• Samuel empezó a dibujar desde los 4 años de edad. Ahora, con 14 años, decidió vender sus ilustraciones a un dólar a través de Internet para ayudar a su mamá con los gastos de su hogar en Barquisimeto, estado Lara

No hay silencio en la casa de los Mendoza Rodríguez. Se escucha un televisor encendido en algún canal de dibujos animados, las voces de los hermanos conversando y sus risas suaves que comentan sobre lo que están viendo en la pantalla.

Samuel, de 14 años de edad y el segundo de tres hermanos, mira fijamente la ropa a uno de los personajes. Lo quiere pintar y empieza delimitando con un creyón negro el pantalón, luego la camisa y los zapatos. Lo siguiente es buscar dentro de su cartuchera de colores el verde oscuro, pero se da cuenta que no tiene. Le dice a su mamá que intentará hacer algo porque tiene que ser de ese color. Empieza a rayar la hoja blanca con un lápiz y sobre él pinta un verde claro. “Mira mamá, mira cómo quedó, conseguí el color que quería”, le dice.

Samuel fue diagnosticado con Síndrome de Asperger a los 5 años de edad. Su mamá, Magdalena Rodríguez, contó para El Diario que cuando lo inscribió en el preescolar fue una maestra quien le sugirió que debía llevarlo a un médico. Lo llevó a dos especialistas más que coincidieron en que el niño presentaba un trastorno en su comportamiento. En ese momento, admite que para Samuel, el dibujar significaba un refugio y que poco a poco fue mejorando.

Foto: Álbum familiar

“Empezó con garabatos que fueron convirtiéndose en animales y ahora en personajes de Dragon Ball”, comenta su mamá. Ha sabido aprovechar lo que tiene, pues sus dibujos los realiza en hojas de reciclaje y colores que le han donado.

Algunos colores, por estar desgastados, se le dificultan utilizarlos, por lo que su mamá narra que ha optado por buscar tapas de delineador de ojos que le puedan encajar a sus colores y así tener un mejor agarre para pintar.

Los Mendoza Rodríguez viven en Barquisimeto, estado Lara. Samuel dice que aspira tener un teléfono propio y que su mamá pueda dormir en su propia cama, en una casa que él planea comprarle vendiendo sus dibujos a un dólar.

Su vivienda es pequeña: unas sillas de madera se encuentran en la sala y comparte su cuarto con su mamá y su hermano menor. Samuel cuenta que decidió abrirse una cuenta de Twitter para empezar a reunir el dinero, pero lo hizo a escondidas de su mamá. Necesitaba su número de cuenta a lo que ella respondió que podía ser peligroso, pero nunca se desmotivó. 

“Hola, soy Samuel. Vendo mis dibujos a un dólar para ayudar a mi mamá con mi dieta, comprarle una casa y una bodega para que no trabaje en la calle y se enferme de covid-19 y comprarme una mantequilla de maní para mí”, fue el mensaje que escribió Samuel Andrés el pasado 22 de enero y que fue calando con una seguidilla de personas que se ofrecieron a comprarles sus dibujos. Actualmente su cuenta de Twitter tiene más de 8.000 seguidores y ya pudo cumplir su primer sueño, que era poder comerse una mantequilla de maní, sin embargo, dice su mamá, no ha parado de dibujar.

Dibujo de Samuel

Su familia no se lo esperaba y tampoco tiene palabras para agradecer a cada una de las personas que lo han apoyado desde ese día. Ahora, Samuel tiene en su casa dos cajas de colores y un sacapuntas que pudo comprarse con sus propias ganancias. Asimismo, cuando se le pregunta a Samuel por qué estableció ese monto por sus dibujos, señala que lo supo porque su mamá se dedica a vender chucherías a ese precio.

Él siempre me dice que sueña con tener su propio espacio y donde yo también pueda tener el mío para dormir porque yo duermo con su hermano menor”, agregó Magdalena.

Cambio en su día a día 

A Samuel Andrés le cambiaron su rutina desde hace una semana. Ahora le pide el teléfono prestado a su mamá para responder comentarios, anotar nuevos pedidos de dibujos y agradecer los regalos que le han hecho llegar hasta su casa. A veces dice que se siente cansado y decide acostarse para recuperar energías para el día siguiente. 

“Le he dicho que hay que ir paso a paso y que con un poquito de paciencia va a poder entregar todos los dibujos que le han pedido”, comenta su mamá.

Magdalena también relata que hace un año Samuel tenía muchos más dibujos de los que tiene ahora. El 12 de noviembre de 2020, la familia perdió muchas de sus pertenencias luego de que su casa se inundara por las lluvias. La calle Venezuela con calle 12 quedó bajo el agua.

Damnificados. Luis Jonás Reyes, alcalde del municipio Iribarren, informó en esa oportunidad que 624 personas resultaron afectadas por las lluvias en ocho parroquias de la entidad.

La quebrada La Ruezga colapsó y se llevó con su paso toda su ropa, colchones, el televisor, entre otros. Paso a paso, como le menciona su mamá, es que han podido recuperarse de aquella tragedia. 

Superar un obstáculo tras otro

Son muchos los obstáculos que han podido superar, menciona Magdalena. Samuel llegó a pesar 27 kilos, 12 menos que el promedio de un niño de su edad en el año 2019. Le diagnosticaron desnutrición y su familia no podía costear las seis comidas diarias que requería para recuperar su talla. Su mamá decidió arriesgarse y migró a Colombia, específicamente a Arauca donde pudo recuperarse y asistir al colegio. 

Foto: Fundacme

La llegada del coronavirus truncó sus planes. Quedó desempleada, sin opciones y con su hijo que necesitaba atención. Dejando todo atrás nuevamente, como en Venezuela, retornaron a Barquisimeto ese mismo año. Comenzaron desde cero y con la pandemia a cuestas. El cambio de vida afectó a Samuel, a quien no le reconocieron su último año de estudios en Colombia y no ha podido reincorporarse al sistema de educación venezolano. Magdalena lo lamenta, pero la noticia de una beca que se le otorgó a su hijo en una academia de dibujo en el país, fue el impulso que necesitaba para seguir adelante. 

El artista venezolano Óscar Olivares se enteró de su caso a través de las redes sociales. A su mamá la contactó al día siguiente para informarle sobre la oportunidad a la que Samuel podía optar en su academia con el fin de ayudar económicamente a su madre.

Foto: Samuel Mendoza

A Magdalena también le explicó que su hijo aprendería de educación artística, no solo en técnicas sino además en cómo vivir del arte, generar ingresos de sus ilustraciones hechas en la escuela y poder también desarrollar una carrera profesional. A su mamá solo le queda agradecer. Aún le cuesta creer que Samuel hizo todo esto a escondidas y que ahora podrá estudiar lo que le apasiona, así sea de manera virtual. 

Ahora, su hijo de 14 años de edad apoya económicamente con el sustento de su hogar. Con una cartuchera y una carpeta con una ilustración que hizo de su serie favorita, Dragon Ball, abona un poquito de esperanza al sueño de ver a su mamá con su nueva casa. “Es mi mayor orgullo, trabajó mucho para superarse y hoy estamos viendo los resultados de ese esfuerzo”, concluyó ella.

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