• El asesinato de la mujer de 39 años de edad ocurrió cuando ninguna de las medidas judiciales fueron suficientes para protegerla de ser una víctima de la expresión más grave de la violencia de género contra la mujer

Su mamá fue la primera en llegar. La encontró en el piso y en su mano tenía un orificio. Había intentado desviar la bala, pero terminó en su cabeza. Tenía otro disparo en su pecho. No había tiempo, la miró y la tocó mientras estaba tendida frente a su edificio en la avenida Baralt, en Caracas. Intentaba acariciarla para que reaccionara. No reaccionó. La montó en el carro de una amiga. “No dejes que Carla se duerma”, le dijo. La llevaron hasta el Hospital Vargas, pero su pulso ya se había desvanecido. La declararon muerta cuando caía la noche del viernes 31 de julio de 2020, cinco días antes de su cumpleaños número 40.

Una hora antes, Carla Ríos había bajado hasta la planta baja de su residencia para entregarle unas cosas a un familiar cuando se encontró con su expareja Edward Chacón, quien presuntamente la asesinó. Los vecinos relatan que tenía un candado en sus manos. Era la primera vez que Carla veía a su exnovio tras dos meses separados y dos denuncias por violencia y secuestro, pero el hombre estaba dentro del edificio. La familia de Carla desconoce qué sucedió minutos antes de que él accionara el arma. Se escucharon las detonaciones. Los vecinos corrieron a mirar. El lobby del edificio quedó en silencio y el cuerpo de Carla yacía en el suelo con su pasaporte sobre ella. 

Carla y Chacón ―como es conocido― habían terminado su relación a mediados de enero. Tenían cinco años de novios, pero su rompimiento a principios de año parecía ser definitivo luego de una larga lista de intentos, sesiones y terapias. Ella tenía una empresa de trajes de baño y él es dueño de una charcutería en la avenida Rómulo Gallegos. Ella tenía dos hijos y él otros dos. Vivían juntos en aquel apartamento del centro de Caracas hasta mayo, cuando ya dormían en cuartos separados tras haber decidido terminar su noviazgo.

El detonante

Una noche que Carla regresó de una fiesta con unas amigas, el pasado mes de abril. Al retornar al apartamento, Chacón entró a la habitación y tomó el celular de ella. Pidió explicaciones sobre algunas conversaciones. Ella replicó que ya no eran pareja. El hombre se levantó y salió del cuarto. Carla se acostó a dormir y en la madrugada la despertaron a golpes. El hombre amenazó con matarla, apuntándole con una pistola directamente en su pecho. En el cuarto de al lado dormía su hijo pequeño, aún así ella recibió un golpe que le partió la cabeza. Carla lo intentó nuevamente persuardirlo para que dejara de golpearla, esta vez le dijo que se quedara con su teléfono. Se calmó mientras veía el rostro de la mujer hinchado de dolor.

La mañana siguiente, Chacón se dirigió hasta su negocio. No cruzaron palabras. Carla decidió tomar algunas prendas de ropa y salió del apartamento con su hijo para refugiarse en casa de una amiga. Allí duraron más de tres días hasta que encontró el valor de contar lo que había sucedido. 

A Carla le preocupaba que todavía estuviera en su casa. Esperaba que sus pertenencias ya no estuvieran en ese lugar y que se hubiera mudado al no tener más conocimiento de su situación luego de las amenazas. Ella acordó con su mamá que lo mejor era cambiar los cilindros de las puertas del apartamento. La señora acudió con un cerrajero que realizó todo el procedimiento. Chacón no estaba en ese lugar. Pasaron cuatro días hasta que Carla decidió volver a vivir en su apartamento.

Había quedado destrozado. 

Ilustración: Lucas García

En el sitio solo quedaron los retazos de la ropa que no se había llevado. También se percibía un olor a excremento y orina. Chacón había defecado en algunas esquinas. Las máquinas de coser que había comprado para su marca de trajes de baño estaban rotas en el piso. Todo su maquillaje roto, el televisor igual y una consola de juegos que era de su hijo terminó partida en dos. Cuando Carla llegó se percató que su pasaporte con su visa americana tampoco estaba. Ella decide dirigirse a la Fiscalía para poner la denuncia por robo de documentos y por agresión y violencia física. 

Era 30 de mayo de 2020. Carla regresó a su casa donde pasaría la noche. Ese día, en la madrugada, Chacón salió del clóset con una pistola. Ella relató, en ese momento, que su expareja estuvo todo el tiempo escondido en ese lugar esperando que regresara. La despertó a golpes con la cacha del arma, la golpeó una y otra vez. La pareja forcejeó. La amenazó con asesinarla en su misma cama. Cuando terminaron de atropellarse con palabras, Carla lo convenció de irse a otro lugar donde no estuviera su hijo. Chacón aceptó y ella se dirigió al clóset para vestirse. Con el arma en mano le dijo: “Hasta para morirte te pones bonita”. Luego de eso, solo hubo silencio.

