• En El Diario conversamos con el papá de Edgar Rojas, un adolescente de 14 años de edad que fue presuntamente asesinado por funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) en el año 2014. Hoy su muerte sigue impune

El sonido del balón que rebotaba contra el piso acompañaba la risa de aquellos adolescentes esa tarde. Mientras ellos jugaban, el sol vespertino calentaba el asfalto de la cancha. Todo estaba en calma. O por lo menos hasta ese momento. Solo pensaban en la próxima jugada de esa “caimanera” en Caño Amarillo, al oeste de Caracas. Pero aquel inocente juego devino en caos cuando llegó la policía y Edgar Rojas, de 14 años de edad, cayó al suelo tras recibir un impacto de bala.  

Los adolescentes nunca imaginaron que quienes causaron aquella inesperada situación fueron cuatro policías, hombres cuyo deber es proteger. Edgar Rojas padre narra para El Diario aquel día con dolor pero con muchos detalles. Ese 12 de marzo de 2014 recibió la llamada que le cambió la vida. 

Eguita, como le decían sus papás, era un adolescente que cursaba tercer año de bachillerato. Para la familia del liceísta esa tarde estuvo marcada por la tragedia de perder a un hijo, pero también comenzó la búsqueda incansable de justicia.

El deporte era lo que más le apasionaba a su hijo, le encantaba estar sobre una bicicleta y recorrer innumerables cuadras, también jugaba baloncesto frecuentemente. Era un adolescente muy activo. Pero no compartía el mismo entusiasmo con los estudios y el colegio. Había finalizado el segundo lapso del tercer año de bachillerato y a Eguita le habían quedado varias materias. Ya llevaba seis meses viviendo en Caño Amarillo, en la casa de su mamá, mientras que su papá residía en Guatire, estado Miranda. 

Foto: Cortesía Edgar Rojas

La boleta del liceo generó disgusto paternal. Ese 14 de marzo el joven le había comunicado a su papá que quería irse a vivir a su casa. A pesar de la molestia estaba dispuesto a apoyarlo, recibirlo en su casa y enseñarle sobre el oficio de herrería. “A las 12:00 pm estoy allá abajo, papá”, dijo el adolescente y cortó la llamada. El reloj marcó la hora pautada y no llegaba. Su padre volvió a llamarlo. “Conchale, es que nos quedamos jugando en la cancha, papá”. Rojas le pidió a su hijo que se encaminara con dirección a Guatire. 

Pasaron las horas y Eguita no contestaba las llamadas y tampoco llegaba a casa de su papá. Rojas estaba preocupado pero imaginó que su hijo se había quedado jugando. A las 3:00 pm sonó su celular, pensó que era el adolescente, pero no fue así. Al contestar, la voz al otro lado de la llamada le dio la noticia más desgarradora de su vida: su hijo había sido asesinado. 

El dolor no cabía en su pecho. Rápidamente pidió a un amigo que lo trasladara a Caracas. Al llegar supo los detalles de lo que había pasado. 

Caos en Caño Amarillo 

El adolescente de 14 años de edad se encontraba con cuatro amigos jugando en la cancha ubicada en el callejón La Línea de Caño Amarillo, muy cerca del Palacio de Miraflores. Cinco adolescentes disfrutaban de un rato de esparcimiento en una tarde tranquila. Pero la llegada de cuatro policías del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) a bordo de una camioneta de uso oficial desató la tensión en el lugar.

Los uniformados buscaban a una persona que presuntamente había robado una moto. Se acercaron a los menores de edad para preguntarle dónde vivía el sospechoso. Los cinco adolescentes respondieron que no sabían. Ante la negativa, los funcionarios comenzaron a golpearlos en la cabeza para obtener información. La comunidad indignada al ver este abuso policial salió en defensa de los adolescentes. 

Rojas narra que al ver la algarabía de la gente, uno de los policías lanzó dos disparos al aire para que se dispersaran. Las personas rápidamente despejaron el lugar y los cinco adolescentes corrieron asustados a buscar un lugar seguro. Pero un disparo en la espalda de Edgar Rojas lo detuvo en seco. 

Montaron al niño en la patrulla. La gente quería irse con ellos y unos motorizados querían perseguir a la patrulla. Los policías que iban atrás en el carro apuntaron a la gente con una ametralladora para que no lo persiguieran. Cuando llegaron al Periférico de Catia mi hijo llegó sin signos vitales”, comenta el padre de la víctima.

