• El actor español Iván Massagué, quien ya había trabajado en El laberinto del fauno y en la serie El barco, encontró por fin el éxito con la película El Hoyo de Galder Gaztelu-Urrutia que acaba de ser elegida como candidata de España para el Óscar, pero él estaba confinado en casa

Iván Massagué, el actor español (Barcelona, 1976), sospechaba que tenía “un as” entre las manos.  Y vaya que tenía razones para pensarlo: la película El Hoyo, dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia, se alzó primero con el Premio del Público en la sección Midnight Madness (proyecciones nocturnas) del Festival de Toronto en septiembre de 2019. Y un mes más tarde fue galardonada con el Premio a la Mejor Película en el Festival de Sitges.

Él, que había formado parte del elenco del film El laberinto del fauno, y que había ganado algo de notoriedad con la serie El barco, pensó que podía haber llegado el momento más importante de su carrera. ¿Acaso una estatuilla del Óscar? ¿Por qué no soñar con ello? Y, sin embargo, El Hoyo pasó casi desapercibida por las salas de cine de España.

“Sabíamos que teníamos un material muy bueno. Es verdad que es una película de muy bajo presupuesto, pero ganó el Festival de Toronto y luego se convirtió en la primera película española en ganar el de Sitges, que lleva 52 ediciones. Así que nosotros nos emocionamos y dijimos: ‘¡Caray!’. Pero al ser tan pequeña, no tuvimos el dinero para promocionarla, para hacer carteles y pegarlos en los autobuses o cualquier otra parte. ¡Fue una pena que no funcionara! E igual fue un año en el que hubo una competencia muy fuerte en los Goya –el galardón del cine español–: estaba (Antonio) Banderas, (Antonio) de la Torre… Por lo que fuera, no funcionó”, se lamenta Massagué, en entrevista para El Diario, a quien sin embargo le quedaba aún una ficha para apostar a principio de 2020: el estreno de la cinta en la plataforma de Netflix.

Y entonces se atravesó en su camino la pandemia del coronavirus, que iba a cambiar radicalmente la vida de millones de personas en todo el mundo. Y sobre todo a poner de cabeza la suya, pues El Hoyo, que fue elegida recién como una de las tres candidatas de España en la competencia por el Óscar de la Academia, se convirtió en un gigantesco fenómeno de audiencia de la plataforma de proyección de cintas y series en línea.  

Bueno, fue muy extraño porque la película tenía fecha de estreno el 20 de marzo y justo dos semanas antes nos confinan en nuestras casas. Y de repente se estrena y empieza a subir la espuma. Y espuma por toda la casa. Y espuma por todo el barrio. Y espuma por todo el país. Y de repente esa espuma llega a Estados Unidos con el 77% de los espectadores de Netflix. Y se mantiene de número uno durante los días siguientes. Y entonces empiezan las entrevistas todo el rato, y también los memes. Fue muy extraño, porque comencé a vivir el éxito en zapatillas y pijama. Estaba en casa, pero quería salir a celebrarlo, compartirlo, pavonearlo. Igual era una sensación bastante bonita, porque dabas entrevistas todo el día, pero muy extraña”, se ríe Massagué.

La película, que ha sido calificada como un thriller con ribetes de denuncia social y comedia negra, narra la historia de Goreng, un hombre común y corriente que despierta  en una prisión vertical de hormigón en la que su compañero de celda le explica rápidamente que los alimentos son distribuidos allí diariamente a través de una plataforma que viaja desde la parte superior, deteniéndose por breves minutos en cada piso, hasta los niveles más bajos. De modo que “los de abajo” solo alcanzan a probar lo que han dejado “los de arriba”; lo que muchos entendieron finalmente como una gran metáfora del capitalismo. Un tema mucho más sensible, apunta Massagué, por causa de la pandemia y el confinamiento.

“Imaginaros que, en lugar de comida, en esa plataforma bajara papel de wáter (papel toilette), que desapareció de pronto de los supermercados durante las primeras semanas de confinamiento. Imaginaros que en esa plataforma bajaran mascarillas, respiradores artificiales… Creo que el mensaje nos llegaba a todos más cerca por esa razón. Ciertamente es una película con muchos mensajes encriptados, con un guion muy potente, y que en ciertos puntos habla de la diferencia de clases, de los de arriba y los de abajo, de la repartición de riquezas, del individualismo en el vivimos todos ahora. Creo que a eso se debe que, después de su estreno, se haya convertido en una película de autor, de género, y que vamos a recordar todos”.

