• Para las elecciones presidenciales de 1948, todas las encuestas daban como ganador a Thomas Dewey, algunas de ellas con una ventaja de hasta 12 puntos. Pero el día de las elecciones todo cambió. El presidente electo fue Truman. Hoy, 72 años después, la heroica podría repetirse si el presidente Trump vence a Joe Biden. Foto principal: UPI

La portada de la edición del 3 de noviembre de 1948 del Chicago Tribune titulaba “Dewey derrota a Truman”. El medio enarbolaba así una victoria que ya desde hace meses se daba por sentada. Pocos dudaban de que el resultado iba a ser otro. Pero algo andaba mal. Ese mismo día, el presidente Harry S. Truman, quien según el diario había sido derrotado, agitaba eufóricamente el periódico, con una sonrisa sin disimulo. En realidad, había ganado. Logró el 49% del voto popular, y 2.303 votos electorales, mientras que el republicano Thomas Dewey se quedó con el 45% de los votos, 189 sufragios del colegio electoral, y con un fracaso estrepitoso.

El fiasco del Chicago Tribune, sin embargo, tenía otros responsables a cuestas. Los sondeos le daban como ganador absoluto de las elecciones, algunos con una ventaja de 12 puntos. Era tal la confianza en la derrota del presidente Truman ante Dewey, que uno de los mayores expertos del periodo, Elmo Roper, anunció que dejaba de realizar sondeos por considerarlos innecesarios. No obstante, el demócrata de poco carisma se reveló como una figura política de campaña, y continuó en el cargo. No en vano, cuando algún candidato marcha muy por debajo en las encuestas, recuerda las elecciones de 1948.

Aunque desde entonces han cambiado muchas cosas, quizás sea un aliciente para los seguidores del actual presidente, Donald Trump, a quien las encuestas le auguran, casi con total seguridad, una derrota el próximo 3 de noviembre contra Joe Biden. Es, del mismo modo, una alerta de no confiarse para los votantes del demócrata. Algo similar ya ocurrió en 2016.

La presidencia accidentada de Truman

Para entender el porqué de los números de Truman en las encuestas de 1948, basta dar un repaso por su Administración. Para empezar, su lugar en la Casa Blanca ocurrió gracias al fallecimiento de Franklin D. Roosevelt el 12 de abril de 1945, muy poco después de ser investido presidente de Estados Unidos por cuarta vez. Truman, que hasta ese momento era un vicepresidente sin autoridad y desconocía los grandes asuntos de Estado, debió asumir el liderazgo del país en plena crisis.

Roosevelt dejó inconclusa buena parte de la tarea que tenía entre manos. Que no era poca cosa: si bien la Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente ganada por los Aliados, la resolución del enfrentamiento parecía ser, en sí misma, tan conflictiva como la guerra. Además de eso, en el frente del Pacífico, la rendición de Japón era otro asunto a resolver. Truman respondió con dureza, quizás excesiva, sobre todo en el caso japonés: autorizó las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Pero en el plano internacional es también recordado su rol determinante para la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La economía tampoco marchaba bien. La inflación se desbordó, hubo escasez de algunos alimentos, y una ola de protestas tomaban algunas ciudades del país. El panorama no podía ser más caótico, y era una oportunidad inmejorable para las aspiraciones republicanas de recuperar la presidencia, después de 16 años con los demócratas en el poder.

“Truman fue el último vicepresidente no muy bien preparado de la historia política de Estados Unidos”, dijo recientemente para El Diario Erick Langer, profesor de Historia de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Georgetown.

Para 1948, Thomas Dewey, un antiguo fiscal y gobernador del estado de Nueva York que se había hecho muy popular tras emprender una guerra contra la Mafia, especialmente contra el capo Lucky Luciano, era el favorito para suplantar a Truman y mejorar las condiciones del país.

Tren hacia la victoria

La presencia de Truman creó división en el Partido Demócrata de cara a las elecciones presidenciales. El sector más conservador, el más arraigado en el Sur y en donde el racismo todavía era radical, eligieron a Strom Thurmond como su caballo ganador, formaron un nuevo grupo político, el Dixiecrat, y se lanzó a la carrera presidencial. Entretanto, el ala izquierdista también montó su propia formación, encabezada por el exvicepresidente Henry Wallace. El centro, sin más remedio para evitar los extremos, apoyó a Truman.

Una vez que arrancó la campaña, Truman acentuó una política que se dio durante su gestión: los viajes por el interior del país. Recorrió 48.000 kilómetros en pocos meses. El tiempo apremiaba, así que sus mítines eran una fórmula hasta hoy recordada. A bordo del tren Ferdinand Magellan, daba sus discursos en la parte trasera, se fotografiaba con la autoridad local, y un saludo a las multitudes. Entretanto los republicanos apelaron a una campaña más modesta. Estaban confiados.  

Años más tarde de dejar la presidencia, en su libro Mr. Ciudadano, contó la experiencia de campaña. Recordó Truman sobre la subestimación a su nominación:

Muchísima gente, principalmente republicanos, supusieron que el pueblo estaba cansado después de dieciséis años de presidencia de Roosevelt y de Truman. Pero yo estaba seguro de que se equivocaban. Recorrí todo el país de arriba a abajo y lo vi por mí mismo. Mantuve los ojos abiertos y una oreja pegada al suelo, aunque recordaba lo que Hanna había dicho de McKinley. Había dicho que este tenía tan pegadas las orejas al suelo que se le llenaron de saltamontes. Pero no se me dañaron los oídos”.

El milagro se consuma

Un día antes de las elecciones, Truman se dio un baño turco, cenó un bocadillo y se acostó temprano para despertarse en la madrugada con los primeros resultados ya sobre su mesa. Incluso para él, lo que vio era motivo de sorpresa. Había ganado con dos millones más de votos populares sobre su rival, y obtuvo victorias ajustadas en California, Ohio e Illinois.

Con los resultados, llegaron los lamentos de quienes confiaron en la victoria de Thomas Dewey. El Chicago Tribune cambió su titular de portada, pero lo hizo demasiado tarde: ya habían sido impresos y enviados más de 100.000 ejemplares dando a Truman como el perdedor. Mientras que el experto en sondeos Elmo Roper, dijo “yo no podía estar más equivocado. Lo que más me preocupa en este momento es por qué estaba equivocado”.

La situación quedó en la memoria de muchos. Es una lección de no dar por seguro un resultado y hoy, que todas las encuestas dejan sin posibilidades al presidente Trump de reelegirse, el milagro de Truman reaparece. 

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