• El candidato demócrata Joe Biden se convirtió este 20 de enero en el presidente número 46 de Estados Unidos. Dijo que con su investidura se celebra el retorno a la democracia. Foto: AFP

Después de convertirse oficialmente en el 46° presidente de Estados Unidos, el demócrata Joe Biden pronunció un histórico discurso enfocado en la unión nacional.

“Hoy celebramos el triunfo de la democracia (…) es frágil, pero ha prevalecido. Tomé el juramento sagrado por cada uno de nuestros patriotas”, mencionó el mandatario al inicio de su primer discurso.

El mandatario saliente Donald Trump, quien emitió sin pruebas denuncias de fraude electoral, se negó a asistir a la juramentación del nuevo presidente.

Biden también dijo que “el auge del supremacismo blanco, del terrorismo nacional debe ser enfrentado. Y será derrotado”.

“Toda mi alma está acá para unir a los Estados Unidos, y les pido a todos ustedes que se unan a mí”, detalló luego de la toma de posesión en el Capitolio de EE UU.

Durante la ceremonia, Kamala Harris se juramentó como vicepresidenta de EE UU, la primera mujer en ese país que ocupa ese cargo.

La ceremonia se realizó cumpliendo estrictas medidas de bioseguridad debido al avance del coronavirus.

Respeto y unión, el llamado de Biden

“Pido a todos y cada uno de los estadounidenses que se suma a mí en esta tarea de volver a unir el país. Con unidad podemos hacer cosas buenas, cosas grandes”, afirmó.

El presidente estadounidense aseveró que el auge del supremacismo blanco y del terrorismo nacional debe ser enfrentado, “y será derrotado”.

Hoy celebramos el triunfo no de un candidato sino de una causa, la causa de la democracia. La voluntad del pueblo se ha cumplido” Joe Biden

“Tenemos que mostrarnos respeto entre nosotros, las políticas no deben ser un incendio que destruya nuestro camino de unión”, comentó Biden. 

El presidente de Estados Unidos aseguró que defenderá la Constitución y la democracia. “Debemos escribir la historia de la unidad”, aseguró.

“Yo seré un presidente para todos los estadounidenses (…) comencemos a mostrarnos respeto entre nosotros”, ratificó el nuevo mandatario de EE UU.

Hoy tenemos a la primera mujer en la vicepresidencia de EE UU. No me digan que las cosas no pueden cambiar”. Joe Biden

Biden señaló que se debe dejar a un lado las políticas y “luchar contra esta pandemia como una sola nación”.

Sostuvo que Estados Unidos fue puesto a prueba y saldrán más fuertes. “Nos comprometeremos con el mundo una vez más”, sentenció.

El presidente también pidió por un momento de oración para los que han fallecido a causa del covid-19. Biden se despidió pidiendo a Dios que proteja a Estados Unidos y a las tropas militares.

Presentaciones especiales

La cantante Lady Gaga entonó el Himno Nacional de Estados Unidos durante la toma de posesión presidencial de Biden en el Capitolio.

Jennifer López también se presentó en la gala de investidura. La artista cantó la canción “This Land Is Your Land”.

“Una nación indivisible, con libertad y  justicia para todos”, pronunció López mientras cantaba en la ceremonia inaugural.

La poeta afro-americana de 22 años, Amanda Gorman, recitó The Hill We Climb (la colina que subimos) después del discurso de Joe Biden y de la interpretación de la canción Amazing Grace que realizó Gath Brooks. 

“Nos enfrentamos al centro de la bestia (…) y de alguna forma logramos pasar la tormenta y escuchar a una nación que no está rota”, dijo la joven. 

Salida de Trump

Donald Trump junto a su esposa abandonaron la Casa Blanca unas horas antes del comienzo del acto en el Capitolio. El presidente saliente se dirigió en helicóptero a la base aérea de Andrews, en Maryland, donde pronunció sus últimas palabras como mandatario estadounidense. 

“Volveré de un modo u otro”, aseguró Trump antes de tomar el Air Force One con rumbo a Florida.

Pronunciamientos de apoyo

El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, expresó este miércoles que le desean todo el éxito a la nueva administración de Estados Unidos, encabezada por el presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris. 

