• Ante las denuncias de Donald Trump de un supuesto fraude electoral, además de la paridad de las encuestas en Florida, un panorama como las elecciones del año 2000, las más reñidas de la historia, podría repetirse. Fueron 36 días de disputas legales que socavaron la confianza en la democracia estadounidense. Foto principal: CNN

La historia se puede repetir. O, al menos, eso temen en Estados Unidos. Las reñidas encuestas en varios estados importantes, más las denuncias del presidente Donald Trump de un supuesto fraude electoral a través del voto por correo, revivieron el fantasma de las elecciones presidenciales del año 2000: 36 días de una batalla legal para determinar el ganador en Florida, que socavó la confianza en la democracia estadounidense y que resolvió la Corte Suprema. El ganador de los comicios y, por lo tanto, quien se convirtió en el 43° presidente de ese país, fue el republicano George W. Bush, frente al demócrata Al Gore.

Cientos de abogados se instalaron en el estado, la impugnación de papeletas que no estaban completamente perforadas, y resultados a boca de urna que debieron paralizarse, conformaron un largo recuento transmitido a través de la televisión. La propia Corte Suprema no ha citado la decisión en ningún fallo desde entonces.

Lo caótico del recuento de votos en Florida del año 2000 es una advertencia de la fragilidad del sistema electoral estadounidense. Y hoy, cuando el país está aún más polarizado, y ya no solo en uno sino en varios estados las ventajas podrían ser mínimas entre Trump y Joe Biden, la integridad de los resultados podría estar en riesgo. La Constitución estadounidense otorga a los estados la responsabilidad individual de realizar las elecciones, por lo que los criterios varían. En algunos casos, la tecnología de votación es anticuada. Pero con la pandemia de covid-19, en cualquier caso, hay un método que toma fuerza en todo el electorado: el voto por correo.

Ataques al voto por correo

En esto de revivir el episodio Bush vs Gore, es el mismo presidente Trump quien lleva la batuta. Recientemente, sus abogados se basaron en esa experiencia para afirmar que estados como Nevada o Nueva Jersey carecen de procedimientos uniformes para la votación por correo en violación de la protección igualitaria de la Constitución. El frente legal es otro de los ataques infundados del mandatario contra el voto por correo.

La estrategia del republicano es clara. Si su nuevo enfoque legal conduce al descarte de esta forma de votación, tiene buena parte de la victoria asegurada. De acuerdo con una encuesta de CNN de mediados de agosto, siete de cada 10 partidarios de Trump votarán en persona, contrario a los dos de cada 10 partidarios de Biden que prefiere hacerlo en persona (53% prefiere el voto por correo).

Pero Trump ya puso en marcha otras artimañas para sabotear el método de votación favorable entre los demócratas. El 13 de agosto, en una entrevista con Fox News, el presidente declaró su oposición a proporcionar fondos adicionales al Servicio Postal de Estados Unidos (USPS), con problemas financieros. “No funciona bien para los republicanos”, argumentó. Por consiguiente, es posible que el USPS no esté preparado para manejar el volumen de votos y devolverlos a tiempo a los funcionarios electorales para el 3 de noviembre.

blank
El pasado mes de agosto, Twitter alertó a sus usuarios sobre una posible noticia falsa del presidente Trump, cuando aseguró en un tuit que los demócratas usaban el voto por correo para hacer fraude. Foto: Getty images

El Servicio Postal ya informó a 46 estados y al Distrito de Columbia que no podía garantizar que las boletas enviadas por correo pudieran entregarse a tiempo para ser contadas, de acuerdo con The Washington Post.

De esta forma, los resultados podrían retrasarse más allá de la noche de las elecciones, el 3 de noviembre. Esto quiere decir, por ejemplo, que en la noche electoral el ganador podría ser Trump. Pero luego del conteo del voto por correo, al cabo de unos días, el victorioso podría ser Biden. Y si a eso se le suman las fallas que puedan presentarse en estados con diferencias mínimas entre cada candidato, el panorama puede ser incluso más dramático que el de Bush vs Gore en 2000.

Frente abierto

La batalla legal ya es, de hecho, una realidad. A poco menos de tres meses para la elección presidencial, se han presentado más de 300 demandas electorales relacionadas con covid-19 en al menos 44 estados, según un rastreador de Stanford-MIT. La mayoría de las demandas provienen de estados que tienen más probabilidades de ser importantes en una elección cerrada, como Pensilvania, Wisconsin y Michigan. Algunas de ellas son de Florida, donde de acuerdo con una reciente encuesta de NBC News/Marist, hay un empate técnico de 48% para cada candidato.

Swing state. Florida, junto a otros 11 estados, es uno de los calificados como “swing states” (estados bisagra). Estos territorios se caracterizan por no tener tendencia segura hacia un candidato, ya sea por encuestas o por tradición.

