• Al salir de la presidencia de EE UU, los mandatarios reciben un salario de por vida equivalente al de un ministro del gobierno. Además, tendrán la protección del Servicio Secreto. Sin embargo, no siempre fue así. Los cambios más significativos se produjeron luego de la presidencia de Harry S. Truman

“No hay nada más patético en la vida que un expresidente”, dijo el exmandatario estadounidense John Quincy Adams poco tiempo después de abandonar la Casa Blanca, en 1829. Desde entonces las cosas han cambiado radicalmente: se convirtió en algo lucrativo. Y hoy, cuando Donald Trump dejó formalmente la presidencia de Estados Unidos, los beneficios que reciben los expresidentes vuelven a estar sobre la mira.  

La vida económica de Trump posiblemente no tenga cambios abismales debido a su condición de multimillonario antes de asumir la presidencia. Este mismo miércoles 20 de enero, cuando tomó posesión Joe Biden como el 46 presidente de EE UU, Trump arribó a su mansión en el lujoso club de Mar-a-Lago, en Florida. Y aunque de momento se desconoce a qué se dedicará exactamente a partir de ahora, y a pesar de que se caracteriza por romper las tradiciones, deberá vivir bajo ciertas condiciones.

Melania y Donald Trump llegaron a Florida. Foto: Reuters/Carlos Barria

Desde hace varias décadas, los presidentes salientes reciben una importante pensión vitalicia y crean su propia fortuna con libros, discursos y foros relevantes precisamente por su pasado como presidentes de la primera potencia del mundo. Pero, además, dejan un importante registro de su gobierno en fundaciones, bibliotecas o museos nacionales.

¿Cuánto dinero reciben?

En 1958, el Congreso estadounidense sancionó la Ley del Ex Presidente (Former Presidents Act, FPA por sus siglas en inglés). El Capitolio consideró necesario garantizar a los ex jefes de Estado una pensión vitalicia similar al sueldo de un ministro. A través de distintas disposiciones, el monto y otros beneficios fueron variando con el paso de los años.

Si el expresidente fallece, su viuda recibe una pensión anual de hasta 20.000 dólares. La viuda de Ronald Reagan, Nancy, renunció a ese beneficio.

Pero esos no son los únicos recursos económicos que reciben los expresidentes. El FPA establece también que el expresidente debe recibir dinero para instalar una oficina en cualquier lugar dentro de Estados Unidos, equiparla apropiadamente y mantenerla de por vida. Si bien no establece el tamaño o la ubicación, aclara que debería estar bajo “los estándares de la oficina de un ministro”. Para los primeros dos años y medio después de dejar el poder, recibe hasta 150.000 dólares por año para sueldos para el personal y, desde entonces, hasta 96.000 dólares.

Además, por una enmienda de 1968 al FPA, el expresidente puede contar con hasta un millón de dólares por año para viajes para él y hasta dos personas de su equipo relacionados con su condición de ex presidente y de representante del gobierno de Estados Unidos.

Otros beneficios del Estado

En materia de salud, aunque no hay ninguna ley específica, el expresidente, como todo exempleado con más de cinco años en el gobierno, califica para los beneficios de salud de empleados federales. Aquellos que solo tuvieron un solo mandato o no formaron parte del Ejecutivo, no pueden acceder a esta cobertura. Es decir, Trump no podría optar a este beneficio.

La seguridad es lo más riguroso. Aunque a partir de 1997 entró en vigencia una normativa que establecía solo 10 años de protección del Estado para los expresidentes y sus parejas (hasta que se casen con otra persona), en el año 2013 Barack Obama aprobó la protección de por vida para los exmandatarios, desde su predecesor George W. Bush en adelante. También incluye a los hijos hasta que cumplan los 16 años de edad.

De esta forma, el Servicio Secreto monitorea todas las comunicaciones de los expresidentes, reciben informes de Seguridad Nacional confidenciales por el resto de su vida por si el presidente en funciones requiere algún consejo o para estar preparados para una declaración pública, y no pueden manejar en calles públicas nunca, sino con conductores del Servicio Secreto. Pero esto no es obligatorio. Hasta ahora solo Richard Nixon renunció a todo eso, con la excusa de ahorrar costos al Estado. También Donald Trump Jr, dijo del presidente saliente, rechazó la vigilancia por cuestiones de privacidad.

Por último, deberán monitorear la construcción de una biblioteca en su nombre. Allí deben poner a la orden todas las declaraciones, documentos y hechos producidos durante su mandato. Todo esto se considera propiedad pública, por lo que no deben censurar ningún documento. En cambio, sí pueden elegir qué cosas se detallan al público y de qué manera se informan.

