• El politólogo Luis Tonelli explicó para El Diario que el expresidente argentino, quien falleció este 14 de febrero a los 90 años de edad, “fue una persona superior a todos los políticos en promedio”

Con devoción o desprecio, como uno de los mejores presidentes de su historia o como el responsable contemporáneo de la catástrofe de Argentina. Carlos Menem, presidente argentino entre 1989 y 1999, una de las figuras más emblemáticas de la política de ese país y de Latinoamérica, murió este domingo 14 de febrero en Buenos Aires a los 90 años de edad, víctima de una infección que se complicó por problemas cardíacos de base. Entre sus contradicciones y recuerdos de un pasado con luces, su legado hoy todavía genera resquemores.

“Realmente fue una persona superior a todos los políticos en promedio. Fue uno de los políticos más astutos y más audaces que tuvo Argentina”, dijo para El Diario el politólogo argentino Luis Tonelli.

Lo de astuto y audaz, opina el también profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), es por su personalidad excéntrica y encantadora, pero al mismo tiempo de carácter rígido para tomar medidas extremas en determinados momentos. De raíces sirio-libanesas y oriundo de la zona pobre del lejano noroeste del país, La Rioja, el “turco” –como le llamaban–, sabía “vender arena en el desierto”.

A Menem poco le temblaba el pulso para incumplir promesas que profesaba. De hecho, era lo que más le caracterizaba. Lo que para muchos era una contradicción, para su corriente era más bien una adaptación. Peronista acérrimo, populista, fue también un conservador cercano a Washington. Católico y musulmán al mismo tiempo; perseguido por el régimen militar en los años 1970 y 1980, luego como mandatario indultó a los represores. Prometió no honrar la deuda de su país, pero la pagó; ofreció reclamar las islas Malvinas/Falklands, pero negoció con Reino Unido. Y, sobre todo, se jactaba de ser nacionalista, pero produjo un sinfín de privatizaciones: la petrolera, las aerolíneas estatales y el desmantelamiento de los ferrocarriles.

Conservador y peronista

Todo esto, sin embargo, no le quitó nunca la etiqueta de peronista.

El discutido legado de Carlos Menem, un excéntrico que gobernó Argentina por 10 años
Carlos Menem con Juan Domingo Perón de fondo. Foto: EFE

“El peronismo no es un fenómeno solamente de izquierdas, sino que el peronismo es, como uno diría del PRI -Partido Revolucionario Institucional, de México-, no es de izquierda ni de derechas, sino que es todo lo contrario. El peronismo siempre tuvo dos alas: una, la laborista, del líder, de los sindicatos; y otra, la conservadora de provincia. La misma dinámica del capitalismo hace que los sindicatos sean más débiles, se arruinen las industrias, entonces esa ala conservadora con Menem de alguna reemplaza o asciende sobre la sindical o laborista. Menem no deja de ser peronista, pero es un cambio en la coalición. Eso que antes era marginal, pasa a ser el centro”, explicó Tonelli.

Luego de ganar la presidencia en 1989, hizo alianza con los sectores más conservadores del partido y nombró en su gobierno a figuras de la derecha tradicional. El peronista laborista, como lo denomina Tonelli, le hizo la guerra. Menem selló un pacto con el radical Raúl Alfonsín para introducir la reelección en la Constitución y en 1995 repitió mandato.

Tres días de duelo

El presidente argentino, Alberto Fernández, expresó su “profundo pesar” y decretó tres días de duelo por el fallecimiento del expresidente Carlos Menem.

«Con profundo pesar supe de la muerte de Carlos Saúl Menem», publicó Fernández en su cuenta de Twitter este domingo.

«Siempre elegido en democracia, fue gobernador de La Rioja, presidente de la nación y senador nacional. En dictadura fue perseguido y encarcelado», señaló. «Vaya todo mi cariño a Zulema, a Zulemita y a todos los que hoy lo lloran», cerró, en referencia a la exmujer y a la hija del fallecido político, respectivamente.

En tanto, un comunicado oficial informó que Fernández decretó tres días de duelo nacional a partir de hoy con motivo de la muerte de quien dos veces fue elegido presidente de la nación, según reseñó EFE.

Horas antes de su fallecimiento, Menem había sido trasladado a ese centro hospitalario en un principio para ser sometido a un control médico prostático y donde se le diagnosticó una infección urinaria que complicó sus problemas cardíacos. De acuerdo con EFE, el exjefe de Estado y también senador estuvo en 2020 internado en otras dos ocasiones.

El menemismo

Sus posturas camaleónicas, sin embargo, lo llevaron a lograr un gran apoyo en la sociedad. Esto tiene su fundamento, de acuerdo con el politólogo, en la sensación que generó principalmente su primer mandato en los argentinos: que el país estaba en el lugar de cabecera en el mundo que merecía.

Los “menemistas” recuerdan los años sin inflación, la inversión en infraestructura y la modernización de los servicios públicos por la vía de las privatizaciones. Los argentinos se convirtieron en turistas de primera clase y los productos importados inundaron el mercado gracias, fundamentalmente, a la paridad del peso argentino con el dólar. Todo esto convirtió a la década de los noventa en la década del menemismo.

