• Los pinos decembrinos cuestan entre 100 y 250 dólares en el este de la capital. En el oeste, los precios no difieren mucho, pero los adornos son mucho más costosos

Llega Venezuela a diciembre arrastrándose y codeándose entre las adversidades. El último mes de este año enfermo y pandémico revela la disonancia cognitiva nacional, esa ya descrita por el escritor José Rafael Pocaterra en su famoso cuento “De cómo Panchito Mandefuá cenó con el niño Jesús”, una “fea e insignificante” historia —en sus palabras— dedicada a la suntuosa élite criolla, atiborrada de vicios y lujos y, sobretodo, de ceguera ante la miseria exacerbada.

Así, Caracas encierra dentro de sí varias formas de vida en permanente tensión dialéctica. Riqueza y miseria, desigualdad inédita en el país, una brecha que parece abismo. El contraste inevitable surge en lo más insólito, en el asqueroso río Guaire adornado con bellas luces navideñas durante un año completo mientras pueblos enteros permanecen sin electricidad, en los altísimos precios de los bienes y los bajísimos salarios, en el Estado que asoma la cabeza solo para silenciar a la disidencia política mientras deja hacer (laissez-faire) a la economía.

Y es Caracas también el escenario indeseado de macro eventos que se solapan unos a otros. Elecciones y Navidad, dirían los cínicos que este año tienen en común la falsedad, y los optimistas que a los comicios y las fiestas los une la fe y la esperanza.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

El este

El consumismo navideño hace campaña junto a los candidatos para la Asamblea Nacional en la calle principal de Las Mercedes, en el municipio Baruta al este de Caracas. Los carteles de Joy Arte y Decoración cuelgan de cada poste y hacen sombra a la cruzada de los futuros diputados copeyanos y de otros partidos. Joy Arte y Decoración también corona, solo por debajo de Cinex —actualmente cerrado—, la punta del Tolón Fashion Mall.

Las puertas del centro comercial están custodiadas por dos cascanueces de bronce y un diminuto (en comparación) guardia de seguridad, al que se le confirió el que todos dentro del establecimiento carezcan de fiebre y tengan las manos enchumbadas de gel antibacterial. Ya los pasillos han sido debidamente adornados, con árboles navideños en cada piso.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

En el segundo nivel, la tienda Joy Arte y Decoración exhibe una amplia gama de productos navideños amuñuñados en sus anaqueles. Un leve, casi imperceptible ritmo musical decembrino adorna la visita de los consumidores. Dice una de las vendedoras, que prefirió no identificarse de nombre y apellido, que los cojines, cascanueces, renos y los adornos de tendencia candy —decorados con motivo de dulces y con paletas de colores pasteles, diferentes a los clásicos rojo y verde— han “volado”.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Conviven en los anaqueles una amalgama de productos nacionales e importados. Los cascanueces, marca Kurt S. Adler y de tamaño similar a una ardilla adulta, pueden llegar a costar hasta 154 dólares en su versión candy. Los soldados mascadores de frutos secos con motivos celtas o vikingos cuestan solo unos pocos dólares menos. Los renos, de marca Regency International y del tamaño de un pequeño gato, pueden llegar a costar hasta 86 dólares. Y los cojines, que vuelan, cuestan entre 30 y 40 dólares.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Plena confianza tienen en Joy Arte y Decoración en la economía venezolana, escenario en el que poseen, según sus cuentas, la friolera de 500.000 clientes. 77% de los cuales, por cierto, respondieron afirmativamente ante la interrogante de si iban a hacer decoraciones navideñas, según se lee en su página web. “Estamos empeñados en llevar la Navidad a todos los hogares venezolanos como lo hemos hecho durante años para cumplir la tradición”, dijo Jesús Font, director creativo de la empresa.

En la tienda de Joy Arte y Decoración ubicada dentro del Hotel Intercontinental Tamanaco, muñecos mecánicos gigantes de los ayudantes de Santa Claus saludan a los clientes desde las vitrinas. Detrás de las cajeras, el lema de la cadena de tiendas: “Aquí nace toda la magia de la Navidad para toda Venezuela”. Y, nuevamente, el hilo musical, los cascabeles tocando delicadamente los villancicos hipnotizan y estimulan a gastar.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Los compradores, una docena que parecen asiduos al lugar debido a la familiaridad con los empleados, llevan carritos similares a los de los supermercados en los que van depositando sus compras navideñas. Se dividen los pasillos de acuerdo a la mercancía, pues hay en donde se ofrecen productos de Santa y Elfos, o Cherry y Mosaicos, o Coronas y Guirnaldas, o Snowman, Follajes, Candy y Ginger. Un árbol de Navidad, de 2.13 metros de altura, cuesta 250 dólares.