Y con un final, coincide él, que funciona como una gran intriga para que el público se vea obligado a reflexionar y a hacerse una y diez preguntas una vez que han desaparecido los créditos de la pantalla. “Se ha hablado muchísimo porque es muy abierto. Es un final que te puede parecer como ‘¡Qué morro tenéis!’, ‘¡Qué cara la tuya!’ o ‘¡Qué inteligente!’, por el hecho de no querer encorsetar el imaginario del espectador. Dejarlo abierto al imaginario de cualquiera es más bonito, pero está claro que la niña representa la pureza, la esperanza en el mundo, la luz de las nuevas generaciones…  Es la esperanza, y es importante porque significa reventarle  la cabeza al sistema que tanto nos oprime”.

Y sí: Iván Massagué logró por fin lo que tanto anhelaba. Su nombre no solo pasó a estar en la cabeza de escritores, directores y productores de España, sino que los contratos comenzaron a lloverle. Él se ríe:

“Obvio… Ese era mi pensamiento interno. Muy bien, yo venía de hacer teatro en Cataluña, en Barcelona, y justo acaba de terminar funciones. Y estaba en ese momento en el que ya no había más propuestas. Y pensaba: ‘Si no sale nada de trabajo después de 56 millones de reproducciones en Netflix, yo no me suicido, pero sí me retiro. Dejaba de creer en la profesión, dejaba de confiar en industria, y me dedicaba a otra cosa. Pero la verdad es que ya están pasando cosas. Digamos que se está haciendo justicia. Y estoy trabajando para Amazon Prime y para Televisión Española en un protagónico con Blanca Portilo y Adriana Ugarte”. Pero no te creas… en esta profesión no hay que creer en nada hasta que te dicen ‘¡Acción!’. Pero estoy muy contento. Lo más jodido es este puñetero virus que me tiene hasta los huevos”.

Ha escuchado también rumores aquí y allá de que podría haber una secuela de El Hoyo, lo que, por cierto, no parece hacerle muchísima gracia. “No nos han dicho nada formalmente, pero es cierto que a fenómenos como el que ha sucedido con esta película se les suele exigir una segunda parte. Habría que pensar mucho en lo que se va a hacer. Pero si me preguntas, yo lo dejaría así. Una serie podría ser también muy aburrido, ¿no?”, pregunta él.

Lo que quiere dejar claro Iván Massagué es que quiere formar parte de buenos proyectos. Con personajes memorables. Y sobre todo, actuar.  “Y eso que no tengo ni la menor idea de lo que es actuar”, aclara. “Yo llevo 25 años trabajando y te puedo decir que desde hace cuatro o cinco es que estoy empezando a entender de qué se trata todo esto y, más aún, empezando a disfrutar de esta vía de escape, de este lugar tan sagrado y protegido, y de este silencio en el que tú no mandas. Yo tengo 44 años y supongo que tiene que ver con la madurez, que te permite relajarte, respirar mejor, y entonces te muestra aspectos sumamente interesantes que antes no veías. Ahora ves que los actores jóvenes suben, bajan, cantan, bailan, hablan idiomas, y puede que sean increíbles en cada uno de estos aspectos, pero actuar es mucho más que eso. Yo solo puedo decir que eso en la vida real, en la que vamos tan rápido, es difícil de conseguirlo y, como te digo, de disfrutarlo”.

El éxito es secundario para él, jura. “Hay gente que vive de eso, pero a mí es algo que no me interesa. Una premiere, una alfombra roja, unas fotografías, en fin, todo ese escaparate de moda que da de comer a mucha gente, sirve para presentar el trabajo que has hecho y hasta para defenderlo y tratar de que llegue a más y más personas. Pero te paseas unos segundos y ya está. Sin embargo, el éxito no está necesariamente ligado a eso. Mira que yo he visto a mucha gente estrellada contra la pared precisamente por no entender esta profesión. De repente ganas dinero y eso está bien para poder vivir con comodidad, para viajar y conocer al mundo, por ejemplo. Porque en este mundo, como está plantado, necesitas dinero. Pero debes saber que la vida va de esto: de repente estás arriba y de repente te la juegas y vuelves al nivel más debajo de El Hoyo y ya sabes que no es agradable, porque cuando has probado la miel es muy jodido. Pero hay que entender que hay cosas más importantes y ese es el secreto”.

«¿Qué a quién elegiría yo para meter en El Hoyo? Pues está clarísimo: a toda la clase política. Porque la peli habla de que un día estás arriba y, al siguiente, abajo. Y creo que muchos deberían experimentar lo que se siente».

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