“Ahora, ¿por dónde empezar?”, pregunta Enola Holmes al presentarse en la película sobre su vida. Nosotros espectadores curiosos queremos que nos cuente todo, empezando por su relación con un gran personaje inglés: Sherlock Holmes.

Por ejemplo, ¿por qué tienen el mismo apellido? Enola es la hermana menor de Mycroft y Sherlock Holmes, e hija de Eudoria Holmes. No te preocupes, querido lector, no eres el único que desconocía que Sherlock tenía una hermanita. 

Enola es interpretada por Millie Bobby Brown, Sam Claflin y Henry Cavill le dan vida a los hermanos Mycroft y Sherlock, respectivamente, y la famosa Helena Bonham Carter interpreta a la madre de la familia. 

La película gira en torno a la relación de esta carismática niña de 16 años, quien intenta descubrir el misterio de la desaparición de su madre el día de su cumpleaños. Y para eso, llama a sus hermanos. 

Pero esta reunión familiar no sale tan bien como Enola esperaba. Todos sus problemas y cómo los resuelven quedan documentados en el filme que estrenó Netflix el 23 de septiembre. 

La cinta está basada en el primer libro de Nancy Springer de la serie Las aventuras de Enola Holmes, titulado El caso del marqués desaparecido. Y este es el caso que le toca resolver a Enola, mientras averigua el paradero de su madre.

Cuando un niño viene al mundo la primera institución con la que se encuentra es la familia. Son los que le enseñan lo bueno, lo malo y los parámetros dentro de los cuales va a crecer y comportarse. 

Las figuras más importantes de la vida de Enola son los tres miembros de su familia. No debe ser sencillo crecer bajo los parámetros de no una, sino tres personas de apellido Holmes. Y cada una más distinta que la anterior. Una madre viuda y revolucionaria, un hermano conservador y fácil de escandalizar, y el hermano genio detective, solitario y adicto a su trabajo. 

Con esa mezcla, Enola estaba destinada a ser una chica peculiar pero no por eso menos maravillosa. 

Foto: Netflix

La importancia de una madre para su hija

Siempre he sido muy cercana a mi madre. No porque no me lleve bien con mi padre, a quien amo, pero como mujer me identifico con ella. Y con mi abuela, y mis tías, y así sucesivamente.

En un mundo donde las mujeres cada vez más alzan su voz, es normal que busquen figuras con las cuales sentirse identificadas y que las representen.

“Ella era mi mundo entero”, es lo que dice Enola respecto a su madre. Y la entiendo. 

Como hija, es normal querer seguir los pasos de tu madre, al final fue ella quien te crió. O dependiendo de cómo fue esa crianza, quieres ser todo lo contrario, pero ya hablaremos de eso más adelante. 

Eudoria jamás le enseñó a su hija a cantar, a coser o a hacer las cosas que a las chicas les enseñaban durante la época victoriana. Pero sí le enseñó muchas otras habilidades y con una pedagogía bastante particular. Como una buena Holmes, claro está. 

“Pinta tu propio cuadro, no te dejes llevar por otras personas”, era la lección de Eudoria para Enola cuando pintaban flores en sus lienzos. Pero no eran simples flores, sino mensajes ocultos que la pequeña hija aprendería a descifrar más adelante. 

Le enseñó a pelear, no solo físicamente sino también por sus creencias. A ser fuerte, a valerse por sí misma y a jamás renunciar a su autenticidad. “Hay dos caminos que puedes tomar, Enola: el tuyo o el camino que otros elijan para ti”, era su mayor enseñanza. 

Si bien muchas de las decisiones que tomamos en nuestras vidas son por nuestra propia cuenta, mérito y conciencia, muchos no habríamos llegado a ser quiénes somos sin el apoyo, guía y educación de nuestros padres. 

El hecho de verlos balancear sus vidas entre los ámbitos personal, profesional y paternal, como hijos, nos debería enseñar muchas cosas, puesto que un padre es como un maestro.