¿Trump los recibirá?

A pesar de ya ser un expresidente, hay dudas de si Trump recibirá estos beneficios, y no por voluntad propia. La Ley de 1958 determina que los beneficios son solo para los exmandatarios que no hayan sido removidos de su cargo.

Trump posiblemente enfrente un nuevo impeachment, pero cuando ya abandonó la presidencia. No está claro hasta qué punto el nuevo juicio en el Senado contra Trump pueda privarlo de sus beneficios como expresidente si es declarado culpable del cargo de “incitar a la insurrección”. No existen precedentes de que un presidente que ya no está en funciones puede ser “destituido” si no ocupa ya la posición.

Los orígenes

Los cambios de aquello que Quincy Adams definió como “patético” obedecen, en gran medida, a otro presidente: Harry S. Truman.

En 1961, siete años después de dejar la presidencia de Estados Unidos, Truman publicó el libro Mr. Ciudadano, en el que recoge sus impresiones y anécdotas durante su presidencia, y opiniones sobre asuntos de aquel momento. Pero, sobre todo, brinda una respuesta a la pregunta que, dice, más insistentemente le hicieron: “¿Qué se siente al abandonar el poder y las grandes alturas de la Presidencia y convertirse en un simple ciudadano?”.

Truman dedica un capítulo completo del libro a responder, bajo su perspectiva, ¿Qué hacer con los expresidentes? Allí Truman, quien ya estaba instalado en su natal Independence, en Misuri, plantea algunas propuestas que ya para la época existían bajo la Ley del Ex Presidente (tenía escrito el libro, pero no fue sino hasta 1961 cuando lo publicó), y otras que se adoptaron con el paso de los años. Otras, en cambio, nunca se ejecutaron.

“Una de las primeras cosas que reflexioné después de volver a mi casa de Independence fue en cómo podría aprovecharse, en beneficio del país, la experiencia única y los conocimientos especiales que adquiere un expresidente”, escribió Truman.

Comenta que incluso antes de llegar a la presidencia, en 1945, cuando era Senador, estudió con algunos de sus colegas una proposición para permitir que los expresidentes dirigieran la palabra ante la tribuna del Senado siempre que tuvieran algo que decir. Cuando fue presidente, actuó con el ejemplo. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando cabía la posibilidad de alimentar a millones de víctimas en Europa, llamó al expresidente Herbert Hoover para que lo aconsejara en una situación tan importante.

“Me sentí naturalmente inclinado a dirigirme a Herbert Hoover, que durante la Primera Guerra Mundial había demostrado ser lo bastante hábil y humanitario para salvar a millones de personas en peligro de morir de hambre. Los servicios del expresidente Hoover en aquella ocasión fueron oportunos y muy importantes”, escribió en Mr. Ciudadano.

Truman fue, pues, el primer presidente en funciones que invitó a un expresidente a la Casa Blanca para que lo asesorara en temas de política exterior. Tiempo después lo convocó para ordenar las diferentes instancias de atención a las diversas necesidades de guerra. Se le conoció como Comisión Hoover.

Pero Truman fue un paso más allá y lanzó varias propuestas más para aprovechar la figura de los expresidentes. En su opinión, el Congreso y el Senado deben nombrarlos Miembros Libres del Congreso. Esto quiere decir que tendrían derecho a sentarse en ambas Cámaras cuando quisieran. Debatir, pero sin derecho a voto. De igual manera ocurriría en los comités, subcomités o comités adjuntos de ambas Cámaras. No apoyaba, sin embargo, que los expresidentes desempeñaran misiones diplomáticas. Era un defensor de que la política exterior dependía exclusivamente del presidente, y nadie debía interferir en ello. Su rol, dice, solo debe ser opinar con base en sus experiencias.

“Estimo que mi proposición no solo permitiría utilizar a hombres de talento y experiencia que podrán prestar valiosos servicios públicos, sino que servirá también de parachoques al producirse un cambio brusco en la administración”, consideró.

Truman sale de la presidencia en 1953 y lo releva el republicano Dwight D. Eisenhower. Es a partir de allí cuando empiezan los grandes cambios sobre el rol de los expresidentes y sus beneficios. El más importante de ellos, la promulgación de la ya mencionada Ley del Ex Presidente.

Ya como expresidente, Truman consiguió donaciones privadas para construir su biblioteca presidencial. Entregó cientos de documentos, cartas y regalos. Su predecesor en el cargo, Franklin D. Roosevelt, había organizado su propia biblioteca presidencial, aunque la legislación que permite a los expresidentes hacer algo similar aún no se había promulgado. Truman, en cambio, la donó al gobierno federal para que la administrara, convirtiéndose luego en una práctica que adoptaron sus sucesores.