Salieron del apartamento y Chacón la llevó hasta un hotel. Carla describió que recibió golpes durante horas principalmente en el rostro. Apuntaba la pistola hacia su cabeza, le temblaba la mano y luego perdía el pulso sobre el gatillo. Discutían y él volvía a hacer lo mismo. Carla le pedía que no lo hiciera y lo persuadió con la idea de que podían volver a estar juntos. Tras horas de violencia, Chacón la llevó hasta su casa. Desde ese día no se volvieron a ver. A la mañana siguiente Carla lo denunció por secuestro.

A Chacón lo detuvieron por ambas denuncias días después. Sin embargo, no fue procesado. Salió en libertad la misma semana en que fue puesto a la orden de las autoridades. Por su parte, Carla siguió con su vida. Había conseguido volver a empezar su marca de trajes de baño y conoció a nuevas amistades. Estaba feliz. Algo que no había sentido desde que pudo superar su cáncer de estómago. 

Sobreviviente de nueve meses de quimioterapias, su familia describe que nunca perdió la esperanza de poder superar cualquier obstáculo. Perdió su cabello, utilizaba sombreros, bandanas, pero también se inclinaba por las pelucas. El día que dijeron que estaba libre de cáncer lo celebraron en familia. Fue hace 14 años. Carla asistió con una peluca y estaba contenta por la nueva oportunidad de vida que recibía. 

―¿Tú crees que ese cáncer me iba a joder a mí? Siempre supe que no me iba a vencer.

Lo dijo cuando las copas se chocaban y el sonido del vidrio rebotaba en los tímpanos de los asistentes. En la cena aquellas palabras provocaron un frío que se colaba por todo el cuerpo. 

―Cuando nos avisaron que a Carla la habían asesinado volvimos a sentir ese frío que invade todo el cuerpo y te paraliza― relató un familiar. 

Ilustración: Lucas García

La familia sostiene que las conductas agresivas y las muestras de violencia contra Carla aparecieron en menos de seis meses. El hombre siempre fue invitado a las celebraciones familiares. Dicen que era común verlo sentado en el mueble mientras festejaban Navidad y fin de año. Abría regalos y no mostraba ningún síntoma del deterioro de su estado mental. Fue hasta el 31 de julio que salió a la luz un video en el que Chacón amenazaba con suicidarse si Carla no aceptaba volver a estar con él. Le decía: “Yo te perdono”, mientras sostenía el arma apuntando hacia su cabeza. Repetía esa frase una y otra vez que la “perdonaba” por poner la denuncia contra él. Ya Carla estaba muerta.

Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una vida Libre de Violencia

La Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en Venezuela establece que, al momento de denunciar al agresor, se deben dictar unas medidas de protección y seguridad, ajustadas a las características de la situación violenta. Sin embargo, el femicidio es una palabra nueva para el sistema judicial venezolano.

Se incorporó a la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia​ en la reforma de 2014. Para ese año, según ONU Mujeres, al menos 6 países de la región ya tipificaban el delito en sus leyes y códigos penales: Perú, Chile, El Salvador, Guatemala, México y Nicaragua. La ley venezolana define el feminicidio como “la forma extrema de violencia de género, causada por odio o desprecio a su condición de mujer, que degenera en su muerte, ‘producida tanto en el ámbito público como privado’”.

Un cuadro de datos refleja que durante los últimos nueve meses del año se han registrado 195 feminicidios. De esta cifra, al menos cinco mujeres son asesinadas semanalmente en Venezuela según información recabada por la organización Utopix.

Muchos de estos casos, de acuerdo con lo denunciado por las distintas ONG, se mantienen impunes. En cuanto al caso de Carla, a tres meses de su asesinato, el presunto responsable sigue prófugo de la justicia.

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El funeral de Carla tuvo lugar dos días antes de su cumpleaños. Ella había comprado un vestido negro con destellos plateados para celebrar, en familia, sus 40 años de edad. Estaba emocionada. Los días anteriores había planeado un almuerzo por el contexto de la pandemia del covid-19. Quería que todos se vistieran elegantes. Dijo que era una ocasión especial y que había que celebrarlo a pesar de ser una fecha atípica. Cuando a la familia se le consultó cómo iría vestida Carla dentro del ataúd decidieron que fuese con el vestido que nunca se pudo estrenar.

La familia Ríos dejó de salir por miedo. Al grupo familiar de WhatsApp llegaban mensajes de que Chacón fue visto en una farmacia, que luego de asesinar a Carla se tiñó el cabello y ahora era rubio. Confiesan que tienen miedo de que el presunto responsable pueda tomar represalias en contra de la familia. Los parientes de Carla piden dar seguimiento al caso, pero no han recibido noticias tres meses después de su asesinato. Las autoridades indican que no existen pistas sobre el paradero de Chacón, dicen que es como darle un mapa a una persona con los ojos cerrados. A pesar de esto, los familiares piden justicia aunque la ley venezolana no fue capaz de proteger a Carla, víctima de la expresión más grave de la violencia de género.

En 2016, el Ministerio Público registró 122 femicidios. Adicionalmente, el organismo encontró evidencias para imputar a los asesinos en 108 casos y 50 personas fueron condenadas. Las cifras de 2017, 2018, 2019 aún no han sido publicadas.

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