• Las tradiciones navideñas son un símbolo cultural de la vida en familia. Sin embargo, en los últimos años, la población venezolana ha modificado su bagaje tradicional por la crisis económica y humanitaria

La época decembrina está caracterizada por sus tradiciones que pasan de una generación a otra. La hechura de las hallacas, mientras los ingredientes están regados por la mesa y los pequeños de la casa limpian las hojas; el cantar de los villancicos entre los vecinos anunciando que, aunque las dificultades sean atosigantes, existe un crisol de esperanza, entre muchas más, son parte de la historia familiar de cada venezolano. 

La crisis humanitaria y económica de los últimos años ha provocado que la unión familiar -aspecto primordial para la conjunción de la tradición navideña- se quebrara. Más de 4.000.000 de venezolanos se encuentran en el extranjero, como refugiados o migrantes, según las cifras oficiales presentadas por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Además, aquellos que se mantienen aferrados en el terruño sufren diariamente las dificultades para cumplir con la mera sobrevivencia que en 2020 se compaginó con el contexto pandémico. 

La propagación del covid-19 en todos los rincones del mundo creó un nuevo estado para las tradiciones decembrinas: tapabocas, gel antibacterial en las manos y distancia social. Los villancicos de casa en casa, la cercanía de los abrazos entre los familiares y la visita a los abuelos -población de riesgo- se transformaron en aspectos peligrosos de realizar. Sin embargo, en algunos sectores de la población las tradiciones siguen vigentes y, hoy más que nunca, representan bienaventuranza.

Las Misas de Aguinaldo 

Las primeras horas de la mañana, ante la mirada del Sol naciente, se visten en diciembre con los rezos de las Misas de Aguinaldo o también conocidas como “Misas de Gallo”. Los vecinos y familiares se reúnen en los templos religiosos para encontrarse sin rencores ni escaramuzas. Este año por la pandemia por covid-19 los protocolos han cambiado y el abrazo de la paz se pospuso, la entrega de ostia ocurre con la distancia necesaria y las sonrisas son sustituidas por los tapabocas coloridos. 

Aguinaldos en Caracas. parte de las tradiciones
Foto: Dalila Itriago

Misa de Aguinaldo en el 2020

La periodista Dalila Itriago visitó las misas de aguinaldo en Caracas para ver su adaptación a los cambios del contexto pandémico. Comienza a las 7:00 am, pero los feligreses deben llegar una hora antes para cumplir con los pasos de bioseguridad. Se realiza una fila con la distancia necesaria y al estar en el umbral de la entrada se toma la temperatura corporal y se aplica gel antibacterial y, posteriormente, los presentes son guiados a sus asientos. La consagración de la misa se mantiene con los mismos pasos, pero algunos se han modificado. Por ejemplo, las largas filas que se realizaban en el centro del santuario en la espera de la comunión se acabó y, en cambio, el párroco pasa por todas las bancas y le entrega la ostia en la mano a cada feligrés.

Al finalizar la misa cada uno se inclina ante el otro, como un abrazo a la distancia y una muestra de respeto ante la eucaristía, comentó Itriago. El Padre Nuestro es íntimo. Nadie se toma de las manos. Anteriormente, cuando el mundo no parecía tan volátil, las personas se congregaban cercanos al cantar de los villancicos para ver las modificaciones del pesebre, pero este año no se permitió ningún tipo de aglomeración. La salida de la iglesia es organizada por fila para, de esta manera, evitar los embotellamientos en las puertas del templo. 

El cantar de los aguinaldos se mantiene en las iglesias. Cada uno con tapaboca, separados considerablemente, pero unidos con el ritmo de felicidad decembrina y el apaciguamiento de los tiempos complicados. El cuatro, el furruco, las maracas y los tambores ambientaron la eucaristía y, aunque la situación es extraña, los presentes lograron asimilar el sosiego decembrino.

El pesebre 

La teatralidad del nacimiento de Jesucristo es mimetizado en todas las casas del país. Algunas preparan maquetas donde el agua corre y las ovejas parecieran cobrar vida, otras, de manera más austera y estoica, tienen sencillamente la imagen de José, Maria, los bueyes y el niño escondido bajo una mota de algodón. Es una tradición proveniente de España y se cumple año tras año. 

Foto: cortesía

Sin embargo, los adornos necesarios para la constitución de un pesebre son impagables para la mayoría de los venezolanos. El sueldo mínimo es de 1.200.000 bolívares, que equivaldría a 1,2 dólares según la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV). Este tipo de objetos tiene un precio que varía entre los 10 y 400 dólares, dependiendo del lugar. 

Tradiciones
Foto: José Daniel Ramos

Los juguetes que visten las faldas del pesebre cada 24 de diciembre también se transformaron en un motivo de preocupación para los padres. El poder adquisitivo es ínfimo y los precios elevados. En un recorrido realizado por El Diario se descubrió que el costo varía entre 5 y 500 dólares, según la zona y el juguete requerido. Además, en las calles se pueden ver cientos de niños, pequeños panchitos mandefuá, que no reconocen la posibilidad de un juguete. Aunque caminen frente a las vitrinas dolarizadas, las figuras de acción son parte de un mundo donde ellos, lamentablemente, no se visualizan. 

La mesa navideña 

La comida de la época navideña es la mayor representación del mestizaje y la transculturización provocada en los siglos de la colonia. En la hallaca, por ejemplo, se pueden encontrar una serie de ingredientes dispares que encuentran conjunción en el envolvimiento de una hoja de plátano. No existe plato más característico de la navidad venezolano que ese y, además, lo acompaña con el pan de jamón, el pernil y la ensalada de gallina. Una fusión histórica sintetizada en la cena. 

Foto: cortesía

Pero ese punto de unión a través de la gastronomía ha mermado por la crisis alimentaria que padece el país. En El Diario se realizó un estudio estadístico de la hiperinflación a través de la figura del pan de jamón. Esto demostró que en el mes de noviembre este plato navideño tuvo un aumento de 132,94%. El precio de un solo pan de jamón oscila entre los 10 y 20 dólares. Según algunas estimaciones el costo de una cena navideña para 6 personas puede estar entre 60 y 70 dólares. 

Las tradiciones venezolanas se han modificado, tanto por el contexto pandémico como por la implacable crisis de los últimos. Los ciudadanos, aferrados a un ápice de esperanza en la alegría decembrina, intentan mantener con austeridad los símbolos de una época feliz. Cada aguinaldo es un canto de esperanza, aunque incluya un tapabocas y gel antibacterial. La mesa navideña se ha reducido, pero, al menos, una hallaca es una remembranza al sabor del mestizaje y, para los fieles, una misa puede dar ese matiz de bienaventuranza.

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