Siempre he creído que se educa mediante el ejemplo. Los alumnos observan al profesor todo el tiempo igual que los hijos a sus padres. Para un niño es raro ver a un profesor fuera del aula, tan raro como ver a sus padres en situaciones que trascienden el hogar. En la oficina, o en la calle, o en una fiesta. 

Enola no tenía idea de las reuniones secretas de su madre, así como nosotros de pronto jamás hemos visto a nuestros padres tratar con sus clientes o empleados. 

A medida que crecemos, entendemos que la vida es como un caleidoscopio de escenarios, donde nuestros padres siguen siendo nuestros padres, pero se cambian el sombrero de “padre” a “profesional” o a cualquier otra cosa, dependiendo de la ocasión. 

Entender que nuestros padres también pueden fallar, equivocarse, sentirse mal y no ser perfectos, no los hace defectuosos ante nuestros ojos. Al contrario, los hacen más hermosos. 

Más allá de la imitación, los alumnos aprenden de los profesores porque “no les dan un pez, los enseñan a pescar”. Si nuestros padres nos ayudan a lidiar con nuestros problemas y luego nos dejan luchar solos, aprenderemos mucho más. Independientemente de si luchamos como ellos lo harían o no. 

Pero que un hijo quiera seguir los pasos de alguno de sus padres sabiendo completamente lo que eso implica, es porque su padre o madre le dejó un gran ejemplo. Yo sé que quiero parecerme a mi mamá cuando crezca. ¿Cuántos podemos decir eso de nuestros padres? 

Foto: Netflix

Ser el raro de la familia, pero un gran ejemplo en la sociedad

Sé que Mycroft Holmes no puede decir eso. Si en algo se esforzó el hijo mayor de los Holmes fue en desmarcarse por completo de la figura de su madre. 

“Una mujer salvaje y peligrosa crió a una niña salvaje” son las palabras de este distinguido y refinado caballero cuando ve en lo que se ha convertido su hermana menor al crecer solo con Eudoria. 

Enola y Mycroft hacen cortocircuitos, empezando porque ella es la viva imagen de su madre. Ambos hermanos tienen definiciones muy distintas de lo que es “inaceptable”.

Para Mycroft es inaceptable que Enola sea una “descarriada”, por lo que quiere convertirla en una joven que encaje en la sociedad. Para Enola es inaceptable que Mycroft quiera cambiar quién ella es, solo para convertirla en una más del montón. 

Mycroft siempre tan conservador, siente grima al escuchar la palabra “liberal”. En su cabeza, una mujer tiene un rol y un lugar muy claro en la sociedad, una manera de comportarse; y su hermana es todo lo contrario a ese ideal. 

A Enola no le molesta para nada llevarle la contraria al mundo. “Para que mis hermanos no me encuentren, debo convertirme en algo completamente inesperado: en una dama”, le dice el personaje a la cámara mientras compra un vestido. 

No culpo a Mycroft por querer convertirse en un hombre conservador como reacción contraria al comportamiento liberal de su madre. Cuando en tu casa te enseñan algo y al salir a la calle ves todo lo contrario, la confusión es más que válida.

Comienzas a cuestionarte dónde prefieres encajar: en tu círculo más cercano o en el mundo exterior. Es como la prima Marilyn de la Familia Monster; era lo que nosotros consideramos “normal” pero para su familia era la rara de la casa. 

Como instinto de supervivencia, quererte parecer al grupo en el que quieres encajar es más que  comprensible. Todos tenemos una manera de pensar única, pero que a grandes rasgos nos encasilla en distintos grupos. ¿A favor o en contra del aborto? ¿De izquierda o de derecha? ¿Religioso o ateo? ¿Supersticioso o realista? Y así mil ejemplos más. 

En una manera quizás un poco anticuada, Mycroft queriendo convertir a su hermana en el modelo de la mujer ideal de la época, si bien significaba cortarle las alas, podía ser (dentro de su línea de pensamiento) una manera de protegerla. 