“Seguiremos trabajando en alianza para defender la democracia y estabilidad de la región frente a la amenaza de la dictadura, lograr la libertad de Venezuela y elecciones libres”, ratificó Guaidó.

Carlos Vecchio, embajador de Venezuela ante los EE UU, estuvo presente durante la ceremonia de juramentación de Joe Biden y comentó que con orgullo representan al valiente pueblo venezolanos y al gobierno legítimo de Guaidó. 

“En toma de posesión de la administración de Joe Biden y Kamala Harris. Nuestro firme compromiso: salir de la dictadura de Maduro, liberar a Venezuela, detener tanto sufrimiento y retomar la senda del progreso”, precisó Vecchio a través de su cuenta en Twitter.

Este 19 de enero, el nuevo secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, señaló que la administración de Biden dará continuidad a la presión contra el régimen de Nicolás Maduro  ejercida por el expresidente Donald Trump en sus cuatro años de mandato.

Precisó que se mantiene el reconocimiento de Guaidó como presidente interino de Venezuela, así como de la Asamblea Nacional (AN) elegida en 2015 como la única institución elegida democráticamente en el país.

Discurso completo de Joe Biden

El presidente del Tribunal Supremo Roberts, vicepresidenta Harris, la presidenta Pelosi, el líder Schumer, el líder McConnell, el vicepresidente Pence y mis distinguidos invitados, mis compatriotas estadounidenses. Este es el día de Estados Unidos. Este es el día de la democracia. Un día de historia y esperanza de renovación y resolución a través de un crisol para los siglos. Estados Unidos ha sido probado de nuevo y Estados Unidos ha estado a la altura del desafío.

Hoy celebramos el triunfo, no de un candidato, sino de una causa, la causa de la democracia. La gente, la voluntad de la gente, ha sido escuchada y la voluntad de la gente ha sido atendida. Hemos aprendido de nuevo que la democracia es preciosa. La democracia es frágil. Y a esta hora, amigos míos, ha prevalecido la democracia.

Así que ahora en este terreno sagrado donde hace apenas unos días la violencia buscaba sacudir los cimientos mismos de la capital, nos unimos como una nación, bajo Dios, indivisible, para llevar a cabo la transferencia pacífica del poder como lo hemos hecho durante más de dos siglos. Mientras miramos hacia el futuro a nuestra manera exclusivamente estadounidense, inquietos, audaces, optimistas y con la mirada puesta en la nación que sabemos que podemos ser y debemos ser.

Agradezco a mis predecesores de ambos partidos su presencia aquí hoy. Les agradezco desde el fondo de mi corazón, y conozco la resistencia de nuestra Constitución y la fuerza, la fuerza de nuestra nación, al igual que el presidente Carter con quien hablé anoche, quien no puede estar con nosotros hoy, pero a quien saludamos, por su vida y servicio.

Acabo de hacer un juramento sagrado que cada uno de esos patriotas ha hecho. El juramento que hizo por primera vez George Washington. Pero la historia estadounidense no depende de ninguno de nosotros, no de algunos de nosotros, sino de todos. Sobre nosotros, las personas que buscamos una unión más perfecta. Esta es una gran nación. Somos buena gente. Y a lo largo de los siglos, a través de tormentas y luchas, en paz y en guerra, hemos llegado tan lejos, pero aún nos queda mucho por hacer.

Seguiremos adelante con rapidez y urgencia porque tenemos mucho que hacer en este invierno de peligros y posibilidades significativas. Mucho por reparar, mucho por restaurar, mucho por curar, mucho por construir y mucho por ganar.

Pocas personas en la historia de nuestra nación han tenido más desafíos o han encontrado un momento más desafiante o difícil que el momento en el que estamos ahora. Una vez en un siglo, el virus que acecha silenciosamente al país, se ha cobrado tantas vidas en un año como Estados Unidos perdió en toda la Segunda Guerra Mundial. Se han perdido millones de puestos de trabajo. Cientos de miles de empresas cerraron. Un grito de justicia racial, unos 400 años en gestación, nos conmueve. El sueño de justicia para todos ya no será aplazado. Un grito de supervivencia proviene del propio planeta. Un grito que no puede ser más desesperado ni más claro, y ahora surge un extremismo político, supremacía blanca, terrorismo interno que debemos enfrentar y derrotaremos.