“Menem lo que tuvo fue una astucia para darse cuenta del entorno en el que vivía, y que Argentina después de la profunda crisis de 1989 por hiperinflación, podía aguantar reformas que aprovecharan esa estructura en el mundo. Había muchos capitales dando vuelta, en un momento de liquidez, entonces Menem lo que hizo fue sobreactuar una serie de decisiones. Solamente el peronismo podía llevar a cabo las reformas del Estado como lo hizo Menem. También ahí están los límites, porque él fue un político conservador, y en ese sentido impulsó los límites hasta que empezaron a poner en jaque ese dominio conservador”, dijo Tonelli.

El jaque al dominio llegó cuando la burbuja del bienestar explotó y condujo a Argentina a la debacle económica que se consolidó con el corralito de 2001. Sus detractores ven en su imagen la implantación de una manera de hacer política basada en la corrupción, en la generación de pobreza y de desempleo.

El discutido legado de Carlos Menem, un excéntrico que gobernó Argentina por 10 años
Fotografía fechada el 13 de abril de 2004 en la que se registró al expresidente argentino Carlos Menem, en Santiago de Chile. Menem falleció este domingo en de Buenos Aires, a los 90 años. EFE/Iván Alvarado/Archivo

De acuerdo con el politólogo argentino, “el menemismo nunca buscó generar un fenómeno de identidad”.  Agregó que su fenómeno solo se puede entender en que cada argentino encuentra en Menem el espejo en el que quiera mirarse.

Presidente excéntrico

Menem tapaba las deficiencias de su gestión en la Casa Rosada con excentricidades típicas de su personalidad. Sentó a vedettes en su regazo; jugó al fútbol, al básquet, al golf; recibió a Lady Di, estrechó las manos de los Rolling Stones; pilotaba aviones, conducía autos de carreras y forjaba fama de playboy; hizo sentar en su sillón presidencial a Nelson Mandela. En una ocasión, ordenó cerrar al tránsito 500 kilómetros de autopista para conducir a toda velocidad un Ferrari que acaba de recibir como regalo de un apostador. De la Quinta de Olivos echó a su exesposa y luego la abrió al público la noche de la trágica muerte de su hijo Carlos Jr, de 26 años de edad.

El discutido legado de Carlos Menem, un excéntrico que gobernó Argentina por 10 años
Menen junto a los Rolling Stones

En el fútbol, el club de sus amores era River Plate. La pasión por los colores rojos y blancos lo llevó a estrechar lazos con Ramón Díaz, uno de los ídolos del equipo. Luego forjó vínculos con todas las figuras del fútbol de ese tiempo, y hasta logró una buena relación con Diego Armando Maradona en la previa del Mundial de Estados Unidos 1994.

También hubo alguna que otra promesa irrealizable: un sistema de vuelos espaciales con el que se podría viajar de Argentina a Japón en dos horas.

Con ínfulas de actor de cine, posaba con lentes de sol y sus características patillas largas, mitad blancas mitad negras. Las llevaba para imitar a su caudillo favorito, el prócer Facundo Quiroga, y eran emparejadas a diario por un peluquero que llegó a tener asiento fijo en el avión presidencial.

Defendió la democracia en Venezuela

En la noche del 4 de febrero de 1992, cuando el militar Hugo Chávez intentó un golpe de Estado contra el presidente constitucional Carlos Andrés Pérez, la comunidad internacional manifestó su apoyo al mandatario venezolano. Entre ellos, el argentino Carlos Menem, rechazó el acto violento de los militares y declaró a una radioemisora local que lo importante es que el presidente salvó su vida, porque el intento de golpe estaba destinado a asesinarlo.

Escudo contra la cárcel y últimos años

Además de una causa por presunto enriquecimiento ilícito que lleva abierta tres lustros, Menem fue detenido en 2001 preventivamente seis meses por la presunta venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador. Finalmente fue absuelto.

También fue sentenciado a cuatro años de prisión por el presunto pago de sobresueldos durante su gobierno, pero nunca fue detenido por sus fueros como senador desde 2005. Hasta sus últimos días estuvo procesado por “estrago doloso agravado” en el caso de la explosión de una fábrica militar en la provincia de Córdoba, en 1995, que dejó siete muertos y 30 heridos.

En la imagen un registro del expresidente argentino Carlos Menem (1989-1999), quien falleció este domingo en Buenos Aires a los 90 años. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

No obstante, encontró en el Senado su escudo para no ir a la cárcel. Fue gracias a La Rioja, su provincia natal, donde obtuvo un escaño, luego de su infructuoso intento de llegar a la presidencia en el año 2003, cuando ganó en primera vuelta, pero renunció a la segunda debido a sus imposibilidades de ganar. Su rival era otro provinciano peronista: Néstor Kirchner.

En sus últimos años, coqueteó con el kirchnerismo y el macrismo. Con los primeros, a pesar de las marcadas diferencias ideológicas, los unía el peronismo. Con los segundos, alguna similitud en su origen ideológico. No obstante, asegura Tonelli, Menem estaba “por encima y por debajo de esa grieta”. Y, muy probablemente, también lo estuvo en varios sentidos del resto de políticos argentinos. 

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