Para él, estar marginado del mundo que lo rodea es aterrador. Pero para ella que nació y vivió aislada del mundo y solo trató con su madre, no es una gran preocupación. 

Foto: Netflix

Hermanos mayores: héroes para sus hermanos menores

Sherlock Holmes ciertamente ha inspirado a muchas personas en el mundo, incluyendo a Enola. La pequeña e inteligente niña recortaba todos los anuncios de periódico sobre los casos que su hermano resolvía, soñando parecerse a él algún día.

Como Batman y Robin, héroe y compañero, Enola se veía trabajando junto a su hermano para desentrañar los misterios de toda Inglaterra. 

Pero muchas veces los hermanos mayores, al ver siempre a los menores como niños sin importar la edad que tengan, no los toman muy en serio. Y por eso Enola tuvo que demostrarle a Sherlock qué tan inteligente y astuta era. Cosa que termina convenciendo a su hermano, haciéndolo sentirse orgulloso. 

Un hermano mayor se enfrenta al mundo primero y le abre camino al menor sin darse cuenta, por lo que es fácil para el menor entrar en círculos que su hermano ya ha conquistado. 

Pero también es típico el caso de que los reconozcan y comparen solo por ser hermanos menores de los primeros. Y con un apellido tan reconocido como “Holmes” este caso aplica. 

Vivir bajo la sombra de un hermano mayor puede ser molesto para algunos, pero no es el caso de Enola, quien siempre admiró a Sherlock. Es su inteligencia, astucia y hasta su sentido del humor, esa creencia de que puede ella sola luchar contra el mundo, lo que ha heredado de su hermano. 

Si bien Mycroft intentó meterla en su molde, parecería que Enola encaja mejor en el de Sherlock. Pero él, tan solitario y acostumbrado a su vida trabajadora, jamás contempló la idea -sino hasta casi el final de la película- de cuidarla y hasta ser su mentor, ¿por qué no?

Pero cuando Enola demuestra de lo que es capaz sin la ayuda de su hermano, es el mismo Sherlock quien la deja ir, orgulloso de lo que ha logrado, y sabe que en eso se parece a él y a Eudoria. La niña puede cuidarse sola. 

Foto: Netflix

Tomar las riendas de nuestras vidas

“Estar solo significa que debes encontrar tu propio camino. Pero ahora veo que estar sola no significa que los Holmes tengamos que estar solos. Madre nunca quiso eso. Quería que encontrara mi libertad, mi futuro, mi propósito. Mi vida es mía. Y el futuro depende de nosotros”, reflexiona Enola. 

Somos quienes somos por donde y con quienes hemos crecido. Aprendemos de ellos y del entorno para bien o para mal. Pero nosotros decidimos qué hacer con las lecciones que el mundo nos ha enseñado. 

Si algo he aprendido es que el humano está programado desde el primer día para conseguir su felicidad, es decir, aquello que lo haga sentir pleno. La manifestación de esto es distinta para cada uno de nosotros, pero todos anhelamos conseguir eso. Sentirnos plenos. 

La felicidad es decidir quién quieres ser, con quién quieres compartir tu vida, qué quieres hacer por el resto de tus días y bajo qué valores construirás tu filosofía de vida. 

Y si bien esto lo alcanzamos solos, los humanos son los únicos seres a los que la plenitud puede negársele fácilmente. Un bonsai es un árbol normal que se le truncó su crecimiento. Los humanos pueden pasar de ser semillas de grandes árboles a pequeños bonsáis si quienes los cuidan no saben cultivarlos.

La plenitud es difícil de alcanzar, pero si cuentas con una buena familia que te respalde podrás llegar lejos. “El futuro depende de nosotros”, dice la chica en la película. Enola encontró su propio camino, pero una gran parte de ese descubrimiento fue gracias a que es una Holmes. 

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