Para superar estos desafíos, restaurar el alma y asegurar el futuro de Estados Unidos, se requiere mucho más que palabras. Requiere la más elusiva de todas las cosas en una democracia; unidad, unidad. Y otro mes de enero, el día de Año Nuevo de 1863, Abraham Lincoln firmó la Proclamación de Emancipación. Cuando puso la pluma sobre el papel, el presidente dijo y cito: «Si mi nombre alguna vez pasa a la historia, será por este acto, y toda mi alma está en él». Mi alma entera está en esto hoy en este día de enero, mi alma entera está en esto. Unir a Estados Unidos, unir a nuestro pueblo, unir a nuestra nación, y les pido a todos los estadounidenses que se unan a mí en esta causa.

Unirnos para luchar contra los enemigos que enfrentamos: ira, resentimiento y odio, extremismo, anarquía, violencia, enfermedad, desempleo y desesperanza. Con unidad podemos hacer grandes cosas, cosas importantes. Podemos corregir los errores. Podemos poner a la gente a trabajar en buenos empleos. Podemos enseñar a nuestros hijos en escuelas seguras. Podemos vencer al virus mortal. Podemos recompensar el trabajo y reconstruir la clase media y hacer que la atención médica sea segura para todos. Podemos ofrecer justicia racial y podemos hacer de Estados Unidos una vez más, la fuerza líder para el bien en el mundo.

Sé que hablar de unidad puede sonar para algunos como una tonta fantasía en estos días. Sé que las fuerzas que nos dividen son profundas y reales. Pero también sé que no son nuevas. Nuestra historia ha sido una lucha constante entre el ideal estadounidense, que todos somos creados iguales, y la dura y fea realidad de que el racismo, el nativismo, el miedo y la demonización nos han desgarrado durante mucho tiempo.

La batalla es perenne y la victoria nunca está asegurada. A través de la Guerra Civil, la Gran Depresión, la Guerra Mundial, el 9/11, a través de la lucha, el sacrificio y los reveses, nuestros mejores ángeles siempre han prevalecido. En cada uno de estos momentos, suficientes de nosotros, suficientes de nosotros nos hemos unido para llevarnos a todos hacia adelante, y podemos hacerlo ahora.

La historia, la fe y la razón muestran el camino, el camino de la unidad. Podemos vernos, no como adversarios, sino como vecinos. Podemos tratarnos unos a otros con dignidad y respeto. Podemos unir fuerzas, detener los gritos y bajar la temperatura, porque sin unidad no hay paz, solo amargura y furia. Sin progreso, solo indignación agotadora. Ninguna nación, solo un estado de caos.

Este es nuestro momento histórico de crisis y desafío, y la unidad es el camino a seguir. Y debemos afrontar este momento como Estados Unidos de América. Si hacemos eso, les garantizo que no fallaremos. Nunca, nunca, nunca, nunca hemos fallado en Estados Unidos cuando hemos actuado juntos. Así que hoy, en este momento, en este lugar, comencemos de nuevo todos. Comencemos a escucharnos unos a otros, a escucharnos, a vernos, a respetarnos unos a otros. La política no tiene por qué ser un fuego furioso que destruya todo a su paso. Cada desacuerdo no tiene por qué ser motivo de guerra total. Y debemos rechazar la cultura en la que los hechos mismos son manipulados e incluso fabricados.

Mis compatriotas, tenemos que ser diferentes a esto. Estados Unidos tiene que ser mejor que esto, y creo que Estados Unidos es mucho mejor que esto. Solo miren alrededor. Aquí estamos a la sombra de la Cúpula del Capitolio, como se mencionó anteriormente, completada en medio de la Guerra Civil cuando la Unión misma estaba literalmente colgando de un hilo. Sin embargo, aguantamos, prevalecimos. Aquí estamos mirando hacia el gran centro comercial donde el Dr. King habló de su sueño. Aquí estamos donde hace 108 años, en otra inauguración, miles de manifestantes intentaron bloquear a las mujeres valientes que marchaban por el derecho al voto. Y hoy marcamos el juramento de la primera mujer en la historia de Estados Unidos, elegida para un cargo nacional, la vicepresidenta Kamala Harris.