Su opinión de aquel momento guarda el mismo espíritu de la ley actual: “No debería destruirse ninguna carta ni documento de un presidente, pues ninguno es demasiado trivial ni personal, sino que todos pueden revelar algo a los futuros historiadores sobre el carácter y las ideas del presidente”, escribió.

La pensión a los expresidentes también tiene relación con Truman. Se comenta que el principal motivo de la Ley fue ayudar al expresidente, quien luego de la construcción del museo y a pesar del éxito del libro con sus memorias, estaba en una difícil situación económica. De hecho, el Congreso la impulsa con la idea de “mantener la dignidad” de los expresidentes. Se cree que el otro expresidente vivo, Hoover, aceptó la pensión solo para evitar avergonzar a Truman. Fue, quizás, otra forma de agradecerle aquella invitación a la Casa Blanca.

Qué hicieron los expresidentes

Los sucesores de Truman supieron aprovechar mejor los beneficios ya no del Estado, sino de la fama que les dejó su paso por la presidencia de Estados Unidos. Jimmy Carter (1977-1981) es un ejemplo de ello. En el año 2002 ganó el Nobel de la Paz por el trabajo del Carter Center, una ONG para promover los derechos humanos y la democracia. Además, escribió al menos 30 libros, siendo su mayor ingreso económico.

George H. W. Bush, Barack Obama, George W. Bush, Bill Clinton y Jimmy Carter, en 2009, en el Despacho Oval. Foto: AFP

George H.W. Bush (1989-1993) escribió diez libros dedicados a su vida, el más conocido Todo lo mejor: mi vida en cartas y otros escritos, y creó la Biblioteca Presidencial y Museo George Bush en Texas.

Bill Clinton (1993-2001) es uno de los expresidentes que mejor aprovechó su pasado. “Nunca tuve dinero hasta que me fui de la Casa Blanca. Pero he hecho las cosas bastante bien desde entonces”, dijo en 2010. Según un informe de la cadena CNN, Bill y Hillary Clinton dieron 729 discursos pagos en total desde que él dejó la Casa Blanca hasta 2015 y recaudaron más de 153.000.000 de dólares.

Además, el demócrata creó la Fundación Clinton y la Clinton Global Initiative, en favor de los derechos de las mujeres, la lucha contra el SIDA, y la concientización sobre el cambio climático. Y, al igual que Truman y el resto de exmandatarios, alzó su biblioteca presidencial, la William J. Clinton Presidential Center, en Arkansas.

Aunque George W. Bush ha sido de los que más lejos se ha mantenido de la política, también tuvo beneficios económicos después de su paso por la presidencia. Según The Center for Public Integrity, en los dos primeros años fuera del poder, obtuvo por lo menos 15.000.000 de dólares por discursos pagos. Además, recibió otros 7.000.000 de dólares por las primeras 1.500.000 millones de copias vendidas de sus memorias, Decisions Points. Fuera de eso, maneja su biblioteca, museo e instituto en la Southern Methodist University, de Dallas.

Muy similar es el caso de Barack Obama (2009-2017), quien batió récord de ventas con su libro A Promised Land. En 2021 se espera que esté listo su biblioteca y museo presidencial, un ambicioso proyecto arquitectónico en Chicago, Illinois.

Cuánto ganaron

Según el informe del Servicio de Investigación del Congreso Former Presidents: Pensions, Office Allowances, and Other Federal Benefits («Los expresidentes: pensiones, asignaciones de oficina, y otros beneficios federales»), en el año 2017 el ex mandatario que más dinero recibió por parte del Estado fue George W. Bush. Le fueron destinados 1.098.000 dólares. Solo su oficina, de 765 metros cuadrados, en Dallas, requirió 434.000 dólares. Jimmy Carter fue quien menos dinero exigió: 430.000 dólares, con una oficina de 112.000 dólares y sin gastos en viajes.

Pero cuando se evaluaron los últimos 14 años para ese momento, los expresidentes costaron 52.2 millones de dólares al erario, con Bill Clinton a la cabeza con una factura por 13.800.000 millones de dólares. El estudio incluyó a Gerald Ford, quien falleció en 2006.

Carter aparece como el exmandatario más frugal en términos de esta ayuda, sumando 6.2 millones de dólares durante este periodo, a pesar de ser el que más tiempo tiene recibiendo la asistencia.

Habituado a romper tradiciones, ahora las dudas giran en torno al expresidente Donald Trump. 

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