• Entre el 14 y el 19 de noviembre murieron siete pacientes renales larenses por complicaciones asociadas a la mala calidad del sistema de salud. Foto: El Periódico de Lara 

“He tenido episodios de depresión. Lloro mucho estos días, porque intentamos ayudarlos pero a fin de cuentas no lo logramos”, admitió con tristeza Yaniry Envíes, paciente renal, al recordar la muerte de siete personas que recibían diálisis en el estado Lara. 

Yaniry conoció de cerca a tres de las personas que murieron entre el 14 y 19 de noviembre de este año. Sin embargo, ninguna despedida la impactó tanto como la de Jorge Cordero, un hombre que perdió la vida mientras recibía la diálisis. 

La paciente ayudó a difundir una campaña de apoyo en la que solicitó recursos para que Cordero pudiera comprar medicinas y pagar exámenes de sangre.

La situación de los pacientes renales es muy complicada. El día que el señor falleció no había insumos para esa emergencia, no tenían cómo entubar, ni siquiera había aire acondicionado”, explicó en exclusiva para El Diario.
Diálisis. Es un proceso en el que se extraen las toxinas de la sangre y que se utiliza como terapia renal sustitutiva tras la pérdida de la función renal.

Los otros dos compañeros de Yaniry fallecieron luego de varias complicaciones. Una de las muertes la atribuyen a contagio por covid-19, aunque la paciente aseguró que se trató de una infección previa al diagnóstico de coronavirus

El otro caso se trató de un joven que requería un cambio de prótesis vascular para diálisis, pero no logró comprarla y la falta de tratamiento acabó con su vida. 

Sacrificio sin fin

A los 9 años de edad Yaniry fue diagnosticada con diabetes tipo 1 y desde ese momento depende de aplicaciones de insulina. 15 años después, durante su segundo embarazo, comenzó a presentar eclampsia, falla renal e hipertensión. 

Por cinco años más la mujer pudo mantenerse con tratamiento farmacológico, pero luego su estado de salud se complicó y comenzó a recibir hemodiálisis en el año 2015. 

“Tenía mis valores de urea y creatinina muy elevados. La diálisis era mi salvación y bueno, aquí estoy”, agregó la paciente. 

Pese a que la diálisis le salvó la vida, estos cinco años han sido agridulces para Yaniry. En varias ocasiones estuvo expuesta a infecciones y su cuerpo se descompensó hasta el punto de tener que acudir a una sala de Emergencia. 

Hace año y medio estuve en la Emergencia del Hospital Central, pero tuve que firmar para retirarme. No había ni siquiera jelcos para poner una vía y estaba lleno de moscas. Me salí porque corría más peligro allí y sin tratamiento”, detalló la joven.

Pandemia, gasolina y diálisis

Yaniry aseguró que durante la pandemia las condiciones de las unidades de diálisis y otros centros de salud han decaído. Además, denunció que la poca disponibilidad de gasolina en el estado Lara limita a los pacientes que necesitan acudir a sus tratamientos. 

En el mes de octubre la paciente presentó una complicación. Su hemoglobina bajó a 5,8 gramos por decilitro (g/dL), cuando los niveles normales deben oscilar entre 12 y 15 g/dL.

Cuando me descompensé tuve que irme a hacer cola en una estación en el carro a pesar de que me sentía muy mal, no podía ni hablar. Y bueno, esperar turno para surtir porque la necesitaba para movilizarme”, relató la joven.

Yaniry pudo ir hasta el banco de sangre del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) en Barquisimeto, porque necesitaba transfusiones de sangre. 

Serología. Es un estudio que permite comprobar la presencia de anticuerpos en la sangre.

En el centro asistencial recibieron la sangre de su donante, pero no le pudieron hacer la serología que es obligatoria antes de la transfusión. Por cuatro días seguidos Yaniry asistió al banco de sangre, donde la única respuesta que recibía era que el licenciado estaba ocupado y debía esperar. 

“El último día me senté al frente del banco de sangre desde las 8:00 am y me entregaron el concentrado a las 3:00 pm. Yo seguía con la hemoglobina en 5.8”, reiteró. 

Decisiones de vida

Aunque su salud debería ser lo más importante, en ocasiones Yaniry tiene que elegir entre comprar alimentos para su familia o medicamentos solo para ella. 

Aseguró que de ella dependen sus dos hijas y prefiere interrumpir su tratamiento a permitir que ambas se acuesten sin comer. 

A veces no me compro los medicamentos. Debo decidir entre comer o comprar medicinas. Además del problema renal yo soy insulinodependiente y una insulina cuesta 30 dólares en farmacias”, detalló.

Aclaró que ella no es la única que afronta ese dilema, porque todos sus compañeros de diálisis deben cumplir tratamientos costosos y difíciles de adquirir. Explicó que en la unidad donde se dializa asiste un joven de 18 años de edad que toma a diario cuatro antihipertensivos, de los cuales solo adquiere uno a través del Seguro Social. 

Pese a que la falta de poder adquisitivo es el principal obstáculo para conseguir medicamentos, Yaniry se unió a varios pacientes para conformar la fundación Vida Renal Contigo, con la que buscan medicinas en donación para las personas en diálisis. 

A través de la fundación, la paciente hizo denuncias sobre la situación de las unidades de diálisis y solicitó ayuda para sus compañeros, que no lograron ganarle a la enfermedad. 

A pesar de las muertes que ocurrieron en menos de una semana, Yaniry mantiene la esperanza de poder hacer que los pacientes en diálisis tengan una mejor calidad de vida. Que no se conviertan en víctimas de la emergencia humanitaria. 

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