No me digan que las cosas no pueden cambiar. Aquí nos encontramos frente al Potomac desde el cementerio de Arlington, donde los héroes que dieron la última dosis completa de devoción descansan en paz eterna. Y aquí estamos, pocos días después de que una turba desenfrenada pensara que podían usar la violencia para silenciar la voluntad del pueblo, para detener el trabajo de nuestra democracia, para expulsarnos de este terreno sagrado. No sucedió. Eso nunca pasará. Ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni nunca.

Para todos los que apoyaron nuestra campaña, me siento honrado por la fe que han depositado en nosotros. A todos aquellos que no nos apoyaron, déjenme decirles esto. Escúchenme mientras avanzamos. Tomen una medida de mí y de mi corazón. Si aún no están de acuerdo, que así sea. Eso es democracia. Eso es Estados Unidos, el derecho a disentir pacíficamente dentro de las barandillas de nuestra República es quizás la mayor fortaleza de esta nación. Sin embargo, escúchenme claramente, el desacuerdo no debe conducir a la desunión. Y les prometo esto, seré un presidente para todos los estadounidenses, todos los estadounidenses. Y les prometo que lucharé tan duro por los que no me apoyaron como por los que lo hicieron.

Hace muchos siglos, San Agustín, un santo de mi iglesia, escribió que un pueblo era una multitud definida por los objetos comunes de su amor ¿Cuáles son los objetos comunes que amamos los estadounidenses que nos definen como estadounidenses? Creo que sabemos: seguridad de oportunidades, libertad, dignidad, respeto, honor y sí, la verdad. En las últimas semanas y meses, nos enseñaron una lección dolorosa. Hay verdad y hay mentiras. Las mentiras cobran poder y ganancias, y cada uno de nosotros tiene un deber y una responsabilidad como ciudadanos, como estadounidenses, y especialmente como líderes, líderes que se han comprometido a honrar nuestra Constitución y proteger a nuestra nación para defender la verdad y derrotar las mentiras.

Miren, entiendo que muchos de mis compatriotas ven el futuro con miedo y temor. Entiendo que se preocupan por sus trabajos. Entiendo que, al igual que mi padre, se acuestan en la cama por la noche, mirando al techo y se preguntan: “¿Puedo conservar mi atención médica? ¿Puedo pagar mi hipoteca? » Pensando en sus familias, en lo que viene después. Les prometo que lo entiendo. Pero la respuesta no es volverse hacia adentro, retirarse a facciones rivales, desconfiar de aquellos que no se parecen a usted o adoran como usted, o que no reciben sus noticias de las mismas fuentes que usted.

Debemos poner fin a esta guerra incivil que enfrenta al rojo contra el azul, lo rural a lo urbano, lo conservador a lo liberal. Podemos hacer esto, si abrimos nuestras almas, en lugar de endurecer nuestros corazones. Si mostramos un poco de tolerancia y humildad, y si estamos dispuestos a ponernos en el lugar de la otra persona, como diría mi mamá, sólo por un momento, ponte en su lugar.

Porque aquí está la cuestión de la vida. No hay ninguna explicación de lo que te depara el destino. Algunos días en los que necesitas una mano, hay otros días en los que nos llaman para echar una mano. Así es como tiene que ser, es lo que hacemos el uno por el otro. Y si somos así, nuestro país será más fuerte, más próspero, más preparado para el futuro y todavía podemos estar en desacuerdo.

Mis compatriotas, en el trabajo que tenemos por delante, nos necesitaremos unos a otros. Necesitamos toda nuestra fuerza para perseverar en este oscuro invierno. Estamos entrando en lo que puede ser el período más difícil y mortal del virus. Debemos dejar de lado la política y finalmente enfrentar esta pandemia como una nación, una nación. Y les prometo esto, como dice la Biblia: «El llanto puede durar una noche, pero el gozo llega por la mañana». Pasaremos por esto juntos, juntos.

Miren, amigos, todos mis colegas con los que sirvo en la Cámara y el Senado aquí arriba, todos entendemos que el mundo nos está observando, observándonos a todos hoy. Así que aquí está mi mensaje para quienes están más allá de nuestras fronteras: Estados Unidos ha sido probado y hemos salido más fuertes por ello. Repararemos nuestras alianzas y nos comprometeremos con las zonas rurales una vez más, no para enfrentar los desafíos de ayer, sino los desafíos de hoy y de mañana. Y lideraremos no solo con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder de nuestro ejemplo.