No en vano las campañas ya se blindaron legalmente. En el lado demócrata, Biden dijo que su campaña cuenta con un equipo de 600 abogados y 10.000 voluntarios para defenderse de cualquier “artimaña” electoral. Mientras tanto, el Comité Nacional Republicano ha dicho que gastarán 20.000.000 de dólares en disputas legales.

La actuación de la Corte Suprema, que hace dos décadas falló a favor de Bush, ahora es también incierta. El tribunal superior tiene una mayoría de 5 jueces designados por los republicanos y 4 jueces designados por los demócratas. Entre ellos, los jueces Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, ambos nominados por Trump.

Los 36 días siguen vigentes

El día de las elecciones del 7 de noviembre del año 2000 transcurrió con normalidad.  El gobernador de Texas y candidato republicano a la presidencia, George W. Bush, siguió los resultados desde la mansión del gobernador, en Austin. Al Gore, vicepresidente de Bill Clinton y candidato demócrata, los siguió desde Vanderbilt Hotel, en Nashville. Pero, al final de la noche, todo cambió.

blank
Al Gore festeja los resultados. Foto: CNN

Tras el cierre de las urnas, los grandes medios de comunicación fueron dando los resultados previos de cada estado: Nueva York y California, para Gore; Texas, Missouri y Ohio para Bush. Todo iba empatado, y quedaba Florida. Justo antes de las 8:00 pm hora del Este, NBC, CBS, ABC y CNN proyectaron que Gore ganaría Florida. De esta forma obtendría los 270 votos electorales para ganar la elección presidencial. La proyección fue prematura. A las 2:00 am, CNN anunció que Bush era el ganador de los 25 votos del estado. El recuento de esa noche terminó con una ventaja para Bush de tan solo 1784 votos.

blank
George W. Bush y su equipo de campaña siguen los resultados de las elecciones. Foto: CNN

Gore incluso llamó a Bush para felicitarlo, pero luego retrocedió. “Las circunstancias han cambiado drásticamente desde que lo llamé por primera vez”, dijo el demócrata.

En la mañana del 8 de noviembre empezó la batalla legal. Las campañas de Bush y Gore enviaron abogados y voluntarios a Florida. Debido a la mínima diferencia, se puso en marcha un recuento automático, comprobando las máquinas y los recuentos, más no manual. Ese primer recuento se completó tres días después, el 10 de noviembre, y redujo la ventaja de Bush a 327 votos.

La ley de Florida permitía a los candidatos pedir un recuento manual en los 67 condados de Florida, pero la campaña de Gore solo los pidió en cuatro de ellos: Broward, Miami-Dade, Palm Beach y Volusia. Todos ellos eran populosos y fuertemente demócratas. Este pedido fue aprobado, pero el problema era que la ley de Florida tenía un límite temporal del cual no se podía pasar antes de declarar un ganador. No se podría completar el recuento de todos los votos antes de la fecha límite del 14 de noviembre.

De esta forma, la disputa se extendió por un mes. En ese tiempo, los demócratas exigían que se completara el recuento manual en los cuatro condados que ellos consideraban de resultados dudosos. Los republicanos, en cambio, buscaban detener ese recuento manual por todos los medios posibles.

En el mes que siguió a la elección, se presentaron alrededor de 50 mociones diversas en distintos juzgados, todos en función de los recuentos y las fechas límite para hacerlo.

blank
La policía separa a los partidarios de Bush y Gore fuera de la Corte Suprema de los Estados Unidos mientras los jueces consideran el tema del recuento de Florida por primera vez, el 1 de diciembre de 2000. Foto: Mark Wilson / Newsmakers.

Los bandos eran cada vez más claros. De un lado, la Secretaria del Estado de Florida, Katherine Harris, quería dar por válido el triunfo de George Bush. Los demócratas cuestionaron si ella era imparcial, porque había sido copresidente de la campaña de George W. Bush en Florida, y el gobernador del estado era Jeb Bush, hermano del candidato. Por otro lado, la Corte Suprema de Florida buscaba que se permitiera la totalidad del recuento en los cuatro condados disputados.

El 8 de diciembre, la Corte Suprema de Florida falló por 4 a 3 a favor de que se completara el recuento manual de los cuatro condados. La campaña de Bush llevó la cuestión a la Corte Suprema de EE UU. Al día siguiente, el tribunal máximo del país ordenó que se detuviera el recuento, y accedió a escuchar presentaciones de ambos lados.

Luego de que ambos dieran su presentación ante los jueces el 11 de diciembre, el tribunal falló por 7 a 2 para revertir la decisión del Supremo de Florida. Posteriormente falló 5 a 4 en la afirmación de que los recuentos no podían completarse a tiempo de acuerdo a la ley del Estado dándole el triunfo a Bush.

blank
Al Gore veía escapar la elección. Foto: CNN

Al Gore reconoció su derrota el 13 de diciembre, en una histórica declaración televisiva donde dijo: “Si bien disiento absolutamente con la decisión de la Corte Suprema, la acepto”.

Noticias relacionadas