trasladarlo, otros no encuentran quien asegure la carga, no encuentran personal técnico de abordo que maneje las unidades de transporte marítimo, porque la tripulación corre riesgo de que se le suspenda la licencia por colaborar con el gobierno de Maduro, precisa el experto.

Esta realidad lleva a Pdvsa a vender con descuentos que van de cinco a nueve dólares, afirma el economista, lo que representa aún menos ingresos que los que pudiera recibir por las ya menguadas exportaciones.

Los efectos de estas sanciones se añaden a la prolongada recesión, inducida desde el gobierno. Pero el tema petrolero, en medio de la pandemia, tiene un rol de primer orden, ya que la recuperación de la economía a nivel global «va amarrada a la industria petrolera». 

En junio, la producción venezolana de petróleo se ubicó en 393.000 barriles diarios, según el reporte mensual de la OPEP. Esta es la cifra de bombeo más baja desde febrero de 1943 cuando se produjeron 353.000 barriles por día.

La expectativa no es mejor para el resto de 2020, tomando en cuenta que la industria mantiene el peso de las sanciones y que el mundo entero está afectado por la recesión que dejará el covid-19.

Quiroz no es tan pesimista. «No creo que, por muy dramáticas que sean las circunstancias, la producción baje de 300.000 barriles al día» y en el caso de darse una recuperación no será de más de 700.000 barriles.

El factor pandemia será el que determine la extensión y profundidad de la recesión mundial. En este escenario, el mercado petrolero internacional va a depender de variables coyunturales y estructurales que participen en la formación de los precios.

Vendo afuera y debo someterme a las fuerzas del mercado. El precio no lo determina Venezuela. Dependerá de la intensidad y tiempo de la pandemia: si esta castiga a la economía mundial no muy significativamente y es corta y no profunda, afectará el precio, pero no de forma tan marcada hacia abajo», dice Quiroz.

El régimen de Nicolás Maduro dejó de publicar hace dos meses los precios de la cesta petrolera, por lo que la información dejó de estar al alcance de los ciudadanos. Sin embargo, señala Quiroz, el precio del barril venezolano suele cotizarse entre cinco y seis dólares por debajo de la cesta OPEP.

Una opción en medio de las restricciones

Sin financiamiento externo y sin crédito bancario para poder apalancar una reactivación de actividad económica privada, una opción que comienza a despertar interés es el mercado de capitales. Aunque incipiente, algunas empresas están acudiendo a esta plaza para emitir deudas que les permitan adelantar los proyectos trazados.

Los resultados del primer semestre de 2020, medidos a través del Índice Bursátil Caracas (IBC) de la Bolsa de Valores de Caracas (BVC), no fueron parecidos a los de los últimos tres años, cuando superaba el alza del tipo de cambio. En los primeros seis meses de 2020 «el índice quedó rezagado 6.9%, pero sigue demostrando que es una opción de compra», dijo José Miguel Farías, gerente de Finanzas de Más Valor Casa de Bolsa.

El IBC subió en ese período 255.84%, en tanto que la apreciación del dólar paralelo fue de 273.56%. Pero también el mercado quedó a la zaga de la inflación de 508.47%.

A pesar del duro golpe que representa en la capacidad operativa de las empresas el impacto del covid-19, la BVC sigue mostrándose como una alternativa de protección y cobertura frente al disminuido poder adquisitivo de los venezolanos. «Solo 0.33% de la población invierte en este mercado», dice el ejecutivo.

Venezuela es un país en default, con un riesgo país de 30.000 puntos, lo que quiere decir que para que sea rentable una inversión el rendimiento anual en dólares debe estar sobre 300%, lo que no ocurre en ninguna parte del mundo.

El mejor grupo de acciones de la BVC presenta un rezago, desde el punto de vista del inversionista, dice Farías, pero desde el lado propiamente de la cobertura del ciudadano, las opciones que tienen son  «comprar dólares en efectivo o acciones en la BVC, que ha aguantado el pulso de inflación y tipo de cambio».

Recuerda Farías que las asimetrías de información son entornos para invertir. ¿Qué esperar entonces para los próximos meses? Dado el elevado encaje legal que ha secado el crédito bancario, los empresarios pueden emitir deuda en papeles comerciales y obligaciones quirografarias. Las autoridades del mercado de valores están acortando los tiempos para la emisión.

La novedad está en el financiamiento en dólares, recientemente aprobado por el gobierno, pero para el que falta aún el instructivo, indica Farías, quien destaca que hay mucha disposición de los empresarios a financiarse en divisas.

Además, las pequeñas y medianas empresas (Pymes) también tendrán una oportunidad para apalancar sus inversiones, a través del pagaré bursátil, lo que ha despertado interés. 

De esta forma, Farías observa que las grandes compañías podrán emitir deuda en divisas y las pymes se valdrán de pagarés para obtener el financiamiento que no pueden obtener por otra vía.

La crisis, convertida en depresión, ha desaparecido del mapa a cientos de empresas, muchas de ellas del sector industrial. El mercado de capitales ofrece más ventajas que desventajas para que la actividad privada encuentre un nicho que le permita mantenerse en pie.

«Al final del día, en lo que queda de 2020, hacer una proyección es lanzar una moneda al aire», sostiene Farías, quien avizora que habrá incrementos en el número de empresas que emitirán deudas.

En cuanto al mercado de renta variable (acciones), destaca que el precio incorpora la distorsión de la moneda. No duda que la inflación al cierre de año sea mayor que la apreciación de la tasa de cambio y estima que la curva de crecimiento sea mayor que la observada en el primer semestre.

De acuerdo con la economista Tamara Herrera, la inflación (hiper) terminará 2020 alrededor de 4.500%, una cifra elevada, pero que representa la mitad de la registrada por el Banco Central de Venezuela (BCV) al cierre de 2019 (9.585,5%).

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