Será un socio fuerte y confiable para la paz, el progreso y la seguridad. Miren, todos saben que hemos pasado por mucho en esta nación. Y en mi primer acto como presidente, me gustaría pedirles que se unan a mí en un momento de oración silenciosa para recordar a todos aquellos que perdimos el año pasado por la pandemia, esos 400.000 compatriotas estadounidenses: mamás, papás, esposos, esposas, hijos, hijas, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Los honraremos convirtiéndonos en el pueblo y la nación que sabemos que podemos y debemos ser. Entonces les pido, digamos una oración en silencio por aquellos que perdieron la vida y los que quedaron atrás y por nuestro país.

Amén. Amigos, este es un momento de pruebas. Enfrentamos un ataque a nuestra democracia y la falsedad. Un virus furioso, una desigualdad creciente, el aguijón del racismo sistémico, un clima en crisis, el papel de Estados Unidos en el mundo. Cualquiera de estos sería suficiente para desafiarnos a nosotros de manera profunda.

Pero el hecho es que los enfrentamos a todos a la vez, presentando a esta nación con una de las responsabilidades más graves que hemos tenido. Ahora vamos a hacer una prueba. ¿Vamos a dar un paso al frente, todos nosotros? Es hora de la audacia, porque hay mucho que hacer. Y esto es cierto, te lo prometo, seremos juzgados tú y yo por cómo resolvemos estas crisis en cascada de nuestra era. Estaremos a la altura de las circunstancias, es la cuestión.

¿Dominaremos esta hora rara y difícil? Cuando cumplimos con nuestras obligaciones y les transmitimos un mundo nuevo y mejor a nuestros hijos, creo que debemos hacerlo. Estoy seguro de que tú también. Creo que lo haremos.

Y cuando lo hagamos, escribiremos el próximo gran capítulo de la historia de los Estados Unidos de América, la historia estadounidense. Una historia que puede sonar como una canción que significa mucho para mí. Se llama American Anthem. Hay un verso que se destaca, al menos para mí. Y dice así: “El trabajo y las oraciones del siglo nos han traído hasta el día de hoy. ¿Cuál será nuestro legado? ¿Qué dirán nuestros hijos? Déjame saber en mi corazón, cuando mis días pasen por América, América, te di lo mejor de mí».

Agreguemos, agreguemos nuestro propio trabajo y oraciones al desarrollo de la historia de nuestra gran nación. Si hacemos esto, cuando nuestros días terminen, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos dirán de nosotros: “Dieron lo mejor de sí mismos. Cumplieron con su deber. Ellos sanaron una tierra quebrantada».

Conciudadanos, cierro hoy donde comencé, con el juramento sagrado. Ante Dios y todos ustedes, les doy mi palabra. Siempre estaré al nivel de ti. Defenderé la Constitución. Defenderé nuestra democracia. Defenderé a América y lo daré todo, todos ustedes mantendrán todo lo que hago a su servicio. Pensando no en el poder, sino en las posibilidades. No por interés personal, sino por el bien público, y juntos escribiremos una historia estadounidense de esperanza, no de miedo, de unidad y no división, de luz y no oscuridad.

Una historia de decencia y dignidad, amor y sanación, grandeza y bondad. Que esta sea la historia que nos guía, la historia que nos inspira y la historia que cuenta los siglos venideros, que respondemos al llamado de la historia. Conocimos el momento. La democracia y la esperanza, la verdad y la justicia no murieron durante nuestro mandato, sino que prosperaron. Que Estados Unidos aseguró la libertad en casa y volvió a ser un faro para el mundo. Eso es lo que les debemos a nuestros antepasados, unos a otros y a las generaciones futuras.

Entonces, con propósito y determinación, nos dirigimos a esa tarea de nuestro tiempo, sostenidos por la fe, impulsados ​​por la convicción, dedicados unos a otros y al país que amamos con todo nuestro corazón. Que Dios bendiga a Estados Unidos y que Dios proteja a nuestras tropas. Gracias, América.

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