Al llegar al centro de salud ubicado en los Flores de Catia, también al oeste de la capital, los funcionarios alegaron que se trató de un enfrentamiento. “Eso no fue ningún enfrentamiento, fue una bala loca que mató a un niño inocente. A mi hijo de 14 años lo mataron cuatro policías”, expresa su padre. Las pruebas forenses de toxicología y la prueba de parafina (estudio que mide los rastros de pólvora en la mano) dieron negativo, explica Rojas. 

Foto: Cortesía Edgar Rojas

Orden de Miraflores 

El año 2014 estuvo marcado por continuas protestas en contra del régimen de Nicolás Maduro. Los estudiantes iniciaron el 12 de febrero de ese año una oleada de manifestaciones que se registraron en varias partes del país. Para el momento del asesinato de Edgar Rojas las manifestaciones continuaban. 

Una hora después de la muerte del adolescente, Nicolás Maduro hizo alusión a este crimen en una alocución en vivo y ordenó la detención de los responsables. A los 20 minutos, narra el papá de la víctima, los cuatro policías fueron detenidos. 

A tres de los funcionarios involucrados los liberaron esa noche, pero el hombre que disparó fue acusado por el asesinato de Edgar Rojas y posteriormente enviado a la cárcel de Yare III. La comunidad indignada por la muerte del adolescente cerró esa noche el paso de vehículos en la avenida Urdaneta de Caracas, muy cerca de la sede del Cicpc, para exigir justicia.

Los días y meses posteriores la familia realizó los trámites correspondientes ante la Fiscalía y otras instancias. “Usted no se imagina todo lo que hicimos nosotros. Fuimos a todos lados para lograr que el asesino de mi hijo pagara. En tribunales siempre le diferían la audiencia”, comenta.

El presunto responsable por la muerte del adolescente Edgar Rojas estuvo cinco meses en prisión, así lo denuncia el papá de la víctima. Una madrugada el funcionario fue excarcelado junto a otros reclusos como parte del Plan Cayapa, impulsado por la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela. 

El sistema judicial en Venezuela no sirve. Todo eso está podrido. Estamos luchando contra un monstruo sin cabeza”

En la búsqueda de justicia la familia Rojas sostuvo reuniones en la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo, todas ellas infructuosas. “Ni bolas le pararon a Maduro. Iris Varela con su Plan Cayapa le pasó por encima”, afirma. 

El dolor sigue intacto 

Actualmente Edgar Rojas se encuentra en Colombia, la crisis de Venezuela le obligó a migrar en busca de oportunidades. Sin embargo, el tiempo que estuvo en el país se abocó a buscar justicia por la muerte de su hijo y encontró apoyo en organizaciones que defienden a las víctimas de ejecuciones extrajudiciales, especialmente recibió apoyo de Orfavideh. 

Desde hace seis años se documentan las denuncias de ejecuciones extrajudiciales en Venezuela. La Operación Liberación del Pueblo (OLP), creada en 2015, fue un plan diseñado para combatir la violencia pero que devino en múltiples muertes. La OLP funcionó hasta 2017 y dio paso a las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES). 

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, visitó Venezuela en 2019 y conversó con familiares de víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Su informe calificaba a las FAES como un cuerpo de exterminio y recomendaba su eliminación. El régimen de Nicolás Maduro desestimó este y los demás informes de la ONU. 

Las denuncias de ejecuciones extrajudiciales han sido escuchadas internacionalmente. Sin embargo, esto no le genera esperanzas a Edgar Rojas.

“No es que yo sea pájaro de mal agüero. Sino que yo tengo muchos años escuchando lo mismo sobre los derechos humanos. Me da hasta pena conmigo mismo, pero no sé si es que yo estoy tirando la toalla”, confiesa. 

A pesar de que no tiene muchas expectativas con respecto a los avances internacionales en torno a las denuncias de ejecuciones extrajudiciales, confía en el trabajo de las ONG y de las víctimas en la búsqueda de justicia. Al hablar sobre el futuro la voz de Edgar Rojas se quiebra. Le arrebataron algo que jamás podrá recuperar: la vida de su hijo. 

No vamos a tener un final feliz porque nuestros hijos están muertos”, dice con la voz entrecortada por el llanto.

La historia de Édgar Rojas forma parte de los miles de casos de ejecuciones extrajudiciales en Venezuela. La vida del adolescente de 14 años de edad terminó la tarde del 12 de marzo de 2014, pero su recuerdo vive en el anhelo diario de justicia de su padre y el resto de su familia. Así como lo ha hecho Rojas, miles de personas se han enfrentado a la quimera del sistema judicial en Venezuela, con la esperanza de que la impunidad no triunfe entre el dolor. 

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