“Lo nuestro fue una conexión inmediata”. Así describe la actriz Kristen Wiig su relación con su compañera Gal Gadot en el set de Mujer Maravilla 1984 para una entrevista con FilmIsNow.

Gadot, que ya había interpretado a esta superheroína en 2017, volvió a su papel de Diana Prince bajo la dirección de Patty Jenkins, quien también dirigió la primera cinta.

El 16 de diciembre de 2020 la película llegó a algunos cines del mundo, luego de que su estreno se pospusiera por la pandemia del covid-19. Además, a partir del 25 de diciembre, la cinta se encuentra disponible en la plataforma de streaming HBOMax.

En esta nueva aventura, la Mujer Maravilla deberá pelear muchas batallas, incluyendo enfrentarse a una nueva antagonista: la doctora Bárbara Minerva, alias, Cheetah.

Y las palabras de Wiig, quien interpreta a la villana, son perfectas para describir la relación que hay entre ellas, como actrices y como sus personajes: una conexión inmediata.

La diferencia es que la superheroína y la villana pasan por distintas etapas.

Primera etapa: inspiración

Es 1984 y Diana Prince (Gadot) trabaja en el Instituto Smithsoniano, un complejo educativo y de investigación que maneja también un conjunto de museos en Washington D.C.

También lucha contra el crimen, salvando a niñas en centros comerciales y frustrando hurtos, entregando los criminales a la policía.

Y así como Diana creció entre las Amazonas, las formidables guerreras que la llevaron a ser la heroína que es hoy, ella ahora lucha por el bien e inspira a la gente a su alrededor.

Los inspira siendo Diana Prince pero también como la Mujer Maravilla.

La primera vez que Diana y la doctora Bárbara Minerva (Wiig) se cruzan en la cinta es en la oficina donde ambas trabajan. Bárbara es ignorada por unos colegas pero no por Diana, quien se acerca a ayudarla luego de que Bárbara tropezó con sus propios tacones.

Foto: Warner Bros.

En ese encuentro, intercambian unas palabras, Bárbara alaba la ropa de Diana y se van a cenar juntas.

“¿Tú me envidias a mí? Eso no tiene sentido, Diana”, argumentó la doctora luego de que Diana le dice que admira su espíritu libre y su risa fácil. “Tú eres la chica estrella, yo soy la que siempre ha querido ser popular pero nunca lo ha sido”, admitió Bárbara.

Segunda etapa: imitación

En un momento específico de la película, Bárbara termina deseando exactamente eso: “Quiero ser como Diana”. Y su deseo, de cierta forma, es concedido.

Cosa que marca un antes y un después para la doctora Minerva.

De la noche a la mañana, su vida cambió por completo. Ella cambió. Al comienzo eran cosas insignificantes que crecieron con las acciones de Bárbara, volviéndose cada vez más evidentes.

Foto: Warner Bros.

Carlos Cardona en su libro Ética del Quehacer Educativo utiliza el término “edificar” para hablar de la libertad del hombre para construirse como persona y lo compara con una torre. Una estructura se levanta poniendo un ladrillo tras otro, y asegura que así se construyen también las personas.

Pero no con ladrillos, sino con atributos. Las personas toman cosas que ven a su alrededor para construir su mundo interior -y también su exterior, entendiendo cuando se trata de sus cuerpos-, para así llegar a encarnar a ese individuo que aspiran ser.

Y eso hizo Bárbara con Diana. Tomó lo que ella creía que convertía a su colega en esa “chica popular” y lo aplicó en sí misma. Y si bien por un momento pareció funcionar, nunca fue suficiente.

Tercera etapa: desviación

Empezó a corromperse. Bárbara entendió que si quería ser como Diana no debía copiar solo su exterior, sino también controlar lo que distinguía a su colega de todos los demás.

Pero sus intenciones eran muy diferentes.

“Tú siempre lo has tenido todo, mientras que la gente como yo nunca tuvimos nada”, le reclamó Bárbara a Diana. “Pero es mi turno ahora, así que acostúmbrate”, es la amenaza de la doctora.

Diana siempre ha defendido el Bien, mientras que Bárbara haría lo que fuera por no perder lo que había alcanzado.

Sin embargo, es interesante cómo, a pesar de la clara distinción entre ambas, Bárbara parecía seguir imitando a Diana. Ataca y se defiende igual que ella, pero impulsada por el rencor.

Y cuando Bárbara podría decir que por fin se veía, se sentía y era igual que Diana, la doctora quiere ir más allá. La real diferencia entre ellas es la codicia de Bárbara contra la humildad de Diana.

Cuarta etapa: confrontación

Eso la hace dar el paso definitivo. Ya no es solo la doctora Bárbara Minerva. Ahora es Cheetah.

Foto: Warner Bros.

Pero no es casualidad que entre todos los animales salvajes que existen en la naturaleza, sea justamente este felino el que termina encarnando Bárbara.

Existe un principio dramático conocido como “el arma de Chéjov”, creado por el escritor, dramaturgo y médico ruso Antón Chéjov que declara que, al contar una historia, cada elemento que se introduzca debe ser necesario e indispensable. Si no, debe ser eliminado.

La frase con la que el autor explica su postulado es la siguiente: “Si en el primer acto tienes una pistola colgada de la pared, entonces en el siguiente acto debe ser disparada. Si no, no la pongas”.

En el primer encuentro entre Diana y Bárbara, la doctora halaga una prenda en particular de la superheroína: sus tacones de animal print. Pero no son de cualquier estampado. Eran unos tacones con animal print de guepardo o chita.

Parece entonces que, por más que Bárbara intente desmarcarse de Diana, en su misma esencia como villana está la huella que dejó la Mujer Maravilla en ella.

Identificarse vs. Copiarse

Desde siempre, las personas se mueven entre quiénes deben ser y quiénes quieren ser. La sociedad, desde que existe, ha impuesto cómo deben verse y comportarse el hombre y la mujer perfecta.

Y la Mujer Maravilla siempre ha encajado en ese molde, mientras que la doctora Minerva nunca se vió ahí reflejada.

Entre mayor sea la presión social, más fácil es que las personas, en especial los jóvenes, pierdan la noción entre identificarse y copiarse de alguien más.

Cuando una persona se siente identificada con alguien es porque reconoce en el otro ciertas características que lo representan, pero entiende que no lo definen, que hay una individualidad de cada uno que no se traspasa por más que tengan cosas en común.

Copiarse es borrar esa individualidad que los define y se convierten en una imitación de la persona que atrapó su atención, sin darse cuenta de que ahora son su clon y que se han perdido a ellos mismos.

Siempre habrá alguien que por su autenticidad inspire a los demás a seguir sus pasos. Mientras que otros intentarán ser populares solo por su necesidad de que la gente los note y así no se sienten marginados.

Estos últimos corren el riesgo de tener que copiarse de otros para así cambiar de “máscara” y encajar en cada ambiente social al que pertenecen.

El problema no es la máscara. Es que cuando están a solas con ellos mismos, no saben decir quiénes son en realidad por haber estado imitando a tantas otras personas. Las crisis de identidad no tardarán en llegar.

La rivalidad entre la superheroína y villana es evidente, pero valdría la pena preguntarse si la batalla es de la Mujer Maravilla contra Cheetah o Diana contra una imitación oscura y despiadada de sí misma.

Dependerá de cada espectador contestar eso una vez haya visto la película.

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