Una buena temporada

Dentro de una de las seis torres de la empresa Materiales y Equipos HP en Las Mercedes hay un bosque de pinos artificiales y decorados. Suena el salsero Victor Manuelle y el tema “Mentirasa todo volumen. Pocos clientes, que ven el catálogo de árboles falsos con timidez.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Ha sido una buena temporada de ventas, indica el gerente, Douglas Zambrano. 

“Los árboles LED -que cuestan 75 dólares y miden aproximadamente 1.8 metros- son los más vendidos, y los tradicionales -de la misma estatura- están a 52 dólares”, explica. Los precios fueron impuestos luego de un estudio de mercado que incluyó revisar la oferta arbórea del centro de Caracas. 

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Y se ufana, orgulloso, de poseer precios bajísimos: “Pronto tendremos contenedores de 24 bambalinas por cuatro dólares, luces de diez metros de largo por cuatro dólares…  Estamos esperando que nos llegue el próximo 16 de diciembre el resto de la mercancía”, advierte.

“Mentiras, mentiras

Mentiras, mentiras

Que no me duele tu amor

Que no saltan mis heridas

Que no te recuerdo siempre

Allí eso si son mentiras”

Los cascanueces, otro logro de la tienda. Cuestan, según el gerente Douglas Zambrano, 300 dólares en cualquier otro lado. “Aquí lo vendemos a 88 dólares, se los han llevado todos”. La tienda tiene un mes abierta.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Al lado del río Guaire, un jardín de pinos naturales atrae a los compradores caraqueños. “Son los que más se han vendido”, dijo la encargada de la tienda. Su precio empieza a partir de los 100 dólares. Las etiquetas revelan el origen de los árboles, comprados a la empresa Quebec Balsams Export. Las bambalinas son lo segundo más comprado.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Navidad en el oeste

En la avenida Universidad, arteria urbana fundamental del centro de Caracas, las quincallerías han devenido en accidentadas tiendas de Navidad. Al lado de los champús, jabones, electrodomésticos y chucherías brotaron pinos de plástico de tamaños y precios diversos, exponiendo el oportunismo comercial y la elasticidad de los mercaderes capitalinos.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Los árboles más vendidos, los que miden 2.20 metros. Cuestan 140 dólares y “se los llevan mucho”, dice el vendedor de la tienda frente a la avenida Sur 9.

Un poco más adelante, a cincuenta metros de la casa natal del Libertador Simón Bolívar, en la esquina El Chorro, poco más de una docena de personas hace cola para poder entrar a una tienda y comprar adornos navideños. Se trata esta vez, también, de un establecimiento que aprovecha la temporada para vender productos ajenos. Una librería-papelería ahora concurrida, pues, por consumidores de la Navidad.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

En la desordenada fila, que colinda con un inmenso torrente de peatones que ahora recorren el centro de una ciudad flexibilizada y en riesgo de contagio, hay, sobretodo, mujeres. A una de ellas, por cierto, se le negó el ingreso a la tienda, pues llevaba en brazos un bebé que no tenía tapabocas.

110 dólares cuesta un árbol en la librería-tienda de Navidad. Dos dólares la caja de bambalinas. Al escuchar los precios, los caraqueños se detienen, asombrados. Parece que pueden permitírselo, que es una oportunidad de esas que no suelen repetirse. No está demás recordar, sin embargo, que el salario mínimo es de menos de un dólar al mes para gran parte de la administración pública.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

En el establecimiento Mango Bajito, en Catia, las bambalinas cuestan entre cuatro y siete dólares. Los adornos navideños más comprados, sin embargo, son los que cuestan entre dos y dos dólares y medio. Las tiendas están abarrotadas, pero las colas en las cajas para pagar son cortas.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Parece ilógica la persistencia del ambiente festivo en medio de la profunda crisis. Ante la falta de electricidad, los pinos brillan con otro tipo de luz, una que no viene de la inestable corriente. Y las bambalinas parecen significar otra cosa. Más que adornos y árboles, resiliencia y estoicismo, la espera de tiempos mejores.

Los venezolanos (parte de ellos, una parte muy pequeña) se reconciliaron a medias con la compra indiscriminada de bienes a la que estaban acostumbrados en esta época. Pero el consumo no es el mismo. Muchos pasaron de la abundancia a la pobreza de Panchito Mandefuá.

Noticias relacionadas