• Los costos de los medicamentos son el ejemplo más claro de hiperinflación para quienes dependen de una pensión por vejez de 1.200.000 bolívares 

Marina Morillo es gastroenteróloga y está jubilada. Antes de la pandemia por covid-19 aún ofrecía consultas en una clínica en Maracaibo, estado Zulia, para poder percibir más ingresos, pero ante la amenaza que representa contagiarse de coronavirus dejó el consultorio. 

Ahora solo depende de su pensión de 1.200.000 bolívares (1,30 dólares según la tasa oficial del Banco Central de Venezuela) y de lo que su hijo pueda mandarle desde el exterior. 

La médica menciona con orgullo que es sobreviviente de cáncer de mama, pero su salud ha decaído por otros motivos. Ahora tiene hipertensión arterial y resistencia a la insulina, por lo que debe tomar medicamentos a diario para controlar ambas condiciones. 

Tomo metformina y losartán potásico, pero no me alcanza. Hago como muchos, solo puedo comprar comida. Es triste que después de 35 años de trabajo no alcance la pensión para comprar medicinas”, expresó Morillo en entrevista para El Diario.

La pensionada admitió que en ocasiones ha suspendido los tratamientos. Sus únicas alternativas son mantenerse con una dieta baja en sal y, cuando puede, tomar pastillas vencidas. 

Pensión. Desde el 1º de noviembre los pensionados venezolanos reciben 1.200.000 bolívares de pensión, a pesar de que no hubo un anuncio oficial del régimen de Nicolás Maduro sobre el nuevo monto.

La gastroenteróloga confesó que los periodos que pasó sin tratamiento sintió fuertes dolores de cabeza en la región occipital. Agregó que tras estos episodios teme que pueda sufrir un accidente cerebrovascular (ACV).

“Tuve un familiar que no pudo comprar sus medicamentos y se comía un ajo todos los días, porque decía que eso le bajaba la tensión. Lamentablemente un día le dio un infarto y falleció. La hipertensión es silenciosa y no se puede suspender la medicina, porque cuando menos piensas hay una subida de tensión y ocurren infartos o ACV”, detalló. 

Sin recursos para emergencias

Alejandrina Aguiar es pensionada y vive en la ciudad de Caracas. Aunque cuenta con su pensión como principal ingreso, sus hijos la ayudan para poder cubrir sus gastos médicos. 

Hace 11 años, Alejandrina fue diagnosticada con diabetes tipo 1 y en julio del año 2020 tuvo fuertes complicaciones. 

Ella se levantó con dolor leve en la cabeza, pero salió a comprar unas frutas. Al llegar a planta baja del edificio empezó con dolor más fuerte pero le dio en el ojo y al subir le tocó a una vecina enfermera para que le colocara algo para el dolor”, explicó Carolina Aguiar, hija de Alejandrina, en entrevista para El Diario.

Carolina comentó que lo primero que observó la vecina fue que la dirección de uno de los ojos de Alejandrina estaba cruzada. Mientras la mujer gritaba y lloraba por el dolor, la enfermera le inyectó un analgesico que la calmó por el momento. 

Mientras el dolor bajó, el ojo recobró su dirección pero no la vista. Cuando Carolina recibió la llamada de la enfermera se fue directamente a llevarla para un hospital. 

“Ese día fuimos al hospital Vargas pero todo estaba colapsado por la pandemia. Entonces tuvimos que reunir todo el dinero que teníamos mi cuñada, mi hermano, mi esposo y yo para que nos la recibieran en un centro de salud privado. Tuvo un desprendimiento de retina por una subida de azúcar”, agregó. 

“Solo toma medicamentos que puedo pagar o que nos regalan”

El complicado cuadro clínico de Alejandrina la ha obligado a extremar sus cuidados médicos, pero también a aumentar sus gastos. 

Actualmente debe tomar alprazolam (para la ansiedad), metformina (para la diabetes), sertralina (antidepresivo), diclofenac (analgésico) y atorvastatina (para disminuir el colesterol en la sangre). Además debe inyectarse insulina cristalina. 

De estos medicamentos solo toma los que puedo pagar o que nos regalan. Por ejemplo el alprazolam cuesta más de 1.800.000 bolívares ($1,96, según el BCV), el diclofenac 2.000.000 ($ 2,17), la atorvastatina 3.000.000 ($ 3,26) y cada jeringa cuesta 90.000 ($ 0,09)”, detalló Carolina.

La hija explicó que la mayoría de sus ingresos se van en las medicinas de Alejandrina, por lo que considera que la pensión que recibe su madre es insuficiente para cualquier venezolano. 

“Puedo tener una recaída”

Desde el año 2013 el cáncer es parte de la vida de Mildred Rodríguez. Tanto sus tratamientos como los exámenes que necesita para verificar su estado de salud anualmente son de muy alto costo. 

Debo tomar diario femara que me costaba 17.000.000 de bolívares (18,5 dólares) e inyectarme cada seis meses ácido zoledrónico que costaba 13.000.000 de bolívares (14,16 dólares) en septiembre», dijo Mildred en entrevista para El Diario.

Adicional a estos fármacos, los médicos le recomiendan a Mildred tomar ácido fólico y calcio con vitamina D, lo que minimiza los efectos secundarios de los medicamentos oncológicos. 

Sin embargo, estos suplementos solo los usa cuando alguien se los regala, debido a que su pensión de 1.200.000 bolívares mensuales no es suficiente para adquirirlos. 

“Entre amigos y familiares me ayudan, pero si no puedo seguir mi tratamiento lo peor que puedo tener es una recaída y ni siquiera tengo el dinero para hacerme los exámenes y saber que tan grave estaría”, destacó la pensionada. 

Riesgos 

José Miguel Torres Viera, presidente de la Sociedad Venezolana de Cardiología, dijo en una entrevista previa para El Diario que es sumamente importante mantener los tratamientos de la tensión y el corazón durante la pandemia. 

El especialista explicó que cuando las personas se mantienen mucho tiempo sin salir de sus casas como protección contra el covid-19 se pueden volver sedentarios

Covid-19. Torres Viera aseguró que las personas con enfermedades cardiovasculares y covid-19 no pueden suspender el tratamiento cardiológico, pues el coronavirus tiende a estabilizar los síntomas de la enfermedad de base.

Detalló que la falta de actividad física y la mala alimentación predisponen a los pacientes a tener complicaciones de las enfermedades cardiovasculares, por lo que es necesario tener a la mano los medicamentos indicados por el médico. 

Por su parte, Elizabeth Rojas de Poller, médico endocrinólogo, aseguró que se ha vuelto usual ver a pacientes que suspenden o alteran sus tratamientos por la imposibilidad de costearlos.

“Los medicamentos que deberían tener en reserva para cumplir su tratamiento sin tener que salir a la calle no los tienen y algunos se han visto en la necesidad de reducir las dosis para rendirlos”, señaló Rojas en exclusiva para El Diario.

La médico expresó que esos cambios en los tratamientos alteran los niveles de glicemia e insulina del organismo, lo que puede manifestarse en complicaciones o síntomas graves de la enfermedad. 

Los derechos a la salud y a la vida son inalienables para todos los venezolanos. Sin embargo, los pensionados son aparentemente quienes ven cada día más vulnerados estos derechos, mientras soportan los estragos de la emergencia humanitaria y la hiperinflación. 

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