• Múltiples figuras públicas, principalmente políticas, han manifestado su pesar por la pérdida. La mayoría realizó su humildad y corazón noble comprometido con las causas benéficas sociales 

El jueves 25 de marzo falleció, a sus 98 años de edad, Gladys Castillo, ex primera dama de Venezuela, quien fue la esposa de Jaime y madre de Álvaro Lusinchi. Se desempeñó como médica pediatra por años y también fue promotora de acciones sociales.  

Gladys Castillo era una mujer tranquila, con una “presencia serena y segura”, como se indicó en una entrevista realizada en el año 1988 y publicada en el libro La Pregunta y sus Víctimas. Allí, Castillo mostró parte de su personalidad y forma de concebir algunos aspectos, como el amor, que a su juicio es una entrega total, desligada del egoísmo y cualquier otra sensación negativa, como el interés.

Antes de ser primera dama, se encontraba en una “situación muy difícil”, confesó al periodista Nelson Hippolyte. Por ello, a su criterio, lo único bueno de ser la esposa del presidente fue que no debía estar “pendiente de qué se va a comer” ni de hacer mercado.

Una de las razones por las que no se sentía cómoda en este rol –en el que estuvo desde 1984 hasta 1988–, era que tenía la sensación de estar encerrada “sin poder hacer las cosas que quisiera”. Con ello se refería, en gran medida, a obras sociales y caritativas desde sus conocimientos. 

Castillo nunca se mostró como la sombra del presidente. Siempre fue muy respetada y en la actualidad, continúan considerándola una inolvidable primera dama. Una mujer que, de haber podido, hubiera contribuido aún más al desarrollo y beneficio de Venezuela. 

“En esta función de primera dama he podido hacer muchas cosas por mi profesión de médico-pediatra, pero no he tenido el apoyo”, dijo. Realizamos una serie de micros como parte de un plan de modificación social para ir concientizando a la población, ¿y tú sabes lo que hizo el canal del Estado? Se negó a pasarlos. En cambio, el Ministerio de la Familia del gobierno panameño los mandó a pedir y se los hicimos llegar con mucho gusto. Quise construir un gran parque de recreación para la familia y tampoco me dieron el permiso”, afirmó Castillo a Nelson Hippolyte.

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También quiso abrir un centro de atención preventiva dental infantil en varios puntos de Caracas, pero tampoco logró que se aprobara.

Quería divorciarse

En el libro de Hippolyte, Gladys Castillo se consideró a sí misma como una mujer “celosa”, si eso significa negarse a compartir ciertas cosas. Se negaba a vivir como pareja de alguien que ya no le quisiera y consideraba mejor opción el divorcio, sin dañar a la familia. En la cultura de unas décadas atrás, agregó, gran parte de las personas no se atrevían a separarse y decidían seguir en una relación sin sentido. Sin embargo, ella no quería seguir ese rumbo.

En este sentido, señaló que le había descubierto “una cosa” a Lusinchi y le pidió que si ya no la quería, le diera el divorcio. Él dijo que era falsa la sospecha y ella decidió creerle. Poco después, abogó nuevamente por divorciarse, pero Lusinchi se volvió a negar “a lo mejor para no perjudicarle políticamente”. Después inició la campaña electoral y Castillo estimó inoportuno propiciar el divorcio de manera definitiva.

Aseguró que siempre mantuvo de manera privada sus temas personales. Por tanto, nunca se hizo pública esta situación. 

Se casaron en 1941. Luego, a mediados de 1988 se aprobó el divorcio, solicitado ahora por Lusinchi, quien más adelante, en 1991, se casó con otra mujer: Blanca Ibáñez, su antigua secretaria privada. 

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Reacciones por su muerte

“AD expresa su público pesar por el fallecimiento de nuestra compañera Gladys Castillo de Lusinchi, ya con Dios, ex primera dama de la República, mujer ejemplar con altísima sensibilidad social y vocación de servicio público. Nuestro sentido pésame a la familia Lusinchi Castillo”, acotó el secretario general de la asociación, Henry Ramos Allup.

Jaime Lusinchi.

Fue presidente de la República Bolivariana de Venezuela desde 1984 hasta 1989. Fue médico pediatra y su partido político fue Acción Democrática (AD). Falleció el 21 de mayo de 2014 a los 89 años de edad por complicaciones respiratorias.

La comunicadora social y esposa del presidente interino, Juan Guaidó, Fabiana Rosales, extendió igualmente sus condolencias.

Antonio Ledezma, abogado y político exiliado, afirmó que tuvo la oportunidad de conocerla y “apreciar su inmensa nobleza y humildad”.

El diputado a la Asamblea Nacional (AN), Williams Dávila, lamentó la pérdida y agregó que tanto Jaime Lusinchi como Gladys Castillo estudiaron con su padre, Hugo Dávila.

“¡Gracias a todos los compañeros! Mamá acaba de fallecer en casa, tranquila, en la paz del Señor. Murió de 98 años y medio con vida plena, directa y honesta”, respondió a los comentarios uno de los hijos de Castillo, Álvaro Lusinchi. 

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Durante el gobierno de Jaime Lusinchi

Gladys Castillo conoció a Jaime Lusinchi en un torneo deportivo de Barcelona, Aragua. Amistades en común los presentaron y conversaron un buen rato sobre los libros que estaban leyendo. En esto, el futuro presidente le ofreció obsequiarle un libro, aunque fue varios días después que se lo entregó al encontrarse en Mérida.

Con el tiempo, se hicieron más cercanos hasta que iniciaron un noviazgo. Desde 1941 mantuvieron un matrimonio por más de 40 años, aunque una considerable parte de este periodo se sostuvo para evitar complicaciones en la campaña política de Lusinchi.

A sus 59 años de edad, el médico comenzó su periodo presidencial, asegurando transparencia, sensibilidad social y un uso austero del dinero del país. Los primeros años de su gobierno se centró en reactivar la economía, disminuir la deuda externa, estabilizar el mercado cambiario, mejorar la calidad de vida de las familias y otros objetivos con enfoque similar. A pesar de que los resultados no fueron del todo negativos, no cumplieron las expectativas.

La producción ganadera, agrícola, pesquera y de aluminio mejoraron de manera significativa. 

Antes de que terminara su periodo en la presidencia, se divorció de Gladys Castillo. Ella, sin embargo, creía que una separación no debía acarrear el perjuicio de toda una familia y, de hecho, no se sentía cómoda durante sus últimos años de matrimonio. 

Independientemente de su relación amorosa, la ex primera dama destacó por su individualidad; quienes tuvieron la oportunidad de conocerla, la recuerdan como una mujer ejemplar, humilde y con admirable bondad. 

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